miércoles, marzo 07, 2007

Colores Primarios II

Los colores de hoy versan sobre dos ex candidatos a presidente de aquella ya lejana elección del 2003. Y dos futuros candidatos perdidos en la niebla opositora de la era K.

1- Lilita interrumpió su "situación existencial de pensamiento" (tal vez una de las más bizarras frases jamás utilizadas para decir "no tengo la menor idea de qué voy a hacer") para anunciar su desafiliación del partido político creado a su imagen y semejanza. El argumento para justificar su desafiliación es lograr una "equidistancia" que le permita liderar una "gran coalición cívica" que finalmente consiga derrotar a los feos, sucios y vulgares (tan vulgares!) ocupantes del gobierno nacional. O algo así, porque leyendo las declaraciones de Carrió uno no puede dejar de tener la impresión de alguién que ha optado definitivamente por ocupar el lugar de oráculo incuestionable y misterioso que emite directivas hacia sus cada vez más confudidos seguidores. Un lugar sacerdotal, digamos. Un lugar que se sitúa más allá del barro de la política realmente existente. Un lugar cómodo e inofensivo.
Vayamos por partes. Construír un partido político no es fácil: requiere dinero, infraestructura, líderes, cuadros directivos, militantes, adherentes y simpatizantes que se nucleen en torno a -al menos- algunas ideas y sentimientos básicos sobre lo que hubo, hay y/o habría que hacer desde el poder. Si bien el modelo de partido político moderno (weberiano, digamos) ya ha sido erosionado en todas partes del mundo por las fuerzas de los liderazgos mediáticos y la debilidad de las identidades políticas, algunas cosas se mantienen: un partido político debe tener recursos materiales y humanos para salir a pelear un lugar en el espacio público.
Las cosas se complican mucho más si se trata de un partido nuevo que cuenta como activo principal -o único casi- la figura carismática del líder. Y se complica hasta lo indecible si el líder es alguien que te anuncia por los diarios una mañana que ya no pertenece al partido que ella creó. Quiero decir, Leandro Alem pudo pegarse un tiro y la UCR seguir funcionando porque se había dotado de una estructura orgánica y territorial que excedía al líder.
En el caso del ARI es evidente que eso no existe. Es evidente que Carrió ocupa el lugar de líder oracular a quién no se le puede discutir nada porque ella "es" el ARI. De otra manera no se entiende las declaraciones de la secretaria general del partido ante la desafiliación de Carrió: "Es un gesto de generosidad y un testimonio de que la construcción puede ser diferente. El mensaje a la gente es que no habrá disputas por cargos". ¿Cómo no habrá disputas por cargos? ¿Qué otra cosa es un partido político sino una máquina de disputar cargos? ¿No es la lucha por el poder -a través de disputar y ganar cargos- lo que define a un partido político?
Lo más preocupante, en resumen, es la incapacidad de una fuerza política opositora que se plantea como alternativa republicana y en cinco años de existencia no ha logrado producir las más mínimas instancias de debate y democracia internas que le permitan no depender de los caprichos proféticos de su líder.

2- Vamos con López Murphy. Ah, sí! La última esperanza blanca del 2003. El hombre que proclama adustamente su melancolía -otra vez- por los buenos viejos tiempos republicanos perdidos. Porque la Argentina siempre fue un país muy republicano ¿no?. En esto coincide con Carrió: son, a su pesar, viejos mitristas llorando la época austera de las familias distinguidas porteñas ante el avance de los mercaderes roquistas. La diferencia es que mientras Carrió tiene su corte de creyentes incondicionales, López Murphy ve su futuro condicionado a lo que decida el voluble hijo de Franco Macri, y -todos lo sabemos- los simpatizantes de derecha no son tipos muy emocionales que digamos, son pragmáticos y emigrarán a la oferta más rentable en plaza.
Por eso López Murphy va convirtiéndose día a día en una caricatura de sí mismo: el adusto hombre de derechas pero honesto que no se manchará las manos apoyando a cualquier arribista desesperado por poder. Un hombre que se indigna por el clientelismo de Sobisch y el panquequeo de Lavagna y se presenta - nuevamente- como el último popperiano honesto de estas pampas.
Extraña convivencia, esa de la honestidad personal con una trayectoria pública marcada por la solidaridad alevosa con los violadores de derechos humanos (Ministerio de Defensa) y por la aplicación salvaje de la ideología económica neoliberal (Ministerio de Economía). Extraña combinación de virtudes privadas y vicios públicos. Lo que lleva, una vez más, a hacer la pregunta: ¿qué valor político tiene la honestidad personal?, o más brutalmente: ¿qué destino tienen las construcciones políticas fundadas exclusivamente en la virtud privada de los hombres?

sábado, marzo 03, 2007

Operación de prensa

Se abrió la campaña. Y los political junkies no podían permanecer indiferentes.

martes, febrero 27, 2007

Colores Primarios

Qué suerte que Macri nos avisó que no todo el mundo vive en Callao y Alvear. Gracias, Mauricio. No lo sabíamos hasta ayer.
Alguna vez habría que escribir algo sobre lo extraña que resulta la retórica política de Macri. Ayer mismo, durante su "lanzamiento", mezcló alusiones a Martín Palermo y la película Happy Feet, con un escenario que pretendía demostrar la decadencia urbana actual (pregunta: ¿cuándo Macri señalaba el paisaje que lo rodeaba y decía: “Desde acá, mostrando lo que queremos erradicar, les decimos se puede”, se refería al basural a sus espaldas o al Sur de la ciudad in toto?).
Macri utiliza permanentemente un tono de niño hastiado de que sus compañeritos no le hagan suficiente caso y no reconozcan su supuesto liderazgo natural. Además se le nota mucho el esfuerzo que hace para parecer simpático y décontracté... ¡La lavandina que habrá usado ayer al llegar a su casa para sacarse de encima todo vestigio de Villa Lugano!

lunes, febrero 26, 2007

Gente que no

Leía un comentario dejado en este blog sobre el affaire Di Nucci (qué lindo, qué culto, es eso de usar affaire, hace sentir al más humilde un furioso dreyfusard). No puedo dejar de estar de acuerdo con la reflexión del comentador. Efectivamente el plagio supone un trabajo: buscar el objeto a plagiar, seleccionarlo cuidadosamente, enmascararlo, apropiárselo, montarlo y unirlo al resto del texto borrando sus límites. Es un trabajo, casi, de amor. ¿Para qué decir con otras palabras lo que ya está bien dicho? ¿Si encaja tan bien en nuestro universo, no es acaso que nos pertenece también a nosotros? Si de lo que se trata es de literatura, ¿qué tiene que ver aquí la moral del copyright, la celosa custodia de palabras, sólo palabras?
Un sujeto cuyo único mérito ha sido ganarle un juicio civil a un gran escritor dice: "Sergio Di Nucci es un vulgar ladrón. Un plagiero. No parecía escritor, porque no es escritor." Y luego agrega, en una pausa de sus cómodas vacaciones frente al mar, justo antes de quitarse la arena de los pies: "No queremos a este imbécil en la literatura argentina". Evidentemente los largos años dedicados a transitar tribunales y trasegar expedientes le han adherido la firme creencia en la judicialización de la literatura. Para Nielsen y otros indignados buenos ciudadanos, los libros de ficción deben analizarse, ante todo, con el Código Civil en la mano. Por otra parte, ¿qué es eso de "no parecía escritor"? ¿Cuál es el physique du rol de un escritor? ¿Nielsen cumple con esos requisitos?
El único valor que debe considerarse a la hora de juzgar un libro es su eficacia poética. Lo demás es campo para los policías y jueces amigos del señor N.

Gira mágica y misteriosa

Vivir nuestra ciudad. Creo que en Dublineses, o en algún otro lugar que se me escapa si es que no se trata de Dublineses, Joyce decía algo así como que siempre se trata de "denunciar el alma de esa hemiplejía o parálisis llamada ciudad". Y entonces, de nuevo caminando por Buenos Aires tenemos una sensación parecida. Nos adentramos primero por donde Rivadavia adquiere su grosor natural que la acompañará hasta lo más profundo de la pampa. A la altura del teatro Liceo, Rivadavia es una calle angosta y angustiante, edificios de principio de siglo y bodegones españoles, hoteles-pensiones, los restos-ahí-tirados-en-el-piso del corso de la Avenida de Mayo: envases de Rey Momo, borrachos durmiendo en la calzada, grupitos de amigos cagándose a golpes con botellas pardas de cerveza. Alguien repara en el ruido de los grillos que resuenan en la magrugada: sí, grillos. Alguien, yo, hace un chiste sobre aviones fumigadores del Gobierno de la Ciudad que arrojan noche a noche miles de grillos sobre el cemento urbano con la intención de darle a la ciudad un aire más campero y relajado. Es una hipótesis loca pero no descarto que sea cierta.

Unas cuadras más atrás nos habíamos cruzado nuevamente con el Poeta Perdido, frente a la Continental de Callao y Corrientes, una presencia invisible que pasa a nuestro lado como si no nos conociera. En fin, supongo que a esta altura de las cosas ya somos mutuamente desconocidos.

El calor había sacado, como sucede en verano siempre, las más extrañas criaturas a la calle. Se desplazaban lentamente, miraban con ojos torvos, todo fluía a dos velocidades menos que lo normal. En Yrigoyen y 9 de Julio los darks departen amablemente, los adolescentes pugnan por entrar al antro antes conocido como El Dorado. Nos quedamos afuera y escuchamos por unos minutos los one hit wonder de los años ochenta. Pero no son los años ochenta, eso sí que no.

