miércoles, agosto 20, 2008

El aluvión botánico

Otra vez.

14 comentarios:

comando nelson de la rosa dijo...

Detrás de cada yuyo los esperaremos

Anónimo dijo...

hola, si, bueno, no tiene nada que ver con nada, o sí, mucho, no importa, es que no sé a quién preguntarle, sólo se me ocurre usted: ¿tiene alguna razón que darme para seguir estudiando sociologia? me faltan cuatro años. todavia no sé para qué se estudia. hoy les critiqué a saint-simon. y no les gustó nada.

the others dijo...

les critiqué

raje que está a tiempo

Diego dijo...

Joven, no se pueden enojar porque el santo nombre de Simon fue ofendido. A lo sumo si hubiese sido el de Bourdieu...
Estudie Letras, es más cultural y tiene más la razón.

Ling dijo...

Si quiere criticar, Anónimo (¿o anónima?) la sociología le va a enseñar a relativizar. Al menos a mí me sirvió para eso (aunque el dueño de este blog insista en que no soy socióloga aún).

Después, todo depende del para qué propio. En el 5° año de la carrera, yo tampoco sé PARA QUÉ se estudia, así como medicina se estudia para curar gente e ingeniería para hacer puentes. Creo que la mejor definición de sociología que escuché, en cuanto a funcionalidad, fue: un sociólogo puede ordenar el caos de la realidad. Un tanto pretencioso, claro. Pero muy buena.

Con respecto a la crítica que no les gustó nada, y nuevamente relativizando, ¿qué fue lo que Ud. criticó?

Bueno, la pregunta no era para mí. Se puede anular completamente esta respuesta.

dardo el que nunca se avergonzo de ser peronista dijo...

EL ALQUIMISTA Y LOS PENETRADOS
Reflexiones de un albañil peronista metido en sus altos años a estudiante de filosofía, ante otras infames mentiras que mamertos, contreras, lechuguinos y tilingas universitarias repiten como verdad revelada.

Pensamientos eólicos

Noche lluviosa, fría y desapacible sobre los suburbios del septentrión rosarino, lugar donde quien esto escribe habita. Quien esto escribe…este albañil metido en sus altos años a estudiante de filosofía, en la inhóspita noche vuelve a ser en el acogedor interior de la sólida, sencilla y confortable vivienda construida por sus propias manos, el albañil de toda la vida. Con esos ojos mira, compara, coteja. Sus pensamientos vuelan al compás del viento que ulula entre las frondas del barrio querendón camino a la nada del río cercano.

No siempre el pensamiento puede volar cuando el viento arrecia de esa forma. En los ranchos o en las casillas de chapa y cartón, en esas circunstancias el pensamiento suele detenerse cuando el ser humano que es portador del mismo antes que pensar, actúa movido por el miedo y la premura para que Eolo no tire abajo las míseras paredes donde vegeta.

Sin desconocer que como deuda pendiente y llaga abierta en nuestra conciencia nacional, cientos de miles de desarrapados siguen sufriendo en sus inhumanos asentamientos los caprichos de la naturaleza, hay sin embargo un antes y un después en esta cuestión. Mal que le pese a la antipatria, otra Patria fue posible a partir de la providencial aparición del General Juan Domingo Perón.

Seis décadas han transcurrido entre ese antes y ese después. Ese antes de millones de argentinos condenados a vivir como mendigos en la tierra de todas las riquezas. A vegetar en ranchos inmundos y sórdidos cuartos de inquilinato, muchos de estos situados por cruel paradoja en las cercanías de los palacetes de la oligarquía y de los sólidos edificios de rentas de la clase media. Esa cercanía permitía que a veces en los públicos espacios comunes (la vereda, la calle, la plaza) un pibe de conventillo compartiera esporádicamente lúdicas sociabilidades con algún “niño”. La tilinguería universitaria ve en estos encuentros un modelo de ascenso e integración social previo a lo que públicamente nominan y periodizan como “el Primer Peronismo” (aunque en privado derraman sus babas de odio llamándolo como siempre lo han hecho estos zopencos del rencor: “ la Segunda Tiranía ”). Olvidan ex profeso algo que el más simple de los testigos de la época, si no tenía estas anteojeras mentales percibía: que tras el juego compartido, el “niño” retornaba a la confortabilidad de su hogar, mientras que el pibe volvía a la sordidez del hacinamiento. En algunos casos a la promiscuidad, en otros (los más afortunadamente) al cariño filial, pero en todos los casos volvía a la miseria y al hambre. Los vates del tango dejaron testimonio de esos dramas:

…Yo sé lo que es sentirse en una Nochebuena,

teniendo por regalo un solo cacho 'e pan,

sabiendo que los otros, cruzando la vereda,

dejaban sus juguetes allí, en medio del zaguán.

