miércoles, mayo 23, 2007

Tres hipótesis para el General (el restorán de la Avenida Belgrano)

El gorilismo atávico de los porteños parece acercarse a su fin. Cuatro de los cinco principales candidatos a jefe de gobierno se reconocen como peronistas, y el restante - mauri- es un ejemplo concreto del menemismo reconvertido-residual-semi arrepentido. Agrupaciones y cuadros peronistas se encuentran revistiendo en las filas de los tres candidatos con chances ciertas de ganar la elección. Uno podría pensar en tres hipótesis que expliquen este fenómeno:

a) luego de largas décadas de votar por opciones "republicanas" y "prolijitas" (la excepción sería Erman González en plena orgía menemista) los porteños habrían aceptado la inevitabilidad del "hecho maldito". Un giro pragmático y resignado, porque al fin y al cabo si votaron a Martha Mercader, a Graciela, a De la Rúa, qué mal puede haber en votar a los "muchachós"...
b) El peronismo ya no es un catch-all party. El peronismo ha recorrido el camino inverso y se ha desplegado por todos los espacios con su capacidad rizomática de ser y no ser al mismo tiempo, de estar dentro y fuera, de llenarse con cualquier significado y adoptar distintas formas. No un partido que en su seno contiene todo el arco ideológico, sino un partido que se subdivide en distintas vertientes que cubren todo el arco político.
c) el peronismo tal como se lo entendía ya no existe. Ha pasado a ser una denominación, un pasado recorrido por distinta gente, una contraseña a invocar en determinados ámbitos y a callar en otros. Un guiño. Si tal como dice Telerman en el reportaje que le hizo Fontevecchia en Perfil, "ser peronista no representa nada en términos partidarios" sino más bien, "una opción no por los más pobres sino por la cultura plebeya". Salvo Tradición, Familia y Propiedad de los Beccar Varela (quiero creer...) cualquier opción - en una sociedad de masas- podría reclamar esa denominación.

Todo esto a cuento no tanto de los devenires del Movimiento Nacional sino más bien, de la intriga y la confusión que me producen los rumores sobre la intención de Kirchner de dedicarse a construir un frente de centroizquierda que reordene a "la europea" el esquema de partidos argentinos. Porque si hay un elemento refractario en la historia política argentina ese es, justamente, el dualismo izquierda-derecha. Dicotomía siempre abortada frente al surgimiento de movimientos que reclamaban para sí la representación de la nación in toto. El cartesianismo de la división izquierda - derecha siempre perdió por goleada ante el empirismo de los conglomerados más inspirados en lo "real" que en los cielos teóricos.
Supongo que si el kirchnerismo quisiera iniciar ese camino debería primero comenzar a marcar el terreno en cuestiones concretas, en cuestiones que sean verdaderos clivajes que dividan el espacio entre "unos" y "otros". Delinear una agenda de centroizquierda en temas como derechos humanos, salud reproductiva, medio ambiente, intervención del estado en la economía, reforma impositiva, políticas sociales universales, democratización de la educación, acceso a la vivienda, etc. Una lista no infinita, pero sí determinante para saber de una vez quienes están adentro y quienes están afuera.

lunes, mayo 21, 2007

Un artista del hambre


como en el cuento del tuberculoso praguense.

Wirtschaft und Gesellschaft

El mejor regalo, por cierto. No por sus 1200 páginas de demencial exploración de las formas de vida, de los callejones sin salida del mundo moderno, de los engranajes furibundos de las maquinarias de la noche... sino más bien por la historia y el gesto detrás de ese regalo.
Economía y Sociedad, sé practicamente nada de esas cosas, pero espero seguir aprendiendo.

martes, mayo 15, 2007

¿Qué sé?

"Sé que una vida sin consecuencias no es una vida. También que si se quiere hacer algo difícil, algo de verdad, no se puede esquivarle el bulto al dolor. Lo que aprendí en esa época de Ed y Moscú, de Gabe King, Justine Townsend y todos los otros que me enseñaron a escalar roca, saltar edificios o mantenerme bien en pie en un pozo oscuro de agua helada sesenta metros bajo tierra, fue que nadie se enchufa y en el acto es una estrella. Hay que entrenar. Hay que seguir fortaleciendo los dedos hasta que se hinchen los tendones."
M. J. Harrison, Preparativos de viaje.

Bien al Sur, nuestro destino sudamericano

Si no tienen plata para comprarse los journals de Adolfito Bioy, bien pueden darse una vuelta por acá. El nivel de maldad es parecido, el enfoque un tanto diferente...

sábado, mayo 12, 2007

Postmodern Society

Cuántos kilogramos engordó Marianela? Eh? Cuántos, cuántos?
La ciudad invernal se vuelve ensimismada.
Como en los malos westerns, pasan bolas de espino por las calles de nuestro páramo político.

Filosofía y espíritu de la época

Theodor Adorno está sentado en el sofá de su casa mirando la final de Gran Hermano. Sobre la pantalla del televisor de 14 pulgadas made in China, Mariano Peluffo parece más gordo de lo que es y ocupa, digamos, dos buenos tercios del cristal. Adorno tiene la boca semiabierta y está inmóvil, el control remoto reposa sobre su pantalón de corderoy gastado y con pitucones deshilachados. En sus ojitos alemanes -han visto los desfiles marciales del Reich por los bulevares de Berlín, han visto cómo el agua chocaba contra el Brooklyn Bridge en los años de exilio- Jorge Rial se refleja como un espectro de inagotable energía. Adorno parece muerto, o congelado, o extático. Tiene el rictus del científico demente a quien su criatura acaba de asesinar en un rapto de rebelión. La única luz de la casa es la pantalla. Es también el único sonido. Afuera comienza a hacer un intenso frío.

*

Karl Marx desnudo en la cama de un telo. A su lado su mucama, también en bolas, enciende la televisión y pone a Marcelo Tinelli. Unos indigentes bailan la última danza de la Tierra. Algo como una polka, pero también podría ser una cumbia o un chamamé. La chica se entusiasma y le dice ¿puedo ver esto papi? Karl Marx odia con todo su corazón ese programa. Odia aún más a su vociferante conductor. Pero qué mierda, está loco por la nena, se está poniendo viejo y haría cualquier cosa por ella. Negrita de mi corazón.

*

Michel Foucault siente un irreprimible deseo de escribir malas palabras sobre la pelada de Jorge Telerman en los afiches de la calle. ¿Tendrá Sindrome de Tourette? A veces no lo aguanta más, se levanta a las tres de la mañana, se pone un sobretodo y una bufanda y busca una calle oscura. Escribe: Chupame la pija, hijo de puta. Lavame sucio. Cabeza de poronga. Más aliviado regresa a su casa, a intentar dormir. También puede dar largos paseos por las plazas vacías, restregándose las manos, culpándose a sí mismo por ser tan débil, recordando su infancia en los Pirineos. Muchachos cargando fardos de heno, jugando al costado de los caminos rurales, trenzados en simulacros de lucha, rodando por la hierba. ¿Qué fue de todos ellos? ¿Dónde están ahora? Quisiera ser chico otra vez.

lunes, mayo 07, 2007

El asesino del corazón de neón

Fifty percent of my dreams are about not wanting to jump into moving water. Hard to know if it’s a neurosis or a survival characteristic. When they learn you’ve been a climber people often claim to have a phobia about heights. I always reply, “Good strong genes then?” Reviewing: Chuck Palahniuk, Rant. Drinking: Finlandia cranberry flavoured vodka, smooth.

M. John Harrison tiene blog.

domingo, mayo 06, 2007

El nombre

Y ella dice: nunca vas a entender lo que sentí ese día. Pero fue una noche, querida, amor, y yo creo que sí lo entendí, creo que si pude enteder como pocas veces pude enteder algo. Pero no digo eso sino que me quedo parado en medio de la sala, de la sala de la casa prestada donde pasamos el verano y cuyo piso de madera oscura es cruzada oblicuamente por unos rayos de sol cansados, agotados, que se estiran por la ventana como diciendo "este es nuestro último esfuerzo, después vendrá la noche y no sabemos bien si volveremos así que podrías mostrarnos un poco más de interés, por favor, por favor". En vez de decirlo me quedo mirando su espalda -ella me da la espalda- y el contorno de su pelo donde unos cabellos parecen erizados como antenas rotas apuntando hacia cualquier dirección. Esas antenas chiquitas que no logran trasmitirme nada más que su mantra repetido: nunca vas a entender lo que sentí esa noche -aunque sé muy bien, lo sé mejor que ninguna otra cosa, que no fue un día sino una noche. Una noche cargada con el vértigo de un acontecimiento inesperado, con el ir y venir desesperado por todas las habitaciones de la casa -del baño a nuestra habitación, otra vez al baño donde ella estaba inmóvil, largos trancos hacia el teléfono, llamadas equivocadas por la torpeza de mis dedos, el salir corriendo de nuestra casa, el mundo exterior detenido, avanzando tan lentamente, afuera la normalidad parecía moverse en cámara lenta en comparación con nuestra urgencia, con nuestra emergencia, y en el taxi el único recuerdo táctil de esa noche, su vientre parecía lleno todavía.
Cuando ella se duerme salgo al jardín de la casa. Detrás de los límites de nuestro hogar prestado la ciudad está hundida en el silencio que sucede a la vuelta de las familias de la playa y que antecede a sus excursiones nocturnas: baños sobre la piel quemada por el sol, desorden de ropas sobre las camas, los niños cansados remolonean y se ponen de mal humor, libros cerrados con partículas de arena entre las páginas: entre una escena de sexo y una despedida, entre la resolución de un enigma y la cárcel para el culpable, entre un recuerdo de infacia y el desenlace de una vida aventurera: pequeños, olvidados, granos de arena de playa.
Me siento en una silla de jardín debajo de un árbol alto y sobre mí aparece la luna. Mi esposa duerme la injusticia del mundo, las fallas del cuerpo, la aspereza de lo no dado, la ruina de las esperanzas. No necesito mirar la luna para saber lo me recuerda. Pálida, con una luz prestada por su padre el Sol: flota con el brillo apagado de un pequeño embrión de hombre.
Y en voz baja pronuncio el nombre de mi hijo no nacido.

