domingo, diciembre 31, 2006

Maniobras orquestales en la noche

Lo mismo de siempre: las efemérides truchas pergueñadas por algún lejano astrónomo de la Roma Imperial. Fin de año. Las almas sensibles se conmueven ante el espectáculo del porvenir, las otras reafirman su creencia en que el tiempo es una sustancia elástica sin principio ni fin, pero agachan la cabeza ante la convención social (arbitraria) de la noche. No sabemos en cual de las dos categorías podemos ubicarnos. No sabemos, ya, nada.
El camarada Rainer desde algún lugar de la noche les desea un feliz año. Me dice que alzó una copa repleta de alcohol por todos ustedes y que mirando el cielo estrellado (dónde quiera que esté) se acordó de esa boludez dicha por Kant hace dos siglos -nada me conmueve más que el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí- y que enseguida le dio sueño y se fue a dormitar un rato, mientras en su barrio los pibes le prendían fuego a todo lo que estaba a su alcance.
No mucho más, por acá. Retomamos la transmisión en breve.
On the road, on the road, 2007.

sábado, diciembre 30, 2006

Hanging Saddam

Buen título para la próxima película de Oliver Stone.

domingo, diciembre 24, 2006

Felices Pascuas

Fiestas, fiestas era...

jueves, diciembre 21, 2006

Louder than bombs

Como los negocios estaban paralizados, la inquietud y una curiosidad estúpida empujaba a todo el mundo fuera de sus casas. El descuido en el arreglo atenuaba la diferencia de los rangos sociales, el odio se ocultaba, las esperanzas se desplegaban, la multitud estaba llena de suavidad. El orgullo de un derecho conquistado alumbraba sus rostros. Se sentía como una alegría de carnaval, las maneras eran de vivac; nada fue tan divertido como el aspecto de París, los primeros días (...).
La razón pública estaba perturbada como después de los grandes trastornos de la naturaleza. Gente de espíritu quedó idiota para toda su vida.
Flaubert, La educación sentimental

Cinco años después ¿qué queda de las jornadas de diciembre de 2001? Leyendo anteayer los comentarios de "destacados intelectuales" en Página 12, parecería existir cierto consenso: ni la catástrofe anunciada, ni la toma del cielo por asalto. Más bien, restauración del llamado orden democrático y gradual salida de la depresión económica. Una vuelta lenta a la normalidad, en la que permanecen, sin embargo, ciertas formas más o menos residuales de intervención pública características de los momentos de agitación. Entonces, ¿debe pensarse el 19 y 20 de diciembre desde un punto de vista arqueológico? ¿Tuvo lugar, realmente, el 19 y 20 de diciembre?
Somos grandes y ya no creemos en los relámpagos de días soleados. Toda revuelta es resultado de procesos lentos de acumulación de fuerzas disruptivas. Las crisis son síntomas y la equivocación mayor que se suele cometer (en el fragor de la batalla, en el espasmo de la pasión, el la ceguera del motín) es tomarlas por inicio de algo cuando en realidad, son más bien el exponente anómalo de una serie mayor en la que se inscriben.
Pero dejemos la jerga pseudoacadémica. Cinco años después estamos viviendo en un país que creció al 9 % durante 4 años seguidos, y derramó beneficios económicos en ciertos sectores. La patria sojera te refriega sus 4x4 en las ciudades prósperas del interior. La clase media alta se sube a la ola del consumismo tecnológico. Las viejas cacerolas decembristas a esta altura ya deben haber sido reemplazadas por modernos ejemplares de teflón. El movimiento sanguíneo de la ciudad exhibe el resultado de la "vuelta a la normalidad". Acá no ha pasado nada, o casi nada.
Quedan, quedarán, los miles de papers, monografías, trabajos prácticos, artículos, compilaciones, documentos, esforzadamente escritos por los intérpretes de diciembre: una masa de intervenciones intelectuales destinadas a no ser leídas, a transitar el camino de interpretar demasiado pronto algo que escapaba de los moldes teóricos prefijados, montañas de expresiones de deseo, wishful thinkings spinozianos. La política real sigue, seguirá por su camino habitual: relaciones de fuerza, el tira y afloje entre lo nuevo y lo viejo, la permanencia de los modos de pensar y actuar, el movimiento perpetuo del avance y el retroceso.
Paremos acá, antes de que la ola del pesismismo sea demasiado grande. Hasta la próxima crisis, amigos, hasta la próxima gran emoción.

martes, diciembre 19, 2006

La canción no es la misma

Todavía se escuchan algunos ecos apagados a pesar de haber pasado cinco años.

domingo, diciembre 17, 2006

La clase dominante va al Paraíso


Las ideas dominantes son las ideas de la clase dominante. Rainer gustaba de la simplicidad brutal de la frase: la historia es brutal, y sus traducciones teóricas no tienen por qué no serlo. La ligazón entre una intervención vanguardista en el Guggenheim Soho, una cena romántica en la Tour d'Argent, un call center en Benarés y los libros-con-faja-roja de Mario Vargas Llosa es esencialmente la misma: el jadeo triunfante del capitalismo, el orgasmo filisteo de la clase, el movimiento secular e imperceptible del modo de producción.
Rainer recordaba, entonces, a un profesor de su facultad, no sabía por qué en ese momento se le aparecía la imagen del profesor con su pelo casi largo y sus anteojos de montura plateada diciéndole a una corte de esclavas sociológicas: "Me levanto todos los días a las cinco de la mañana y mientras desayuno huevos con queso y jamón leo un capítulo de El Capital. En alemán". Y las esclavas sociológicas (chicas con apellidos como Levy, Schmunk, Marcuse -una se llamaba, sí, Marcuse-, Dellepiane) se mojaban las bombachas ante el ex militante fracción roja, ex alfonsinista, ex exliliado en un pueblito horrible del sudeste norteamericano donde, seguramente, había adquirido el hábito de desayunar huevos con jamón y leer muy de mañana el libro de Karl Marx.
Digamos, entonces, Rainer está cansado de la sofisticación teórica: volvamos a la dualismo estructura - superestructura, volvamos al proletariado. Y cuando piensa eso se llena de emoción mirando a los trabajadores, a la chica que atiende el bar, al barrendero, al vendedor ambulante, al paraguayo explotado en el super chino, al que duerme en el Roca de las 5:30. Dejando la sangre en el camino. Sacrificando la vida en el altar de la clase. Sustentando en esas horas extraídas de la corriente principal de la vida la superestructura estética, ideológica, blanca, pura, cómoda, marfileña, de la Cultura. Son relámpagos de emoción, que luego dejan paso a la insensibilidad de la época.
En un bar de Palermo un amigo, con quien escribe un paper que nadie nunca leerá sobre "Transformaciones recientes en el mercado sentimental", le cuenta una idea para un cuento: a Marx lo echan de Inglaterra y debe exiliarse en Estados Unidos. En Nueva York conoce a Whitman en un café de la zona de Battery y entablan una amistad. Marx se siente perdido y rechazado, no ha escrito nada y los cobradores lo acosan, no puede volver a Europa donde su cabeza tiene precio. Bajo la influencia de las ideas de Whitman decide abandonarlo todo. Deja a su mujer y a sus tres hijas, se convierte en un vagabundo, se lanza a los caminos. Vaga por los puertos y las vías férreas de América. Trabaja de estibador, de obrero en los ferrocarriles, de mozo de carga con las diligencias. Se vuelve más fuerte, más hombre, se curte. En Arizona se amanceba con una mexicana y tienen hijos. Viven felices en una aldea del desierto y Marx monta representaciones de obras de Shakespeare y Esquilo para los habitantes analfabetos del pueblo. Un día se entera de casualidad de la caída de la Comuna de París. Pero ya no le importa, la historia para él pasa por otro lado. Años después, en su lecho de muerte, accede al pedido de su mujer mexicana y se convierte al catolicismo. Entre sus pocas pertenencias es encontrado un manuscrito que denosta a Hegel y alaba a Thoreau.
Cuando uno comprende que es imposible escapar de la némesis de la Historia, sólo queda el refugio vulgar de una teoría del cielo. En el paraíso nos encotraremos y seremos tan diferentes y desiguales como en la tierra. Rainer piensa todo eso, mientras cruza la avenida y siente en su espalda una brisa tan leve que es incapaz de borrar nada.

viernes, diciembre 15, 2006

¿Dónde estás vos?


(agrandar la imagen para ver mejor)

Los amores de Norita

Qué cosa la de los countries... Los tipos invierten fortunas buscando "seguridad" y terminan asesinados. Claro, se trata de formas delincuenciales bien distintas a las que ellos temen encontrar en las calles salvajes de las ciudades. Una delincuencia cocinada en el fuego lento del ocio acomodado, del hastío de las clases superiores. Tenemos ya el folletín del verano: una oportunidad plebeya de asomarse a la "vida real" de los barrios burgueses. Nada nuevo después de todo, si pensamos en los sans culottes que conocían al detalle el "quién se lo hace a quién" de la corte de Versalles, y seguían apasionadamente las intrigas y desgracias de alcoba de los príncipes. Okey. Esta es una versión mucho más pedorra, claro. Una versión de comarca pequeña amplificada, a falta de otras noticias, a escala nacional. Al menos sirve para que las plumas parcas de La Nación den rienda suelta a su vena literaria como se puede leer en esta crónica. Los crímenes después de todo no son más que una buena excusa para la fantasía.

En la montaña más alta

El pueblo donde fui a parar ese verano era famoso por los avistajes de ovnis. A la entrada, sobre la ruta que lo comunicaba con la gran capital, un enorme cartel de cielo estrellado daba la bienvenida a los visitantes, a los visitantes terrícolas y a los extraterrestres. En la calle principal viejos hippies vendían souvenires alusivos a lo intergaláctico. Tomaban mate en postura zen y se dejaban acariciar por el sol de la tarde mientras los turistas miraban cansados la mercadería. Compré un pequeño cenicero con forma de platillo volador. Compré también un llaverito alien. Compré por misericordia de Dios un juego infantil que consistía en una especie de ajedrez con figuras de extraterrestres. Todas esas cosas descansan frente a mí ahora, tantos años después, cuando el cielo de la Gran Capital está nublado y la luz muerta de las estrellas choca contra un manto de nubes.

La ascensión a la montaña la podías hacer caminando. O en auto. O en un pequeño micro escolar conducido por otro antiguo sobreviviente de los hippies. Yo fui en el colectivo. Al lado mío se sentó una mujer de anteojos oscuros cargada de instrumentos fotográficos. Me dijo que viajaba por toda Latinoamérica fotografiando ovnis. Me dijo que contaba con más de veinticinco avistajes y dos encuentros cercanos del tercer tipo. Nunca había sentido tanta paz en la vida como en esos encuentros. Por eso seguía viajando en la ruta de las naves espaciales. Todo eso ya se había convertido en una misión para ella, en una forma de vida. Tuve un poco de miedo de que estuviera diciendo la verdad. Tuve miedo de convertirme en alguien así.

