jueves, diciembre 15, 2005

Cortes de pelo

Hoy en la peluquería tuve el súbito deseo de emular a Travis Brickle y pelarme. Después podría matar a un candidato a presidente e intentar redimir la infancia mancillada de una prostituta de doce años. Me falta el taxi, me faltan las armas. No quiero mirarme al espejo y preguntar: ¿estás hablando conmigo? Ahh, me parecía...

2 comentarios:

Antolín dijo...

Sí, te entiendo, los súbitos deseos de definir tu personalidad y tu destino con una orden al peluquero en el momento en que te está por realizar el mismo corte, serio, chato, aburrido, con el cual al salir de la peluquería no queda más remedio que ser consecuente y llevar la vida más normal del mundo (creo que me fui un poco lejos, al campo de la teoría, en fin...).

mariano dijo...

Lo extraño es la carga simbólica que habitualmente se le pone al corte de cabello, cosa que no es solo privilegio del "sexo débil" como podría suponerse. Un cierto fetichismo que nos hace pensar que todo lo malo que hemos acumulado se irá mágicamente bajo las tijeras del "coiffeur". Por suerte o por desgracia, en 15 o veinte días los cabellos crecen y tenemos la oportunidad de iniciar todo nuevamente.