viernes, mayo 04, 2007

Duhalde

"Yo vi el programa de Mariano Grondona". Podría ser el título de una novela de un Aira politizado. El programa, quiero decir, donde el reposado y sabio Hombre que Sufrió -A Diferencia de Muchos- el Poder, desgranó sus perspectivas y diagnósticos sobre la política nacional y latinoamericana.
Hay toda una ambiguedad con Duhalde. Su paso por el poder no actuó como cristalizador de su perfil político sino, por el contrario, disparó nuevas interpretaciones, contradictorias, sobre su figura. A diferencia de Menem o De la Rúa que abandonaron el poder con un estigma muy claro (chorro, inútil, una combinación de ambas), frente a Duhalde no queda clara qué posición sostener. ¿Un caudillo del conurbano que manejó más que aceptablemente la crisis? ¿estadista forjado en el lento fuego del barro suburbano que esperó pacientemente su gran oportunidad histórica? ¿Suerte de Pellegrini, de Piloto de Tormentas, que reencauzó el sistema a sus lechos habituales, que llevó de la mano al decembrismo hacia La Normalidad? Otra vez la gran pregunta: cuánto hubo de ruptura en esos años, cuánto de continuidad.
Lo cierto es que la figura de Duhalde ha quedado medio oculta en el relato histórico mainstream: se pasa del helicóptero de De la Rúa a la asunción de Kirchner sin escalas. Tal vez algo de los malos recuerdos de esos años intermedios impide detenerse un poco más en aquella presidencia transitoria. Quedan por supuesto, los grandes mojones que explican el proceso: el Plan Jefes y Jefas, Kosteki y Santillán, Lavagna. Pero el duhaldismo, que podría reclamar parte de la herencia de haber conducido la transición y plantearse como alternativa, ha desaparecido, y Duhalde mismo ha optado por el lugar semi oculto de político retirado.
Tal vez se esté guardando, como dice Martín, esperando el reflujo de la marea coyuntural, protegido en el peñasco duro del peronismo ortodoxo, ese que sobrevive -aparentemente- siempre.

Qué gran idea Mauricio

Y siguiendo con lo de abajo, ¿cómo no recordar aquella campaña de PRO (¿2003, 2005?) donde los afiches traían consignas tipo: "Para que cuando nuestros hijos vayan a bailar vuelvan bailando. Eso es Pro".
Imagínense la utopía macrista de una ciudad con conchetitos danzando a las 7 de la mañana, saltando con sus chombitas rosas los baldazos de los porteros, los atados de diarios apilados en los kioscos... perfectamente felices, cuidados, protegidos...
Me daban ganas de empezar a militar en el PTS del Chipi Castillo.

Diga la verdad:

¿No tiene ganas de mutilar lenta, muy lentamente, al "creativo" de los afiches de Macri?
Estaría bueno...

El susurro de la paranoia

En el trabajo hoy se dijo que monitorean todo lo que uno se baja de internet, las páginas que visita, las comunicaciones que envía. Supongo que podrían hacerlo si quisieran, aunque sería una tarea la mar de aburrida: éste se la pasa actualizando el blog x cada cinco minutos, tiene abiertos permanentemente clarín y nación y página, además del gmail, se bajó ya Money de Amis en inglés (¿para qué?, dios mío, ¿para qué?), el libro de cuentos de Pynchon, ¿qué hace bajándose interminablemente un zip del Retrato del artista adolescente?, ¿qué hace googleando cosas como Anna Livia Plurabelle, nombres de amigos ya desaparecidos, nombres de actores de segunda categoría, fotos de Jorge Asís con bigotes, seudónimos de bloggers, imágenes de jugadores de fútbol de los años 70, documentos de guerrillas centroamericanas, recetas de cocina, poemas nuevos y viejos, precios de camisas y sacos de corderoy... la pc, la mente del otro.
No, hasta a los esbirros de 1984 les aburriría, hasta un capitán de la Stassi de la RDA pasaría por alto tanta inocencia. Tendría que inventarme una carpeta cuyo nombre llame la atención y produzca curiosidad. Algo que les de a ellos también un motivo de interés, una grata sorpresa en la tarea de vigilantes.

miércoles, abril 25, 2007

Los camaradas del Potemkin, en el fondo del mar, cantan:

Yeltsin, traidor/
saludos a Vandor.

Los hundidos y los salvados

Mmmmm, no sé muy bien qué anda pasando... No sé si esto que escribo ahora se verá efectivamente, este blog estuvo desaparecido durante varios días.
Hola?
Cri, cri, cri...

viernes, abril 20, 2007

Para una sociología del mal gusto


Hace unos días en el Evento Que Gracias A Dios Ya Terminó tuvimos la pésima idea de entrar a ver unos cortos (eran gratis) de Jorge Polaco. Lo de pésimo no es por el cine de Polaco, que sin duda me parece horrendo, sino por la "glosa" crítica que le dedicó el presentador (creo que escribe en la revista de un panelista del programa de Pettinato). Esa actitud ¿cómo llamarla? "estoy de vuelta y gracias a eso yo veo en lo que a vos te parece una bazofia un gesto estético contestatario, pero claro que eso es sólo para algunos iniciados". Este individuo invocaba la palabra "camp" para desarticular cualquier argumento acerca de la debilidad y condición fallida del cine de Polaco. Camp. Camp... Un comodín usado frecuentemente por quienes quieren revestir de sofisticación teórica objetos que la mayor parte de las veces han nacido en la ingenuidad de la simple mala factura.
Es interesante el fenómeno propio de los últimos años de los estudiantes y críticos de cine que redescubren en obras siempre consideradas "malas" ciertos atributos estéticos positivos. La palabra bizarro ocupa en este medio tal vez la misma posición (aunque no exactamente el mismo sentido) que Sontag le daba a la palabra camp en los años sesenta. Cine Bizarro. Televisión Bizarra. Actores Bizarros. Cómo diría Flaubert: gente que uno creía perfectamente educada de repente se volvió admiradora de Armando Bo. Jóvenes que abandonaban a Truffaut para lanzarse en los brazos de Roger Corman. Allen Ginsberg podría haber escrito varias remakes de Howl en cineclubs donde se proyectaban setentistas films de la Coca Sarli o de luchadores mexicanos enmascarados o de ninjas monocromáticos.
Por supuesto, todo esto es un "efecto de campo". No tiene que ver con cualidades artísticas redescubiertas sino con poses, gestos y estrategias de posicionamiento en el espacio de los gustos estéticos. Hay una cierta homogeneidad social entre los cultores del cine berreta, ciertas características compartidas en cuanto a la posición que ocupan, edades, condición social, background cultural familiar, etc. Como con cualquier gusto: nada más alejado del libre albedrío y la elección individual, sino pura coacción de fuerzas que predisponen la atracción hacia ciertos objetos y la identificación con ciertas obras.
Nada seduce más que enrrostrarle al otro la posesión de saberes y gustos a priori considerados bajos, para luego de una pausa desgranar un discurso alto que los justifique teóricamente. En el campo del arte rige la ley de la valorización de lo raro, de esa manera se explican las nuevas tendencias y las nuevas sensibilidades que impulsan a los aficionados a las artes a colonizar nuevos territorios y a abandonarlos cuando éstos se han vuelto demasiado concurridos. El amor a lo bizarro, a lo vintage, a lo camp o a lo simplemente malo obedece las reglas de esta dinámica.

La estampita de Sandro que la estudiante de Letras tiene inmantada en su heladera, pronto caerá. Las cintas de películas clase Z que el recién graduado dramaturgo atesora junto a ejemplares de Beckett se enmohecerán. La bandita de chicos de Bellas Artes que pintaba stencils de Mirtha Legrand se disgregará. Otros gustos remplazarán a los viejos y se volverá a creer en ellos con la misma, exacta, fe.

jueves, abril 19, 2007

Michael Moore, te perdonamos

Sí, gordo chanta y teatrero, reconocemos que nos dio un poquito de verguenza ajena cuando te vimos en Bowling for Columbine acosar a Charlton "Ben Hur" Heston con la fotito de la nena masacrada en la escuela, en ese momento -aunque siempre dimos por evidente la locura inherente a America- te tomábamos solamente como el inofensivo lefty que parecías ser.
Estados Unidos es una máquina narrativa: en unos meses tendremos las diferentes versiones fílmicas y novelescas de la masacre de Virginia. Para todos los gustos, habrá dramas blockbuster producidos por Jerry Bruckheimer con Ben Affleck como el guapo psicólogo del asesino y Brittany Murphy en el rol de putesca cheerleader que se salva por poco de las balas del coreano; habrá una versión indie a la Gus Van Sant de Elephant con planos larguísmos y afrancesados y adolescentes agustiados de ser tan ricos y familias disfuncionales y un soundtrack buenísimo con temas de Jesus and Mary Chain, Bloc Party, The Math and Physics Club, Tide, alguno viejo de REM y alguno más hardcore de Slipknot. O por qué no una versión propiamente coreana del tema, ahora que algún delirante menciona a Old Boy como influencia del asesino. Algo bien rebuscado, sangriento, pero al mismo tiempo lírico y estetizado.
Eso es lo genial de USA, hasta el producto más repugnante de su dinámica social, aquello que en otros sitios se tendería a esconder o a remitir como anormalidad extraordinaria e irrepetible, es convertido por arte de magia -vía Hollywood, vía su máquina cultural- en productos no sólo redituables económicamente sino también valorables artísticamente, en muchos casos.
Y cómo en la UBA este tipo de cosas no pasan (¿afortunadamente?) las veremos pronto comodamente desde las butacas del cine.

martes, abril 17, 2007

Un nuevo realismo

Cuando se habla de realismo en la literatura se entienden cosas distintas según la tradición nacional en la que uno se pare. En la Argentina la literatura realista (o hiperrealista) se ha centrado siempre en los personajes y ambientes de los "márgenes", en las otredades, en el afuera que rodea -o amenaza, o acecha- el centro representado aproximadamente por lo urbano y de clase media. De ahí que el realismo argentino se haya siempre ligado de maneras más o menos conflictivas con la denuncia social o con la pintura de tipos sociales pertenecientes a minorías, clases y grupos no "integrados". Una tradición tal vez más afincada en Zola que en Balzac. Desde Bernardo Verbitsky a Washigton Cucurto cierta idea generalizada en los escritores argentinos liga el desafío del relato realista - en el sentido de tener in mente lo que sea que entienden por realidad- a la reproducción (sermoneante, lúdica o apologética) de textos que merodean con distinto éxito la voz de los "sin voz".
Por el contrario, en la literatura americana el realismo es entendido esencialmente como una puesta en palabras del "estado de la mente colectiva" o, en palabras de Don DeLillo, del fluir de la conciencia de una cultura entera. En este sentido, los americanos no han abandonado la pretensión de construir la Gran Novela que de cuenta del mosaico social y que permita en sus entrecruces el enjuiciamiento de los pensamientos, objetos, sensibilidades, obsesiones y terrores que la sociedad se va relatando a sí misma todos los días. Y para lograrlo halla el camino más accesible en utilizar como protagonistas a personajes que "están dentro del sistema" y cuyo derrotero les permite develar las distintas partes de lo social. Las sátiras de Tom Wolfe, DeLillo, Roth, Updike (y Amis en UK), pero también los delirios de Pynchon, D. Foster Wallace, o J. Kennedy Toole.
Creo que la vía americana al realismo es más efectiva. Es como transitar una gran avenida que atraviesa la ciudad de un lado a otro, algo central pero al mismo tiempo una perspectiva que permite la contemplación de los márgenes, de lo abandonado, de lo exitoso, de lo antiguo, de lo pasajero. La pretensión, nunca alcanzada completamente, de lograr un fresco balzaquiano que diseccione en sus mil partes el cuerpo tendido de la sociedad. En Argentina, con excepción de novelas como El traductor de Salvador Benesdra o Vivir afuera de Fogwill, hay pocas obras que cuenten con esa ambición de llevar a la ficción el estado de situación de una cultura.