Adentrarnos en Lavalle fue una decisión dificil. Se escucha un comentario racista sobre la tarea inconclusa de Roca. Hay quien piensa en ese cuento del Cortázar pre castrista, del Cortázar gorila: Las puertas del cielo. Uno que canta a los gritos Let It Be de los Bealtles, frente a los fichines a los que solía escaparme en las horas libres. Sus alaridos se escuchan a diez cuadras de distancia: Mother Mary comes to me... La gente arrastra los pies, se rie, se agolpa por un superpancho, todos fluyen hacia 9 de Julio, todos caminan hacia la salida. Nosotros hacemos el trayecto inverso.

En la bajada de Lavalle a Alem hay una de las obras por las que nuestro querido alcalde será recordado por los siglos de los siglos: una peatonalización coqueta con banquitos de cemento y muchos tachos de basura que nadie usa. Allí el paisaje social cambia: ahora son ingleses y españoles y alemanes que salen y entran de Bahrein, un ex banco devenido boliche. Los grillos, los grillos, ay, siguen cantando.

En el Yacht Club de Puerto Madero hay una fiesta. Desde el otro lado del dique, a través del agua, oímos las melodías de Los Auténticos Decadentes, Jazzy Mel, Los Pericos y los Paralamas. Hay una dictadura de la música pasable en una fiesta. Tal vez el pop berreta sea la auténtica democracia ya que trasciende barreras socioeconómicas. El pop como metáfora de una posible sociedad sin clases. Pero la hipótesis se agota ahí mismo: se trataría de una sociedad sin clases en la cual no querría participar. Barajamos la posibilidad de colarnos en la fiesta, pero reconocemos que no estamos con el ánimo adecuado para tan magna empresa.

El final de la noche coincide con el final de la ciudad. No hay más ciudad para seguir caminando, si la hubiera, si no hubiera río, hoy estaríamos en Colonia del Sacramento. Contra el murallón de la costanera, entre un carrito de choripanes llamado El Diegote y otro llamado El Sueño, contemplamos los silenciosos trabajos arquitectónicos del menemismo tardío. En unos años esto no va a existir.
Detrás, entre los pastizales acumulados largamente por la labor del río, más allá de los árboles intrusos, la noche comienza a desgajarse. Y el canto de los grillos acá ya no parece tan desubicado: son animales nobles, traídos en el lomo de los camalotes, desde el norte cálido del Delta, desde una geografía quieta y natural. Y cantan porque es lo único que saben hacer.

sábado, febrero 24, 2007

Kim


Y ella canta -en este preciso momento-: Does love ever end/When two hearts have torn away?/Or does it go on/And beat strong anyway?

viernes, febrero 23, 2007

Por una república de creyentes

Hoy en Clarín una pastillita decía algo así como que la Angélica Doctora Carrió se quejaba por el adelantamiento de las elecciones porteñas. Su argumento consistía en denunciar que el apuro de Telerman no había contemplado que la fecha de cierre de listas (el 3 de abril, dos meses antes de la elección) coincide con la celebración de las pascuas judía y católica. ¿Qué tipo de proyecto republicano encabeza la ateniense doctora? Tal vez uno donde el calendario civil esté sujeto a los caprichos de las efemérides religiosas...

lunes, febrero 19, 2007

Los ricos también lloran: o sobre cómo el dinero acarrea diversos inconvenientes y de las virtuosas enseñanzas que se pueden extraer de esta verdad

Hay que tener estómago para leer La Nación por las mañanas, antes de comer un bocado, y encontrarse con estas simpáticas historias:

El texto dice así: "Adolfo Caballero y Ana Fontán Balestra de Caballero solicitan por este medio a familiares y amigos no ser invitados a futuras recepciones de casamientos, considerándolos cumplidos con la simple participación de los mismos. Desde ya, agradecen una buena interpretación de este pedido, basado exclusivamente en la saturación de compromisos sociales".
Según el matrimonio, que vive en Palermo, la catarata de invitaciones comenzó hace más de dos años, y aseguran que, para colmo, se pusieron de moda las fiestas en quintas o salones que quedan lejos, en las afueras de Buenos Aires.
"Eso es lindo y divertido para los más jóvenes que se quedan bailando hasta las 5; pero nosotros, a nuestra edad, viajar tanto para ir a cenar y volver... Al día siguiente estoy cansado, y casi no me puedo mover cuando voy al club a jugar al tenis", relata Adolfo.
Y cuenta que, además, entre la peluquería de su mujer por la mañana, vestirse y arreglarse desde una o dos horas antes de la misa, que suele empezar a las 20, y después viajar a la fiesta que es lejos, y volver...

domingo, febrero 18, 2007

Dios se ocupa de las pequeñas cosas


Todo el día escuchando este disco.

sábado, febrero 17, 2007

"With me or without me"

Los lejanos días de la infancia coincidieron con aquello que los periodistas a la violeta llamaron "la primavera alfonsinista". Alfonso leyendo el Preámbulo en el cierre de campaña en la 9 de Julio. Las buenas intenciones. Después de la noche queríamos ser socialdemócratas. Ilusiones blancas, volver a la Constitución tan bello texto mancillado... apenas diez años antes quien lo decía hubiera sido mirado como un débil pequebú, para volver a la jerga fuerte de nuestros años salvajes. Pero en el 83 ese retorno a 1853 era lo máximo. Volver al siglo XIX era un avance tan grande. Restauración, sí. Y Alfonsín estaba ahí. Herminio, era la figura trágicómica que necesitaba la escena para configurarse definitivamente como histórica. El broche de campaña que avivara la leyenda negra de "la pesada", o en las mentes más librescas, el retorno de la barbarie. Porque, digámoslo, todo país que se organiza necesita fundarse sobre una metáfora, y si esa metáfora es dicotómica, si esa metáfora juega con los opuestos, mucho mejor. Civilización o Barbarie, es la metáfora que sigue recorriendo la historia argentina. Gran slogan el de Sarmiento. Chapeau. Usos múltiples y siempre queda bien.
Y Herminio funcionó en esa circunstancia tanto como víctima propiciatoria, tanto como juguete de la astucia de la Razón. El atildado Luder no cuadraba demasiado bien en el juego de los opuestos. Herminio, con sus legendarios desquicios sintácticos y ortográficos, con su fama de pesado del conurbano y ultraortodoxo, funcionaba perfectamente como contrafigura en el imaginario de la sociedad que buscaba "volver" al estado de derecho - ese calmo prado donde florecen las instituciones, ese Valhalla de los abogados.

miércoles, febrero 14, 2007

Focus group

A propósito de un cuento de D. F. Wallace que empecé a leer hoy y se ambienta en un focus group, recordé algunas experiencias personales en dichos lugares. Tenía un amigo que estaba metido en ese curro: armar grupos de personas para que den su opinión sobre cierto producto comercial, o sobre cierto "nicho" de mercado que los gerentes allá arriba deseaban "explorar". Me sigue sorprendiendo la jerga de la investigación de mercado. Me sorprende todavía la mismísima expresión "investigación" adosada a la palabra mercado. Uno piensa en investigación y las connotaciones se disparan a un tipo de sombrero de fieltro, traje raído y despacho cochambroso en algún edificio art decó: Marlowe, claro. Marlowe. Investigación viene pegada inmediatamente a intriga, misterio, riesgo, peligro. A la serie negra, por qué no. Lo mismo con otro término igual de equívoco: "trabajo de campo". Trabajo de campo. Un inglés rubio con bermudas caqui, largavista, mochila, seguido por diez negros que portan el equipaje de la exploración; abriéndose camino por la selva africana para la mayor gloria del Imperio. Livingstone, supongo.
Pero no. Bajado a la tierra, las investigaciones tienen más que ver con oficinas con plantas artificiales y una jarra de café y coca cola y algunas masitas dispuestas sobre una mesa de fórmica alrededor de la cual se hallan ocho, diez personas de distinto target socioeconómico. O al menos de supuesto distinto target socioeconómico, porque yo recuerdo como mi amigo armaba esos focus groups:
- ¿Tenés auto?
- No.
- Mmm... Bueno, ¿qué auto te gustaría tener?
- Yo qué sé... no sé...
- Cualquiera, decí cualquiera.
- Mustang 65.
- Já.
- No sé, ponele un ford focus.
- Gracioso.
Y así con cosas más pequeñas, hasta moldear el sujeto que las variables nivel económico, edad, estado civil, zona de residencia, etc. requerían para cumplir las cuotas especificadas de una muestra más o menos representativa. ¿Qué marca de cerveza tomás? ¿Qué supermercado preferís? ¿Tomarías caldo instantáneo de espárragos? ¿Y de zanahoria? ¿Y de remolacha? ¿Aproximadamente cuántas revistas leés por año? ¿Aproximadamente cuántas veces por año pensás en Dios? Bueno, no tanto. Pero era bastante así.
Después venían los focus propiamente dichos. Fui a algunos. Una vez me pagaron plata, otra vez me dieron un cartón de cigarrillos infumables, otra vez unos vales para una casa de comidas rápidas. Gratificaciones por los servicios prestados. En el de las comidas rápidas nos pasamos discutiendo media hora si Burger King debía tener o no un personaje identificatorio tal como el payaso maldito Ronald McDonald. Encarnizada discusión. "¿Pero ninguno de ustedes vio la película It?" "¿Acaso vieron alguna vez a un niño encariñado con ese personaje, que ciertamente, parece esconder debajo del maquillaje al Estrangulador de Boston?" "A mi nena le encanta el payasito". Etc, etc, etc. Había una psicóloga - o socióloga, no sé, o asistenta social- que "coordinaba" la discusión: explayate un poco más... ¿por qué no te gusta el payaso? Terminás detestando a tus congéneres, terminás detestando al mismísimo sistema capitalista, terminás añorando al Camarada Stalin y a Laurenti Beria y a la NKVD y a los Juicios de Moscú. Pensás en el después: tus comentarios son codificados para ser agrupados en una serie de categorías que luego serán procesadas en un programa de bases de datos como el SPSS, por ejemplo, y después filtrados y cruzados con otras variables y presentados en cuadros de dos entradas que hagan "visible" la asociación entre tus respuestas y tu características de base: Un 88% de los que respondieron que la comida de Burger King les parece infame tienen estudios terciarios completos, no compran revistas deportivas, cultivan el ancestral arte de la meditación zen, habitan en casas cuyos techos tienen más de 3,8 metros de altura, registran una alta propensión a imaginar con lujo de detalle el asesinato de altos diganatarios de la Iglesia Católica y suelen veranear en lugares que se encuentran a un promedio de 751,14 (+-15) kilómetros de su lugar de residencia.
Encima, ahora que lo pienso, me doy cuenta que sigo teniendo esos vales para comer en BK. Ya deben haber expirado. Y yo que los salvé de tener un payaso en la puerta.