Yo sé lo que es sentirse besado tiernamente

por una pobre madre que no me pudo dar

ni el más humilde y pobre de todos los juguetes…

¡Cuantas memas abobadas de corto intelecto y anchas cinturas que pululan impertérritas por nuestras facultades de inhumanidades deberían curarse en salud analizando El bazar de los juguetes o Accuaforte para comprender el drama social que vivía la Argentina anterior al peronismo! Pero es un deseo inútil. No lo harán, porque si lo hicieran comenzarían a entender la bendición que para nuestra tierra fue la concreción del deseo expresado en su momento por Martín Fierro: que llegara un criollo a mandar. Para estas jamonas acostumbradas a apoyar sus prominentes antifonarios en las poltronas de la antipatria y para sus congéneres masculinos, pérfidos botarates pobladores ambos de las irreales ínsulas universitarias, el momento del sagrado encuentro de la Patria y el Pueblo con su Líder no es más que el de la “oportunidad perdida”.

¿La oportunidad perdida o la infamia de perdidos oportunistas?

El cuentito que la intelligentsia (ese extendido contubernio de políticos e intelectuales unidos por el común desprecio a todo lo que huela a popular y a nacional) ha elaborado, y que repiten a boca de ganso mamertos de toda laya y pelaje que pululan por las nubes de pedos en que se han convertido cual excrecencia sifilítica mal parida por la Reforma del 18 las universidades, es a grandes rasgos así:

“A lo largo de las primeras décadas del siglo XX y especialmente a partir del estallido de la Segunda Guerra Mundial, los gobiernos radicales y conservadores que se sucedieron aprovecharon la coyuntura mundial para que la Nación acumulara reservas de magnitud tal que era harto difícil transitar por las bóvedas del Banco Central sin tropezar con barras y lingotes de oro. Entonces llegó Perón, que dilapidó demagógicamente y en forma increíble esa riqueza, privando al país de avanzar hacia el destino de grandeza que la Divina Providencia le había reservado. Por culpa de Perón la Argentina ha perdido su gran oportunidad”.

Hasta aquí el cuentito. Procedamos a analizarlo. Vayamos por parte como diría Jack El Destripador (es un chiste, ¡che!, dejemos para los gorilas la cualidad de amargos, que si un peronista no tiene sentido del humor no es peronista).

En primer lugar, de ser cierto este enunciado estaríamos ante una palmaria demostración de hijoputez de quienes lo sostienen. No es que quiera cargar las tintas sobre estos lechuguinos, pero que otro adjetivo les cabe a quienes añoran un supuesto país rico con un pueblo pobre. O dicho de otra manera: si el oro estaba, lo que brillaba por su ausencia era el empleo del mismo en beneficio de todos. Siguiendo esta línea de razonamiento, para los contreras que sustentan la teoría de la oportunidad perdida, se debería haber seguido acumulando riqueza sin redistribución.

Pero la gran falacia, el mayor de los embustes de este cuentito es que es falso de toda falsedad. No había oro en 1945. No podía haberlo dadas las relaciones asimétricas que se establecen entre un país dependiente como había sido la Argentina hasta entonces (con la complicidad de los cipayos vernáculos) y la Metrópolis Imperial a la que estaba subordinada.

Para graficar tales relaciones baste el ejemplo del Pacto Roca-Runciman, el cual constituyó según la acertada definición de don Arturo Jauretche, el Estatuto Legal del Coloniaje. El piratón imperial pagaba por nuestros productos primarios lo que se le antojaba y a su vez imponía el precio de las manufacturas que nos vendía. Aún en la coyuntura supuestamente propicia para la Argentina (según repiten sin fundamento algunos loros y cotorras de la antipatria universitaria) que se da con el estallido de la Guerra Mundial , la balanza favorable de nuestras exportaciones no se tradujo en tangibilidad concreta. Lisa y llanamente Gran Bretaña bloqueó nuestras divisas, transformando nuestro superávit en una deuda que pensaban nunca nos pagarían, que se convertiría en uno de los tantos pagadios que nos hicieron a lo largo de un siglo de ignominia.