Yo no vi nada. Pero más tarde algunos comentaban que habían visto una luz violeta cruzando el cielo y una luz anaranjada siguiéndola más atrás y más lentamente. Naves rezagadas, fuselaje cansado por el viaje, luminiscencias agotadas atravesando el cielo nocturno, apagándose lentamente, despareciendo tras la montaña.

En el bar del hotel, al otro día, me encuentro con la mujer de las cámaras fotográficas. Le pregunto si vio algo. Me dice que sí, que fue "maravilloso e inolvidable". Le pido que me muestre las fotos, estoy al borde del colapso en ese bar soleado donde los ufólogos desayunan medialunas con café con leche. Necesito verlas. Necesito verlas, por favor. La mujer me mira con lástima y me dice que suba con ella a la habitación, que tiene las cámaras ahí. Las persianas cerradas, la cama revuelta, la ropa tirada por el piso. Las fotos. Las fotos, por favor. Ella se pone a reir y me dice que no me apure, que ya me las muestra. Nos sentamos en la cama, uno al lado del otro. Me pregunta si creo. Claro que sí: creo en todo, en este momento creo en todo, todo es tan real. Hay un ventilador de techo blanco que emite ruiditos fatigados, sus aspas cortan el aire y lo dividen en dos: aire nuevo sobre mí, aire viciado en tono a mí. Me da una de las fotos y apenas alcanzo a ver un todo negro que cubre el cuadro por entero. Me concentro buscando la luz cansada de las naves, una línea luminosa que acredite su presencia, una raya violácea que dibuje la palabra "creencia" con su estela. Me recuesto en la cama para descansar. Ella, algo, me tapa los ojos. Me dejo caer en el precipicio. Todo está oscuro pero escucho que muy a lo lejos alguien me llama por mi nombre en un idioma desconocido. Y extrañamente voy hacia la voz.

martes, noviembre 28, 2006

El Futuro

Entrevista a Marcola, jefe de la banda carcelaria de San Pablo denominada Primer Comando de la Capital. El 23 de mayo de este año, el diario O Globo de Brasil en su Editorial Segundo Cuaderno, publicó una "Entrevista a Marcola del PCC". Él es Marcos Camacho,jefe de la banda carcelaria de San Pablo denominada Primer Comando de la Capital (PCC), que durante este año ha provocado numerosos actos de vandalismo en esa ciudad y alrededores. La siguiente es la traducción textual del reportaje.

¿Usted es del PCC?

Más que eso, yo soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca me miraron durante décadas y antiguamente era fácil resolver el problema de la miseria. El diagnostico era obvio: migración rural, desnivel de renta, pocas villas miseria, discretas periferias; la solución nunca aparecía. ¿Qué hicieron? Nada. ¿El Gobierno Federal alguna vez reservó algún presupuesto para nosotros? Nosotros sólo éramos noticia en los derrumbes de las villas en las montañas o en la música romántica sobre "la belleza de esas montañas al amanecer", esas cosas. Ahora estamos ricos con la multinacional de la droga. Y ustedes se están muriendo de miedo. Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social ¿Vió? Yo soy culto. Leo al Dante en la prisión.

Pero la solución sería...

¿Solución? No hay solución, hermano. La propia idea de "solución" ya es un error. Ya vio el tamaño de las 560 villas miseria de Río? ¿Ya anduvo en helicóptero por sobre la periferia de San Pablo? ¿Solución, cómo? Sólo la habría con muchos millones de dólares gastados organizadamente, con un gobernante de alto nivel, una inmensa voluntad política, crecimiento económico, revolución en la educación, urbanización general y todo tendría que ser bajo la batuta casi de una "tiranía esclarecida" que saltase por sobre la parálisis burocrática secular, que pasase por encima del Legislativo cómplice. ¿O usted cree que los chupasangres (sanguessugas) no van a actuar? Si se descuida van a robar hasta al PCC. Y del Judicial que impide puniciones. Tendría que haber una reforma radical del proceso penal del país, tendría que haber comunicaciones e inteligencia entre policías municipales, provinciales y federales (nosotros hacemos hasta "conference calls" entre presidiarios.) Y todo eso costaría billones de dólares e implicaría una mudanza psicosocial profunda en la estructura política del país. O sea: es imposible. No hay solución.

¿Usted no tiene miedo de morir?

Ustedes son los que tienen miedo de morir, yo no. Mejor dicho, aquí en la cárcel ustedes no pueden entrar y matarme, pero yo puedo mandar matarlos a ustedes allí afuera. Nosotros somos hombres-bombas. En las villas miseria hay cien mil hombres-bombas. Estamos en el centro de lo insoluble mismo. Ustedes en el bien y el mal y, en medio, la frontera de la muerte, la única frontera. Ya somos una nueva "especie", ya somos otros bichos, diferentes a ustedes. La muerte para ustedes es un drama cristiano en una cama, por un ataque al corazón. La muerte para nosotros es la comida diaria, tirados en una fosa común. ¿Ustedes, intelectuales, no hablan de lucha de clases, de ser marginal, ser héroe? Entonces llegamos nosotros! ¡Ja, ja, ja.! Yo leo mucho; leí 3000 libros y leo al Dante, pero mis soldados son extrañas anomalías del desarrollo torcido de este país. No hay más proletarios, o infelices, o explotados. Hay una tercera cosa creciendo allí afuera, cultivada en el barro, educándose en el más absoluto analfabetismo, diplomándose en las cárceles, como un monstruo Alien escondido en los rincones de la ciudad. Ya surgió un nuevo lenguaje. ¿Ustedes no escuchan las grabaciones hechas "con autorización" de la justicia? Es eso. Es otra lengua. Está delante de una especie de post miseria. Eso. La post miseria genera una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas. Es la mierda con chips, con megabytes. Mis comandados son una mutación de la especie social. Son hongos de un gran error sucio.

¿Qué cambió en las periferias?

Mangos. Nosotros ahora tenemos. ¿Usted cree que quien tiene 40 millones de dólares como Beira Mar no manda? Con 40 millones de dólares la prisión es un hotel, un escritorio. ¿Cuál es la policía que va a quemar esa mina de oro, entiende? Nosotros somos una empresa moderna, rica. Si el funcionario vacila, es despedido y "colocado en el microondas". Ustedes son el estado quebrado, dominado por incompetentes. Nosotros tenemos métodos ágiles de gestión. Ustedes son lentos, burocráticos. Nosotros luchamos en terreno propio. Ustedes, en tierra extraña. Nosotros no tememos a la muerte. Ustedes mueren de miedo. Nosotros estamos bien armados. Ustedes tienen calibre 38. Nosotros estamos en el ataque. Ustedes en la defensa. Ustedes tienen la manía del humanismo. Nosotros somos crueles, sin piedad. Ustedes nos transformaron en "super stars" del crimen. Nosotros los tenemos de payasos. Nosotros somos ayudados por la población de las villas miseria, por miedo o por amor. Ustedes son odiados. Ustedes son regionales, provincianos. Nuestras armas y productos vienen de afuera, somos "globales". Nosotros no nos olvidamos de ustedes, son nuestros "clientes". Ustedes nos olvidan cuando pasa el susto de la violencia que provocamos.

¿Pero, qué debemos hacer?

Les voy a dar una idea, aunque sea en contra de mí. ¡Agarren a "los barones del polvo" (cocaína)! Hay diputados, senadores, hay generales, hay hasta ex presidentes del Paraguay en el medio de la cocaína y de las armas. ¿Pero, quién va a hacer eso? ¿El ejército? ¿Con qué plata? No tienen dinero ni para comida de los reclutas. El país está quebrado, sustentando un estado muerto con intereses del 20 % al año, y Lula todavía aumenta los gastos públicos, empleando 40 mil sinvergüenzas. ¿El ejército irá a luchar contra el PCC? Estoy leyendo Clausewitz "Sobre la Guerra". No hay perspectiva de éxito. Nosotros somos hormigas devoradoras, escondidas en los rincones. Tenemos hasta misiles anti-tanque. Si embroman, van a salir unos Stinger. Para acabar con nosotros, solamente con una bomba atómica en las villas miseria. ¿Ya lo pensó? ¿Ipanema radiactiva?

Pero, ¿No habrá una solución?


Ustedes sólo pueden llegar a algún éxito si desisten de defender la "normalidad". No hay más normalidad alguna. Ustedes precisan hacer una autocrítica de su propia incompetencia. Pero a ser franco, en serio, en la moral. Estamos todos en el centro de lo insoluble. Sólo que nosotros vivimos de él y ustedes no tienen salida. Sólo la mierda. Y nosotros ya trabajamos dentro de ella. Entiéndame, hermano, no hay solución. ¿Saben por qué? Porque ustedes no entienden ni la extensión del problema. Como escribió el divino Dante: "Pierdan todas las esperanzas. Estamos todos en el infierno".

lunes, noviembre 27, 2006

Una distopía barrial

Comprar cds truchos en el parque rivadavia cada vez se parece más a comprar droga, o a comprar licor en la época de la ley seca yanqui. La mercadería está en exhibición, todos la pueden ver, comparar, sopesar. Pero hay todo un ritual que se asemeja a la compra de droga: los billetes se pasan disimuladamente, utiliza cierta jerga, cuando determinado programa o mp3 no está stock, el dealer (mejor dicho el puestero) te hace esperar en el limbo un rato y va a buscar la mercancía a otro puesto... Se aceptan devoluciones y cambios pero todo depende de la confianza que tengas con el vendedor, de tu capacidad para demostrar "que sabés de que se trata la cosa". Vas muerto si te ven pinta de inspector municipal. Se parece a una anticipación sci-fi tercermundista del futuro de la desesperación humana: drogas digitales tan poderosas como el viejo opio de los fumaderos, envueltas en sobrecitos berretas y grabadas en cd de pocos centavos la unidad: paco pentium, crack v.2.0.
Con una lluvia perpetua sería una buena locación para Blade Runner II.