lunes, abril 16, 2007

Yo pisaré las calles nuevamente

"El viaje de vuelta duró siete horas. Los jóvenes socialistas -un instalador de teléfonos de la compañía Verizon, un barman que antiguamente fue una estrella de fútbol en Brown, un profesor en su primer año de docencia- comparaban sus móviles, leían a Marx en ediciones resumidas ('te ahorras el leerte tres tomos de El Capital durante dos años'), unanimemente alababan Friends y discrepaban, según líneas estrictas homo/hétero, sobre los méritos de Xena, Warrior Princess. Hay pocos placeres comparables con el de viajar en un autobús después de anochecer, con un retraso de horas y gente con la que estás de violento acuerdo. Pero al final es inevitable que te depositen de nuevo en la ciudad. La lluvia se congela en el suelo, la nieve cubre la nieve fundida. Tal vez seas todavía una versión de ti mismo, la versión del autobús, la más joven y más roja, mientras esperas el metro para regresar a casa. Pero luego te quitas las capas termales, todavía húmedas, del atuendo del largo día, y ves un tipo de ropa completamente distinta colgada en el armario; y en la ducha estás desnudo y solo."

Jonathan Franzen, "Toma de posesión del Presidente, enero 2001" en Cómo est
ar solo, Seix Barral, Barcelona, 2003.

domingo, abril 15, 2007

¿Qué pasa cuando las uvas de la ira se secan?

Es una verdadera lástima vivir en estos tiempos desdramatizados, donde la tragedia escasea y la única salida para el pathos acorralado de nuestras vidas es el gesto irónico y pseudo gracioso. Haciendo una digresión, habría que escribir algo acerca del "espíritu de la ironía" y la corrosión del caracter, cómo diría Sennett, que esta acarrea. Sin duda la civilización consiste en ir puliendo nuestros instintos y lograr una sublimación de los mismos que evite, en lo posible, el derramamiento de sangre.
Ahora bien, escribo derramamiento de sangre pensando en Jorge Telerman. Es cómo si una palabra llevara a la otra sin mediación alguna. Pienso en eso carteles horribles, frívolos, inútiles de la Actitud Buenos Aires. Ahora hay uno que dice algo tipo "Buenos Aires Om" e invita a una jornada -libre y gratuita- de relajación oriental en (cuándo no) Palermo. ¿Qué clase de mente enferma puede diseñar una política comunicacional que pase por esas banalidades? Una mente y un cuerpo acostumbrado al confort, a la saciedad, a la vereda luminosa de la vida. Una mente hecha en base a "programas" de sábado a la noche que incluyen esa mezcla tan triste del cosmopolitismo periférico y el sin sentido típico de los habitantes del barrio antes mencionado. Nada que ver con la ciudad bestial que expulsa contingentes de muertos de hambre todos lo días vía el aumento descontrolado de la renta de la tierra y de las propiedades. Nada que ver con las casas que se desmoronan debido a la codicia sin límites de la corporación inmobiliaria, o los asentamientos que se incendian misteriosamente.
El gobierno Telerman es el gobierno de los verdaderos triunfadores post 2001, y para peor, de los triunfadores que se perciben a sí mismos como no-triunfadores (lo que los igualaría subjetivamente con los triunfadores de los 90), como una clase de gente cuyo único capital es cultural, olvidando que en el actual capitalismo la posesión de capital cultural y capital social iguala el valor que en el viejo capitalismo tenía el capital económico. Cómo si poseer una maestría de una universidad del extranjero (pero no una cuenta bancaria taaaan grande) no fuera en los actuales tiempos un indicador más que obvio de una situación privilegiada dentro de la estructura social. A la gente "con capital cultural" habría que recordarle esa frase genial que Bourdieu les dedicaba a los intelectuales: el mayor de sus goces consiste en el olvido de las condiciones sociales que los produjeron como tales.
Y mientras tanto, mientras comen comidas étnicas, mientras salen del cine comentando la última de Kim Ki Duk, mientras se llaman telefónicamente (celularmente) para seguir el programa en la casa de aquellos amigos entrañables, mientras hablan del compañero de facultad que ahora vive en Nueva York y del soporífero atraso en los vuelos de Ezeiza, y de la muestra imperdible que abrió en alguna galería hype, mientras hacen todo eso bajo la mirada de Buda de Jorge Telerman y el mundo se reduce a las manzanas comprendidas entre Córdoba y el río, hay -sin duda que hay- personas para las cuales la vida es algo más y algo menos que un programa feliz de findesemana. Esos no privilegiados, esos que se acuestan temprano, esos que siguen ligando trabajo a algo producido materialmente, esos que no viajan, que no van al cine, que ni siquiera alientan la secreta esperanza de las vacaciones, esos que nunca dicen que están estresados, que dicen más bien que están molidos, que tienen la espalda rota, que tiene los pies a la miseria y luego se ponen a ver antes de dormir a tinelli o a gran hemano o a osvaldo laport en el televisor con una carpetita pedorra encima con adornitos vulgares, con souvenires de alguna fiesta de 15, con una fotito no digital que los chicos se sacaron en el zoológico de florencio varela, y tienen unos pocos libros en el rapiestant donde seguro que no hay ningún kazuo ishiguro ningún nabokov ningún néstor perlongher ningún copi ninguna djuna barnes ningún parís era una fiesta, pero sí alguna enciclopedia de lomo carmesí pero sí algún diccionario pero sí algún manual que los pibes ya no usan o algún libro de enseñanzas para la vida escrito por algún chanta que dice grandes verdades, de esas certeras e incontestables. Y esos son los que antes llamábamos "la sal de la tierra" y ahora son simplemente tierra o ni siquiera eso. Esos son los que heredarían el paraíso que nuestras luchas fallidas (qué suerte tío, qué suerte tía, que no están para ver tanta tristeza ahora) les iba a preparar. Pero ahora ya estamos lejos de que en nuestros corazones resuene algo parecido a la música que John Ford ponía al final de Viñas de ira, cuando Henry Fonda se aleja de la villa miseria y esas estrofas -arriba los parias del mundo/ arriba famélica legión...- dejaban al espectador con el gusto agridulce del magnífico porvenir. Ahora ya hemos desandado tanto el camino que no podríamos encontrar -aún queriéndolo- la buena senda.
Telerman es sólo un nombre. Intercambiable por cualquier otro. Hasta me arrepiento de haberlo mentado, pero ya no tengo ganas de borrarlo. Lo importante es otra cosa. Es saber quienes ganan siempre y quienes pierden siempre. Y lo más difícil es saberlo y no tener el coraje de actuar en consecuencia.

jueves, abril 05, 2007

Sobre una película y nada más

* Ayer vi una película. Ayer vi dos películas. Fue en nuestra amada reunión de ya saben qué -no quiero repetir los improperios que le dediqué hace una año a este noble acontecimiento, supongo que crecí, supongo que me volví más indulgente. La segunda película de la noche se llama AFR y es un documental apócrifo sobre el asesinato de un primer ministro danés. Un primer ministro conservador que manda tropas a Irak, un primer ministro que cualquiera desearía ver muerto. Sin embargo la película esta bien: usa hasta el exceso los recursos del género y sobrecarga la trama de inverosimilitudes que la vuelven casi una parodia. Lo más interesante al fin de cuentas es siempre la ficción y en ese irse al carajo del realismo por exceso está tal vez lo más disfrutable del film. Una fantasía sobre los prósperos, agotados, viejos, demacrados países nórdicos.

** Antes de la proyección alguien dice que el director, lamentablemente, se ha retrasado y no podrá estar presente en la sala. Pienso posibles escenarios que retienen al director danés. Van, lógicamente, bordeando lo obvio: yo perdí la guerra contra el cliché. El danés atado con fundas de almohada a la cama, una puta dominicana y su cómplice desvalijándole la habitación. El acompañante terapéutico del danés -joven psicólogo de una clínica de las afueras de Copenhagen- llorando en el pasillo por la sobredosis que no pudo evitar. Tal vez el tipo odia su película y prefirió quedarse en el hotel mirando televisión o mirando por la ventana como las luces se iban apagando y como los automóviles se iban ralentizando y sintiendo frente a la ventana abierta como el viento se le metía en la camisa y le susurraba que era un fraude, que no valía la pena tanta impostación, que mejor tenderse en la cama de una ciudad desconocida hasta que la hora más oscura, frenética, del alma haya pasado.

*** En un momento de la película un taxi boy dice sobre otro: "yo no les meo encima a los cientes, ni les cago encima, ni les pego: él sí. Y otras cosas también: untarles cemento, por ejemplo. Hay gente a la que le gusta que le unten cemento."

**** Alguien comenta: en estos países la gente se aburre mucho. Yo completaría: frente al aburrimiento de la prosperidad no sólo muere el jacobinismo, no sólo las Biblias revolucionarias se convierten en coffee-books que posan su gesto maldito en bilbliotecas civilizadas -¿acaso un Das Kapital no es un objeto pop?- también se revela el lado oscuro de la farsa democrática, su alquimia que convierte mágicamente consenso en coacción querida, deseada. O, sampleando a Saint-Just: La felicidad es una idea pasada de moda en Europa.