martes, febrero 13, 2007

Quiero decir

Sergio Di Nucci me cae ahora mejor que nunca.

miércoles, febrero 07, 2007

La posmodernidad y sus descontentos

"De manera que, supuestamente, la clase social, la raza y el género habían desaparecido (y otras cosas supuestamente estaban desapareciendo, como la vejez, la belleza y hasta la educación): todas las formas realmente automáticas de establecer quién era mejor y quién era peor... habían desaparecido. Por todas partes la gente bienpensante declaraba que no tenía prejuicios, que al menos en ellos ya no había más prejuicios heredados. Ellos lo habían decidido. Pero para los que estaban en el terreno espinoso de la operación... los ignorantes, digamos, o los feos... no se trataba simplemente de una decisión. Algunos de ellos no tenían ropa nueva. Aún llevaban el uniforme de sus deficiencias. Había quienes andaban vestidos con esa misma mierda."
M.A., Heavy Water.

domingo, febrero 04, 2007

Impresionismo

Recién cuando venía en el colectivo para acá, la ciudad me pareció más oscura que nunca: ¿es esa la verdadera actitud Buenos Aires, o se trata de un efecto no querido de nuestra percepción?

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Pienso en las diferentes actitudes ante la cultura: hay toda una actitud genuflexa ante la "alta cultura" que delata la posición subordinada que uno ocupa en el mentado "campo cultural". Sí, esa anécdota que ya conté sobre el sociólogo que leía un cápitulo del Capital en alemán antes del desayuno y como sus esclavas de la cátedra se mojaban al escucharlo... Por otro lado, pienso en la literatura cucurtiana y en las estrategias de marketing que ha disparado, tal vez en mucho de eso resida una falsa conciencia, unas ganas de probarse a sí mismo como alguien capaz de entablar una relación "directa y transparente" con la cultura. Una ilusión.

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Hay una luz que nunca se va. Enciende el YouTube y busca el clip que mejor refleje tu estado de ánimo. Puede ser un video de Lou Reed o un segmento de una película de Lynch. Patricia Arquette subiéndose a un auto en Carretera Perdida. En todo esto hay algo inquietante, pero no lo puedo describir con palabras.

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Shoplifters of the world, unite and take over.

jueves, febrero 01, 2007

Sólo pasaba por ahí

Hay veces que mis reparos ante los celebratorios discursos que anuncian el futuro de la "literatura" en el soporte blog, dejan paso a algo parecido a la emoción: entonces digo, puede ser que algo de eso sea verdad, puede ser que sea posible todavía encontrarte por casualidad con textos que salven el día, textos que se mantengan solos, en el anonimato, por su propia fuerza. Algo de eso me pasó recién cuando leía esto.

Tres lindos cubanos

Estoy leyendo un libro que se llama Tres lindas cubanas. El autor es el mexicano Gonzalo Celorio -de quien hace bastante me habían recomendado mucho mucho una novela que no leí llamada Y retiemble en sus centros la tierra, sobre un profesor de literatura borracho que recorre cual Cónsul de Bajo el Volcán las cantinas, bolichones y pulquerías del DF hasta morir-. Bien, en la contratapa del libro decía que era una saga familiar situada entre México y Cuba, siguiendo la historia de los padres del autor y entreverandose con la convulsa historia política latinoamaricana. Ok. Eso no me gustó mucho, no soy muy amante de la literatura latinoamericana, y menos de aquella producida en esa zona "real-maravillosa" llamada trópico. Palmeras, calor, árboles genealógicos complicadísimos, dictadores, etc.. Tristes tópicos de los trópicos latinoamericanos. La empecé a leer igual, y la verdad es que está bastante bien. Basicamente es la historia de la transformación de la mirada del narrador sobre Cuba a lo largo de sus sucesivos viajes a la isla. Desde la fascinación juvenil del estudiante de Letras post Tlatelolco hasta el desencanto del maduro profesor universitario de los 90. Sí, algo conocido: la adultez como antídoto ante los raptos pasionales de los años jóvenes, o -como sostendrían los eternos gauchistes de fe de hierro- del "venderse al sistema" conforme uno va asentándose en la sociedad. Crecer, bah. Como sea, lo que me gusta del libro es como Celorio utiliza los pequeños detalles para ir dando cuenta de su des-enamoramiento con la Isla Rebelde. Las colas que tienen que hacer los cubanos para entrar al cabaret donde canta Bola de Nieve, mientras los turistas pasan sin esperar; la obligación de usar camisa de mangas largas para comer en el restaurant del hotel mientras hace 40 grados a la sombra; la miradas hostiles a su pelo largo -mientras fuera de Cuba el largo del pelo era usado como una señal de rebeldía y de cercanía con el ideario de la "Isla Rebelde"-, el penthouse de Nicolás Guillén (EL poeta nacional) sobre el malecón; el silecioso avance del mercado negro; las playas sin cubanos de Varadero; las medias remendadas de una bailarina del Tropicana que dan cuenta calladamente de las contradicciones culturales del sistema: "Es explicable que las mallas de las cabareteras no sean prioritarias en las nuevas condiciones políticas y económicas de Cuba, pero por qué, entonces, se mantiene vivo -o moribundo- un espectáculo de otros tiempos que en nada se corresponde con el ideario del hombre nuevo que la Revolución cubana propone". Esos detalles, registrados casi lateralmente, como al pasar, van cobrando poco a poco mayor peso en el relato y haciendo mayor cada vez la distancia entre el narrador y el régimen cubano.
Y sobre ese devenir planean como ángeles vengativos, como víctimas ofendidas, las figuras de Lezama Lima, Arenas y Cabrera Infante. Marginados, ocultos, negados. El primero tachado de "conflictivo y antisocial", los otros dos exiliados y palabra prohibida dentro del establishment literario local. Cuba es La invención de Morel de Latinoamérica: la garantía de sobrevida del sistema reside en la repetición ad infinitum de los gestos, poses y discursos que tuvieron sentido y vida hace mucho tiempo. Cuba es un wishful thought, una proyección de lo quiso ser Latinoamérica en un momento y no pudo, no quiso o no la dejaron ser.
Todo esto mientras Fidel se muestra de nuevo (¿vivo? diría Su Giménez, en el archigastado chiste) y, como en La invención de Morel, uno no puede distinguir si ese tape es de ayer, de hace seis meses, de hace dos años o - he aquí el realismo maravilloso tropical- o de los próximos 6 meses, o de los próximos veinte años.
Claro que fuera de esa burbuja las cosas no son mejores, ni más democráticas, ni más libres, tan sólo tienen otras formas y otras velocidades. Y no les queda ni siquiera la ilusión de ser "el territorio libre de América".
Viven, vivimos, al calor de la época.

lunes, enero 29, 2007

De te fabula narratur


Es gracioso, porque cuando leí el post de sol asumí que era una foto de su época de estudiante, pero recién la amplié y me encontré con muchas caras conocidas: debe haber sido una asamblea del 92, 93. Interesante complemento para el post de abajo. Ni que hubiese estado planeado.