miércoles, noviembre 22, 2006

Ímpetu, tempestad

Fue en el Strung und Drang de nuestra juventud…
El metro de Berlín atraviesa túneles que en otro tiempo sirvieron para la escapatoria de refugiados, para fosas de perseguidos, para madrigueras de disidentes: ahora en el otoño de la civilización las muchachas punks se sientan con las piernas abiertas (esos borceguíes) y hablan en dialecto suavo con sus novios raquíticos y posiblemente yonquis; las matronas de pelo teñido de azul suben cargadas de bolsas con regalos para los nietos y se miran en las ventanillas el rictus inconfundible de la desesperación; jóvenes rubios con camperas verde-oliva que dicen Afrikan Korps mascan el chicle agrio de la época y comentan con sus cofrades el resultado de Hannover – Shalke 04. En el medio de todos ellos Tomás Rainer paladea el gusto a guijarros de su alemán heredado. Strung und Drang. Jóvenes poetas y filósofos llenos de cerveza, cantando tonadas campesinas, levantándoles las polleras a las mozas, moliendo extranjeros a palos, alistándose en los ejércitos de Federico de Prusia, leyendo Novalis en las trincheras, plantando en el jardín de la casa familiar el árbol deforme de la Revolución Francesa, muriéndose de tuberculosis, de sífilis, de cólera, de disentería, de difteria, de gota, de fiebre amarilla, de viruela, de pena, de rabia, de orgullo.
Saliendo a la avenida Rainer camina por un bulevar cruzado por los vientos. Su departamento se encuentra en un barrio pobre de Berlín y para llegar a él debe atravesar un gran parque. Estatuas de grandes muertos flanquean su sendero. Un precursor de la química orgánica, un naturalista, un ministro de Bismarck, un filósofo idealista menor, un filántropo. Viejos turcos juegan en mesitas un juego de cartas que parece demasiado complicado: se ríen y se cargan en su idioma materno y es como una nube que subiera de Estambul y convirtiera todo en un lugar aún más raro.
En el departamento lo primero que hace es poner un viejo disco que se trajo de Buenos Aires, uno que le habían regalado en un cumpleaños y jamás se había dignado a escuchar hasta llegar a Berlín, tantos años después. Canta un tipo con voz de borracho perdido, esa voz rasposa, suplicante, agotada de quienes ya renunciaron a todo. La canción lame las paredes y Rainer piensa en la vecina de al lado, una mujer solitaria, devota de los ovnis y los fenómenos paranormales. Piensa en ella leyendo sola en la cama una revista de divulgación sobre los últimos avistajes de naves extraterrestres en las playas de Tulum, de Seychelles, de San Borombón. Una vez la vio en camisón, recién bañada, el pelo tirante y mojado, la vio en el pasillo sacando la basura, la puerta de su departamento entreabierta dejando apenas ver su bunker privado de fantasías galácticas.
La soledad de la ciudad se le asoma en el alma a Rainer. La tesis que lo trajo a Berlín ya está terminada y espera sólo el veredicto de los profesores. Podría irse ya de ahí. Podría lanzarse a los caminos de Europa y recorrer las estaciones de tren, las fondas, los cementerios, los palacios atacados en otra época por los revolucionarios ingenuos de la primavera moderna. Puede verse con una enorme mochila en la espalda, fumando tabaco armado en una estación rural de Checoslovaquia, esperando el silbido de la máquina que lo lleve hasta el próximo destino. Sacar fotos, llenar cuadernos con impresiones viajeras, trabar amistades de una noche, dormir mal sobre colchones mojados, olvidarse cepillos de dientes en lavatorios sucios.
Abajo, bajo el balcón de su departamento, unos tardíos obreros salen de un bar discutiendo a los gritos, se insultan, se contienen, se abrazan. El sol va cayendo, la calle se vuelve más oscura. El olor de los árboles vuela por el aire y se mete en el departamento impregnando todo de una fragancia pura, de otra época, incontaminada. No va a llover pero sin embargo la calma que se apodera del barrio parece predecir una tormenta.
El disco termina, el silencio es total, la tesis duerme sobre el escritorio. Y los jóvenes del Strum und Drang, en tanto, se ríen lejanamente desde el campo de batalla del mundo.

Altman

lunes, noviembre 20, 2006

Hoy

Hoy en el subte, recién bah, un tipo subió a pedir unas monedas a cambio de algo (¿una estampita? ¿una plancha de calcomanías de las chicas superpoderosas) y lo más raro fue que sostenía un radiograbador que emitía baladas tristes de los años 80's: esas que pasan por algunas radios para adultos sensibles. Una grasada, podría haber dicho en otro momento, pero hoy más bien quería seguir escuchando esas canciones, quería que me acompañaran durante todo, todo el viaje.

miércoles, noviembre 15, 2006

Mata Hari

Conocí a la famosa Mata Hari en un tren que unía Amberes con París en el otoño de 1914. Fue el otoño anterior a la famosa Primera Guerra Mundial, esa guerra donde las trincheras se construían con cadáveres y las máquinas inventadas por el sueño de la razón positivista demostraron toda su efectividad. Los mismos campos que atravesamos en aquel tren Mata Hari y yo meses después se cubrirían con las marcas de la viruela bélica: pozos excavados donde los soldados jugaban al rummy y escribían cartas a sus infieles novias; pozos separados por la tierra de nadie donde se acumulaban los desechos de las batallas inmóviles que caracterizaron esa contienda. Pero en el tren, en aquel otoño pre bélico, reinaba una atmósfera muy diferente. Mata Hari tenía el poder de hechizar a los hombres: los tres que estábamos en aquel camarote fuimos revelando nuestros más intimos secretos ante la mirada y la sonrisa de esa mujer. Dicen que fue una bailarina exótica y que sus presentaciones eran inolvidables, lamentablemente nunca la pude ver actuar sobre el escenario. Me alcazó con lo que vi en el camarote del tren. Una belleza de pelo largo y oscuro que usaba recogido en una coqueta cola de caballo, unos ojos verdes como los campos de labranza belgas que se colaban por la ventanilla, una sonrisa amplia que dejaba ver sus blanquísimos dientes y que lo sumergían a uno en una sensación de vértigo, su cuerpo era pequeño pero con tallado tan proporcionalmente que nada sobraba ni faltaba en él. Ahí estaba yo, recién subido al tren con mis tres vecinos de camarote, intimidado y deslumbrado ante aquella mujer que apenas murmurando unas palabras nos incitaba a contar nuestras intimidades.
El primero en hablar fue un obeso banquero de Amberes que se lanzó a relatar con lujo de detalle su enamoramiento clandestino con un joven dependiente de su banco. Hablaba de él como de una princesa, lo ascendía con sus palabras a las cumbres de la belleza, la inteligencia, la generosidad. Mata Hari asentía con la cabeza y desplegaba la sonrisa, movía uno de sus pequeños pies hasta rozar nuestras rodillas: lábil pez en el río de la lujuria. El banquero obeso seguía contando sus amores, perfectamente olvidado de que estaba con extraños, había abierto su corazón a Mata Hari.
Luego del banquero tomó la palabra un joven universitario de Lieja. En lágrimas relató su enamoramiento con una mujer a la que describió como "única" y "maravillosa". Lloraba de pena por el rechazo del que había sido objeto, entre sus sollozos se podía distinguir la culpa que sentía por no haber podido estar a la altura de las circunstancias. Era un espectáculo triste de verdad, y Mata Hari - mi espía- lo calmó tomándole suavemente las manos.
Cuando llegó mi turno estaba decidido a no contar nada. Soy una persona celosa de su intimidad y la perspectiva de verme sumido en el mismo estado que mis compañeros me producía una instantánea aversión. Mata Hari me dirigió unas palabras. Mata Hari me miró a los ojos. Mata Hari deslizó su lábil pez de la lujuria -su pequeña botita negra- hacía mi pierna. Mata Hari mostró una de sus sonrisas. Y me largué a hablar. Cómo lo hicieron igual los oficiales franceses y alemanes en la guerra. No podía sino hablar y confesar los secretos ante esa agente del espionaje emotivo. Conté sobre mi ex mujer, conté sobre mis hijos, conté sobre mis padres. Relaté con detalle mi última aventura amorosa, expuse teorías sobre el amor, sobre el matrimonio, sobre la fidelidad, sobre la intimidad. Mata Hari se arreglaba delicadamente el pelo. Mata Hari miraba y sonreía. Nada de lo que digas puede sorprenderme. Ningún secreto puede escandalizarme. ¿Es necesario decir que me enamoré de Mata Hari? ¿Es necesario confesar que en ella pude entrever un poder, una fuerza, que creía imposible en un ser humano? ¿Y es necesario aclarar que los tres hombres que estabamos en aquel tren, en aquel otoño pre bélico de 1914, el banquero, el joven estudiante, este narrador, todos caímos presos del mismo influjo y que en ese momento hubiesemos hecho cualquier cosa para hacer feliz a nuestra dueña?
Cuando llegamos a París hubiese jurado que estábamos de regreso de un viaje a las entrañas de la tierra, tal era mi agotamiento, tal era mi fragilidad. Mata Hari nos despidió en el andén y nos invitó gentilmente a visitarla en su casa. Todos besamos su mano enguantada e hicimos una torpe reverencia, pero estábamos demasiado cansados como para enhebrar una frase con sentido.
Luego comenzó la guerra y ella se dedicó a extraer secretos más relevantes que las pobres historias de amor de desconocidos reunidos por azar en un tren de épocas pacíficas. Pero nunca nadie, ni antes ni después me produjo la misma sensación de entrega que aquella mujer. Todavía sueño que veo su sonrisa en el fondo de un abismo y que yo me acerco al precipicio y que sin ningún temor me dejo caer, planeando, hacia ella.

jueves, noviembre 09, 2006

¿Quién le teme a Martin Amis?

Henry More versiona una encantadora fábula sobre los tiempos que corren, y lo hace siguiendo la estela de un cínico inglés.

Así estamos

En Estados Unidos
- El hombre Marlboro
- Gran Hermano
- Rey Arturo
- Santa Claus
- Hamlet
- Frankenstein
- Sigfrido
- Sherlock Holmes
- Romeo y Julieta
- Dr. Jekyll & Mr. Hyde

En Argentina
- La tortuga Manuelita
- Hijitus
- Patoruzú
- Isidoro
- Mafalda
- Carozo y Narizota
- Clemente
- Gold Silver
- Pibe Bazooka
- Margarito Tereré
Vía Page/12, un ranking de los personajes de ficción más influyentes de la cultura popular elaborado por tres freaks de Estados Unidos. En fin, para ellos Jekyll & Hyde para nosotros Margarito Tereré...
Harold Bloom, te perdonamos.

