miércoles, julio 19, 2006

Allá en la frontera, donde empieza el Desierto (2667)

"... esa ciudad parece pujante, parece progresar de alguna manera, pero lo mejor que podrían hacer es salir una noche al desierto y cruzar la frontera, todos sin excepción, todos, todos."

El horror, el horror. Eso decía Marlon Brando luego de su encuentro con Martin Sheen en la selva vietnamita de Apocalypse Now. Hay lugares sobre esta tierra donde el horror sale de las mentes y las fantasías y se apodera de los cuerpos y las cosas. Lugares dados a la concentración de altas dosis de horror. Las guerras y las pestes pueden ser catalizadores de horror, eventos más o menos inesperados que arrasan una población, que la vuelven ceniza, cementerio. Pero las guerras y las pestes son hechos finitos, tienen un inicio y un final, tienen responsables a los que culpar por la matanza, ya sean ejércitos o microbios. En otras ocasiones, y esto es lo más espeluznante, el horror se apodera de una población desde adentro. Está ahí, agazapado, escondido, esperando a sus víctimas. No viene desde fuera, yace en las raíces más profundas de la vida social. Nadie sabe cuando empezó, nadie sabe quién fue la primera víctima. El horror se vuelve parte del paisaje, un elemento más a tener en cuenta: un monstruo que hiberna en las profundidades y que cada tanto sale de su letargo para cobrarse su libra de carne. Un horror metafísico y, al mismo tiempo, profundamente carnal.
Ciudad Juárez, México. Más de 500 mujeres asesinadas de las más diversas maneras en los últimos diez años. Más de 4000 desaparecidas tragadas por la arena del desierto. Números estimativos tanto por la impericia policial como por la incertidumbre que rodea todo el asunto. Nadie sabe cuál fue la primera víctima, nadie sabe cuándo. Podría suponerse la hipótesis nada descabellada de que siempre ocurrió, de que el horror siempre estuvo allí, desde el principio, tan inmutable y atemporal como las montañas, como las piedras que componen las montañas.
Películas snuff, prostitución, violencia doméstica, violaciones, asesinos seriales. Sospechas nunca comprobadas fehacientemente pero que dan una idea de como el imaginario de una población puede ser tomado prisionero por las más diversas variaciones del horror. Un catálogo completo de las atrocidades. El pueblo de fantasmas de Rulfo convertido en el pueblo de asesinos de Bolaño.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

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principio de incertidumbre dijo...

cuando leí que la guerra y pestes eran catalizadores del horror me quedé pensando en que no. Pero también estaba aclarado.

Y al revés de eso, el horror pensando como un ente puede ser sí catalizado por las personas. Ahora, ya no creo que sea una catálisis, porque el horror adquiere características insospechadas, que sí modifican al catalizador y el catalizado.


Perdón si me quedé en una sola cosa. Pero se me vino como una imagen rara al respecto.
Y tremendo post.

mariano dijo...

gracias, gracias, pero lo increible de ese tema es que supera la imaginación más desbordada de un bolaño o un lovecraft: hay algo real ahí, algo tan real que para digerirlo lo debemos hacer desde la ficción. son límites que cuando se traspasan ya no queda más alternativa que convertirlos en algo del orden de la "fantasía", impensables desde un punto de vista cotidiano.

estrella-distante dijo...

Yo entiendo a donde queres ir y en un plano ficcional puedo estar de acuerdo, pero a la hora de la verdad, no.Sobretodo si se trata de Ciudad Juarez.

Bolaño con 2666 pone a Ciudad de Juarez al servicio de su prosa, pero al mismo tiempo pone su prosa al servicio de la verdad. Ya sabemos que la descripcion de los crimenes son descripciones exactas de los resultados forenses. El crimen tiene forma, victima y victimario; en un caso como este no hay letargo posible y no hay probabilidad de monstruo desertico. Pensar al horror como un ente, es darle un lugar inalcanzable. Pensar el horror como obra de un hombre, de muchos hombres, es encontrarse con la miseria cara a cara.

Yo no se si para digerir algo asi hay que hacerlo ficcion o non fiction. Yo lo que se, es que si fuera hombre a mi todo esto me inundaria de una profunda verguenza.

Desdichada dijo...

Y nadie habla de Santucho.

Anónimo dijo...

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marina dijo...

"El horror, el horror" es lo que dice Kurtz (empleado de la Sociedad Internacional para la Supresión de las Costumbres Salvajes -sin alusiones al responsable) en El corazón de las tinieblas. Pero, según me acuerdo, lo que lo horrorizaba era la propia humanidad de los salvajes, lo que veían ahí como reflejo ellos mismos.

sub comandante vikinny dijo...

ciudad juerez es, en definitiva, cualquier lugar de latinoamerica. lo fue, tal vez, siempre. siempre asi. y latinoamerica es, quiza, (puede ser digo), un extenso cementerio. y ahora nosotros estemos siendo asesinados sin darnos, irremediablemente, cuenta de quienes son nuestro asesinos.
lo entendera el señor blumberg.

Anónimo dijo...

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