domingo, enero 28, 2007

Nazional Front Disco

Y sí, digamos que no tengo mucho que decir, o que las pocas ideas no salen, o que no hay ideas, o que la superabundancia de información tiene efectos deletéreos en la marcha, golpeada, y descangallada de este humilde blog.
Como sea, cuando pasa eso montémosnos sobre los hombros de mejores prosas y hagamos variaciones del mismo tema, un recurso vil pero, en fin, no estamos para ponernos exquisitos, precisamente.
La identidad es una narración. Está hecha de omisiones, inventos y datos semi-ciertos. Cuando miramos hacia atrás y pretendemos justificar nuestra manera de ser por las cosas que pasamos y vivimos, en realidad estamos inventando: estamos contando una historia. Y aunque haya testigos presenciales que nos digan "no, pibe eso no fue así. estás delirando", quién puede reclamar el monopolio de la verdad? quién puede decir esto fue así? Versiones, versiones.
Vuelvo al Nazional a partir del post citado más arriba. Otra época. La época de los llamados "años de Menem". Una época, niños, donde Puerto Madero era parecido a un set de filmación de una película de James Cagney, una especie de muelles de Brooklyn pero sin tapas de alcantarillas echando vapor. Me acuerdo del cartel que había sobre la calle hoy conocida como Alicia Moreau de Justo y la entonces conocida como Perón (no jodan con Macacha Guemes). Un cartel que anunciaba la construcción del nuevo barrio Puerto Madero y tenía dibujados yates y chetos con chombas rosas cenando en los restaurantes sobre el dock. Ahí estaba el campo de deportes del Nazional, enfrente de los que ahora es el Hilton y en ese momento era una delegación de prefectura donde -según alguna vez nos contó un prof de educ. física pasaban cosas raras en los setentas-.
Era la época también, justamente, donde la Franja Morada perdió su control del Centro de Estudiantes. Yo tenía 13 años y los radicales no me caían mal. Es más, tenía pegadas en la ventana de mi habitación calcomanías de Facundito Suárez Lastra y el Pocho Angeloz que nos habían regalado en un comité de la calle Formosa al 400 durante la campaña del 89. En fin, no entendía una mierda de la política nacional y nazional. ¿Qué será de todo eso: de Facundito, del comité de Formosa al 400, de Angeloz, de los 13 años, etc.?
En la economía simbólica - adolescente la Franja venía en baja y los de LEI subían sus acciones. Eso se medía en cuantas minitas se apretaban en las fiestas del Molino o de Casa Suiza, y créanme la Franja venía en falsa escuadra. Jaimovich, el Sifón, el Polaco. Grandes cuadros. Grandes camisas a cuadros que copiaban el Seattle del 93. Yo tengo un avanzado Alzheimer para esas cosas, pero tal vez Henry More recuerde nombres y apellidos con más detalle. Sí, seguramente formaron luego decenas de agrupaciones independientes en las facultades que tuvieron más o menos éxito, o que siguieron el pas de deux lentísimo y triste del devenir de esos claustros: maniobras orquestales en la oscuridad, siempre celebradas siempre fracasadas, ¿o acaso, como decía el querido y resentido campesino Pierre Bourdieu, ser estudiante es ser nada, ser un estado intermedio, pura expectativa cero presente, puro prepararse para? Igual, no habrán faltado en los swinging twenties de estos líderes nazionalistas fiestas en terrazas de Palermo, pasos de cumbia improvisados bajo los efectos del populismo cool recién descubierto, más fiestas en deptos mínimos de Congreso donde la puerta del baño siempre estaba trabada y en la cocina un negro grandote que obviously no era del Nazional -pero qué gran tipo era, eh- te convidaba esas cosas que mamá temía que te convidaran. Dicen que la pelotudez del Movimiento 501 surgió de la mente de ex chicos del Nazional. Dicen que la fundación de algunas de las más prósperas y redituables puntocom también surgieron de esas mentes brillantes. En fin, lo de siempre, tu viejo creía que te había mandado a la versión laica de la Sociedad de los Poetas Muertos y vos terminaste sentado al ladito de Cecilia Felgueras en los equipos técnicos de la Alianza. Cosas que pasan, cosas de la era Menem de las que no te redimís por haber llorado con el Catcher in the Rye a los 16 años.
La política sigue latiendo, a pesar de. Hoy en el página el Feinmann malo chicaneaba a Horacio González. Citaba una línea escrita por González en una revista juvenil de los setentas: "El centro de la política es el Hombre" decía González y Feinmann decía arteramente que desde Foucault el Hombre ya no es el centro de nada, no hay centros, o en todo caso lo principal es el estudio de los sistemas, de los modos en que el poder organiza la verdad y el saber. Creo que Foucault tenía razón. Pero esa verdad es estéril para la pasión política, por eso es necesaria olvidarla (o hacer como si no existiera) para poder actuar.
Cuando se me pasa el cinismo y pienso en esos chicos de 15, 16, 17 años que fuimos una vez y que a pesar de nuestros privilegios (hacíamos, justamente, como si) nos quedábamos toda la noche custodiando las urnas para que el vicerrector Lucio Sánchez no les metiera mano, o marchábamos (almas blancas) contra la Ley de Educación, o leíamos los confusos libros que nos caían en las manos tratando de aprender a argumentar politicamente, o creíamos ciegamente que esa abstracción llamada "educación pública" era LA respuesta; cuando pienso en eso siento algo parecido a la ternura y también algo parecido al desengaño porque todo lo peor que imaginábamos sobre a lo que este país se encaminaba no se hizo realidad, sino que fue superado hasta niveles que no podíamos ni siquiera concebir.

Sobre el campo de deportes del Nazional en Puerto Dinero seguramente se construirá un edificio horrible habitado por ricos grasas, hasta es posible que sea uno de los esperpentos de Faena, con unicornios de plástico y alfombras rojas...
¿Venceremos?
Nop, de eso estoy seguro.

miércoles, enero 24, 2007

Épica

Se cortó la luz en Caballito por un par de horas y los combativos vecinos salieron a tocar sus cacerolas. ¿Quién dijo que el 19 y 20 fue un espejismo?

El pasado

No, no es una referencia a la novela del fachero Pauls, es más bien la confirmación de que la onda expansiva del revival setentero se ha apoderado de este blog. En fin, la historia no es más que la interpretación que hacemos de ciertos fragmento dispersos, pura arcilla para modelar a gusto. Un nuevo tipo de revisionismo que camina por la cornisa del me ne frega doctrinario. Y, sí, nos subimos a la ola, no podemos resistir la tentación de sumarnos a la manada, o de parodiar modicamente nuestra época.

lunes, enero 15, 2007

París, Texas, Buenos Aires

Este fin de semana volví a ver París, Texas. La había visto hace diez años en una repetición del cable y desde entonces me había quedado con ganas de volver a ver esa película extraña firmada por la dupla Wenders-Shepard. Digresión: cómo me gustaría ser Sam Shepard, estás casado con Jessica Lange (o sea que podés reproducir la escena de El cartero llama dos veces en la cocina de tu casa), actuás en películas pedorras que te dan de comer y escribís mientras tanto cuentos sobre cowboys traumatizados y sensibles ambientados en las Grandes Planicies americanas. Sí, definitivamente creo que me gustaría ser Sam Shepard.
Me quedo con la escena donde la Kinski y su ex marido dialogan (?) en la cabina del prostíbulo de Texas, "él temía que ella se fuera una noche corriendo por la carretera y por eso le puso un cencerro en la pierna, para escuchar si ella se levantaba en medio de la noche". Pero la Kinski igual se fue, encontró la manera de escaparse. Todo eso surcado por los cielos del Oeste, en tal vez la mejor película del chanta de Wenders, la mejor película porque dejó hablar al silencio más que a su ego creativo.
Dejemos hablar al silencio entonces, callemos la voz del ego que todo lo confunde.

sábado, enero 13, 2007

martes, enero 09, 2007

Slow


I'll make you smile, smile, smile, smile, smile

Mc Kinski, la ira de Dios

Jarvis + The Streets + Amis


En el supermercado, lugar triste si los hay (Deleuze decía eso de "los muros de la Sorbona son tristes", yo lo adaptaría a un más prosaico supermercado de barrio) sonaba The Streets con ese hip hop melancólico que rotaba en las radios hace un tiempo, no me acuerdo como se llamaba. ¿Acaso estamos en el fockin' Birmingham? me preguntaba mientras pagaba mi ración de comida frente a un leader case de la explotación capitalista finisecular... toda la teoría de Pierre Bourdieu, toda, toda La Misère du Monde aguarda expectante a dos cuadras de casa para mostrarte qué puede hacer con la vidas humanas el bendito "sistema".
Después, en casa, el blogueo habitual me depara la grata sorpresa del último disco de Jarvis Cocker: una colección a la altura del mejor Pulp, nada de extrañar a Different Class, la prosa del inglés cínico intacta, recordándonos el glorioso momento de la agresión a Michael Jackson, la pintura descarnada de la gran ciudad y las vidas desperdiciadas en ella. Aunque no esté en la ciudad, siempre trabajo para la ciudad...
Y no queda otra que confesarlo a esta altura del partido: somos los salieris de Amis, le robamos líneas a él. Oh Inglaterra, Inglaterra.

lunes, enero 08, 2007

La literatura nazi en América

"Los hechos son machos. Las palabras son hembras".
Interesante la nota de P/12 del domingo dando cuenta del presente de uno de esos personajes que a priori uno adjudicaría a la mente calenturienta de algún escritor de Historias Universales de la Infamia.