La caída del Halcón negro

miércoles, noviembre 08, 2006

"Es ella"


Casi, casi como Graciela en el 98

martes, noviembre 07, 2006

Adiós Carlos Marx, nos vemos en el cielo


"Vamos a conservar la misma línea, es decir, que sea la empresa privada el principal motor de desarrollo del país. Habrá un respeto absoluto a la propiedad privada y a la seguridad jurídica. La idea es impulsar la inversión privada en estas áreas. En ninguna circunstancia se considerarán políticas estatistas." (Jaime Morales, vicepresidente electo de Nicaragua)

De Sarmiento a Elisa Carrió

Caí en perfil.com donde la barba canosa y nada venerable del ex alumno de la E. D. P. José Eliashev te da la bienvenida. Casi, casi, como el dintel de la Divina Comedia. Comparte pantallita con Lanata, un personaje que armó un diario a los 26 años y ahora labura con Tinelli - en el programa de radio de Lanata hay dos boludas que hablan pavadas, y todos se hacen los graciosos, Sietecase la juega de rosarino galán y Lanata de paterfamiliae del periodismo jugado-. Son los censurados de la TV que tienen pantallita propia en perfil.com, a ver si le dan también un espacio a Liliana López Foresi (otra censurada, según esta lógica) o a Pedro Olgo Ochoa (que hace mucho que no aparece y presuponemos, ergo, que también está censurado).
Pero bien, leo una crónica de Elisa Carrió sobre la elecciones de hoy en EE. UU. La idea es interesante, admitámoslo, una cuenta más en el largo collar de los viajeros argentinos a América. Viñas tenía ese libro de excelente título De Sarmiento a Dios, releyendo las experiencias de deslumbramiento y horror registradas en el iniciático viaje a la gran potencia del Norte. Estados Unidos siempre ha provocado ese efecto: atracción y repulsión. Después de todo, desde el momento mismo de su fundación por los puritanos del Mayflower, EE. UU. se pensó a si mismo como un Nuevo Mundo, como un laboratorio social y político de ideas y movimientos que no podían cuajar en el Viejo Continente. Ese caracter aislado de los Estados Unidos, ese ser diferente, ha fascinado a ejércitos de intelectuales. Desde Tocqueville a Deleuze, desde Weber a Jean Genet, las ciudades norteamericanas fueron suelo fértil para disparar reflexiones sobre el futuro del mundo. Todo lo que pasa, pasa primero en América.
Carrió no es ajena a ese deslumbramiento viajero. En la ligazón fundacional yanqui de religión y política se siente cómoda, después de todo, Arendt escribió sus mejores páginas políticas siguiendo de cerca el sueño revolucionario jeffersoniano y en la crónica de Carrió se siente latir esa influencia. Palabras sobre la "nueva mayoría" interreligiosa e intercultural que se estaría tramando para desbancar a Bush. Palabras lincolnianas sobre la imposibilidad de mantener engañado a todo un pueblo todo el tiempo. Palabras para las almas bellas y castas sobre la influencia decisiva de la moral y la religión, sobre la virtud y el diálogo. En la visión de Carrió los hombres malos obtienen su merecido y el pueblo, finalmente, despierta de su letargo. Esa sí que es una mirada americana sobre el mundo, con su candor y su fe irredenta en la "good people".
Al lado de la nota de Carrió hay otra que me resulta más interesante. Es sobre una nueva práctica que se está dando en los vecindarios norteamericanos: asesinar homeless por placer.
Todo lo que pasa, pasa primero en América.

lunes, noviembre 06, 2006

Realpolitik

–Pero, acláreme algo, porque a usted se lo veía hasta hace poco en actos duhaldistas, y de pronto se convirtió en candidato de Kirchner.
(Se ríe.) –Fue una jugada política. Yo fui al Congreso de Lanús (duhaldista) para que me vieran en los medios, con el propósito que me llamen a negociar. Y así pasó: me empezó a llamar todo el mundo y también los muchachos del Frente para la Victoria, que me hicieron candidato y salí votado como concejal en Escobar.


Qué grande Larry, ¿no?... (cri, cri, cri) ... ¿no?

sábado, noviembre 04, 2006

Malvárez Tejar, un hombre en peligro

Hace semanas que busco la imagen aquella de Morales Solá vestido de duendecillo (¿o era de drácula? ¿o de príncipe valiente? ¿o de ayudante de Papá Noel?) en ese legendario institucional navideño de Canal 9 de la era Romay. Creo que el Tano Ranni hacía de Santa Claus y Guillermito Andino de un muy gay paje navideño. También estaba Magdalena. Si fuera asesor del gobierno utilizaría esa imagen para extorsionar al "agudo" columnista de La Nación. Bueno, quizá ya se les ocurrió.

Al estilo mundo del cinismo

Las viudas de los jueves de Claudia Piñeiro es la versión pedorra-argenta de Noches de cocaína de J. G. Ballard.

viernes, noviembre 03, 2006

La peste

Una de las secciones más divertidas de la revista Barcelona (no pongo el link porque el sitio de la revista no dice gran cosa) es el correo de lectores. Una vedadera delicia de pelotudos que escriben indignados ante las tropelías de la revista. Cosas como tengo una hermana mogólica y ustedes son unos hijos de puta que no respetan a nadie, mi hermanita es un ser luminoso y hermoso y les deseo que tengan muchos hijos mogólicos, cosas como esas que uno nunca termina de saber (bueno, ese es un poco el juego de la revista) si son ciertas o más bien un nuevo chiste de la redacción. En el último número hay varias cartas de lectores que giran en torno al tema de la represión y los desaparecidos. Lo que me llama la atención, en mi ingenuidad, es el tono brutal de muchas de esas cartas: fascistas de comedor diario que escriben cartas burlándose de la "sidosa de Arrostito" o de "la concha de Bonafini" o de "los putos montoneros". Quiero decir, debe ser el pensamiento de mucha gente, debe ser el chiste diario de muchas familias cristianas, y no solo de los habitués de Plaza San Martín o miembros de la "familia militar", sino de gente mediopelo que ve con horror el discurso de los derechos humanos ahora legitimado vía Presidencia de la Nación.
Siempre me alarmaron más esos fascistas "de a pie" que los fascistas obvios de las jerarquías militares, empresariales o eclesiásticas. Digo, si estás tomando un copetín en el Círculo Militar y escuchás que alguien se vanagloria de sus hazañas setentistas, bueno, ¿qué esperabas? va con la lógica del lugar. Lo mismo si una vieja del Opus Dei o de Tradición, Familia y Propiedad larga a viva voz su íntimo deseo de que "acá hace falta un Pinochet" para arreglar el país, es todo tan predecible. El escalofrío viene cuando alguien que considerás a priori como "normal" se despacha con su credo videlista. Un tipo común, insignificante, inofensivo en apariencia. Un oficinista, ponele. Y de pronto puede decir el clásico "hay que matarlos a todos" o "habría que ponerles una bomba así se dejan de joder" o "qué bien los militares que se violaban a esas zurdas de mierda". Esos momentos son un shock de realidad: el mundo es así, las personas son así, esos son los contenidos que guardan en sus cabezas. Lo politicamente correcto es hipocresía en la mayoría de los casos. Animales hobbesianos disfrazados de buenos ciudadanos rousseaunianos.

martes, octubre 31, 2006

Intimidad

"La reticencia, en tanto, se ha vuelto una virtud obsoleta. Ahora la gente te habla de buena gana de sus enfermedades, sus alquileres, sus antidepresivos. La historia sexual se cuenta en una primera cita, los jeans cortados y el calzado informal se infiltran en la oficina los viernes informales, los que trabajan en casa instalan la sala de juntas en el dormitorio, el moderno diseño burocrático 'más suave' instala el dormitorio en la sala de juntas, los dependientes de comercio tutean unilateralmente a los clientes, los camareros no te sirven la comida hasta que hayas entablado una relación personal con ellos, los aparatos de grabar mensajes recalcan el 'yo' en 'Lo siento, pero no entiendo lo que ha marcado', y los entusiastas cibernéticos designan con un nombre especialmente inapropiado -'foros públicos'- a unos pedazos de silicona grabada con los que un 'participante' en el foro, sin afeitar y con las piernas cruzadas, puede comunicarse sentado sobre unas sábanas revueltas. ¿El mundo interconectado como una amenaza a la intimidad? Más bien, el feo espectáculo de una intimidad triunfante."

Jonathan Franzen, Cómo estar solo. Seix Barral, Barcelona, 2003, pág 62.

sábado, octubre 28, 2006

Happy When It Rains

and if I tell you something
you take me back to nothing
I'm on the edge of something
you take me back
and I'm happy when it rains

viernes, octubre 27, 2006

Todas las vidas posibles

Primera- Se pararía contra su coche (un auto largo, macho, brillante) mirando las nenas de colegio privado saliendo a la calle. El sol brilla fuerte sobre el mundo, cerca hay un parque lleno de generosas tetonas bronceándose al mediodía. La chicas salen en grupitos, se ríen, tontas-tontas, mandan mensajitos a sus mamás (voy a comer a lo de Flor; me quedo a dormir con Nico; no me esperes hasta las 6 AM), la brisa feliz de primavera juega con sus jumpers y reconstruye los movimientos de las banderas de los clanes escoceses: los mismos kilts que los McDowells. En el bolsillo de su chaqueta tiene mucha droga para las nenas. Promesa de fiesta interminable. Ellas lo perciben y se acercan. Se sube con varias al auto. Ponen rumbo a un lugar secreto, peligroso, cinematográfico.

Segunda- Sería un comandante de una guerrilla de Medio Oriente. Se mira en el espejo retrovisor del auto que serpentea por calles blancas y comprueba su piel morena, el fino bigote arábigo sobre el labio, el pelo negro ensortijado. Por el estéreo sale una música aérea, compleja, voces de mujeres desgarradas. Conduce por calles llenas de niños que juegan con neumáticos semi quemados, que construyen castillos con escombros, que ensayan poses de combate insurreccional. Desde las mezquitas los imanes llaman a la última oración de la tarde. ¿Qué es un terrorista? Alguien con un gran sentido del espectáculo. ¿Qué es un combatiente? Alguien demasiado cansado de esperar. En un sótano un rehén espera ser interrogado.

Tercera- Escribe en silencio largos capítulos de una novela. Su mujer ignora esa tarea nocturna. Sus hijos ignoran esa tarea nocturna. Ayer su hijo le dijo boludo por primera vez. Estuvo todo el día tratando de digerirlo, dándole vueltas a la manera de colocar ese desgarramiento cotidiano en la arquitectura de su novela secreta. Pero es difícil porque su novela no tiene nada que ver con sus hijos, ni con su mujer, ni con su vida diurna. Su novela es la historia de un soldado bígamo con una esposa de cada lado de la línea de combate. Las peripecias que sufre para pasar a un lado y al otro del frente de batalla, cambiarse el uniforme de un país por el del otro, hablar en otro idioma, camuflarse con otra nacionalidad. Todo para poder mantener los dos hogares paralelos. Está llena de apuntes divertidos, risueños, ingenuos. Tras las líneas enemigas, se llama la novela.