***** Tras el final, nosotros los kirchneristas, nosotros el sistema, nosotros el lado de adentro del sistema, abandonamos rapidamente el cine. Los viejos, supervivientes de la izquierda verduga y de la izquierda víctima, reconvertidos luego a los algodones de la socialdemocracia, ahora militantes unicamente de la izquierda cultural - ese lugar donde no hay barro ni hay tiros- felices con sus mujeres de haber cumplido el rito religioso del cine independiente -¿de qué?-. Los jóvenes, aprendices rápidos de los gestos que les permitirán estar siempre dentro del deber ser cultural, cuerpos educados, cuerpos entrenados en las predisposiciones apropiadas al campo y sus leyes: conocer la medida justa de los entusiasmos, de los halagos, de los comentarios post-film, toda una economía simbólica de los intercambios de pasillo.
Y afuera está la calle. Pero la calle dejó de significar algo relevante hace ya mucho tiempo.

miércoles, marzo 28, 2007

martes, marzo 27, 2007

Archipiélago Gulash

"Under his talented leadership, life for ordinary people improved enormously through city housing schemes; universal health care along with pensions and sickness benefits. There was a strong emphasis on education, causing illiteracy to be reduced from about 50% in 1924 to 19% by 1939. From 1934 it was compulsory for children to receive 11 years education."

No sé cómo llego a estos lugares, pero termino encontrándolos. ¡Hasta tiene la musiquita de L'Internationale de fondo! aunque yo preferiría Go West de los Village People para darle un toque más camp.
También es digna de visitar la página del Movimiento Stalin Vive que nos ofrece, entre otras cosas, una opción al decadente e imperialista monopolio de Google llamada "Sabemos tu IP".

viernes, marzo 16, 2007

Los paraísos artificiales

La campaña contra el "paco" que ha iniciado el Gobierno de la Ciudad es inentendible. No sé si vieron los afiches, pero no alcanzo a comprender qué efectividad puede tener ese mensaje sobre la población "en riesgo" a la que supuestamente se dirige. Quiero decir, si esta droga es consumida por los sectores más marginados, más excluídos de la sociedad ¿no deberían usarse esos recursos en políticas, justamente, focalizadas sobre esa población? ¿Quién puede pensar, excepto los cráneos creativos del G. de la Ciudad, que un pibe adicto al paco va a buscar ayuda gracias a los afiches incomprensibles de Telerman? En fin, supongo que algunos piensan que todo se resuelve con comunicación, diseño, y colores visualmente atractivos.

Hasta el pianísimo de la postrera edad (sobre Weber)

El sábado pasado salió en la ñ una entrevista a un alemán (Dick, lo siento pero olvidé tu nombre) especializado en Max Weber. Parece que los estudios que toman a Weber como punto de referencia están cobrando auge, incluso existe una revista académica llamada, creo, Max Weber Studies que reune trabajos de investigadores de distintas partes del mundo. Acá en Buenos Aires, en la lejana y bárbara Buenos Aires (pero te quiero) hay una cátedra de la facultad especializada en el querido Max. Alguna vez, hace mucho pero no tanto, cometí la audacia de publicar un artículo sobre Weber en un libro que editó esta cátedra. No recuerdo mucho lo que escribí, nada más que puse un epígrafe medio de contrabando de Dylan Thomas (tendría que haber puesto uno de Bob Dylan, mejor) y que mientras el país se incendiaba yo escribía sobre el confucianismo y el taoísmo y la imposibilidad del capitalismo en la China imperial - lo que haría cagarse de risa a los camaradas millonarios de Shangai mientras toman merca de la mejor en un rascacielos de 500 pisos que mira hacia la bahía y hacia el más que venturoso Futuro que el Gran Timonel les prometió.
Pero vuelvo a Weber que me sigue pareciendo interesante y vigente. Tal vez esa vigencia reside en el nihilismo que Weber adquirió en sus lecturas juveniles de Nietszche y que a pesar de su prosa seca nunca pudo sacudirse del todo. Digamos, Marx era un iluminista. Marx era un hijo del árbol de la libertad que Hegel plantó una vez en su jardín. Marx creía en el futuro, un futuro incierto, ok, que se desplegaría dialécticamente, bla, bla, bla, pero un futuro sobre el que era posible decir algo. Durkheim era un positivista, un positivista más inteligente que los positivistas bestiales tipo Lombroso, pero positivista al fin. Un laburante esforzado que creía que la sociedad tenía cierta forma y que los cambios seguían determinadas pautas y que con rigurosidad y empeño uno podía, también, decir algo sobre lo que vendrá. Weber en cambio te deja en el páramo de Eliot, Weber no dice nada sobre el futuro. El capitalismo (ese es el tema, ahora y hace 150 años) es una máquina infernal y tiene, al parecer, combustible para rato. Pero también cabe la posibilidad de un cambio radical (la política, la pasión, los iluminados, La Voluntad) que destruya el sistema. Puede pasar o no. Y si pasa, puede ser debido a consecuencias no buscadas de la acción, puede ser un resultado por carambola que rompe toda teleología. Al fin y al cabo, unos boludos que creían que la única manera de complacer a Dios era laburar, laburar y laburar sin descanso y ahorrando cada centavo sin gastarlo en jodas, le dieron el puntapié inicial al capitalismo. ¿Querían eso? No, nada más querían la salvación eterna. Y crearon el infierno en la tierra, pero bué...
Weber, entonces, me cae simpático. Leer a Marx es reconfortante, aún cuando cuenta sobre los niñitos de 7 años explotados en las fábricas de Lancanshire, aún cuando te detalla las torturas a las que sometían a los campesinos para expulsarlos de sus tierras, aún con sus divertidas anécdotas sobre los panaderos que usaban cal y vidrio molido para ahorrar harina, a pesar de eso siempre termina con la moraleja tranquilizadora del dulce porvenir: Marx es el Nuevo Testamento. Weber es el Antiguo Testamento: esperen, esperen tranquilos que Él no vendrá.
Pero estoy exagerando los tantos: Weber y Marx estaban de acuerdo en más cosas de las que vulgarmente se cree. La diferencia entre ellos no es tanto teórica sino de temperamento y generacional: uno escribió en el esplendor del modo de producción, en su fase pionera, aventurera, ascendente; el otro escribió sobre el capitalismo con la catástrofe ante sus ojos, cuando el sistema se había consolidado y había perdido su cara rozagante de reciénllegado. Entre Marx y Weber existe la diferencia entre quien llega a la fiesta al comienzo y quien llega sobre el final: el que está desde el principio todavía confía en que las cosas (con un poco de esfuerzo) se puedan enderezar, el que llega bien entrada la noche se da cuenta que todo está perdido.

martes, marzo 13, 2007

No somos nada

La semana pasada se murió Portantiero. Muchos dicen que la muerte de grandes figuras de la sociología argentina estaría dejando vacante el espacio de la reflexión crítica sobre la sociedad argentina. ¿Cómo? Si ahí están las magnas figuras de chipicastillismo para tomar el relevo... A no preocuparse.

lunes, marzo 12, 2007

The Peter Sellers Appreciation Society

Divertida página donde se puede votar cuál es tu personaje Sellers favorito. Creo que me quedo con el siniestro Clare Quilty de Lolita. Ese personaje vulgar y fatal que es el anverso del pobre, inocente y aburrido Humbert Humbert. ¿Cómo no iba a caer Lo (luz de mi vida, fuego de mis...) en las garras de tan despiadado y seductor villano?

Risa en la oscuridad

Lo gracioso fue leer hoy en la revista veintitrés la cantidad de eufemismos, las loables hazañas linguísticas, el tour de force metafórico desplegado para describir el estado alterado en el que se encuentra Maradona -o eso dicen, al menos- por estos días. Por ejemplo:

"Diego, que no se encontraba en un momento de lucidez, cayó al piso..."

"... el Diego de la gente acaba de reincidir otra vez en un camino sinuoso de pendientes pronunciadas." (my favourite one)

"Diego ha perdido otra vez el control de su cuerpo"

Realmente ignoro la razón de por qué resulta impronunciable la palabra cocaína y los periodistas se ven obligados a describir tantos circunloquios a fin de evitar quedar mal con el ex jugador de fútbol. ¿Qué poder tiene Maradona que obliga a tratarlo con la diplomacia sofisticada de las palabras dulces?
En fin, lo más bizarro de la nota en realidad viene al final, cuando una de las viudas maradonianas -un tal Zannoni-, se despacha diciendo: "... quién investigue su vida (la de Maradona, no la de Zannoni) se dará cuenta que él es muy amigo de la ciclotimia. No es culpa de él sino de los extremistas (?)" y remata muy político: "Me animo a pronosticar que en este año electoral un Maradona sano y recuperado puede resultarles muy útil a los que buscan votos en cualquier parte".
Sí, en Gallo y Paraguay sobre todo.

miércoles, marzo 07, 2007

Colores Primarios II

Los colores de hoy versan sobre dos ex candidatos a presidente de aquella ya lejana elección del 2003. Y dos futuros candidatos perdidos en la niebla opositora de la era K.

1- Lilita interrumpió su "situación existencial de pensamiento" (tal vez una de las más bizarras frases jamás utilizadas para decir "no tengo la menor idea de qué voy a hacer") para anunciar su desafiliación del partido político creado a su imagen y semejanza. El argumento para justificar su desafiliación es lograr una "equidistancia" que le permita liderar una "gran coalición cívica" que finalmente consiga derrotar a los feos, sucios y vulgares (tan vulgares!) ocupantes del gobierno nacional. O algo así, porque leyendo las declaraciones de Carrió uno no puede dejar de tener la impresión de alguién que ha optado definitivamente por ocupar el lugar de oráculo incuestionable y misterioso que emite directivas hacia sus cada vez más confudidos seguidores. Un lugar sacerdotal, digamos. Un lugar que se sitúa más allá del barro de la política realmente existente. Un lugar cómodo e inofensivo.
Vayamos por partes. Construír un partido político no es fácil: requiere dinero, infraestructura, líderes, cuadros directivos, militantes, adherentes y simpatizantes que se nucleen en torno a -al menos- algunas ideas y sentimientos básicos sobre lo que hubo, hay y/o habría que hacer desde el poder. Si bien el modelo de partido político moderno (weberiano, digamos) ya ha sido erosionado en todas partes del mundo por las fuerzas de los liderazgos mediáticos y la debilidad de las identidades políticas, algunas cosas se mantienen: un partido político debe tener recursos materiales y humanos para salir a pelear un lugar en el espacio público.
Las cosas se complican mucho más si se trata de un partido nuevo que cuenta como activo principal -o único casi- la figura carismática del líder. Y se complica hasta lo indecible si el líder es alguien que te anuncia por los diarios una mañana que ya no pertenece al partido que ella creó. Quiero decir, Leandro Alem pudo pegarse un tiro y la UCR seguir funcionando porque se había dotado de una estructura orgánica y territorial que excedía al líder.
En el caso del ARI es evidente que eso no existe. Es evidente que Carrió ocupa el lugar de líder oracular a quién no se le puede discutir nada porque ella "es" el ARI. De otra manera no se entiende las declaraciones de la secretaria general del partido ante la desafiliación de Carrió: "Es un gesto de generosidad y un testimonio de que la construcción puede ser diferente. El mensaje a la gente es que no habrá disputas por cargos". ¿Cómo no habrá disputas por cargos? ¿Qué otra cosa es un partido político sino una máquina de disputar cargos? ¿No es la lucha por el poder -a través de disputar y ganar cargos- lo que define a un partido político?
Lo más preocupante, en resumen, es la incapacidad de una fuerza política opositora que se plantea como alternativa republicana y en cinco años de existencia no ha logrado producir las más mínimas instancias de debate y democracia internas que le permitan no depender de los caprichos proféticos de su líder.