sábado, enero 06, 2007

La conexión asiática

Parques de Beijing. El detective Wan corre por un sendero de piedritas blancas esquivando viejos que hacen tai chi y cagadas de perros pequineses. En su mp4 suena música occidental, la única que Wan puede soportar: Occidente, occidente. Algo de la Velvet Underground, algo de Jesus and Mary Chain, algo de My Bloody Valentine, algo de Guided By Voices. Wan corre y el silbido de sus pulmones acompaña las guitarras de esas bandas ya desaparecidas, disueltas, que alguna vez existieron y tocaron en escenarios de Londres y Nueva York, y son esas referencias a esas ciudades que Wan no conoce (pero desea ardientemente visitar algún día) las que más lo atraen de esa música. Nada de "cultura local" para Wan. Dejenme a un lado de esas canciones chinas cantadas por diminutas mujeres de pies aprisionados o por hombres afeminados con la cara blanqueada con polvo de arroz que gimen leyendas campesinas de la dinastía Ching. Dejenme de joder con los himnos proletarios de los años sesentas. No me mezclen con ninguna de esas cantatas de la Larga Marcha, con nada del Camarada Mao, con nada de esa épica atrasada. Sí, Wan odia a su país. Wan añora Occidente, o por lo menos lo que sabe de Occidente, su imagen personal de Occidente.
Y no se trata solamente de la versión exportable de Occidente que actualmente recorre China. Esas imágenes que acompañan el desembarco de las corporaciones europeas y norteamericanas, que vienen incorporadas con los rascacielos de las empresas internacionales, que viajan en los Volvos de los gerentes franceses, belgas, ingleses, americanos que recorren los barrios modernos de Beijing, reflejando en sus vidrios polarizados a viejas vendedoras de cabezas de cerdos o mantarrayas o cuernos de rinocerontes; esos gerentes rubios y de trajes negros que pasean con sus esposas rubias y sus hijos rubios con anteojos de harry potter por los parques, templos, museos y ciudades amuralladas de China. "¿Mira Larry, no es adorable ese jarrón? Se parece al que mamá tenía en su casa de los Hamptons, ¿recuerdas?".
Esa avanzada occidental genera sus propios adeptos en los chinos más vulgares e incultos. Mujeres de burócratas que se operan los ojos para agrandárselos; chicas estudiantes de arte que copian el vestuario de Brittney Spears; comerciantes esperanzados en subirse a la Gran Tren del Progreso que se queman las pestañas estudiando inglés hasta altas horas de la noche, repitiendo frases ridículas de un Cd-Rom fabricado por inmigrantes latinos o checoslovacos en algún instituto de enseñanaza de Tallahassee, Florida: "¿Cómo estás tu? Yo estoy muy bien, gracias. ¿Qué tiempo es ahora, señorita? Falta un cuarto para las diez, señor".
Ninguna de esas imposturas le cuadran a Wan. Él añora el Occidente modernista de las mejores cosas: la revolución industrial, las ciudades anónimas, las largas novelas sociales del siglo XIX, la música dodecafónica, las películas en blanco y negro de Lubitsch, la era del capital, los cuadros de Rothko, las canciones de los Who, la espalda de de Janet Leigh en Psicosis antes de ser acullillada, el horizonte recortado de los rascacielos de Nueva York tal como se ve desde el ferry de Staten Island, la silueta cubierta de petroleo de James Dean en Gigante, cierta calle de Roma que termina abruptamente en un restorán con mesas sobre el Tíber, el color de los adoquines de París iluminados por un Citroen Palas a las cuatro de la mañana, Malcom McDowell y sus secuaces ropiéndoles las piernas a un mendigo en A Clockwork Orange, el sabor de un café con leche recién hecho en un tugurio de la Gran Vía, la suma de todas las miserias, grandezas, pecados y atrocidades del lejano Occidente.
Por eso Wan es un bicho raro. Por eso lo odian en el departamento de policía de Beijing. Por eso no saben cómo sacárselo de encima. Y ahora, mientras trota por el parque central de Beijing, tapándose los oídos con una canción de The Police, medita la propuesta que le acaban de hacer: irse a investigar a Buenos Aires el misterioso asesinato de diez ciudadanos chinos en manos de un supuesto serial killer. Sería, se trata de convencer, la oportunidad por fin de conocer el otro lado del mundo, la oportunidad de dejar atrás la mediocridad oriental. Lo intriga esa ciudad sudamericana de la que no sabe nada, de la que ha podido juntar poca información. Lo atrae la posibilidad de abandonar todo lo conocido, su casa, sus amigos, sus jefes, el polvo de Beijing que se le mete en los pulmones, el atraso milenario de China que se insinua en cada esquina, en cada intersección en la forma de pagodas repletas de momias confucianas, de retratos del Gran Timonel, en malas copias de los productos más bajos de la industria occidental. Piensa Wan: Buenos Aires, la oportunidad de empezar de cero, la chance única de penetrar en occidente a través de una puerta lateral. Mejorar mi español, estar atento a las oportunidades, dejar todo atrás. Piensa todo eso Wan mientras Sting termina de cantar la estrofa final de Message in a Bottle y él sale trotando del parque de Beijing para internarse en el barrio de casas bajas donde se encuentra su departamento. Y mientras la vieja portera de su casa lo saluda y le dice que está cada día más flaco, Wan sólo piensa en huir, en huir de una vez por todas.

(Fragmento de un capítulo de la ¿novela? homónima)

miércoles, enero 03, 2007

En el Estrecho de Drake


El 2007 empieza silencioso (uh!). La música que suena ahora es un disco de Nick Drake bajado por la bendita mula, madre de las mil batallas musicales. Afuera, creo, ya dejó de llover. Estuve leyendo un libro escrito por un chico argentino de veintipico que parece una traducción de Anagrama Compactos hecha por un demente portoriqueño obsesionado con Seymour Glass. Entre párrafo y párrafo hay intercalados títulos de canciones en inglés: "Everybody have something to hide except me and my monkey"; "It's a hard rain's a-gonna fall"; "Don't let me down"; "Get Back"... Get Back...
Pienso en Saddam Hussein, tan elegante con la soga raspándole el cuello: acabo de ver la ejecución de un hombre por YouTube. Algo que hará las delicias de los interpretadores de las nuevas tendencias tecnológicas y hará sufrir escalofríos a aquellos que todavía creen en alguna sustancia metafísica llamada pudor.
Cómo sea, Drake sigue dándole a la guitarrita mientras tipeo esto. En la foto de arriba quedan plamadas las dos velocidades de la vida (si me permiten ser tan pretencioso): podés correr pero vas a salir fuera de foco, inevitablemente. Podés quedarte quieto y vas a salir bien enfocado pero sin ir a ningún lugar. Inevitablemente, también. Lo que perdés con una velocidad lo ganás con la otra, y viceversa. O sea: al final no hay gran diferencia, es solo una cuestión de estilo.
Y sí: todo está en silencio ahora. El disco terminó. Como en el estrecho de Drake, el horizonte helado se duerme y un barco negro sigue la deriva de las olas.
"The long and winding road to your door".

domingo, diciembre 31, 2006

Maniobras orquestales en la noche

Lo mismo de siempre: las efemérides truchas pergueñadas por algún lejano astrónomo de la Roma Imperial. Fin de año. Las almas sensibles se conmueven ante el espectáculo del porvenir, las otras reafirman su creencia en que el tiempo es una sustancia elástica sin principio ni fin, pero agachan la cabeza ante la convención social (arbitraria) de la noche. No sabemos en cual de las dos categorías podemos ubicarnos. No sabemos, ya, nada.
El camarada Rainer desde algún lugar de la noche les desea un feliz año. Me dice que alzó una copa repleta de alcohol por todos ustedes y que mirando el cielo estrellado (dónde quiera que esté) se acordó de esa boludez dicha por Kant hace dos siglos -nada me conmueve más que el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí- y que enseguida le dio sueño y se fue a dormitar un rato, mientras en su barrio los pibes le prendían fuego a todo lo que estaba a su alcance.
No mucho más, por acá. Retomamos la transmisión en breve.
On the road, on the road, 2007.

sábado, diciembre 30, 2006

Hanging Saddam

Buen título para la próxima película de Oliver Stone.

domingo, diciembre 24, 2006

Felices Pascuas

Fiestas, fiestas era...

jueves, diciembre 21, 2006

Louder than bombs

Como los negocios estaban paralizados, la inquietud y una curiosidad estúpida empujaba a todo el mundo fuera de sus casas. El descuido en el arreglo atenuaba la diferencia de los rangos sociales, el odio se ocultaba, las esperanzas se desplegaban, la multitud estaba llena de suavidad. El orgullo de un derecho conquistado alumbraba sus rostros. Se sentía como una alegría de carnaval, las maneras eran de vivac; nada fue tan divertido como el aspecto de París, los primeros días (...).
La razón pública estaba perturbada como después de los grandes trastornos de la naturaleza. Gente de espíritu quedó idiota para toda su vida.
Flaubert, La educación sentimental

Cinco años después ¿qué queda de las jornadas de diciembre de 2001? Leyendo anteayer los comentarios de "destacados intelectuales" en Página 12, parecería existir cierto consenso: ni la catástrofe anunciada, ni la toma del cielo por asalto. Más bien, restauración del llamado orden democrático y gradual salida de la depresión económica. Una vuelta lenta a la normalidad, en la que permanecen, sin embargo, ciertas formas más o menos residuales de intervención pública características de los momentos de agitación. Entonces, ¿debe pensarse el 19 y 20 de diciembre desde un punto de vista arqueológico? ¿Tuvo lugar, realmente, el 19 y 20 de diciembre?
Somos grandes y ya no creemos en los relámpagos de días soleados. Toda revuelta es resultado de procesos lentos de acumulación de fuerzas disruptivas. Las crisis son síntomas y la equivocación mayor que se suele cometer (en el fragor de la batalla, en el espasmo de la pasión, el la ceguera del motín) es tomarlas por inicio de algo cuando en realidad, son más bien el exponente anómalo de una serie mayor en la que se inscriben.
Pero dejemos la jerga pseudoacadémica. Cinco años después estamos viviendo en un país que creció al 9 % durante 4 años seguidos, y derramó beneficios económicos en ciertos sectores. La patria sojera te refriega sus 4x4 en las ciudades prósperas del interior. La clase media alta se sube a la ola del consumismo tecnológico. Las viejas cacerolas decembristas a esta altura ya deben haber sido reemplazadas por modernos ejemplares de teflón. El movimiento sanguíneo de la ciudad exhibe el resultado de la "vuelta a la normalidad". Acá no ha pasado nada, o casi nada.
Quedan, quedarán, los miles de papers, monografías, trabajos prácticos, artículos, compilaciones, documentos, esforzadamente escritos por los intérpretes de diciembre: una masa de intervenciones intelectuales destinadas a no ser leídas, a transitar el camino de interpretar demasiado pronto algo que escapaba de los moldes teóricos prefijados, montañas de expresiones de deseo, wishful thinkings spinozianos. La política real sigue, seguirá por su camino habitual: relaciones de fuerza, el tira y afloje entre lo nuevo y lo viejo, la permanencia de los modos de pensar y actuar, el movimiento perpetuo del avance y el retroceso.
Paremos acá, antes de que la ola del pesismismo sea demasiado grande. Hasta la próxima crisis, amigos, hasta la próxima gran emoción.

