lunes, marzo 12, 2007

Risa en la oscuridad

Lo gracioso fue leer hoy en la revista veintitrés la cantidad de eufemismos, las loables hazañas linguísticas, el tour de force metafórico desplegado para describir el estado alterado en el que se encuentra Maradona -o eso dicen, al menos- por estos días. Por ejemplo:

"Diego, que no se encontraba en un momento de lucidez, cayó al piso..."

"... el Diego de la gente acaba de reincidir otra vez en un camino sinuoso de pendientes pronunciadas." (my favourite one)

"Diego ha perdido otra vez el control de su cuerpo"

Realmente ignoro la razón de por qué resulta impronunciable la palabra cocaína y los periodistas se ven obligados a describir tantos circunloquios a fin de evitar quedar mal con el ex jugador de fútbol. ¿Qué poder tiene Maradona que obliga a tratarlo con la diplomacia sofisticada de las palabras dulces?
En fin, lo más bizarro de la nota en realidad viene al final, cuando una de las viudas maradonianas -un tal Zannoni-, se despacha diciendo: "... quién investigue su vida (la de Maradona, no la de Zannoni) se dará cuenta que él es muy amigo de la ciclotimia. No es culpa de él sino de los extremistas (?)" y remata muy político: "Me animo a pronosticar que en este año electoral un Maradona sano y recuperado puede resultarles muy útil a los que buscan votos en cualquier parte".
Sí, en Gallo y Paraguay sobre todo.

2 comentarios:

Comando Norma Aleandro dijo...

...un polvito aquí, otro mas allá, y un camino largo y sinuoso que baja y se pierde.

(eufemismo catamarqueño de Diego Vawe)

henry dijo...

Siempre pienso en lo mismo. En las editoriales de Van der Kooy como referencia principal del periodismo "clarinetizado". "El Presidente seguramente tuve que sortear los obstáculos que pudieron haberle impedido bla bla bla ... " Esa capacidad para llevar la sutileza al límite del vacío. El arte de decir, como usted bien expresó, con palabras dulces, verdades mas bien amargas.
Siempre pienso que el día que Maradona muera, nadie va a querer dar la noticia por miedo a que Diego resucite, o verdaderamente tenga el síndrome Sueyro, y se encargue de quitarle el saludo, o vituperar con ironías burdas de su cosecha personal al osado.