miércoles, octubre 25, 2006

Interior/ Exterior

Uno de los primeros libros que leen los estudiantes de sociología es El suicidio de Emile Durkheim. Es un libro raro y, por varios aspectos, bastante notable: la puesta en acto de la aspiraciones de un fundador científico, el tanteo de los límites de una disciplina recién nacida por entonces, el manifiesto audaz de un fanático positivista. Por empezar está el gesto de elegir al suicidio como tema de una investigación sociológica. ¿Existe una conducta más opaca, más velada, más secreta a la comprensión de los demás que la decisión de quitarse la vida? Es un lugar común ante esos episodios la incomprensión y la incredulidad que experimentan las personas más cercanas al suicida. Muchas veces ni siquiera una larga carta de despedida alcanza para aclarar sus interrogantes. Dar una explicación al suicidio desde un punto de vista "colectivo", holista, era y sigue siendo, un gesto arriesgado. Pero justamente en esa dificultad radicaba la prueba que Durkheim quería buscar: si su método y su teoría estaban en lo cierto, entonces esa conducta tan privada, tan personal, tan "psicológica" podría ser comprendida en términos sociales, como producto de determinada relación de fuerzas colectivas, como reacción ante tranformaciones de la "morfología" de la sociedad. Lo psicológico, un reino menor dentro del gran reino de lo social.
Hay otro libro que no leen los estudiantes de sociología, al menos no obligatoriamente. Se llama La imaginación sociológica y fue escrito por Charles Wright Mills, un sociólogo americano de los años 50 y 60. Lo crucial de La imagincación sociológica es la idea de que las vidas humanas son una intersección entre la Biografía y la Historia y que solamente el conocimiento de cómo se da esa influencia entre lo privado y lo público (cómo los cambios de la Gran Historia se infiltran dentro de las paredes de las casas, cómo las macro decisiones tomadas en lugares remotos son integradas a la vida ordinaria de todos los días) solamente ese conocimiento puede aumentar nuestra autonomía y nuestro control sobre nuestras vidas.
Hoy en día, me parece que estas dos muestras de interés por explorar la conjunción individual-social están bastante demodeés. El retorno a la vida privada, la privatización del espacio público, la disolución de las barreras entre lo íntimo y lo colectivo, van configurando un tiempo donde las explicaciones de todo "malestar en la cultura" se ofrecen en términos individualistas.
Depresión, neurosis, falta de iniciativa: etiquetas que se adjuntan sobre las personas para explicar su falta de integración social, sus fracasos, sus incapacidades para lograr"exitosamente" lo que se supone es una buena vida. Así el fracaso para encontrar un buen trabajo puede ser adjudicado a una incapacidad personal, a un fracaso individual para saber "venderse" de manera atractiva; o la fragilidad de los vínculos amorosos puede ser explicado por las neurosis, traumas y fobias que impedirían una "conexión" feliz con los otros seres humanos. Esta sobrecarga de culpas sobre el individuo exclusivamente genera, lógicamente, un mayor malestar y una mayor dificultad para hallar la manera de salir de ese malestar.
Quizá sea hora de dejar de mirar en el individuo y comenzar a buscar las razones en los cambios que está experimentando desde hace décadas el régimen de relaciones sociales. Quizá encontremos respuestas más fértiles si empezamos a poner atención en la manera en que la Historia afecta la Biografía, en cómo cambios aparentemente lejanos o demasiado macro han reconfigurado la manera en que vivimos, de una manera tan profunda e intensa que se hace casi imposible reconocerlos a simple vista. No como una coartada para echarle la culpa a la sociedad por nuestros fracasos, sino como una forma de ajustar la puntería para no confundir la causas con los efectos, para lograr un mayor gobierno de nuestras propias vidas.

lunes, octubre 23, 2006

Carta

En la furia de los días solías llegar tarde a casa. Volvías cuando los vapores del alcohol ya se habían desvanecido y tu cabeza explotaba de ideas geniales que nunca llevaste a la práctica, tan típico de vos eso. Los pájaros de la fisura con sus trinos de mutantes post-nucleares no hacían mella en tu conciencia de que el mundo y la vida podían, y debían, ser otra cosa que lo que te rodeaba. Esa certeza de tesoro escondido, de premio mítico, siempre la tuviste y todavía, algunas noches, vuelve a vos como la llamada lejana de una tribu amenazada convocando a los guerreros hacia el corazón de la oscuridad selvática. Y mejor no hacer el recuento de estos últimos años - lo blanco y lo gris, nunca lo rojo y lo negro, como soñabas cuando a los 17 años lloraste por dos días la muerte de Julian Sorel, tan joven, tan lindo, tan merecedor de todos lo premios del mundo. Porque los recuentos son siempre un listado anodino de peripecias mediocres para quién no las vivió: Tu novia que te dejó herido, no pudiste ver películas por largos meses porque todo lo relacionado con el cine te abría la llaga del desamor. Los amigos que perdiste, algunos ahora en la selva de Ecuador enseñando derechos humanos a los indígenas, luego de las noches compartidas: esas largas caminatas por la ciudad hablando de discos, de poetas muertos por la cirrosis, de posibles itinerarios de mochila buscando la perla en el camino (una vez con él te sacaste una foto remedando la portada de On the Road, vos eras Jack, tu amigo era Neal, esa misma tarde viajaron en una camioneta cargada de frutas de verano y aprendieron palabras en mapuche, días más tarde se pelearon por una boludez y siguieron caminos separados); tu desolación en la facultad, tu incapacidad para hallar un lugar, tu propensión al cinismo estéril, riéndote de los puloveres peruanos (claro, vos escuchabas la Velvet) y de las consignas ortodoxas de los troskos, te parecían delirantes y ridículas, pero ellos formaban una pequeña comunidad y tomaban cerveza en el bar y se reían y hasta había chicas lindas con ellos que subrayaban La revolución permanente, mientras vos pasabas rumbo a casa, solo, sin el anclaje de un grupo tan necesario cuando sos adolescente. Y cuando te preguntaban sobre ese tema sensible solías alardear diciendo que la soledad era una buena maestra que te enseña a poner en perspectiva las cosas realmente importantes, respuesta idiota propia de un monje, de un ermitaño, no de un chico que rezaba en las noches de frío, Dios dame alguien a quien amar, por favor, por favor. Y así sublimabas ese faltante: tu biblioteca fue creciendo, tus cuadernos se llenaron de anotaciones, en tu piel crecía el tatuaje de los parias, la marca de los solitarios involuntarios, el salvoconducto de la cárcel del mundo. Y ahora seguís, tenés que seguir. Creo que aprendiste un par de cosas, hay quien dice que te ve más maduro, quizá sea verdad. Aunque todavía te quiebra esa canción que dice sixteen, clumsy and shy, aunque todavía te reconocés en esa story of my life. Te siguen tirando las canciones tristes, seguís buscando la luz que nunca se apaga, te late que hay una gran verdad en todo eso. Siempre fuiste un sentimental y harías bien en no ocultar esa parte tuya.
Y ahora me despido hasta la próxima, hasta que sea necesario: y no te aferres a la oscuridad y no te fatigues en más paseos por el lado salvaje. Que el sol queme las marcas del pasado; mañana es mejor.
Un abrazo grande.

viernes, octubre 20, 2006

martes, octubre 17, 2006

Peronist Day

El peronismo tiene algo con el cuerpo. No me interesan las interpretaciones freudianas que enlazan el liderazgo político con "el lugar del padre", pero evidentemente la historia del peronismo se solapa con la historia de los cuerpos de Perón y Eva Perón: desde el carisma fundacional de la pareja gobernante al derrotero macabro del cuerpo de Eva, desde ese cáncer que carcomió su cuerpo a la amputación de las manos de Perón en los 80s, llegando a las noticias de estos últimos días (la extracción de muestras de tejido para el ADN a pedido de la supuesta hija del General y, hoy, el traslado de sus restos a San Vicente), el peronismo gira interminablemente sobre la dimensión "corporal" de sus fundadores.
En el contexto de lealtades partidarias cada día más erosionadas, de identidades vaciadas por décadas de políticas (llevadas a cabo por, no tan paradojalmente, gobiernos justicialistas) que se ensañaron en desmontar las bases económicas y sociales que daban sentido a esas identidades, lo único que les queda a las superestructuras partidarias es un regreso a lo esencial: al cuerpo. De ahí la "Operación San Vicente" organizada por lo más retardatario del otrora Movimiento Nacional. Símbolos vaciados de sentido son sacados de sus criptas con la vana ilusión de revitalizar algo del poder que supieron detentar. Es una ley básica de la antropología: los objetos sagrados tienen un poder, un mana, que se trasmite a los sacerdotes que los manipulan. El problema viene cuando de esos objetos sagrados sólo queda la cáscara. Entonces el poder se rutiniza o se disuelve.
A diferencia de Ezeiza, dónde las distintas fracciones del peronismo pugnaban por apropiarse del Líder e imponer sus diversos sentidos del Movimiento, los hechos de hoy muestran más bien una lucha por espacios dentro de la superestructura sindical reconvertida en los años noventa.
A más de 60 años del 17 de octubre, a más de 30 años de la muerte de Perón, el traslado de sus restos a un mausoleo pueden bien servir como ceremonia de fin de ciclo. Es sabido: cuando los objetos sociales son depositados en una vitrina pasan a ser una pieza de museo.

Con una ayudita de los amigos (endogamia, y qué?)

Estos dos últimos rankean alto para convertirse en los posts políticos del año.

viernes, octubre 13, 2006

Las chicas de Sociales se masturban así (II)

"Ruby"

Me enamoré de la chica del spam

we will wade in the shine of the ever
we will wade in the tides of the summer
Pixies

Esos mensajes que ella me enviaba, ¡ay! cómo los disfrutaba.
Una semana contenían publicidad del Mental Health and Broken Hearts Clinic de Saratoga, FL invitándome a suscribir su seguro de salud; a la otra semana llegaban anunciandome con pompa y circunstancia la salida a la bolsa de las acciones de la compañía Cosmetics, Dog Food & Other Nasty Body's Parts Inc. con sede en los exóticos suburbios de Chippinnewa, CA; unos días más tarde bien podía comunicarse conmigo (¡conmigo!) para darme la buena nueva de cierto artefacto fusiforme con la mágica propiedad de alargar mi parte más intima (descarada...) en unas pocas sesiones de uso intensivo. Así llegaban sus mensajes, uno tras otro, sugiriendome estrategias para mejorar mi salud, mi economía, mi sexualidad. ¿Cómo no estarle agradecido? ¿Cómo no caer perdidamente enamorado ante su atención, ante su desinterasada devoción por mi bienestar?
Y su nombre, claro. Mantra lujurioso que pronunciaba por las noches en mi cama. Allison. Sheena. Mary Ann. Louise. Lo-li-taaaaaaa. Velouria, my Velouria. No me importaba nada esos cambios repentinos de nombre. Los tomaba como una exquisita excentricidad: caprichos de una mujer misteriosa que se enhebraban dentro de una estrategia de seducción a distancia, fatalmente efectiva.
Con un poco de paciencia fui desandando el camino que me conduciría hacia ella. Pasé noches interminables chequeando direcciones de empresas, saltando de un castillo a otro, viajando frente a la pantalla por páginas sórdidas, divertidas, banales, repugnantes, sin salida, abandonadas luego de fiestas movidas, páginas en construcción, entrópicas, laberínticas, vacías por entero salvo pequeños detalles ocultos en lo más bajo de su diseño. Todo aquello que ví en mi peripecia estaba justificado: por las líneas enemigas era capaz de aventurarme con tal de conseguir un dato que me llevara a esos dedos que me enviaban los mensajes. Por fin, obtuve un número de teléfono y una dirección. Por fin podría escuchar su voz, el aire de sus pulmones viajaría miles de kilómetros por cables de cobre, ondas magnéticas, fibras silentes enterradas bajo montañas de cadáveres aún vivos.
Me atendió un maldito contestador automático. Los nervios y la mala calidad de la comunicación me impidieron escuchar bien el mensaje de bienvenida. Cuando oí el bip me precipité a contar quién era yo, con quién quería hablar, cúanto la amaba, cúanto me habían emocionado sus mensajes, cúanto deseaba conocerla y hacerla feliz para el resto de nuestra vida en esta tierra. Por favor, llamame, por favor, por favor.
No dormí esperando la mañana, el momento del día en que sus mensajes acostumbraban aparecer. Pero al mediodía no había ningún mensaje en la bandeja de entrada. A las tres de la tarde tampoco. A las cinco ya había consumido tres paquetes de cigarrillos, destruído cuatro vasos (temblaba), golpeado la pared hasta hacer un pequeño agujero. A las 20:47 (inolvidable hora de la vida) un mensaje ingresó a la casilla.
Sobre un fondo de palmeras y mar azul unas letras formaban las palabras: "El Zopilote Hotel Resort". Y más abajo: "Yucatán, México". Y más abajo: "Donde TODO puede suceder". Y más abajo: "No pierda su lugar en el PARAISO". Y debajo de las palmeras, del mar azul, de la chica en bikini rojo y sombrero de paja que de espaldas a la cámara mira el mar, estaba su nuevo nombre: Shareenna.
No salgo mucho de casa, casi nunca en realidad, pero ahora estoy viajando hacia ella. Usaré un sombrero de paja y una noche bajo la luna -mientras en las montañas selváticas los animales se despedazan mutuamente y los hombres y las mujeres del mundo vagan buscando amor- yo voy a encontrarme con ella.