martes, diciembre 19, 2006

La canción no es la misma

Todavía se escuchan algunos ecos apagados a pesar de haber pasado cinco años.

domingo, diciembre 17, 2006

La clase dominante va al Paraíso


Las ideas dominantes son las ideas de la clase dominante. Rainer gustaba de la simplicidad brutal de la frase: la historia es brutal, y sus traducciones teóricas no tienen por qué no serlo. La ligazón entre una intervención vanguardista en el Guggenheim Soho, una cena romántica en la Tour d'Argent, un call center en Benarés y los libros-con-faja-roja de Mario Vargas Llosa es esencialmente la misma: el jadeo triunfante del capitalismo, el orgasmo filisteo de la clase, el movimiento secular e imperceptible del modo de producción.
Rainer recordaba, entonces, a un profesor de su facultad, no sabía por qué en ese momento se le aparecía la imagen del profesor con su pelo casi largo y sus anteojos de montura plateada diciéndole a una corte de esclavas sociológicas: "Me levanto todos los días a las cinco de la mañana y mientras desayuno huevos con queso y jamón leo un capítulo de El Capital. En alemán". Y las esclavas sociológicas (chicas con apellidos como Levy, Schmunk, Marcuse -una se llamaba, sí, Marcuse-, Dellepiane) se mojaban las bombachas ante el ex militante fracción roja, ex alfonsinista, ex exliliado en un pueblito horrible del sudeste norteamericano donde, seguramente, había adquirido el hábito de desayunar huevos con jamón y leer muy de mañana el libro de Karl Marx.
Digamos, entonces, Rainer está cansado de la sofisticación teórica: volvamos a la dualismo estructura - superestructura, volvamos al proletariado. Y cuando piensa eso se llena de emoción mirando a los trabajadores, a la chica que atiende el bar, al barrendero, al vendedor ambulante, al paraguayo explotado en el super chino, al que duerme en el Roca de las 5:30. Dejando la sangre en el camino. Sacrificando la vida en el altar de la clase. Sustentando en esas horas extraídas de la corriente principal de la vida la superestructura estética, ideológica, blanca, pura, cómoda, marfileña, de la Cultura. Son relámpagos de emoción, que luego dejan paso a la insensibilidad de la época.
En un bar de Palermo un amigo, con quien escribe un paper que nadie nunca leerá sobre "Transformaciones recientes en el mercado sentimental", le cuenta una idea para un cuento: a Marx lo echan de Inglaterra y debe exiliarse en Estados Unidos. En Nueva York conoce a Whitman en un café de la zona de Battery y entablan una amistad. Marx se siente perdido y rechazado, no ha escrito nada y los cobradores lo acosan, no puede volver a Europa donde su cabeza tiene precio. Bajo la influencia de las ideas de Whitman decide abandonarlo todo. Deja a su mujer y a sus tres hijas, se convierte en un vagabundo, se lanza a los caminos. Vaga por los puertos y las vías férreas de América. Trabaja de estibador, de obrero en los ferrocarriles, de mozo de carga con las diligencias. Se vuelve más fuerte, más hombre, se curte. En Arizona se amanceba con una mexicana y tienen hijos. Viven felices en una aldea del desierto y Marx monta representaciones de obras de Shakespeare y Esquilo para los habitantes analfabetos del pueblo. Un día se entera de casualidad de la caída de la Comuna de París. Pero ya no le importa, la historia para él pasa por otro lado. Años después, en su lecho de muerte, accede al pedido de su mujer mexicana y se convierte al catolicismo. Entre sus pocas pertenencias es encontrado un manuscrito que denosta a Hegel y alaba a Thoreau.
Cuando uno comprende que es imposible escapar de la némesis de la Historia, sólo queda el refugio vulgar de una teoría del cielo. En el paraíso nos encotraremos y seremos tan diferentes y desiguales como en la tierra. Rainer piensa todo eso, mientras cruza la avenida y siente en su espalda una brisa tan leve que es incapaz de borrar nada.

viernes, diciembre 15, 2006

¿Dónde estás vos?


(agrandar la imagen para ver mejor)

Los amores de Norita

Qué cosa la de los countries... Los tipos invierten fortunas buscando "seguridad" y terminan asesinados. Claro, se trata de formas delincuenciales bien distintas a las que ellos temen encontrar en las calles salvajes de las ciudades. Una delincuencia cocinada en el fuego lento del ocio acomodado, del hastío de las clases superiores. Tenemos ya el folletín del verano: una oportunidad plebeya de asomarse a la "vida real" de los barrios burgueses. Nada nuevo después de todo, si pensamos en los sans culottes que conocían al detalle el "quién se lo hace a quién" de la corte de Versalles, y seguían apasionadamente las intrigas y desgracias de alcoba de los príncipes. Okey. Esta es una versión mucho más pedorra, claro. Una versión de comarca pequeña amplificada, a falta de otras noticias, a escala nacional. Al menos sirve para que las plumas parcas de La Nación den rienda suelta a su vena literaria como se puede leer en esta crónica. Los crímenes después de todo no son más que una buena excusa para la fantasía.

En la montaña más alta

El pueblo donde fui a parar ese verano era famoso por los avistajes de ovnis. A la entrada, sobre la ruta que lo comunicaba con la gran capital, un enorme cartel de cielo estrellado daba la bienvenida a los visitantes, a los visitantes terrícolas y a los extraterrestres. En la calle principal viejos hippies vendían souvenires alusivos a lo intergaláctico. Tomaban mate en postura zen y se dejaban acariciar por el sol de la tarde mientras los turistas miraban cansados la mercadería. Compré un pequeño cenicero con forma de platillo volador. Compré también un llaverito alien. Compré por misericordia de Dios un juego infantil que consistía en una especie de ajedrez con figuras de extraterrestres. Todas esas cosas descansan frente a mí ahora, tantos años después, cuando el cielo de la Gran Capital está nublado y la luz muerta de las estrellas choca contra un manto de nubes.

La ascensión a la montaña la podías hacer caminando. O en auto. O en un pequeño micro escolar conducido por otro antiguo sobreviviente de los hippies. Yo fui en el colectivo. Al lado mío se sentó una mujer de anteojos oscuros cargada de instrumentos fotográficos. Me dijo que viajaba por toda Latinoamérica fotografiando ovnis. Me dijo que contaba con más de veinticinco avistajes y dos encuentros cercanos del tercer tipo. Nunca había sentido tanta paz en la vida como en esos encuentros. Por eso seguía viajando en la ruta de las naves espaciales. Todo eso ya se había convertido en una misión para ella, en una forma de vida. Tuve un poco de miedo de que estuviera diciendo la verdad. Tuve miedo de convertirme en alguien así.

Yo no vi nada. Pero más tarde algunos comentaban que habían visto una luz violeta cruzando el cielo y una luz anaranjada siguiéndola más atrás y más lentamente. Naves rezagadas, fuselaje cansado por el viaje, luminiscencias agotadas atravesando el cielo nocturno, apagándose lentamente, despareciendo tras la montaña.

En el bar del hotel, al otro día, me encuentro con la mujer de las cámaras fotográficas. Le pregunto si vio algo. Me dice que sí, que fue "maravilloso e inolvidable". Le pido que me muestre las fotos, estoy al borde del colapso en ese bar soleado donde los ufólogos desayunan medialunas con café con leche. Necesito verlas. Necesito verlas, por favor. La mujer me mira con lástima y me dice que suba con ella a la habitación, que tiene las cámaras ahí. Las persianas cerradas, la cama revuelta, la ropa tirada por el piso. Las fotos. Las fotos, por favor. Ella se pone a reir y me dice que no me apure, que ya me las muestra. Nos sentamos en la cama, uno al lado del otro. Me pregunta si creo. Claro que sí: creo en todo, en este momento creo en todo, todo es tan real. Hay un ventilador de techo blanco que emite ruiditos fatigados, sus aspas cortan el aire y lo dividen en dos: aire nuevo sobre mí, aire viciado en tono a mí. Me da una de las fotos y apenas alcanzo a ver un todo negro que cubre el cuadro por entero. Me concentro buscando la luz cansada de las naves, una línea luminosa que acredite su presencia, una raya violácea que dibuje la palabra "creencia" con su estela. Me recuesto en la cama para descansar. Ella, algo, me tapa los ojos. Me dejo caer en el precipicio. Todo está oscuro pero escucho que muy a lo lejos alguien me llama por mi nombre en un idioma desconocido. Y extrañamente voy hacia la voz.

martes, noviembre 28, 2006

El Futuro

Entrevista a Marcola, jefe de la banda carcelaria de San Pablo denominada Primer Comando de la Capital. El 23 de mayo de este año, el diario O Globo de Brasil en su Editorial Segundo Cuaderno, publicó una "Entrevista a Marcola del PCC". Él es Marcos Camacho,jefe de la banda carcelaria de San Pablo denominada Primer Comando de la Capital (PCC), que durante este año ha provocado numerosos actos de vandalismo en esa ciudad y alrededores. La siguiente es la traducción textual del reportaje.