2- Vamos con López Murphy. Ah, sí! La última esperanza blanca del 2003. El hombre que proclama adustamente su melancolía -otra vez- por los buenos viejos tiempos republicanos perdidos. Porque la Argentina siempre fue un país muy republicano ¿no?. En esto coincide con Carrió: son, a su pesar, viejos mitristas llorando la época austera de las familias distinguidas porteñas ante el avance de los mercaderes roquistas. La diferencia es que mientras Carrió tiene su corte de creyentes incondicionales, López Murphy ve su futuro condicionado a lo que decida el voluble hijo de Franco Macri, y -todos lo sabemos- los simpatizantes de derecha no son tipos muy emocionales que digamos, son pragmáticos y emigrarán a la oferta más rentable en plaza.
Por eso López Murphy va convirtiéndose día a día en una caricatura de sí mismo: el adusto hombre de derechas pero honesto que no se manchará las manos apoyando a cualquier arribista desesperado por poder. Un hombre que se indigna por el clientelismo de Sobisch y el panquequeo de Lavagna y se presenta - nuevamente- como el último popperiano honesto de estas pampas.
Extraña convivencia, esa de la honestidad personal con una trayectoria pública marcada por la solidaridad alevosa con los violadores de derechos humanos (Ministerio de Defensa) y por la aplicación salvaje de la ideología económica neoliberal (Ministerio de Economía). Extraña combinación de virtudes privadas y vicios públicos. Lo que lleva, una vez más, a hacer la pregunta: ¿qué valor político tiene la honestidad personal?, o más brutalmente: ¿qué destino tienen las construcciones políticas fundadas exclusivamente en la virtud privada de los hombres?

sábado, marzo 03, 2007

Operación de prensa

Se abrió la campaña. Y los political junkies no podían permanecer indiferentes.

martes, febrero 27, 2007

Colores Primarios

Qué suerte que Macri nos avisó que no todo el mundo vive en Callao y Alvear. Gracias, Mauricio. No lo sabíamos hasta ayer.
Alguna vez habría que escribir algo sobre lo extraña que resulta la retórica política de Macri. Ayer mismo, durante su "lanzamiento", mezcló alusiones a Martín Palermo y la película Happy Feet, con un escenario que pretendía demostrar la decadencia urbana actual (pregunta: ¿cuándo Macri señalaba el paisaje que lo rodeaba y decía: “Desde acá, mostrando lo que queremos erradicar, les decimos se puede”, se refería al basural a sus espaldas o al Sur de la ciudad in toto?).
Macri utiliza permanentemente un tono de niño hastiado de que sus compañeritos no le hagan suficiente caso y no reconozcan su supuesto liderazgo natural. Además se le nota mucho el esfuerzo que hace para parecer simpático y décontracté... ¡La lavandina que habrá usado ayer al llegar a su casa para sacarse de encima todo vestigio de Villa Lugano!

lunes, febrero 26, 2007

Gente que no

Leía un comentario dejado en este blog sobre el affaire Di Nucci (qué lindo, qué culto, es eso de usar affaire, hace sentir al más humilde un furioso dreyfusard). No puedo dejar de estar de acuerdo con la reflexión del comentador. Efectivamente el plagio supone un trabajo: buscar el objeto a plagiar, seleccionarlo cuidadosamente, enmascararlo, apropiárselo, montarlo y unirlo al resto del texto borrando sus límites. Es un trabajo, casi, de amor. ¿Para qué decir con otras palabras lo que ya está bien dicho? ¿Si encaja tan bien en nuestro universo, no es acaso que nos pertenece también a nosotros? Si de lo que se trata es de literatura, ¿qué tiene que ver aquí la moral del copyright, la celosa custodia de palabras, sólo palabras?
Un sujeto cuyo único mérito ha sido ganarle un juicio civil a un gran escritor dice: "Sergio Di Nucci es un vulgar ladrón. Un plagiero. No parecía escritor, porque no es escritor." Y luego agrega, en una pausa de sus cómodas vacaciones frente al mar, justo antes de quitarse la arena de los pies: "No queremos a este imbécil en la literatura argentina". Evidentemente los largos años dedicados a transitar tribunales y trasegar expedientes le han adherido la firme creencia en la judicialización de la literatura. Para Nielsen y otros indignados buenos ciudadanos, los libros de ficción deben analizarse, ante todo, con el Código Civil en la mano. Por otra parte, ¿qué es eso de "no parecía escritor"? ¿Cuál es el physique du rol de un escritor? ¿Nielsen cumple con esos requisitos?
El único valor que debe considerarse a la hora de juzgar un libro es su eficacia poética. Lo demás es campo para los policías y jueces amigos del señor N.

Gira mágica y misteriosa

Vivir nuestra ciudad. Creo que en Dublineses, o en algún otro lugar que se me escapa si es que no se trata de Dublineses, Joyce decía algo así como que siempre se trata de "denunciar el alma de esa hemiplejía o parálisis llamada ciudad". Y entonces, de nuevo caminando por Buenos Aires tenemos una sensación parecida. Nos adentramos primero por donde Rivadavia adquiere su grosor natural que la acompañará hasta lo más profundo de la pampa. A la altura del teatro Liceo, Rivadavia es una calle angosta y angustiante, edificios de principio de siglo y bodegones españoles, hoteles-pensiones, los restos-ahí-tirados-en-el-piso del corso de la Avenida de Mayo: envases de Rey Momo, borrachos durmiendo en la calzada, grupitos de amigos cagándose a golpes con botellas pardas de cerveza. Alguien repara en el ruido de los grillos que resuenan en la magrugada: sí, grillos. Alguien, yo, hace un chiste sobre aviones fumigadores del Gobierno de la Ciudad que arrojan noche a noche miles de grillos sobre el cemento urbano con la intención de darle a la ciudad un aire más campero y relajado. Es una hipótesis loca pero no descarto que sea cierta.

Unas cuadras más atrás nos habíamos cruzado nuevamente con el Poeta Perdido, frente a la Continental de Callao y Corrientes, una presencia invisible que pasa a nuestro lado como si no nos conociera. En fin, supongo que a esta altura de las cosas ya somos mutuamente desconocidos.

El calor había sacado, como sucede en verano siempre, las más extrañas criaturas a la calle. Se desplazaban lentamente, miraban con ojos torvos, todo fluía a dos velocidades menos que lo normal. En Yrigoyen y 9 de Julio los darks departen amablemente, los adolescentes pugnan por entrar al antro antes conocido como El Dorado. Nos quedamos afuera y escuchamos por unos minutos los one hit wonder de los años ochenta. Pero no son los años ochenta, eso sí que no.

Adentrarnos en Lavalle fue una decisión dificil. Se escucha un comentario racista sobre la tarea inconclusa de Roca. Hay quien piensa en ese cuento del Cortázar pre castrista, del Cortázar gorila: Las puertas del cielo. Uno que canta a los gritos Let It Be de los Bealtles, frente a los fichines a los que solía escaparme en las horas libres. Sus alaridos se escuchan a diez cuadras de distancia: Mother Mary comes to me... La gente arrastra los pies, se rie, se agolpa por un superpancho, todos fluyen hacia 9 de Julio, todos caminan hacia la salida. Nosotros hacemos el trayecto inverso.

En la bajada de Lavalle a Alem hay una de las obras por las que nuestro querido alcalde será recordado por los siglos de los siglos: una peatonalización coqueta con banquitos de cemento y muchos tachos de basura que nadie usa. Allí el paisaje social cambia: ahora son ingleses y españoles y alemanes que salen y entran de Bahrein, un ex banco devenido boliche. Los grillos, los grillos, ay, siguen cantando.

En el Yacht Club de Puerto Madero hay una fiesta. Desde el otro lado del dique, a través del agua, oímos las melodías de Los Auténticos Decadentes, Jazzy Mel, Los Pericos y los Paralamas. Hay una dictadura de la música pasable en una fiesta. Tal vez el pop berreta sea la auténtica democracia ya que trasciende barreras socioeconómicas. El pop como metáfora de una posible sociedad sin clases. Pero la hipótesis se agota ahí mismo: se trataría de una sociedad sin clases en la cual no querría participar. Barajamos la posibilidad de colarnos en la fiesta, pero reconocemos que no estamos con el ánimo adecuado para tan magna empresa.