Sin embargo esos reverendos hijos de la….Rubia Albión se equivocaron. Acostumbrados como estaban a tratar a su “Sexto Dominio” en relación de vasallaje, no advirtieron que nuevos vientos soplaban en ese 1945. Eolo barría en forma de Pampero la vieja mentalidad colonial. En el despejado firmamento de octubre, empezaba a cumplirse la profecía hernandiana: estaba llegando un criollo a mandar.

Un galaico almacenero

El “almacenero”, así con desprecio de clase llamaron los eternos gurúes económicos de la dependencia a Miguel Miranda, un hombre venido desde Asturias con una mano atrás y otra adelante, y que a fuerza de trabajo había llegado a convertirse en un exitoso empresario. La empiria y no los libros cimentaron su éxito. Este “almacenero” fue el elegido por nuestro Gran Conductor para llevar adelante las políticas necesarias y adecuadas para lograr una Patria Económicamente Libre, como reza uno de nuestras tres grandes banderas.

No en vano el General Perón fue ungido cuando nació en la inmensa llanura melancólica, con el óleo sagrado de Samuel. Sabiamente comprendió que para acabar con la nefasta mentalidad colonial y con sus eruditos personeros, se precisaba un hombre como ese asturiano profundamente argentino, sin prejuicios de escuela ni universidad, dotado de sentido común y patriotismo.

Esa política económica genuinamente nacional se tradujo en impresionantes logros. Al respecto me remito a la síntesis que señala un habitual colaborador de La Memoria de Nuestro Pueblo, Roberto Baschetti:

“Nacionalización de la economía. Créditos para la industria. Plena ocupación. Altos salarios. Por primera vez en la historia de nuestro país se evidencia un corrimiento positivo de la economía argentina de la industria laboriosa con respecto al campo parasitario. En 1948 el censo industrial determina que hay 81.937 establecimientos; en 1954 (casi al fin de la experiencia peronista), los establecimientos industriales trepan a 151.798. Se impulsa la industria liviana y toda la industria manufacturera de consumo final. Comienza la producción también, de bienes de consumo durable como motocicletas, automotores, locomotoras y aviones (producción desmantelada prolijamente por los gobiernos posteriores siguiendo ordenes del extranjero). También se producen insumos siderúrgicos y otros derivados del petróleo. Pasan al patrimonio de la Nación : ferrocarriles, puertos, teléfonos, gas, servicios públicos, lo que posibilita no sólo un control sobre la política de tarifas de los mismos, sino también, una reducción de los pagos de servicios y beneficios al capital extranjero generalmente remitidos (como ahora) al exterior y facilitando además un control efectivo sobre la política de inversiones de las empresas públicas. Solamente en un año de gobierno peronista (1948/1949) los chacareros arrendatarios se hicieron propietarios de un millón de hectáreas y la tendencia continuó en los años posteriores. En nueve años de gobierno peronista (1946/1955), se levantaron 76.230 obras públicas, de las cuales 70.000 fueron en el postergado interior de nuestro país. Con Perón se inauguraron y se pusieron en marcha centrales hidroeléctricas, plantas siderúrgicas, diques, gasoductos, refinerías de petróleo, usinas eléctricas: hago referencia entre otras obras a San Nicolás, Río Turbio, represa El Nihuil, Altos Hornos Zapla. La Flota Mercante del Estado pasó a ser la tercera del mundo, con 35 buques, con un tonelaje total de peso bruto de la flota de 269.530 toneladas, con una capacidad total de carga general de 322.153 m3 y una capacidad total de carga frigorífica de 45.928 m3 .”

Agrego simplemente que cuando un país se torna soberano, no es fácil trampearlo en las transacciones comerciales. Eso pronto lo entendieron los ingleses (para desgracia del no vidente británico Jorge Luis Borges y otros masturbados mentales que como él siguen hasta el presente añorando al amo imperial). Acostumbrados a pagar lo que se les daba la gana por nuestro productos, se encontraron de pronto con un gobierno que les decía: -señores, la carne vale en el mercado internacional cuarenta libras la tonelada. Ustedes nos ofrecen diez. Señores: cuarenta o nada.