¿Usted es del PCC?

Más que eso, yo soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca me miraron durante décadas y antiguamente era fácil resolver el problema de la miseria. El diagnostico era obvio: migración rural, desnivel de renta, pocas villas miseria, discretas periferias; la solución nunca aparecía. ¿Qué hicieron? Nada. ¿El Gobierno Federal alguna vez reservó algún presupuesto para nosotros? Nosotros sólo éramos noticia en los derrumbes de las villas en las montañas o en la música romántica sobre "la belleza de esas montañas al amanecer", esas cosas. Ahora estamos ricos con la multinacional de la droga. Y ustedes se están muriendo de miedo. Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social ¿Vió? Yo soy culto. Leo al Dante en la prisión.

Pero la solución sería...

¿Solución? No hay solución, hermano. La propia idea de "solución" ya es un error. Ya vio el tamaño de las 560 villas miseria de Río? ¿Ya anduvo en helicóptero por sobre la periferia de San Pablo? ¿Solución, cómo? Sólo la habría con muchos millones de dólares gastados organizadamente, con un gobernante de alto nivel, una inmensa voluntad política, crecimiento económico, revolución en la educación, urbanización general y todo tendría que ser bajo la batuta casi de una "tiranía esclarecida" que saltase por sobre la parálisis burocrática secular, que pasase por encima del Legislativo cómplice. ¿O usted cree que los chupasangres (sanguessugas) no van a actuar? Si se descuida van a robar hasta al PCC. Y del Judicial que impide puniciones. Tendría que haber una reforma radical del proceso penal del país, tendría que haber comunicaciones e inteligencia entre policías municipales, provinciales y federales (nosotros hacemos hasta "conference calls" entre presidiarios.) Y todo eso costaría billones de dólares e implicaría una mudanza psicosocial profunda en la estructura política del país. O sea: es imposible. No hay solución.

¿Usted no tiene miedo de morir?

Ustedes son los que tienen miedo de morir, yo no. Mejor dicho, aquí en la cárcel ustedes no pueden entrar y matarme, pero yo puedo mandar matarlos a ustedes allí afuera. Nosotros somos hombres-bombas. En las villas miseria hay cien mil hombres-bombas. Estamos en el centro de lo insoluble mismo. Ustedes en el bien y el mal y, en medio, la frontera de la muerte, la única frontera. Ya somos una nueva "especie", ya somos otros bichos, diferentes a ustedes. La muerte para ustedes es un drama cristiano en una cama, por un ataque al corazón. La muerte para nosotros es la comida diaria, tirados en una fosa común. ¿Ustedes, intelectuales, no hablan de lucha de clases, de ser marginal, ser héroe? Entonces llegamos nosotros! ¡Ja, ja, ja.! Yo leo mucho; leí 3000 libros y leo al Dante, pero mis soldados son extrañas anomalías del desarrollo torcido de este país. No hay más proletarios, o infelices, o explotados. Hay una tercera cosa creciendo allí afuera, cultivada en el barro, educándose en el más absoluto analfabetismo, diplomándose en las cárceles, como un monstruo Alien escondido en los rincones de la ciudad. Ya surgió un nuevo lenguaje. ¿Ustedes no escuchan las grabaciones hechas "con autorización" de la justicia? Es eso. Es otra lengua. Está delante de una especie de post miseria. Eso. La post miseria genera una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas. Es la mierda con chips, con megabytes. Mis comandados son una mutación de la especie social. Son hongos de un gran error sucio.

¿Qué cambió en las periferias?

Mangos. Nosotros ahora tenemos. ¿Usted cree que quien tiene 40 millones de dólares como Beira Mar no manda? Con 40 millones de dólares la prisión es un hotel, un escritorio. ¿Cuál es la policía que va a quemar esa mina de oro, entiende? Nosotros somos una empresa moderna, rica. Si el funcionario vacila, es despedido y "colocado en el microondas". Ustedes son el estado quebrado, dominado por incompetentes. Nosotros tenemos métodos ágiles de gestión. Ustedes son lentos, burocráticos. Nosotros luchamos en terreno propio. Ustedes, en tierra extraña. Nosotros no tememos a la muerte. Ustedes mueren de miedo. Nosotros estamos bien armados. Ustedes tienen calibre 38. Nosotros estamos en el ataque. Ustedes en la defensa. Ustedes tienen la manía del humanismo. Nosotros somos crueles, sin piedad. Ustedes nos transformaron en "super stars" del crimen. Nosotros los tenemos de payasos. Nosotros somos ayudados por la población de las villas miseria, por miedo o por amor. Ustedes son odiados. Ustedes son regionales, provincianos. Nuestras armas y productos vienen de afuera, somos "globales". Nosotros no nos olvidamos de ustedes, son nuestros "clientes". Ustedes nos olvidan cuando pasa el susto de la violencia que provocamos.

¿Pero, qué debemos hacer?

Les voy a dar una idea, aunque sea en contra de mí. ¡Agarren a "los barones del polvo" (cocaína)! Hay diputados, senadores, hay generales, hay hasta ex presidentes del Paraguay en el medio de la cocaína y de las armas. ¿Pero, quién va a hacer eso? ¿El ejército? ¿Con qué plata? No tienen dinero ni para comida de los reclutas. El país está quebrado, sustentando un estado muerto con intereses del 20 % al año, y Lula todavía aumenta los gastos públicos, empleando 40 mil sinvergüenzas. ¿El ejército irá a luchar contra el PCC? Estoy leyendo Clausewitz "Sobre la Guerra". No hay perspectiva de éxito. Nosotros somos hormigas devoradoras, escondidas en los rincones. Tenemos hasta misiles anti-tanque. Si embroman, van a salir unos Stinger. Para acabar con nosotros, solamente con una bomba atómica en las villas miseria. ¿Ya lo pensó? ¿Ipanema radiactiva?

Pero, ¿No habrá una solución?


Ustedes sólo pueden llegar a algún éxito si desisten de defender la "normalidad". No hay más normalidad alguna. Ustedes precisan hacer una autocrítica de su propia incompetencia. Pero a ser franco, en serio, en la moral. Estamos todos en el centro de lo insoluble. Sólo que nosotros vivimos de él y ustedes no tienen salida. Sólo la mierda. Y nosotros ya trabajamos dentro de ella. Entiéndame, hermano, no hay solución. ¿Saben por qué? Porque ustedes no entienden ni la extensión del problema. Como escribió el divino Dante: "Pierdan todas las esperanzas. Estamos todos en el infierno".

lunes, noviembre 27, 2006

Una distopía barrial

Comprar cds truchos en el parque rivadavia cada vez se parece más a comprar droga, o a comprar licor en la época de la ley seca yanqui. La mercadería está en exhibición, todos la pueden ver, comparar, sopesar. Pero hay todo un ritual que se asemeja a la compra de droga: los billetes se pasan disimuladamente, utiliza cierta jerga, cuando determinado programa o mp3 no está stock, el dealer (mejor dicho el puestero) te hace esperar en el limbo un rato y va a buscar la mercancía a otro puesto... Se aceptan devoluciones y cambios pero todo depende de la confianza que tengas con el vendedor, de tu capacidad para demostrar "que sabés de que se trata la cosa". Vas muerto si te ven pinta de inspector municipal. Se parece a una anticipación sci-fi tercermundista del futuro de la desesperación humana: drogas digitales tan poderosas como el viejo opio de los fumaderos, envueltas en sobrecitos berretas y grabadas en cd de pocos centavos la unidad: paco pentium, crack v.2.0.
Con una lluvia perpetua sería una buena locación para Blade Runner II.