El final de la noche coincide con el final de la ciudad. No hay más ciudad para seguir caminando, si la hubiera, si no hubiera río, hoy estaríamos en Colonia del Sacramento. Contra el murallón de la costanera, entre un carrito de choripanes llamado El Diegote y otro llamado El Sueño, contemplamos los silenciosos trabajos arquitectónicos del menemismo tardío. En unos años esto no va a existir.
Detrás, entre los pastizales acumulados largamente por la labor del río, más allá de los árboles intrusos, la noche comienza a desgajarse. Y el canto de los grillos acá ya no parece tan desubicado: son animales nobles, traídos en el lomo de los camalotes, desde el norte cálido del Delta, desde una geografía quieta y natural. Y cantan porque es lo único que saben hacer.

sábado, febrero 24, 2007

Kim


Y ella canta -en este preciso momento-: Does love ever end/When two hearts have torn away?/Or does it go on/And beat strong anyway?

viernes, febrero 23, 2007

Por una república de creyentes

Hoy en Clarín una pastillita decía algo así como que la Angélica Doctora Carrió se quejaba por el adelantamiento de las elecciones porteñas. Su argumento consistía en denunciar que el apuro de Telerman no había contemplado que la fecha de cierre de listas (el 3 de abril, dos meses antes de la elección) coincide con la celebración de las pascuas judía y católica. ¿Qué tipo de proyecto republicano encabeza la ateniense doctora? Tal vez uno donde el calendario civil esté sujeto a los caprichos de las efemérides religiosas...

lunes, febrero 19, 2007

Los ricos también lloran: o sobre cómo el dinero acarrea diversos inconvenientes y de las virtuosas enseñanzas que se pueden extraer de esta verdad

Hay que tener estómago para leer La Nación por las mañanas, antes de comer un bocado, y encontrarse con estas simpáticas historias:

El texto dice así: "Adolfo Caballero y Ana Fontán Balestra de Caballero solicitan por este medio a familiares y amigos no ser invitados a futuras recepciones de casamientos, considerándolos cumplidos con la simple participación de los mismos. Desde ya, agradecen una buena interpretación de este pedido, basado exclusivamente en la saturación de compromisos sociales".
Según el matrimonio, que vive en Palermo, la catarata de invitaciones comenzó hace más de dos años, y aseguran que, para colmo, se pusieron de moda las fiestas en quintas o salones que quedan lejos, en las afueras de Buenos Aires.
"Eso es lindo y divertido para los más jóvenes que se quedan bailando hasta las 5; pero nosotros, a nuestra edad, viajar tanto para ir a cenar y volver... Al día siguiente estoy cansado, y casi no me puedo mover cuando voy al club a jugar al tenis", relata Adolfo.
Y cuenta que, además, entre la peluquería de su mujer por la mañana, vestirse y arreglarse desde una o dos horas antes de la misa, que suele empezar a las 20, y después viajar a la fiesta que es lejos, y volver...

domingo, febrero 18, 2007

Dios se ocupa de las pequeñas cosas


Todo el día escuchando este disco.

sábado, febrero 17, 2007

"With me or without me"

Los lejanos días de la infancia coincidieron con aquello que los periodistas a la violeta llamaron "la primavera alfonsinista". Alfonso leyendo el Preámbulo en el cierre de campaña en la 9 de Julio. Las buenas intenciones. Después de la noche queríamos ser socialdemócratas. Ilusiones blancas, volver a la Constitución tan bello texto mancillado... apenas diez años antes quien lo decía hubiera sido mirado como un débil pequebú, para volver a la jerga fuerte de nuestros años salvajes. Pero en el 83 ese retorno a 1853 era lo máximo. Volver al siglo XIX era un avance tan grande. Restauración, sí. Y Alfonsín estaba ahí. Herminio, era la figura trágicómica que necesitaba la escena para configurarse definitivamente como histórica. El broche de campaña que avivara la leyenda negra de "la pesada", o en las mentes más librescas, el retorno de la barbarie. Porque, digámoslo, todo país que se organiza necesita fundarse sobre una metáfora, y si esa metáfora es dicotómica, si esa metáfora juega con los opuestos, mucho mejor. Civilización o Barbarie, es la metáfora que sigue recorriendo la historia argentina. Gran slogan el de Sarmiento. Chapeau. Usos múltiples y siempre queda bien.
Y Herminio funcionó en esa circunstancia tanto como víctima propiciatoria, tanto como juguete de la astucia de la Razón. El atildado Luder no cuadraba demasiado bien en el juego de los opuestos. Herminio, con sus legendarios desquicios sintácticos y ortográficos, con su fama de pesado del conurbano y ultraortodoxo, funcionaba perfectamente como contrafigura en el imaginario de la sociedad que buscaba "volver" al estado de derecho - ese calmo prado donde florecen las instituciones, ese Valhalla de los abogados.

miércoles, febrero 14, 2007

Focus group

A propósito de un cuento de D. F. Wallace que empecé a leer hoy y se ambienta en un focus group, recordé algunas experiencias personales en dichos lugares. Tenía un amigo que estaba metido en ese curro: armar grupos de personas para que den su opinión sobre cierto producto comercial, o sobre cierto "nicho" de mercado que los gerentes allá arriba deseaban "explorar". Me sigue sorprendiendo la jerga de la investigación de mercado. Me sorprende todavía la mismísima expresión "investigación" adosada a la palabra mercado. Uno piensa en investigación y las connotaciones se disparan a un tipo de sombrero de fieltro, traje raído y despacho cochambroso en algún edificio art decó: Marlowe, claro. Marlowe. Investigación viene pegada inmediatamente a intriga, misterio, riesgo, peligro. A la serie negra, por qué no. Lo mismo con otro término igual de equívoco: "trabajo de campo". Trabajo de campo. Un inglés rubio con bermudas caqui, largavista, mochila, seguido por diez negros que portan el equipaje de la exploración; abriéndose camino por la selva africana para la mayor gloria del Imperio. Livingstone, supongo.
Pero no. Bajado a la tierra, las investigaciones tienen más que ver con oficinas con plantas artificiales y una jarra de café y coca cola y algunas masitas dispuestas sobre una mesa de fórmica alrededor de la cual se hallan ocho, diez personas de distinto target socioeconómico. O al menos de supuesto distinto target socioeconómico, porque yo recuerdo como mi amigo armaba esos focus groups:
- ¿Tenés auto?
- No.
- Mmm... Bueno, ¿qué auto te gustaría tener?
- Yo qué sé... no sé...
- Cualquiera, decí cualquiera.
- Mustang 65.
- Já.
- No sé, ponele un ford focus.
- Gracioso.
Y así con cosas más pequeñas, hasta moldear el sujeto que las variables nivel económico, edad, estado civil, zona de residencia, etc. requerían para cumplir las cuotas especificadas de una muestra más o menos representativa. ¿Qué marca de cerveza tomás? ¿Qué supermercado preferís? ¿Tomarías caldo instantáneo de espárragos? ¿Y de zanahoria? ¿Y de remolacha? ¿Aproximadamente cuántas revistas leés por año? ¿Aproximadamente cuántas veces por año pensás en Dios? Bueno, no tanto. Pero era bastante así.
Después venían los focus propiamente dichos. Fui a algunos. Una vez me pagaron plata, otra vez me dieron un cartón de cigarrillos infumables, otra vez unos vales para una casa de comidas rápidas. Gratificaciones por los servicios prestados. En el de las comidas rápidas nos pasamos discutiendo media hora si Burger King debía tener o no un personaje identificatorio tal como el payaso maldito Ronald McDonald. Encarnizada discusión. "¿Pero ninguno de ustedes vio la película It?" "¿Acaso vieron alguna vez a un niño encariñado con ese personaje, que ciertamente, parece esconder debajo del maquillaje al Estrangulador de Boston?" "A mi nena le encanta el payasito". Etc, etc, etc. Había una psicóloga - o socióloga, no sé, o asistenta social- que "coordinaba" la discusión: explayate un poco más... ¿por qué no te gusta el payaso? Terminás detestando a tus congéneres, terminás detestando al mismísimo sistema capitalista, terminás añorando al Camarada Stalin y a Laurenti Beria y a la NKVD y a los Juicios de Moscú. Pensás en el después: tus comentarios son codificados para ser agrupados en una serie de categorías que luego serán procesadas en un programa de bases de datos como el SPSS, por ejemplo, y después filtrados y cruzados con otras variables y presentados en cuadros de dos entradas que hagan "visible" la asociación entre tus respuestas y tu características de base: Un 88% de los que respondieron que la comida de Burger King les parece infame tienen estudios terciarios completos, no compran revistas deportivas, cultivan el ancestral arte de la meditación zen, habitan en casas cuyos techos tienen más de 3,8 metros de altura, registran una alta propensión a imaginar con lujo de detalle el asesinato de altos diganatarios de la Iglesia Católica y suelen veranear en lugares que se encuentran a un promedio de 751,14 (+-15) kilómetros de su lugar de residencia.
Encima, ahora que lo pienso, me doy cuenta que sigo teniendo esos vales para comer en BK. Ya deben haber expirado. Y yo que los salvé de tener un payaso en la puerta.

martes, febrero 13, 2007

Quiero decir

Sergio Di Nucci me cae ahora mejor que nunca.

miércoles, febrero 07, 2007

La posmodernidad y sus descontentos

"De manera que, supuestamente, la clase social, la raza y el género habían desaparecido (y otras cosas supuestamente estaban desapareciendo, como la vejez, la belleza y hasta la educación): todas las formas realmente automáticas de establecer quién era mejor y quién era peor... habían desaparecido. Por todas partes la gente bienpensante declaraba que no tenía prejuicios, que al menos en ellos ya no había más prejuicios heredados. Ellos lo habían decidido. Pero para los que estaban en el terreno espinoso de la operación... los ignorantes, digamos, o los feos... no se trataba simplemente de una decisión. Algunos de ellos no tenían ropa nueva. Aún llevaban el uniforme de sus deficiencias. Había quienes andaban vestidos con esa misma mierda."
M.A., Heavy Water.

domingo, febrero 04, 2007

Impresionismo

Recién cuando venía en el colectivo para acá, la ciudad me pareció más oscura que nunca: ¿es esa la verdadera actitud Buenos Aires, o se trata de un efecto no querido de nuestra percepción?

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Pienso en las diferentes actitudes ante la cultura: hay toda una actitud genuflexa ante la "alta cultura" que delata la posición subordinada que uno ocupa en el mentado "campo cultural". Sí, esa anécdota que ya conté sobre el sociólogo que leía un cápitulo del Capital en alemán antes del desayuno y como sus esclavas de la cátedra se mojaban al escucharlo... Por otro lado, pienso en la literatura cucurtiana y en las estrategias de marketing que ha disparado, tal vez en mucho de eso resida una falsa conciencia, unas ganas de probarse a sí mismo como alguien capaz de entablar una relación "directa y transparente" con la cultura. Una ilusión.

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Hay una luz que nunca se va. Enciende el YouTube y busca el clip que mejor refleje tu estado de ánimo. Puede ser un video de Lou Reed o un segmento de una película de Lynch. Patricia Arquette subiéndose a un auto en Carretera Perdida. En todo esto hay algo inquietante, pero no lo puedo describir con palabras.

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Shoplifters of the world, unite and take over.

jueves, febrero 01, 2007

Sólo pasaba por ahí

Hay veces que mis reparos ante los celebratorios discursos que anuncian el futuro de la "literatura" en el soporte blog, dejan paso a algo parecido a la emoción: entonces digo, puede ser que algo de eso sea verdad, puede ser que sea posible todavía encontrarte por casualidad con textos que salven el día, textos que se mantengan solos, en el anonimato, por su propia fuerza. Algo de eso me pasó recién cuando leía esto.