Muchos pusieron el grito en el cielo por esta forma inédita y viril de negociar. Cundía amariconada y lacrimógena alarma entre la cáfila putrefacta de contumaces contreras y discepolianos mordisquitos: -“No nos van a comprar y nuestros productos se van a pudrir, snif, perderemos todo, snif, snif.” Décadas de dependencia y sometimiento habían generado un sentimiento de subestimación nacional que se reflejaba en estos agoreros. El barullo soez de estos gaznápiros fue en vano. Situados en lo más excelso del patriotismo maridado con el mejor cálculo geopolítico, Perón y Miranda sabían lo que hacían: los ingleses terminaron comprando a cuarenta libras la tonelada. Su situación interna era muy grave y precisaban la carne argentina.

Todo lo cual fue generando en nuestra Nación una bonanza sin precedentes al punto que deberemos situar hacia 1950/51 (y no en 1945 como argumenta la antipatria) el momento en el cual los pasillos del Banco Central se atiborrarán de oro.

El Gran Alquimista

Pero acumulación sin redistribución no es riqueza. Si entendemos la riqueza como justicia social. ¡Y de que otra forma la podemos entender los peronistas!

Vuelvo al compañero Baschetti y su poder de síntesis:

“En nueve años de gobierno peronista se construyeron 8.000 escuelas, la mayor cantidad registrada en toda la historia de la Argentina. El analfabetismo se redujo en todo el país al 3%. También durante el peronismo se construyeron 500.000 viviendas con capacidad para cerca de 5 millones de personas. Veamos el caso concreto del Banco Hipotecario Nacional: entre 1886-1946 (60 años) dio préstamos para 20.000 viviendas; entre 1946-1951 (cinco años con el peronismo en el poder) otorgó préstamos para 217.000 viviendas. Se dignificó a todos los trabajadores mediante contratos de trabajos, leyes de previsión social, jubilaciones y pensiones, cooperativas, proveedurías, escuelas técnicas, etc. Se crearon los tribunales de trabajo (ya que hasta entonces el obrero no tenía un lugar a donde reclamar por sus derechos conculcados y que se le hiciera justicia). Evita decía: “donde hay una necesidad hay un derecho” y la Fundación Eva Perón creó entonces los hogares escuela, la ciudad infantil, la ciudad estudiantil, los hogares para ancianos, los hogares de tránsito, el hogar de la empleada, hospitales, clínicas y policlínicos para la gente, vacaciones pagas, turismo infantil, colonias de vacaciones para todos los pibes del país y la lista puede seguir ad infinitum.”

Claro que puede seguir la lista (latinazgos al margen) como palmaria demostración de la transmutación de la materia que realizó en la década más gloriosa de nuestra Patria, nuestro inmortal General Perón. El, en la senda de los antiguos alquimistas que buscaban la piedra filosofal y la panacea universal, encontró la auténtica panacea nacional al transformar el oro acumulado gracias a su brillante política económica, en felicidad y dignidad para todo el pueblo argentino.

Lamentablemente, y causa vergüenza ajena admitirlo, esta gran obra social del mayor humanista que observó el mundo en el siglo XX, fue y es puesta en tela de juicio por los necios, por los palurdos de intelecto atrofiado que por mera ignorancia o por refinada maldad, continúan sembrando el veneno de sus sanguinolentas pústulas cerebrales.

Los penetrados

El peronismo favoreció desde el Estado una transformación del significado social del habitar, al democratizar el acceso a la vivienda, entendida como un derecho de los trabajadores y sus familias. La ciudad de iguales, materializada en innumerables barrios construidos a lo largo y ancho del país, fue la inspirada asociación de los ideales higienistas con los valores de sociabilidad y vecindad cuyo resultado fue la ciudad saludable a la que los trabajadores accedieron de la mano de Perón y Evita.

Su ícono arquitectónico fue el llamado “chalecito californiano”, en rigor de verdad de estilo colonial, que tomó su equívoco nombre por haber hallado inspiración formal en la arquitectura de las misiones jesuíticas de la costa oeste de los Estados Unidos. Un simple cotejo de observación primaria entre estos chalecitos con jardín y la sordidez actual de los Fonavis, habla a las claras de la tarea de dignificación del ser humano del peronismo.

Pero el odio y la ignorancia, como dijimos han hecho escuela. Ya en los años gloriosos de la Nueva Argentina surgió la leyenda negra: “los negros levantan el parquet de las casas que el tirano y la yegua les regalaron para hacer asado”.