jueves, octubre 12, 2006

Ulises for dummies

Me leí el Ulises de Joyce en cinco minutos. Tú también puedes hacerlo aquí.

sábado, octubre 07, 2006

La poesía aún no desvela al mundo

"Hijos salvajes de Whitman aún durmiendo allí.
despierten y canten al aire libre"
Lawrence Ferlinghetti
todavía bebemos en silencio
haciendo zig zag
sobreviviendo en historias
alquiladas
armando porros sin fumar
mientras perdemos el ómnibus
y vagabundeamos junto al aire
acumulado en nuestras cabezas
el vino nos pone calientes
y el mundo no es un snob alegre
y puede que nuestros hijos se sientan solos
así como nos hemos sentido
este maldito tiempo
y miren adelante sin poesía alguna
teniendo en cuenta que la poesía
adelante es ninguna parte
mientras el día es una inmensa cámara de gas
miles Otros hablan una lengua que ignoramos
por pura comodidad
y estamos al límite del bar
creyendo que la tragedia isabelina
es la nuestra
sabemos lo que dura el eclipse
y bebemos y pensamos entender algo
y somos la catástrofe en párrafos
y el Eros castrado de Marcuse
y la angustia que ulula en la mesa
y Torquemada colgando a Hamlet de las bolas
el hilo de "algún día"
se cuela por la métrica de nuestro aliento
y suda bajo nuestra letanía
sin dejar de oír nuestros leves cuentos
no hay poesía
donde fluye el aire brutal
y salvaje de todo lo que Es
bebemos en silencio
degustando el agrio infortunio
de nuestra carne rancia
Gustavo Ramírez, de cierto inédito llamado Breviario de horas insufribles.

viernes, octubre 06, 2006

Bad, bad people on the right

En otro párrafo de su discurso, la mujer sostuvo que "la sangre derramada no se negocia" y que "ningún soldado pide perdón por haber defendido su patria". Un tramo que fue muy aplaudido por la gente que participó del acto.

¿Alguna hipótesis facilonga acerca de porqué la extrema derecha argentina ha delegado su discurso público en la voz de sus "señoras esposas"? Y por favor, que no sea el verso de que la igualdad de género también llegó a esos sectores...
Como sea, dicen algunas fuentes, que en un momento un bigotado ex general rugió un emotivo: ¡Karina Mugica, presente!

jueves, octubre 05, 2006

Y dale con las transiciones...

Aquello de Eliot, archiconocido, abril es el mes más cruel..., bueno parece que últimamente, las últimas semanas, nos vemos obligados a escribir obituarios (y ni siquiera es abril). La necrológica como género menor del ensayo político.
En su última nota sobrevolaban esos neologismos wainfeldianos que retuercen el lenguaje: "oposición desnortada", "lógica tanática", "Parnaso kirchnerista"... La nota era sobre la desaparición de López y registraba el desconcierto de las altas esferas al respecto, el viento frío que ya no sopla del sur sino desde algún rincón más tenebroso.
Hoy me decían que era un buen tipo, un dandy, un poco mal mirado por su ego considerable. Vaya uno a saber.

miércoles, octubre 04, 2006

MonteKristo

So this is where he came to hide
When he ran from you
In a private detectives overcoat
And dirty dead mans shoes

Elvis Costello,
Man out of time.

Un poco de la prensa de ayer, de hoy, de mañana:

"Estamos pasando por uno de los peores momentos de nuestras vidas". Así comienza la carta abierta que la familia de Jorge Julio López difundió esta noche para dar su versión sobre la desaparición...

Mañana por la tarde la Plaza San Martín será escenario de marchas contrapuestas. Por un lado habrá un homenaje a los muertos por acciones de la guerrilla, y, por otro, una agrupación de izquierda se concentrará a sólo una cuadra para repudiar ese acto...

Terminen lo que nosotros no supimos ni pudimos terminar.” Dice el texto firmado por Reynaldo Benito Bignone y publicado en la página de Internet de “Argentinos para la Memoria Completa”, que convoca al acto de reivindicación del terrorismo de Estado...

Lo mismo sucedió más tarde con la serie de amenazas de tono parecido que fueron recibiendo otros funcionarios de la gobernación y hasta la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carlotto...

El Ministerio de Seguridad bonaerense no pudo identificar aún el cuerpo calcinado y con un balazo en el abdomen que se encontró el pasado 20 de septiembre en la ciudad de Punta Lara, en el marco de la investigación por la desaparición de López...

No sé, Montecristo no la veo más. Así como Resistiré fue la novela de los almost-thirty de la peor época de la crisis, con sus empresarios corruptos y sus chicos de barrio peleando contra fuerzas oscuras e inmanejables, la lectura de Montecristo como discurso para las masas del revival setentista (oh, el zeitgeist otra vez!) me parece demasiado cómoda y apropiada para análisis de intelectuales a la violeta. No es que desconfíe de la capacidad de la televisión para deglutir y apropiarse de los relatos que circulan por el imaginario, algo de eso hay, claro. Pero la idea de cuatro tipos reunidos en un departamento de Las Heras una tarde de verano, tirando ideas para proponerle a Villarruel, y luego de largas horas de sequía mental (las cervezas en la mesita ratona, los ceniceros llenos, los celulares silentes, ese momento nefasto en que nos enfrentamos a la Gran Verdad de lo inútil de los esfuerzos) mirando de casualidad a Carlotto en la tele y bang! se les hizo la luz y ¿por qué no una novela sobre "el pasado"? por qué no una novela que engarce a las 10 de la noche esas imágenes de los últimos años: Bendini subido al banquito, la ESMA ciudad abierta, la doxa inofensiva del relato trágico, la tragedia convertida en historia de amor... Y la máquina empieza a funcionar y en unos meses el canal de la familia, el canal de Tinelli, de Neustadt, de Susana (¿cómo era ese gran subtítulo? "De Perón a Susana, de Montoneros a la CIA") pone en el aire el relato novelesco de las consecuencias de la dictadura. Ganancias dobles, en prestigio moral, en anunciantes.
Pero falta el pathos. Aun para los que creemos en la sinceridad de la política de derechos humanos, aun para los que pensamos que es un imperativo ético y una política adecuada, aun para los que pensamos que los hombres infames habían tenido ya demasiados años de tranquilidad y libertad, aun así el pathos del pasado es algo que no se puede revivir a riesgo de convertirlo en doxa para señoras gordas sensibleras.
Y no es que la historia se repita como farsa después de ser tragedia, cómo dicen ahora algunos noventistas saqueando las palabras de ese alemán ha quien habían enterrado demasiado pronto, es justamente lo contrario, la historia nunca se repite, siempre es diferente: son los intérpretes de la historia quienes a falta de herramientas mejores presumen de su repetición para ahorrarse el trabajo de inventar nuevas formas de comprenderla. Marx y los noventistas estaban equivocados. Pero Marx lo decía en joda, cosa que pocos comprendieron. Todo lo que comienza como tragedia termina en telenovela. No quiero creer eso, realmente.

This is Hardcore

Las conexiones virtuales tienen sus riesgos, ya lo sabemos todos. Para ejemplificarlo nada mejor que leer esta divertida ¿ficcionalización?

(y esa vez que te hiciste pasar por mogólico, interfiriendo y molestando comunicaciones ajenas... estuvo inolvidable)

lunes, octubre 02, 2006

Salud a las armas

Bueno, ¿y qué que Hemingway se haya cargado a 122 nazis en la Segunda Guerra? ¿Acaso la corrección política contemporánea nos va a hacer derramar lágrimas por los rubiecitos hitlerianos caídos bajo los disparos de Papá Hem? Si escribís esto, o esto, o algo así, tenés todo el derecho al final de tu vida a fanfarronear tranquilo tus anécdotas de batalla.

Los amigos que no perdí

Sí, dijo en la entrada del Edén, un cine porno de la avenida Santa Fe. Me voy a escribir una novela, esa novela que llevó incubando desde hace tantos años, abundó ante nuestro desconcierto, ante nuestro cansancio. Bajando las escaleras te alejabas del cielo y te encontrabas con putos viejos tipo Jorge Donn, con pasivas desesperadas por el frío traumático de la ciudad, con mujeres llevadas por sus parejas para ser cogidas de a varios. Y él nos decía que iba a escribir esa novela que todos ya conocíamos de memoria: la mierda esa Rainer, la mierda esa del Nazional, apuntes de una guerra de trincheras que nunca existió. Bueno compañero, le dijimos, vaya nomás que usted tiene pasta de campeón. Nosotros nos quedamos acá, y descendimos al Paraíso.

Tiempo después tuvimos informaciones encontradas sobre su paradero: mails que llegaban desde locutorios del Medio Oeste norteamericano, o de ciertos cubículos que designamos como locutorios a falta de una palabra mejor; cartas mecanografiadas donde las r y las s levitaban por sobre el renglón, con una constancia alucinante; llamadas telefónicas que quedaban guardadas en el contestador y que reproducían bocinas de camiones, perros aullando, discusiones a los gritos en un idioma duro, tan duro como la distancia medida en caminos de alabastro. Duraban menos de cinco segundos y las llamábamos nuestra "Misión Imposible".

