sábado, febrero 09, 2008

Para acabar de una vez con toda la cultura

1- Feinmann ("el bueno", José Pablo) cruza Paraguay a la altura de Azcuénaga, lo rodean dos minitas bastante buenorras que le hablan con esa miradita tan sumisa de la alumna que quiere trepar. Ay nena, ni que fuera Horkheimer el boludo ese. Ni que fuera, te diría, un Tomás Abraham que al menos tiene su onda (y una fábrica de medias en Ciudadela). Feinmann les dice a las minitas mientras esperan el verde del semáforo: sí, sí, claro, claro, eso, así, así. Las trepas se desviven por colar algún bocadillo minimamente interesante: sueñan con acomodarle los papeles a Feinmann en esos cursos pedorros que da en la escuela lacaniana (o psiconalítica, me confundo) esos cursillos de Nietzsche y el peronismo, de Heidegger y la Dictadura de Videla, de Foucault y Kirchner, esos cursos que recicla de los suples de Página, esos divagues que pergueña para convencer a una clientela cautiva de que la filosofía puede ser accesible o peronista.

2- O la minita solitaria que baja desesperada al chino a las 9:55 para comprar su bandejita de verduritas antes de que cierre. La ciudad es terrible para esas almas, tan cruel. La minita deja prendida la PC, deja prendido el msn, chatea con un escritor. Buenos Aires roza los cuarenta grados, un asco. El escritor está en Europa, allá son las 3 de la mañana y hace un frío de esos que baten récords de homeless congelados hasta la muerte. El nickname del tipo es Meursault, algo obvio, poco original pero que sirvió para establecer un punto en común al principio de la historia. La mina y el escritor chatean todas las noches sin falta, siempre a la misma hora. Digamos que el escritor es francés. Digamos que el escritor es un hijo de puta. Digamos que el escritor es Michel Houellebecq. Hablan sobre Buenos Aires y sobre París, sobre Alfred Jarry, sobre Marcel Mauss, sobre los rumores de que Cortázar (a quien Houellebecq desconocía) murió de sida. Siempre hay un punto, pasadas las cinco de la mañana hora argentina en que la conversación comienza a languidecer. El escritor se muestra parco, contesta con oui y con non, con frases cortas que hacen desesperar a la mina - lo voy a perder, lo voy a perder. El escritor conecta la web cam y aparece la parte superior de su cabeza, un fondo de pared blanca, una puerta abierta. Le dice friamente que se está masturbando, que ella haga lo mismo. Aunque la situación es ridícula (y ella no puede evitar pensar en ese rídiculo, en ese absurdo a diez mil kilómetros de distancia, pero el miedo es más fuerte) se mete la mano en la bombacha. Primero por encima de la tela, después haciéndo a un lado la prenda, convirtiendo el triangulito en una tensa tira de tela oprimida contra el muslo. Cierra los ojos para no ver la pantalla, el pelo ralo del escritor, la pared blanca. Cuando abre los ojos hay un mensaje de despedida: hasta mañana, que duermas bien. Usuario no conectado.

3- He visto a las más desoladoramente tristes mentes de mi generación imitar a Woody Allen en la puerta de la Lugones, del Cosmos, del Rojas: las chicas que los acompañaban siempre parecían tener ganas de irse con otro.

7 comentarios:

leo matioli dijo...

uno sabe que usted no esta perdido. que coquetea intelectualmente con ciertos progres cafe con leche que pastan por la uba.
pero sabemos, que indefectiblemente usted es usted y que tarde o temprano vuelve al redil...
si hoy volvieramos a leer la nausea, de sartre, tal vez (¿solo tal vez?), nos armariasmos y saldriamos a asesinar gente sin reparo.
el mundo es un lugar absurdo.

maya dijo...

volvió. en qué anduvo?

mariano dijo...

siempre se vuelve a cometer los mismos errores. ritornello.

La niña santa dijo...

Estuve entrando insistentemente a este lugar durante muchos días, chocándome contra la pantalla de no-novedad. Hasta que hoy, desganada y descreída, sólo por azar o por costumbre, me encuentro con estos desguases culturales suyos. Y me puso bien. Saludos!

ale dijo...

Me gusto la segunda imagen, un poco demodé los temas de conversación por computadoras, pero la imagen es efectiva. como un best seller.

Flavio dijo...

1. Se dice que Feinmann, pero el malo, a veces se masturba. Sólo a veces. Leyendo página 12.

2. Me parece que la elección de escritor pelado fue una revancha capilar de un futuro que tarde o temprano nos alcanzará, tal vez, y sólo tal vez, no en París.

3. Cuando sea grande quiero ser "otro" en la Lugones. En el Cosmos. En el Rojas.

mariano dijo...

1. imagen fuerte. pero, ¿no lo hacemos todos?
2. seguro, seguro, lo llevo inscripto en los genes.
3. todos queremos ser otro, el problema es que es que eso nos vuelve inseguros y neuróticos, y empezamos, sin quererlo, a imitar a woody, sólo que con chistes malos. no hay salida.
abrazo.