Tres lindos cubanos

Estoy leyendo un libro que se llama Tres lindas cubanas. El autor es el mexicano Gonzalo Celorio -de quien hace bastante me habían recomendado mucho mucho una novela que no leí llamada Y retiemble en sus centros la tierra, sobre un profesor de literatura borracho que recorre cual Cónsul de Bajo el Volcán las cantinas, bolichones y pulquerías del DF hasta morir-. Bien, en la contratapa del libro decía que era una saga familiar situada entre México y Cuba, siguiendo la historia de los padres del autor y entreverandose con la convulsa historia política latinoamaricana. Ok. Eso no me gustó mucho, no soy muy amante de la literatura latinoamericana, y menos de aquella producida en esa zona "real-maravillosa" llamada trópico. Palmeras, calor, árboles genealógicos complicadísimos, dictadores, etc.. Tristes tópicos de los trópicos latinoamericanos. La empecé a leer igual, y la verdad es que está bastante bien. Basicamente es la historia de la transformación de la mirada del narrador sobre Cuba a lo largo de sus sucesivos viajes a la isla. Desde la fascinación juvenil del estudiante de Letras post Tlatelolco hasta el desencanto del maduro profesor universitario de los 90. Sí, algo conocido: la adultez como antídoto ante los raptos pasionales de los años jóvenes, o -como sostendrían los eternos gauchistes de fe de hierro- del "venderse al sistema" conforme uno va asentándose en la sociedad. Crecer, bah. Como sea, lo que me gusta del libro es como Celorio utiliza los pequeños detalles para ir dando cuenta de su des-enamoramiento con la Isla Rebelde. Las colas que tienen que hacer los cubanos para entrar al cabaret donde canta Bola de Nieve, mientras los turistas pasan sin esperar; la obligación de usar camisa de mangas largas para comer en el restaurant del hotel mientras hace 40 grados a la sombra; la miradas hostiles a su pelo largo -mientras fuera de Cuba el largo del pelo era usado como una señal de rebeldía y de cercanía con el ideario de la "Isla Rebelde"-, el penthouse de Nicolás Guillén (EL poeta nacional) sobre el malecón; el silecioso avance del mercado negro; las playas sin cubanos de Varadero; las medias remendadas de una bailarina del Tropicana que dan cuenta calladamente de las contradicciones culturales del sistema: "Es explicable que las mallas de las cabareteras no sean prioritarias en las nuevas condiciones políticas y económicas de Cuba, pero por qué, entonces, se mantiene vivo -o moribundo- un espectáculo de otros tiempos que en nada se corresponde con el ideario del hombre nuevo que la Revolución cubana propone". Esos detalles, registrados casi lateralmente, como al pasar, van cobrando poco a poco mayor peso en el relato y haciendo mayor cada vez la distancia entre el narrador y el régimen cubano.
Y sobre ese devenir planean como ángeles vengativos, como víctimas ofendidas, las figuras de Lezama Lima, Arenas y Cabrera Infante. Marginados, ocultos, negados. El primero tachado de "conflictivo y antisocial", los otros dos exiliados y palabra prohibida dentro del establishment literario local. Cuba es La invención de Morel de Latinoamérica: la garantía de sobrevida del sistema reside en la repetición ad infinitum de los gestos, poses y discursos que tuvieron sentido y vida hace mucho tiempo. Cuba es un wishful thought, una proyección de lo quiso ser Latinoamérica en un momento y no pudo, no quiso o no la dejaron ser.
Todo esto mientras Fidel se muestra de nuevo (¿vivo? diría Su Giménez, en el archigastado chiste) y, como en La invención de Morel, uno no puede distinguir si ese tape es de ayer, de hace seis meses, de hace dos años o - he aquí el realismo maravilloso tropical- o de los próximos 6 meses, o de los próximos veinte años.
Claro que fuera de esa burbuja las cosas no son mejores, ni más democráticas, ni más libres, tan sólo tienen otras formas y otras velocidades. Y no les queda ni siquiera la ilusión de ser "el territorio libre de América".
Viven, vivimos, al calor de la época.

lunes, enero 29, 2007

De te fabula narratur


Es gracioso, porque cuando leí el post de sol asumí que era una foto de su época de estudiante, pero recién la amplié y me encontré con muchas caras conocidas: debe haber sido una asamblea del 92, 93. Interesante complemento para el post de abajo. Ni que hubiese estado planeado.

domingo, enero 28, 2007

Nazional Front Disco

Y sí, digamos que no tengo mucho que decir, o que las pocas ideas no salen, o que no hay ideas, o que la superabundancia de información tiene efectos deletéreos en la marcha, golpeada, y descangallada de este humilde blog.
Como sea, cuando pasa eso montémosnos sobre los hombros de mejores prosas y hagamos variaciones del mismo tema, un recurso vil pero, en fin, no estamos para ponernos exquisitos, precisamente.
La identidad es una narración. Está hecha de omisiones, inventos y datos semi-ciertos. Cuando miramos hacia atrás y pretendemos justificar nuestra manera de ser por las cosas que pasamos y vivimos, en realidad estamos inventando: estamos contando una historia. Y aunque haya testigos presenciales que nos digan "no, pibe eso no fue así. estás delirando", quién puede reclamar el monopolio de la verdad? quién puede decir esto fue así? Versiones, versiones.
Vuelvo al Nazional a partir del post citado más arriba. Otra época. La época de los llamados "años de Menem". Una época, niños, donde Puerto Madero era parecido a un set de filmación de una película de James Cagney, una especie de muelles de Brooklyn pero sin tapas de alcantarillas echando vapor. Me acuerdo del cartel que había sobre la calle hoy conocida como Alicia Moreau de Justo y la entonces conocida como Perón (no jodan con Macacha Guemes). Un cartel que anunciaba la construcción del nuevo barrio Puerto Madero y tenía dibujados yates y chetos con chombas rosas cenando en los restaurantes sobre el dock. Ahí estaba el campo de deportes del Nazional, enfrente de los que ahora es el Hilton y en ese momento era una delegación de prefectura donde -según alguna vez nos contó un prof de educ. física pasaban cosas raras en los setentas-.
Era la época también, justamente, donde la Franja Morada perdió su control del Centro de Estudiantes. Yo tenía 13 años y los radicales no me caían mal. Es más, tenía pegadas en la ventana de mi habitación calcomanías de Facundito Suárez Lastra y el Pocho Angeloz que nos habían regalado en un comité de la calle Formosa al 400 durante la campaña del 89. En fin, no entendía una mierda de la política nacional y nazional. ¿Qué será de todo eso: de Facundito, del comité de Formosa al 400, de Angeloz, de los 13 años, etc.?
En la economía simbólica - adolescente la Franja venía en baja y los de LEI subían sus acciones. Eso se medía en cuantas minitas se apretaban en las fiestas del Molino o de Casa Suiza, y créanme la Franja venía en falsa escuadra. Jaimovich, el Sifón, el Polaco. Grandes cuadros. Grandes camisas a cuadros que copiaban el Seattle del 93. Yo tengo un avanzado Alzheimer para esas cosas, pero tal vez Henry More recuerde nombres y apellidos con más detalle. Sí, seguramente formaron luego decenas de agrupaciones independientes en las facultades que tuvieron más o menos éxito, o que siguieron el pas de deux lentísimo y triste del devenir de esos claustros: maniobras orquestales en la oscuridad, siempre celebradas siempre fracasadas, ¿o acaso, como decía el querido y resentido campesino Pierre Bourdieu, ser estudiante es ser nada, ser un estado intermedio, pura expectativa cero presente, puro prepararse para? Igual, no habrán faltado en los swinging twenties de estos líderes nazionalistas fiestas en terrazas de Palermo, pasos de cumbia improvisados bajo los efectos del populismo cool recién descubierto, más fiestas en deptos mínimos de Congreso donde la puerta del baño siempre estaba trabada y en la cocina un negro grandote que obviously no era del Nazional -pero qué gran tipo era, eh- te convidaba esas cosas que mamá temía que te convidaran. Dicen que la pelotudez del Movimiento 501 surgió de la mente de ex chicos del Nazional. Dicen que la fundación de algunas de las más prósperas y redituables puntocom también surgieron de esas mentes brillantes. En fin, lo de siempre, tu viejo creía que te había mandado a la versión laica de la Sociedad de los Poetas Muertos y vos terminaste sentado al ladito de Cecilia Felgueras en los equipos técnicos de la Alianza. Cosas que pasan, cosas de la era Menem de las que no te redimís por haber llorado con el Catcher in the Rye a los 16 años.
La política sigue latiendo, a pesar de. Hoy en el página el Feinmann malo chicaneaba a Horacio González. Citaba una línea escrita por González en una revista juvenil de los setentas: "El centro de la política es el Hombre" decía González y Feinmann decía arteramente que desde Foucault el Hombre ya no es el centro de nada, no hay centros, o en todo caso lo principal es el estudio de los sistemas, de los modos en que el poder organiza la verdad y el saber. Creo que Foucault tenía razón. Pero esa verdad es estéril para la pasión política, por eso es necesaria olvidarla (o hacer como si no existiera) para poder actuar.
Cuando se me pasa el cinismo y pienso en esos chicos de 15, 16, 17 años que fuimos una vez y que a pesar de nuestros privilegios (hacíamos, justamente, como si) nos quedábamos toda la noche custodiando las urnas para que el vicerrector Lucio Sánchez no les metiera mano, o marchábamos (almas blancas) contra la Ley de Educación, o leíamos los confusos libros que nos caían en las manos tratando de aprender a argumentar politicamente, o creíamos ciegamente que esa abstracción llamada "educación pública" era LA respuesta; cuando pienso en eso siento algo parecido a la ternura y también algo parecido al desengaño porque todo lo peor que imaginábamos sobre a lo que este país se encaminaba no se hizo realidad, sino que fue superado hasta niveles que no podíamos ni siquiera concebir.

Sobre el campo de deportes del Nazional en Puerto Dinero seguramente se construirá un edificio horrible habitado por ricos grasas, hasta es posible que sea uno de los esperpentos de Faena, con unicornios de plástico y alfombras rojas...
¿Venceremos?
Nop, de eso estoy seguro.

miércoles, enero 24, 2007

Épica

Se cortó la luz en Caballito por un par de horas y los combativos vecinos salieron a tocar sus cacerolas. ¿Quién dijo que el 19 y 20 fue un espejismo?