Una vez, antes de todo, nos pusimos tan en pedo que terminamos bailando en una bailanta a las cinco de la matina. Bronsom era el rey del agite y se abrazaba a los pocos tipos que quedaban en pie hablándoles sobre peronismo. Él, mientras, perseguía por todo el lugar a una minita que le sacó hasta las últimas monedas: ya morí de espaldas, nena. Los demás mirábamos con disimulo el reloj, ya era tarde y el efecto del alcohol estaba pasando.

La novela nunca existió. O si existió estaba guardada en los archivos de la PC que su madre tiró a la basura una noche de furia. La sinopsis que nos hizo una vez estaba bastante bien, pero le faltaba voluntad, le faltaba disciplina para escribir una novela. Es más fácil enamorarse de la idea de las cosas que enfrentarse a su versión prosaica, deflecada, vilmente material. Ciertas almas harían un gran bien si no descendieran a la tierra. Su excusión por el mundo literario duró lo que una flor siberiana, que es la unica metáfora que se nos ocurre ahora, por eso del contraste entre lo vegetal y el hielo de la tundra. Y encima Buenos Aires es una ciudad tan grande que uno puede pasarse la vida sin encontrar a la persona que busca. Tal vez nos lo cruzamos miles de veces, tal vez nos rozó el hombro sin vernos infinidad de veces, y nosotros acá escribiendo esto como si él ya no estuviera entre nosotros.

viernes, septiembre 29, 2006

La sociología es un deporte de combate

Vía La Barbarie nos llega la noticia de que el gobierno estadounidense está considerando desarrollar encuestas en Irak con el fin de evaluar la efectividad de las operaciones militares y conocer la opinión de la población al respecto. Obviamente, se trata de una tarea riesgosa para los encuestadores que lleven a cabo el trabajo de campo: "if someone out there believes the client is the U.S. government, the persons doing the polling could get killed."
Nada demasiado diferente, por otro lado, de lo que pasa diariamente en el tercer cordón del conurbano bonaerense. Y esto último no es ironía sino un hecho objetivo.

Idea para una escala de Lickert a usarse en Bagdad: Usted considera que morir quemado por una bomba de fósforo blanco mientras hace sus compras en el mercado un domingo soleado es...
- Muy malo
- Malo
- Me es indiferente
- Bueno
- ¡Genial! ¡El napalm huele a Victoria!

Me tocó crecer viendo a mi alrededor paranoia y dolor

La titular de Asociación Madres de Plaza de Mayo descartó la versión del estrés psiquiátrico y sostuvo que "se trata de una maniobra. Es un tipo muy tipo muy inteligente, el haberse presentado a declarar puede ser parte de la maniobra. Las maniobras están muy preparadas a veces, muy organizadas", sostuvo.
De todas maneras, Bonafini manifestó que "todos queremos que(López) aparezca".

lunes, septiembre 25, 2006

Asociación no tan libre

Y he aquí que se levanta un más vasto rumor por el mundo, como una insurrección del alma...
Saint-John Perse

Los efectos mentales de una educación política poco rigurosa: asociar Rafael Bielsa con Saint-John Perse. En alguna madrugada de finales de los años noventa habré visto un reportaje a Bielsa donde confesaba su admiración por el poeta francés. O por ahí no fue en una madrugada de P&E de los noventas, sino en una subnota de Página 12, o una entrevista radial con Eliashev circa seis de la tarde (afuera hacía frío, probablemente, y yo malgastaba mis tardes de estudiante neurótico y desocupado vocacional). Como sea: datos acumulados en la memoria, datos sin importancia alguna, laterales, supérfluos, posiblemente inexactos. En una época le decían diletantismo, y era peyorativo. Anábasis - Bielsa. Diplomáticos, poetas, la larga épica nunca escrita de los cónsules que esconden manuscritos filigranados debajo de los pasaportes que esperan el sello, el salvoconducto, para escapar de las ciudades.
El Pelado Gorriarán y sus obituarios que actualizan esa historia tan presente (para muchos abrumadoramente presente, para muchos repentinamente presente) de los nombres menores y mayores de la generación de nuestros padres. Y entonces: Laica o Libre, Masetti, Trelew, Onganía, Córdoba, Santucho, Monte Chingolo, Managua, Somoza, Nosiglia, Página 12, Tablada. Los veranos agitados de mi infacia de fines de los 80. Mirando por televisión cada enero las imágenes de cuarteles de provincia asados bajo el sol, encuadrados por cámaras movedizas. Nadie podía lograr un puto plano decente...
Pero la crítica de las armas no dio paso, como profetizaba el imberbe K. M., a las armas de la crítica. ¿Cuánta cerveza habían tomado él y F. E. cuando escribieron aquello? ¿Estaban ciegos de alcohol cuando lo escribieron? ¿O estaban ciegos de pasión, de esa pasión que hoy ya nadie siente?
Otra vez: datos inútiles que no hacen a la cuestión principal. Demasiados, demasiados.

martes, septiembre 19, 2006

Caminando por el lado de la justicia

Uno más. Quedan cientos todavía por las calles. Qué el tiempo esté de nuestro lado, por una vez al menos.

Actitud Buenos Aires

Soñé que aviones Hércules de la Fuerza Aérea Telermaniana arrojaban (con pequeños paracaídas blancos) sobre las calles de Palermo cajas con anteojos de marco negro, sacos de corderoy y zapatillas marrones, además de kits de supervivencia con pequeñas dosis de comida hindú, mexicana y tailandesa.
A mi se me hace cuento que todavía exista Buenos Aires.

sábado, septiembre 16, 2006

Fragmentos hallados entre los escombros del orden democrático

La revolución francesa para los franceses, la unidad bismarckiana para los alemanes, la guerra civil para los americanos, la revolución campesina para los mexicanos, el peronismo para nosotros.
La burguesía es el hecho maldito del país peronista, dice Cooke una noche de amargura frente al culo bamboleante de una mulata del Habana Libre, y ya no importa nada que la frase haya invertido sus términos, porque en política la aritmética es maravillosa y los factores de la ecuación cambian de lugar constantemente como encantados por el hechizo de Mickey Mouse en Fantasía, que ciertamente, es una película casi de la época peronista.
Y qué importa todo eso. Qué importan los libros ya escritos, los círculos de lectura en departamentos art-nouveau de Esmeralda y Corrientes, los panfletos sesudamente redactados por linotipistas emigrados, los programas industrialistas pergueñados en piezas de pensión. Qué importa el cruce esforzado de Marx con Perón, de Juan XXIII con Hegel, de San Martín con Velazco Alvarado, de Roberto Arlt con... Qué importa todo eso, repito, una vez más, cuando el momento político es más parecido a una bota aplastando una cabeza, a unos pobres diablos arriados por un basural esperando el tiro como el conejo que espera el disparo para salir corriendo con todos los galgos, los galgos, atrás.
Nuestro Vietnam ya no es campo fértil para los laboriosos poetas criados al amparo del fulgor menemista. Merecían, es cierto, una época más dulce que la que les tocó en suerte. Intentaron, hay que reconocerles, enhebrar una poética de esos días de lamé dorado. Trataron, es justo decirlo, de ser mejores que sus padres: más bellos, más tolerantes, más amables. El ángel de la Historia (si es que hay una historia) tiene la vista clavada en las ruinas que deja a su paso y, sin embargo, sin embargo, se mueve siempre hacia adelante.
Qué va a quedar, nena, cuando las fiestas acallen su murmullo, qué va a quedar cuando las palabras dejen de nombrar el mundo, cuándo las metáforas no alcancen más: nosotros en la calle, a oscuras, volviendo a casa. El sol despegando el oro de las piedras. Los pequeños ruidos del mundo girando sobre su eje abollado. Cuando sea así, no tengas miedo. Cuándo sea así acordate, querida, que la Historia es sólo una puta sencilla.

(borradores, borradores, es todo lo que puedo escribir por ahora, sepan disculpar)

Días de radio (Yoísta)

Sí, sí, sí. La muy amable María Esperanza del blog la barbarie nos ha mencionado en el programa de Mario Wainfeld por radio Ciudad el último jueves. Hubiese estado bueno escucharlo en vivo y en directo. Por supuesto, seguiremos trabajando (bueno, ese es un verbo un tanto exagerado) para mejorar un poco con cada post. Aunque suene difícil de creer.

viernes, septiembre 15, 2006

Transiciones

Claudio Tiberio ha muerto. En realidad, seamos honestos, llevaba muerto años desde que Ernestina (que no ha muerto, o sí pero lo ignoramos) le dio una patada en el culo y lo arrojó de la redacción de la calle Piedras. Frigerio, la cara realpolitik del proyecto de Contorno, la última esperanza blanca de los años 50, el ideólogo de ese proyecto nacional (¿último?) que mezclaba la imaginería fordista de los siams ditella, los anteojos de marco de carey, las corbatas finitas y la modernización de una sociedad que recibía alborozada el psicoanálisis y la sociología funcionalista. Todavía lo lloran a él y al Flaco Frondizi las viudas de la burguesía nacional... Mauricio M, por ejemplo, silabea "frondizi" cada vez que tiene que nombrar un referente histórico. Mejor eso que nombrar a Roca o a Sarmiento, ¿no? Como sea, resultan extrañas las muertes de tipos que ya han quedado tan inmersos en el pasado, gente que uno suponía ya muerta junto con su momentum histórico: como si mañana nos enteráramos de la partida de José María Guido, o de Levingston o de Mariano Grondona..., bueno, aflojemos.
Supongo que en cierto punto la vida biológica acomete las tareas que la política no asume. Me pregunto por el MID, ¿qué será dentro de 5, 10 años? un club de veteranos de la primera guerra mundial, mirando las medallas industrialistas que supimos conseguir.

jueves, septiembre 14, 2006

Partes de inteligencia

A propósito del "affaire Juanjo", ¿no es un exceso llamar agentes secretos a los peters sellers de la SIDE? Tan sólo pasar por la puerta de la mentada "agencia" con sus puertas vidriadas que recuerdan a un telo de barrio, los sempiternos morochos de ray-bans que fuman en la vereda y las anacrónicas cámaras de seguridad que a esta altura ya no deben poder grabar ni a un elefante que pase por la calle 25 de Mayo, da una idea del recontraespionaje criollo. Arriesgo que adentro deben tener una cabina telefónica como la que usaba Don Adams para entrar a "Control" en el Agente 86.