Mas allá de la ofensa a nuestro General y nuestra Evita, destaquemos en esta infamia dos flagrantes mentiras. Primero, que al revés de lo que se hizo después con el manejo clientelar de los Fonavis, las viviendas no se regalaban. Por el contrario había que cumplir con los requisitos que establecía el Banco Hipotecario Nacional para acceder a las mismas. El pleno empleo y la dignificación salarial del mismo, permitían que el trabajador alcanzara la propiedad de su casa, comprada en cuotas que a su vez posibilitaban reproducir el sistema al generar recursos genuinos para seguir construyendo.

La segunda mentira es refutable desde la más elemental observación empírica. El parquet no es más que un machimbre pegado al suelo mediante brea. Imaginemos la humareda y el olor que desprendería ese material si se lo intentaba utilizar como leña. De solo pensarlo ya nos arden los ojos.

Pero la leyenda negra perduró más allá de su evidente falsedad y maledicencia. O tal vez esa perdurabilidad se dio justamente por esas dos condiciones. Había (y hay) mucho odio de clase y racismo, que la clase media encubre de “democratismo”. En realidad el contacto con lo que llamaban “la negrada” o “el aluvión zoológico” enervaba a la intelectualidad de entonces. Narra Jauretche: “el doctor se amarga porque ya no es tan importante; añora el tiempo en que fue el pequeño Dios casero del barrio o del pueblo; época en que la gente lo veía pasar a un Martínez Estrada y las comadres del conventillo decían: -es escritor, sale en los diarios…ahora hasta le paran el carro si el doctor intenta -como otrora impunemente hacía- protegerlos con su tuteo”. Agrega Don Arturo: “tampoco se puede ganar la lealtad para toda la vida de un peón de campo con el regalo de unos pantalones viejos, cuando hay un Estatuto del Peón”.

O como en feliz definición establecía el colorado Jorge Abelardo Ramos:” no se puede entender el peronismo sin las chinitas que se volvían rubias”. Histéricas chirusas de la clase media ponían el grito en el cielo clamando a todos los santos ante el tupé de las humildes mujeres de la Argentina Profunda que desafiaban con glamoroso oxigenado, estéticos terrenos que les habían estado vedados. Un bucle dorado igualaba el gineceo de las clases sociales con idéntica eficacia a la de la Ley de Voto Femenino.

Eso ayer ¿y hoy? Hoy aunque traten de disimularlo con discursos políticamente correctos, los jóvenes que accedieron a una educación superior gracias a que sus padres y abuelos fueron dignificados por el peronismo, en su gran mayoría son unos ingratos renegados. Unos penetrados culturales. Lamentablemente tantos años de mentiras, ocultamiento y lavado de cerebro los han convertidos en eso: en unos penetrados impotentes de superar la mentalidad colonial.

Da grima hablar con ellos. Se creen superados y no pasan de ser unos eunucos con intelecto castrado. Si hablan de cine…conocen todo el cine, todas las corrientes en boga en el mundo. Con ridícula erudición pueden hablar de la intencionalidad oculta en las imágenes de un Bergman…o de Abbot y Costello. Ahora si uno logra meter en medio de su jocunda y académica verborrea pedorresca una simple pregunta como ¿viste Luna de Avellaneda? o ¿conocés la obra de Leonardo Favio? un no rotundo es la respuesta.

Se conocen toda la filosofía. Se ciscan de memoria a Habermas o como corresponde a impertérritos y eternamente adolescentes herederos del ochentoso Club de los Fucoltitos[1], a Foucault, pero de filósofos nacionales como Rodolfo Kush o Carlos Astrada, ni noticias.

Los penetrados ignoran que lo son. Se creen impolutos. Entienden que hay un pasado nacional común, pero lo que saben de historia argentina lo estudian con yanquis como David Rock y Daniel James o natives como Luis Alberto “flor de” Romero, el inefable gorila radical Félix Luna o el hijo putativo de este: Felipe “!plin! caja” Pigna. De los que hacen la verdadera historia como Pepe Rosa, ni noticias.

