viernes, enero 13, 2006

Hermética (o, una adolescencia)

La noche pospolítica. Buenos Aires es tan susceptible que casi podría tocar tu piel erizada por las espinas cotidianas. Las cosas que construimos son importantes, pero más importantes son las cosas que destruimos. Los baldíos, los huecos, los agujeros entre casa y casa donde crecen los yuyos. Juventud desperdiciada. Yo fui al Colegio Nacional de Buenos Aires, sí. Promoción 95. Yo que fui un hombre de leyes y sentencias. Sarmiento no pudo entrar. Borges no hizo la secundaria. Caparrós sí. También Corach y Pepe Eliashev. Also, el Pepe Firmenich, Jorge Dorio y un jugador de Vélez de los 50 llamado Spinetto. Aníbal Ibarra, Bernardo Houssay, Manuel Belgrano, Jota Jota Castelli, los Saenz Peña. Sebastián Grenoville, Matías Kaplan, El Choclo, El Polaco, Valeria Poey Sauerville, Facundo Ferster. Nombres desconocidos como el mío. A los doce años nos hacían estudiar griego antiguo. Nos daba clase un profesor con SIDA. A los diecisiete buscábamos el porro y la birra. Podíamos traducir "me gustan tus tetas" al latín de Horacio. Freaks. ¿Olvidar es una bendición o una maldición? Virgilius inter poetas clarus est. Senatus populusque romanus. Tempus fugit, carpe diem. "Tempus fugit", esa me la sé más que bien... Cómo sea, no tuvimos ningún Robin Williams entre el cuerpo profesoral: nunca nos paramos sobre el pupitre y dijimos "Oh Captain, my Captain!". Sólo humildes afiliados a la CONADU, poco afectos a los gestos emotivos. Entonces una conchita era el Santo Grial. Hubiera dado mi pierna gangrenada por una. Como Rimbaud en Etiopía. Como Bukowski en Los Angeles. Como Céline huyendo de la Resistencia. Como Mishima cagado hasta las patas frente al papel de arroz que envuelve el puñal. Y después vino la vida. "No permitiré que nadie diga que los 20 años son la mejor época de la vida" dijo Paul Nizan. Es verdad. Los 17 son mejor. Los 17 son mejor. Y todo lo que dejamos atrás. Y todo lo que todavía nos acompaña. Esas cosas que hacemos y no contamos. Esos miedos que nos averguenzan. Caminar a Parque Lezama para ver los "escenarios" de Sobre Heroes y Tumbas. Soñar con la "Tentación de San Antonio" enfrente de la iglesia de San Ignacio de Loyola. Bolivar al 300. Darks antes de conocer lo dark. Góticos vestidos con la ropa que nos compraba mamá. En un campamento de vacaciones de invierno vi a un poeta vomitar café al cognac. Un sociólogo levantaba minitas. Con Javier Alvarez Dasnoy caminábamos por San Pedro de noche y lloviendo: vimos un caballo blanco pastando en las barrancas de la Vuelta de Obligado. El tetra con tang de naranja nos había pegado, pero sabíamos declinar el acusativo. También el nominativo. Nos sentíamos como César al amanecer (en bosques nublados y fríos) de una batalla en las Galias. Eramos Augusto velando las armas en Actium. Nosotros éramos la IV Égloga de Virgilio. ¡Ahí estaba el secreto, académicos, nunca lo descubrieron!
Y nada de eso permanece ahora. Bajo el látigo del supervisor de Día Discount no sirve invocar al cielo los versos de Catulo, ni las andanzas salvajes (buensalvaje, oh sí) del Satiricón de Petronius. La cultura humanista es humo. ¿Qué importa quién habla? diría Foucault. Bueno, a mí sí me importa, Michel. Ahí está todo lo que importa justamente: quién habla. Quién dice qué cosa. Disculpen, pero quiero saberlo.
Las calles de Buenos Aires son tan, tan susceptibles. Ahora cojen detrás de la Iglesia de San Lucas dos putos de la plaza Houssay. En la otra punta de la ciudad un escritor que nunca conocí rellena su blog apelando a sus novias pasadas. Su mujer duerme bajo el aire acondicionado. Un padre de familia repasa la lista de mañana en el Carrefour de Boedo. Una ex novia se abraza a su pareja en el departamento que habíamos soñado pero no habito. Unos patovicas se miran en el espejo los músculos. Una chica fea se prepara para ir al Podestá. El dueño de un restó de Palermo se pregunta, angustiado, si los chinos de Arribeños tendrán listo su cargamento de panang curry. Un amigo que no veo hace mucho prepara su gran viaje al Amazonas, revisando por enésima vez la mochila. Y Yo escribo esto, pensando en gente que no lee. Y le robo a Cheever y digo que "los reyes de aureas vestiduras atraviesan las montañas cabalgando sus elefantes".
Si pueden, atraviésenlas ustedes también.

4 comentarios:

Espiritu beat dijo...

Una chica fea se prepara para ir al podesta.

Puede ser el titulo de un disco de una banda popgaymoderna.

Buen texto loco. Y eso que no se ni quien carajo sos.

Henry dijo...

Mal texto loco, y eso que si se quien carajo sos

mariano dijo...

la lectura de esos dos comentarios son una buena pintura de la condición de quien escribe esto. En fin, daría para un analisis del que no soy, sinceramente, capaz.

Henry dijo...

No se enoje mariano. El texto es bueno, el tema es que lo persigue el fantasma de una adolescencia que lo martiriza inexplicablemente. Deje morir ese fantasma de una vez.