Paisaje lunar

Mientras algunos escriben poemas subterráneos y otros afilan las armas para la gran batalla que se avecina en el horizonte de los tiempos, por este lado el espectro de Patrick Bateman (¿cuántas veces lo he nombrado estos últimos tiempos?) comienza a ceder su influjo. Deseo que sea al revés que en Lunar Park, lo deseo de verdad. Que el piscópata Bateman me deje un poco tranquilo, que todo adquiera una tonalidad más cheeveriana: susurrando a la mañana en el subte rumbo al trabajo (el sol ilumina las ventanas, la ropa de invierno colgada indecisa del brazo, las multitudes aún somnolientas) en voz muy baja aquello de: amor, valor, compasión; amor, valor, compasión. Y que todo sea real.

lunes, septiembre 11, 2006

viernes, septiembre 08, 2006

El titular lleva tu nombre (coda)

- Si te dicen que caí. Juan Marsé
- Primavera negra. Henry Miller
- La invención de la soledad. Paul Auster
- La decadencia de la civilización occidental. Oswald Spengler
- Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Haruki Murakami
- Todas las familias son psicóticas. Douglas Coupland

*****
- Saló, o los 120 días de Sodoma. Pier Paolo Pasolini (y el libelo homónimo del Divino Marqués)
- La noche americana. François Truffaut
- La ley del deseo, Pedro Almodóvar
- La patrulla infernal, Stanley Kubrick
- El amor es más frío que la muerte, Rainer Werner Fassbinder
- Una mujer bajo influencia, John Cassavettes

*****
- Their Satanic Majesties Request. The Rolling Stones
- Divididos por la felicidad. Sumo
- If you're feeling sinister. Belle and Sebastian
- Ritual de lo habitual. Jane's Addiction
- Blood on the Tracks. Bob Dylan
- Sandinista. The Clash

Listas, listas, listas

El "tema de los títulos" que traen a colación estos dos blogs, me impulsa, lógicamente, a aventurarme a armar mi propia lista. Las listas como objeto, como disciplina ordenadora de los gustos, ejercen una peculiar atracción: nos obligan a elegir y a descartar, a tomar un criterio arbitrario que reduzca el caos del mundo a una variable específica. Son, obviamente, absolutamente banales y falsas ya que el universo es innumerable (como decía un cieguito gorilón que dirigió la Biblioteca Nacional durante largos años en cierto ensayo, luego citado por un filósofo francés calvo que estuvo de moda en los años 80's en Buenos Aires).
Yendo al tema de los títulos, creo que la primera línea de un libro es su título. Así de importante es la cosa. Si en vez de Guerra y Paz tuviéramos, no sé, "La invasión de Napoleón a Rusia"; o en vez de Das Kapital algo como "Análisis del actual sistema industrial en Europa", mucho del encanto y poder de esos libros se hubiese perdido. El título promete, tienta y termina decepcionando o justificando su influjo. El título debe ser casi una micro historia. Anticipar el contenido del libro, pero dejando al mismo tiempo un suspenso y una intriga sobre el mismo.
Algunos que se me ocurren ahora y que van más allá de sus méritos literarios:

- Levantad, carpinteros, la viga del tejado, Jerome David Salinger (el mejor por lejos para mí)
- Maldición eterna a quien lea estas páginas, Manuel Puig
- Viaje al fin de la noche, Louis Ferdinand Céline
- Mientras agonizo, William Faulkner
- El huracán lleva tu nombre, Jaime Baily (gran, gran título. Tal vez le queda grande a Jimmy)
- Putas asesinas, Roberto Bolaño (Los detectives salvajes también, pero todo es bueno en ese libro)
- Retrato del artista adolescente, James Joyce
- Los siete pilares de la sabiduría, T. E. Lawrence
- La conjura de los necios, John Kennedy Toole
- Parecía un paraíso, John Cheever
- Habla, memoria, Vladimir Nabokov (también Risa en la oscuridad)
- Los diez días que conmovieron al mundo, John Reed
- París era una fiesta, Ernest Hemingway
- Bajo el volcán, Malcom Lowry
- Flores robadas en los jardines de Quilmes, Jorge Asís (la eventual traducción suena mejor: Stolen Flowers in Quilmes Gardens)
- El corazón es un cazador solitario, Carson McCullers
- Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, Philip K. Dick (y ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?)

A ver quién se anima a hacer algo similar con títulos de películas y/o discos. Podríamos empezar con: Érase una vez en América (Sergio Leone) y A Momentary Lapse of Reason (Pink Floyd).

jueves, septiembre 07, 2006

El Subcomandante la sabe lunga

"me enteré que el famoso cazador australiano de cocodrilos se mató por una raya como danielito mendoza. que vida de mierda."
(de un comment del susodicho en el CNA)

martes, septiembre 05, 2006

Bang Bang, Joe

La larga longevidad de los hijos de puta puede, quizá, volvérseles en contra. Ya lo sabemos, una justicia que llega veinte años tarde deja mucho que desear, pero aún así tendrán que pasar sus últimos años trajinando expedientes y elaborando sus patéticas defensas.

viernes, septiembre 01, 2006

Nasty People

Un minúsculo y módico wannabe de Patrick Bateman escribe una crónica en TP sobre la marcha del ingeniero. Claro que acá no hay drogas duras, ni desmembramientos de prostitutas, ni orgías blancas bajo los acordes de Huey Lewis & the News. Simplemente el consumo de un porrito y un paseo por Buenos Aires contados como si se tratara de Hunter S. Thompson, luego de meterse en las venas, no sé, ¿analgésico para cocodrilos? ¿pintura no-inflamable de Lear-Jets? ¿herbicida mata vincapervincas? No, papi, te fumaste un cañito apenas, no jodas.
Pero la "gente como uno" es así: los hijos de la burguesía, aburridos, se deslizan hacia el cinismo cómodo. Un cinismo de medio pelo que ni siquiera tiene las bolas suficientes para llegar a las últimas consecuencias. "Un porrito sí, merca no porque tengo miedo de que me sangre la nariz". Ni siquiera están tan alienados como para escribir algo tipo Menos que cero. Aspiran a una felicidad pequeñita con el barniz emocionante de algunas fiestas, algunas drogas y algunos polvos de vez en cuando. Repiten, con variaciones más o menos cool, los lugares comunes del discurso de derecha que crecieron escuchando de sus padres. Y conforme se van volviendo más viejos (por que sí, queridos, ustedes están envejeciendo mal) recalan en el conformismo, la brutalidad, y la ignorancia que caracterizan a sus progenitores.
Si todo no fuera tan triste, les juro que me doblaría de risa.

lunes, agosto 28, 2006

Flow my tears, the fireman said

1- Camino por la tarde de domingo soleado de Buenos Aires. ¡Oh invierno, no regreses! Un sol que ilumina las cosas, que las redime como en los fragmentos de los Diarios de Cheever, esos fragmentos dolorosos que abro y leo ávido, al azar, en la edición de los Journals comprada el penúltimo verano en una librería de la costa bonaerense por siete, siete, pesos argentinos. Esos fragmentos de Cheever en la mesa de la cocina, de madrugada aún, deseando desesperadamente la dosis de ginebra que alivie la cara de culo de su mujer, la indiferencia de sus hijos, la comedia del mundo literario, la paranoia que crece y crece en nuestros corazones como un grano de arena mutante en el molusco y que devendrá en perla deforme, corrompida, privada de toda luz. Pero entonces, a pesar de todo eso, está la luz de un domingo soleado y Cheever deja de pensar en los muchachos, en la pija de los muchachos del baño de la Pennsylvania Station y sale al jardín a desbrozar el huerto, a recoger el correo, a aspirar el sol que se derrama, noble, sobre todas las cosas y también sobre todos nosotros.

2- En la esquina de Díaz Vélez y Acoyte un auto se incendia. Han cortado la calle y los policías de la 11° miran desde prudente distancia el trabajo de las llamas. La clase media aburrida de este barrio se reune en torno a la sorprendente hoguera. No, no había cuerpos devorados entre las llamas. No, eso sería demasiado gore, demasiado emocionante para este distrito. El tanque de gas del auto estalla y todos los mirones lanzan un profundo ¡Ahhhhhhh!

3- Leo la edición de Perfil, mi primera lectura de este diario, una virginidad módica perdida. Más me hubiese valido conservar mi castidad. La separación de Pettinato. Pepe Eliashev con el dedito acusador de payaso-fiscal de la República. Nelson Castro saliendo con la cara torcida para reclamar justicia distributiva... en la asignación de la publicidad oficial. Ah! y una reseña sobre los Diarios de Cheever que confirma la existencia de un hilo sutil que teje el largo encadenamiento de nuestros objetos culturales amados: habitus de clase y toda esa cosa del malogrado Pierre Bourdieu. Por la noche me entero de la muerte de Jorge Goetling. Le daba 80 años, tenía 67. Eterno redactor de Clarín que vio desde su escritorio los ascensos y caídas de periodistas más rápidos, más chantas, más mediocres que él. La "teoría del osito" inventada por el Turco Asís en Diario de la Argentina lo tenía como protagonista: un hombre gentil y melancólico al que las mujeres perseguían y que, como toda explicación de su poder seductor, enarbolaba su dedo mayor encallecido de tanto darle al "dediclit".

4- Sí, fue un hermoso domingo y ya terminó. Fluyan mis lágrimas. Será hasta la próxima, eso se los aseguro: otros vehículos arderán, otras páginas se imprimiran, otras sirenas de bomberos resonarán, locas, en la punta más distante la ciudad yendo a la búsqueda de eso que nunca se apaga. Mientras tanto, en este mismo momento, "los reyes de áureas vestiduras atraviesan las montañas sobre el lomo de sus elefantes".

domingo, agosto 27, 2006

Vengo de comulgar y estoy en éxtasis

"Me despierto a las seis. La semana pasada, mientras removía la tierra del jardín, oí las campanas de la Trinidad. Iré el domingo. Me arrodillo pero estoy demasiado conmovido para articular una oración coherente. Quiero pedir felicidad para mi hija y mayor capacidad de comprensión para mí, pero es un sentimiento rudimentario y próximo al llanto. Tampoco es cuestión de llorar en el comulgatorio, ¿verdad? Las velas, las llamas son innumerables, y buena parte del rito es antigua y audaz. Creo en Dios Padre. ¡Qué declaración tan valiente! Los movimientos del sacerdote, los monaguillos y los comulgantes son como una especie de pavana. Cuando se aproxima el misterio de la Eucaristía, suena la campana de la torre. Estoy conmovido. Al salir de la iglesia me despido del sacerdote, que se ha quitado las pesadísimas vestiduras -herencia del demacrado niño del coro que bendecía a esta grey- y se ha puesto las vestiduras blancas de la misa. 'Buenos días, John', dice. Es el mismo sacerdote -anónimo y no buscado- que me dio la comunión la última vez que creí estar moribundo. No lo había visto desde entonces. No hablamos de la Voluntad de Dios. Nos limitamos a un fuerte apretón de manos y a una carcajada. Los dos lloramos. Llueve torrencialmente y al ir de la iglesia al coche y del coche a la casa me mojo tanto que tiendo la ropa en la cocina. Quisiera llamarle, pero no lo hago."

John Cheever, Diarios.