Esa ignorancia no los exculpa. Los penetrados no son inocentes. Durante el menemismo accedieron relajada, gustosa y pasivamente a tener relaciones carnales con el amo imperial. Por unos dólares, por un viaje de egresados a Cancún o simplemente por vicio congénito, estos degenerados al tiempo que libidinosamente entregaban sus baqueteadas grupas a las lubricias del falo yanqui, eran totalmente indiferentes frente al neoliberalismo que produjo en la Argentina la mayor entrega del patrimonio y la soberanía desde los tiempos de la Década Infame. Dispénseme el lector la crudeza cuasi soez de la concomitancia utilizada pero no hay forma más contundente de graficar tal concupiscente complicidad.

Los penetrados compran su propia y abyecta sodomización cultural. Circulan por los lugares que la intelligentsia les impone (universidad, prensa, etc.) para que elaboren con supuesta racionalidad el desprecio al pueblo del que forman parte. Suelen ocultar ese desprecio direccionandolo no al pueblo, sino al peronismo[2], sin entender que pueblo y peronismo constituyen una misma e inseparable sustancia de la Patria , amalgamada de una vez y para siempre en los días felices por gigantes de la estatura moral de Perón y Evita. Medio siglo después, los penetrados demuestran con su rencor militante de analfabetos funcionales a los intereses antinacionales, que el peronismo continúa siendo el hecho maldito del país burgués. Y en virtud de esa condicionalidad revulsiva se constituye en la única herramienta válida para superar la tara de la colonización pedagógica. Como decía don Arturo Jauretche, si no destruimos esa colonización, si no acabamos con la penetración cultural y con la mentalidad de los penetrados, será imposible la liberación nacional.



Dardo Olea

Escuela de Filosofía

Universidad Nacional de Rosario

dardoolea@hotmail.com

[1] La patota cultural alfonsinista que fue patrón y soto de la vereda intelectualoide en la década del 80 en la rosarina Facultad de Filosofía y Letras (travestida a partir de esos años en Facultad de Humanidades y Artes) recibió ese irónico mote por su irracional adoración del filósofo francés Michael Foucault. El nombre deviene de un fenómeno radial ocurrido dos décadas antes de estos lamentables sucesos. Me refiero a El Club de los Ruxcolitos, un programa infantil que se emitía por la rosarina LT2 con el auspicio de la empresa local Baracco, fabricante de la chocolatada Ruxcoa. Datos obtenidos de la profesora Mónica B., titular de la cátedra de Teoría Política en unas de las Escuelas de la citada Facultad.

[2] Con peronismo no me refiero a ninguna estructura partidaria, sino a una filosofía profundamente humanista, abarcadora de todos los aspectos de la vida argentina. Aclaro para los ignaros de distinta laya, que este albañil metido en sus altos años a estudiante de filosofía, renunció asqueado al pejota cuando vio que como era cooptado y traicionado en su esencia por el palíndromo riojano que usurpó (con la anuencia de los penetrados) la Casa Rosada a partir de 1989.

maya dijo...

anónimo...a quién no le gustó nada?
para relativizar recomiendo con fervor Antropología, pero es sólo para estómagos fuertes.
ud siga que al principio es todo muy horrible en fsoc y an algun momento deja de serlo (o uno se acostumbra). La sociología ultimamente sirve para TODO, ese es el problema.Los macabros empleadores piden Economista o RRPP o RRHH o Marketing o Sociología (???!!!) excluyente.
Y siga discutiéndoles.

mariano dijo...

mire, anónimo desencantado con la sociología, al final del día todo se reduce a una cuestión de placer. hoy estoy medio hedonista. a mi la sociología me gusta más allá de si sirve o no. uy! estoy muy torre de marfil también. lo único que le recomendaría es leer o releer las dos conferencias de weber de 1919 (mientras sonaban las balas de la revolución), la ciencia y la política como vocación. si le emocionan, entonces quédese en marcelo t., a pesar de todo. también estoy sensiblero, según parece. abrazo y suerte.

www.portaldelperiodista.blogspot.com dijo...

Pasé, felicitaciones! Juan Pablo Peralta
www.portaldelperiodista.blogspot.com

maya dijo...

basta del gordo chacarero, actualice, que se nos desmorona sociales sin que fogwill haya sido decano antes!

alfredito dijo...

me estoy quedando afónico, licenciado

decano fogwill dijo...

Que demuelan de una vez ese rancho, la atiendo en la nueva sede de Santa Fe y Coronel Diaz

tatú dijo...

el avión! el avión!

maya dijo...

jajajajajajajaja