El pasado

No, no es una referencia a la novela del fachero Pauls, es más bien la confirmación de que la onda expansiva del revival setentero se ha apoderado de este blog. En fin, la historia no es más que la interpretación que hacemos de ciertos fragmento dispersos, pura arcilla para modelar a gusto. Un nuevo tipo de revisionismo que camina por la cornisa del me ne frega doctrinario. Y, sí, nos subimos a la ola, no podemos resistir la tentación de sumarnos a la manada, o de parodiar modicamente nuestra época.

lunes, enero 15, 2007

París, Texas, Buenos Aires

Este fin de semana volví a ver París, Texas. La había visto hace diez años en una repetición del cable y desde entonces me había quedado con ganas de volver a ver esa película extraña firmada por la dupla Wenders-Shepard. Digresión: cómo me gustaría ser Sam Shepard, estás casado con Jessica Lange (o sea que podés reproducir la escena de El cartero llama dos veces en la cocina de tu casa), actuás en películas pedorras que te dan de comer y escribís mientras tanto cuentos sobre cowboys traumatizados y sensibles ambientados en las Grandes Planicies americanas. Sí, definitivamente creo que me gustaría ser Sam Shepard.
Me quedo con la escena donde la Kinski y su ex marido dialogan (?) en la cabina del prostíbulo de Texas, "él temía que ella se fuera una noche corriendo por la carretera y por eso le puso un cencerro en la pierna, para escuchar si ella se levantaba en medio de la noche". Pero la Kinski igual se fue, encontró la manera de escaparse. Todo eso surcado por los cielos del Oeste, en tal vez la mejor película del chanta de Wenders, la mejor película porque dejó hablar al silencio más que a su ego creativo.
Dejemos hablar al silencio entonces, callemos la voz del ego que todo lo confunde.

sábado, enero 13, 2007

martes, enero 09, 2007

Slow


I'll make you smile, smile, smile, smile, smile

Mc Kinski, la ira de Dios

Jarvis + The Streets + Amis


En el supermercado, lugar triste si los hay (Deleuze decía eso de "los muros de la Sorbona son tristes", yo lo adaptaría a un más prosaico supermercado de barrio) sonaba The Streets con ese hip hop melancólico que rotaba en las radios hace un tiempo, no me acuerdo como se llamaba. ¿Acaso estamos en el fockin' Birmingham? me preguntaba mientras pagaba mi ración de comida frente a un leader case de la explotación capitalista finisecular... toda la teoría de Pierre Bourdieu, toda, toda La Misère du Monde aguarda expectante a dos cuadras de casa para mostrarte qué puede hacer con la vidas humanas el bendito "sistema".
Después, en casa, el blogueo habitual me depara la grata sorpresa del último disco de Jarvis Cocker: una colección a la altura del mejor Pulp, nada de extrañar a Different Class, la prosa del inglés cínico intacta, recordándonos el glorioso momento de la agresión a Michael Jackson, la pintura descarnada de la gran ciudad y las vidas desperdiciadas en ella. Aunque no esté en la ciudad, siempre trabajo para la ciudad...
Y no queda otra que confesarlo a esta altura del partido: somos los salieris de Amis, le robamos líneas a él. Oh Inglaterra, Inglaterra.

lunes, enero 08, 2007

La literatura nazi en América

"Los hechos son machos. Las palabras son hembras".
Interesante la nota de P/12 del domingo dando cuenta del presente de uno de esos personajes que a priori uno adjudicaría a la mente calenturienta de algún escritor de Historias Universales de la Infamia.

sábado, enero 06, 2007

La conexión asiática

Parques de Beijing. El detective Wan corre por un sendero de piedritas blancas esquivando viejos que hacen tai chi y cagadas de perros pequineses. En su mp4 suena música occidental, la única que Wan puede soportar: Occidente, occidente. Algo de la Velvet Underground, algo de Jesus and Mary Chain, algo de My Bloody Valentine, algo de Guided By Voices. Wan corre y el silbido de sus pulmones acompaña las guitarras de esas bandas ya desaparecidas, disueltas, que alguna vez existieron y tocaron en escenarios de Londres y Nueva York, y son esas referencias a esas ciudades que Wan no conoce (pero desea ardientemente visitar algún día) las que más lo atraen de esa música. Nada de "cultura local" para Wan. Dejenme a un lado de esas canciones chinas cantadas por diminutas mujeres de pies aprisionados o por hombres afeminados con la cara blanqueada con polvo de arroz que gimen leyendas campesinas de la dinastía Ching. Dejenme de joder con los himnos proletarios de los años sesentas. No me mezclen con ninguna de esas cantatas de la Larga Marcha, con nada del Camarada Mao, con nada de esa épica atrasada. Sí, Wan odia a su país. Wan añora Occidente, o por lo menos lo que sabe de Occidente, su imagen personal de Occidente.
Y no se trata solamente de la versión exportable de Occidente que actualmente recorre China. Esas imágenes que acompañan el desembarco de las corporaciones europeas y norteamericanas, que vienen incorporadas con los rascacielos de las empresas internacionales, que viajan en los Volvos de los gerentes franceses, belgas, ingleses, americanos que recorren los barrios modernos de Beijing, reflejando en sus vidrios polarizados a viejas vendedoras de cabezas de cerdos o mantarrayas o cuernos de rinocerontes; esos gerentes rubios y de trajes negros que pasean con sus esposas rubias y sus hijos rubios con anteojos de harry potter por los parques, templos, museos y ciudades amuralladas de China. "¿Mira Larry, no es adorable ese jarrón? Se parece al que mamá tenía en su casa de los Hamptons, ¿recuerdas?".
Esa avanzada occidental genera sus propios adeptos en los chinos más vulgares e incultos. Mujeres de burócratas que se operan los ojos para agrandárselos; chicas estudiantes de arte que copian el vestuario de Brittney Spears; comerciantes esperanzados en subirse a la Gran Tren del Progreso que se queman las pestañas estudiando inglés hasta altas horas de la noche, repitiendo frases ridículas de un Cd-Rom fabricado por inmigrantes latinos o checoslovacos en algún instituto de enseñanaza de Tallahassee, Florida: "¿Cómo estás tu? Yo estoy muy bien, gracias. ¿Qué tiempo es ahora, señorita? Falta un cuarto para las diez, señor".
Ninguna de esas imposturas le cuadran a Wan. Él añora el Occidente modernista de las mejores cosas: la revolución industrial, las ciudades anónimas, las largas novelas sociales del siglo XIX, la música dodecafónica, las películas en blanco y negro de Lubitsch, la era del capital, los cuadros de Rothko, las canciones de los Who, la espalda de de Janet Leigh en Psicosis antes de ser acullillada, el horizonte recortado de los rascacielos de Nueva York tal como se ve desde el ferry de Staten Island, la silueta cubierta de petroleo de James Dean en Gigante, cierta calle de Roma que termina abruptamente en un restorán con mesas sobre el Tíber, el color de los adoquines de París iluminados por un Citroen Palas a las cuatro de la mañana, Malcom McDowell y sus secuaces ropiéndoles las piernas a un mendigo en A Clockwork Orange, el sabor de un café con leche recién hecho en un tugurio de la Gran Vía, la suma de todas las miserias, grandezas, pecados y atrocidades del lejano Occidente.
Por eso Wan es un bicho raro. Por eso lo odian en el departamento de policía de Beijing. Por eso no saben cómo sacárselo de encima. Y ahora, mientras trota por el parque central de Beijing, tapándose los oídos con una canción de The Police, medita la propuesta que le acaban de hacer: irse a investigar a Buenos Aires el misterioso asesinato de diez ciudadanos chinos en manos de un supuesto serial killer. Sería, se trata de convencer, la oportunidad por fin de conocer el otro lado del mundo, la oportunidad de dejar atrás la mediocridad oriental. Lo intriga esa ciudad sudamericana de la que no sabe nada, de la que ha podido juntar poca información. Lo atrae la posibilidad de abandonar todo lo conocido, su casa, sus amigos, sus jefes, el polvo de Beijing que se le mete en los pulmones, el atraso milenario de China que se insinua en cada esquina, en cada intersección en la forma de pagodas repletas de momias confucianas, de retratos del Gran Timonel, en malas copias de los productos más bajos de la industria occidental. Piensa Wan: Buenos Aires, la oportunidad de empezar de cero, la chance única de penetrar en occidente a través de una puerta lateral. Mejorar mi español, estar atento a las oportunidades, dejar todo atrás. Piensa todo eso Wan mientras Sting termina de cantar la estrofa final de Message in a Bottle y él sale trotando del parque de Beijing para internarse en el barrio de casas bajas donde se encuentra su departamento. Y mientras la vieja portera de su casa lo saluda y le dice que está cada día más flaco, Wan sólo piensa en huir, en huir de una vez por todas.

(Fragmento de un capítulo de la ¿novela? homónima)

miércoles, enero 03, 2007

En el Estrecho de Drake


El 2007 empieza silencioso (uh!). La música que suena ahora es un disco de Nick Drake bajado por la bendita mula, madre de las mil batallas musicales. Afuera, creo, ya dejó de llover. Estuve leyendo un libro escrito por un chico argentino de veintipico que parece una traducción de Anagrama Compactos hecha por un demente portoriqueño obsesionado con Seymour Glass. Entre párrafo y párrafo hay intercalados títulos de canciones en inglés: "Everybody have something to hide except me and my monkey"; "It's a hard rain's a-gonna fall"; "Don't let me down"; "Get Back"... Get Back...
Pienso en Saddam Hussein, tan elegante con la soga raspándole el cuello: acabo de ver la ejecución de un hombre por YouTube. Algo que hará las delicias de los interpretadores de las nuevas tendencias tecnológicas y hará sufrir escalofríos a aquellos que todavía creen en alguna sustancia metafísica llamada pudor.
Cómo sea, Drake sigue dándole a la guitarrita mientras tipeo esto. En la foto de arriba quedan plamadas las dos velocidades de la vida (si me permiten ser tan pretencioso): podés correr pero vas a salir fuera de foco, inevitablemente. Podés quedarte quieto y vas a salir bien enfocado pero sin ir a ningún lugar. Inevitablemente, también. Lo que perdés con una velocidad lo ganás con la otra, y viceversa. O sea: al final no hay gran diferencia, es solo una cuestión de estilo.
Y sí: todo está en silencio ahora. El disco terminó. Como en el estrecho de Drake, el horizonte helado se duerme y un barco negro sigue la deriva de las olas.
"The long and winding road to your door".