miércoles, noviembre 22, 2006

Ímpetu, tempestad

Fue en el Strung und Drang de nuestra juventud…
El metro de Berlín atraviesa túneles que en otro tiempo sirvieron para la escapatoria de refugiados, para fosas de perseguidos, para madrigueras de disidentes: ahora en el otoño de la civilización las muchachas punks se sientan con las piernas abiertas (esos borceguíes) y hablan en dialecto suavo con sus novios raquíticos y posiblemente yonquis; las matronas de pelo teñido de azul suben cargadas de bolsas con regalos para los nietos y se miran en las ventanillas el rictus inconfundible de la desesperación; jóvenes rubios con camperas verde-oliva que dicen Afrikan Korps mascan el chicle agrio de la época y comentan con sus cofrades el resultado de Hannover – Shalke 04. En el medio de todos ellos Tomás Rainer paladea el gusto a guijarros de su alemán heredado. Strung und Drang. Jóvenes poetas y filósofos llenos de cerveza, cantando tonadas campesinas, levantándoles las polleras a las mozas, moliendo extranjeros a palos, alistándose en los ejércitos de Federico de Prusia, leyendo Novalis en las trincheras, plantando en el jardín de la casa familiar el árbol deforme de la Revolución Francesa, muriéndose de tuberculosis, de sífilis, de cólera, de disentería, de difteria, de gota, de fiebre amarilla, de viruela, de pena, de rabia, de orgullo.
Saliendo a la avenida Rainer camina por un bulevar cruzado por los vientos. Su departamento se encuentra en un barrio pobre de Berlín y para llegar a él debe atravesar un gran parque. Estatuas de grandes muertos flanquean su sendero. Un precursor de la química orgánica, un naturalista, un ministro de Bismarck, un filósofo idealista menor, un filántropo. Viejos turcos juegan en mesitas un juego de cartas que parece demasiado complicado: se ríen y se cargan en su idioma materno y es como una nube que subiera de Estambul y convirtiera todo en un lugar aún más raro.
En el departamento lo primero que hace es poner un viejo disco que se trajo de Buenos Aires, uno que le habían regalado en un cumpleaños y jamás se había dignado a escuchar hasta llegar a Berlín, tantos años después. Canta un tipo con voz de borracho perdido, esa voz rasposa, suplicante, agotada de quienes ya renunciaron a todo. La canción lame las paredes y Rainer piensa en la vecina de al lado, una mujer solitaria, devota de los ovnis y los fenómenos paranormales. Piensa en ella leyendo sola en la cama una revista de divulgación sobre los últimos avistajes de naves extraterrestres en las playas de Tulum, de Seychelles, de San Borombón. Una vez la vio en camisón, recién bañada, el pelo tirante y mojado, la vio en el pasillo sacando la basura, la puerta de su departamento entreabierta dejando apenas ver su bunker privado de fantasías galácticas.
La soledad de la ciudad se le asoma en el alma a Rainer. La tesis que lo trajo a Berlín ya está terminada y espera sólo el veredicto de los profesores. Podría irse ya de ahí. Podría lanzarse a los caminos de Europa y recorrer las estaciones de tren, las fondas, los cementerios, los palacios atacados en otra época por los revolucionarios ingenuos de la primavera moderna. Puede verse con una enorme mochila en la espalda, fumando tabaco armado en una estación rural de Checoslovaquia, esperando el silbido de la máquina que lo lleve hasta el próximo destino. Sacar fotos, llenar cuadernos con impresiones viajeras, trabar amistades de una noche, dormir mal sobre colchones mojados, olvidarse cepillos de dientes en lavatorios sucios.
Abajo, bajo el balcón de su departamento, unos tardíos obreros salen de un bar discutiendo a los gritos, se insultan, se contienen, se abrazan. El sol va cayendo, la calle se vuelve más oscura. El olor de los árboles vuela por el aire y se mete en el departamento impregnando todo de una fragancia pura, de otra época, incontaminada. No va a llover pero sin embargo la calma que se apodera del barrio parece predecir una tormenta.
El disco termina, el silencio es total, la tesis duerme sobre el escritorio. Y los jóvenes del Strum und Drang, en tanto, se ríen lejanamente desde el campo de batalla del mundo.

Altman

lunes, noviembre 20, 2006

Hoy

Hoy en el subte, recién bah, un tipo subió a pedir unas monedas a cambio de algo (¿una estampita? ¿una plancha de calcomanías de las chicas superpoderosas) y lo más raro fue que sostenía un radiograbador que emitía baladas tristes de los años 80's: esas que pasan por algunas radios para adultos sensibles. Una grasada, podría haber dicho en otro momento, pero hoy más bien quería seguir escuchando esas canciones, quería que me acompañaran durante todo, todo el viaje.

miércoles, noviembre 15, 2006

Mata Hari

Conocí a la famosa Mata Hari en un tren que unía Amberes con París en el otoño de 1914. Fue el otoño anterior a la famosa Primera Guerra Mundial, esa guerra donde las trincheras se construían con cadáveres y las máquinas inventadas por el sueño de la razón positivista demostraron toda su efectividad. Los mismos campos que atravesamos en aquel tren Mata Hari y yo meses después se cubrirían con las marcas de la viruela bélica: pozos excavados donde los soldados jugaban al rummy y escribían cartas a sus infieles novias; pozos separados por la tierra de nadie donde se acumulaban los desechos de las batallas inmóviles que caracterizaron esa contienda. Pero en el tren, en aquel otoño pre bélico, reinaba una atmósfera muy diferente. Mata Hari tenía el poder de hechizar a los hombres: los tres que estábamos en aquel camarote fuimos revelando nuestros más intimos secretos ante la mirada y la sonrisa de esa mujer. Dicen que fue una bailarina exótica y que sus presentaciones eran inolvidables, lamentablemente nunca la pude ver actuar sobre el escenario. Me alcazó con lo que vi en el camarote del tren. Una belleza de pelo largo y oscuro que usaba recogido en una coqueta cola de caballo, unos ojos verdes como los campos de labranza belgas que se colaban por la ventanilla, una sonrisa amplia que dejaba ver sus blanquísimos dientes y que lo sumergían a uno en una sensación de vértigo, su cuerpo era pequeño pero con tallado tan proporcionalmente que nada sobraba ni faltaba en él. Ahí estaba yo, recién subido al tren con mis tres vecinos de camarote, intimidado y deslumbrado ante aquella mujer que apenas murmurando unas palabras nos incitaba a contar nuestras intimidades.
El primero en hablar fue un obeso banquero de Amberes que se lanzó a relatar con lujo de detalle su enamoramiento clandestino con un joven dependiente de su banco. Hablaba de él como de una princesa, lo ascendía con sus palabras a las cumbres de la belleza, la inteligencia, la generosidad. Mata Hari asentía con la cabeza y desplegaba la sonrisa, movía uno de sus pequeños pies hasta rozar nuestras rodillas: lábil pez en el río de la lujuria. El banquero obeso seguía contando sus amores, perfectamente olvidado de que estaba con extraños, había abierto su corazón a Mata Hari.
Luego del banquero tomó la palabra un joven universitario de Lieja. En lágrimas relató su enamoramiento con una mujer a la que describió como "única" y "maravillosa". Lloraba de pena por el rechazo del que había sido objeto, entre sus sollozos se podía distinguir la culpa que sentía por no haber podido estar a la altura de las circunstancias. Era un espectáculo triste de verdad, y Mata Hari - mi espía- lo calmó tomándole suavemente las manos.
Cuando llegó mi turno estaba decidido a no contar nada. Soy una persona celosa de su intimidad y la perspectiva de verme sumido en el mismo estado que mis compañeros me producía una instantánea aversión. Mata Hari me dirigió unas palabras. Mata Hari me miró a los ojos. Mata Hari deslizó su lábil pez de la lujuria -su pequeña botita negra- hacía mi pierna. Mata Hari mostró una de sus sonrisas. Y me largué a hablar. Cómo lo hicieron igual los oficiales franceses y alemanes en la guerra. No podía sino hablar y confesar los secretos ante esa agente del espionaje emotivo. Conté sobre mi ex mujer, conté sobre mis hijos, conté sobre mis padres. Relaté con detalle mi última aventura amorosa, expuse teorías sobre el amor, sobre el matrimonio, sobre la fidelidad, sobre la intimidad. Mata Hari se arreglaba delicadamente el pelo. Mata Hari miraba y sonreía. Nada de lo que digas puede sorprenderme. Ningún secreto puede escandalizarme. ¿Es necesario decir que me enamoré de Mata Hari? ¿Es necesario confesar que en ella pude entrever un poder, una fuerza, que creía imposible en un ser humano? ¿Y es necesario aclarar que los tres hombres que estabamos en aquel tren, en aquel otoño pre bélico de 1914, el banquero, el joven estudiante, este narrador, todos caímos presos del mismo influjo y que en ese momento hubiesemos hecho cualquier cosa para hacer feliz a nuestra dueña?
Cuando llegamos a París hubiese jurado que estábamos de regreso de un viaje a las entrañas de la tierra, tal era mi agotamiento, tal era mi fragilidad. Mata Hari nos despidió en el andén y nos invitó gentilmente a visitarla en su casa. Todos besamos su mano enguantada e hicimos una torpe reverencia, pero estábamos demasiado cansados como para enhebrar una frase con sentido.
Luego comenzó la guerra y ella se dedicó a extraer secretos más relevantes que las pobres historias de amor de desconocidos reunidos por azar en un tren de épocas pacíficas. Pero nunca nadie, ni antes ni después me produjo la misma sensación de entrega que aquella mujer. Todavía sueño que veo su sonrisa en el fondo de un abismo y que yo me acerco al precipicio y que sin ningún temor me dejo caer, planeando, hacia ella.

jueves, noviembre 09, 2006

¿Quién le teme a Martin Amis?

Henry More versiona una encantadora fábula sobre los tiempos que corren, y lo hace siguiendo la estela de un cínico inglés.

Así estamos

En Estados Unidos
- El hombre Marlboro
- Gran Hermano
- Rey Arturo
- Santa Claus
- Hamlet
- Frankenstein
- Sigfrido
- Sherlock Holmes
- Romeo y Julieta
- Dr. Jekyll & Mr. Hyde

En Argentina
- La tortuga Manuelita
- Hijitus
- Patoruzú
- Isidoro
- Mafalda
- Carozo y Narizota
- Clemente
- Gold Silver
- Pibe Bazooka
- Margarito Tereré
Vía Page/12, un ranking de los personajes de ficción más influyentes de la cultura popular elaborado por tres freaks de Estados Unidos. En fin, para ellos Jekyll & Hyde para nosotros Margarito Tereré...
Harold Bloom, te perdonamos.

La caída del Halcón negro

miércoles, noviembre 08, 2006

"Es ella"


Casi, casi como Graciela en el 98

martes, noviembre 07, 2006

Adiós Carlos Marx, nos vemos en el cielo


"Vamos a conservar la misma línea, es decir, que sea la empresa privada el principal motor de desarrollo del país. Habrá un respeto absoluto a la propiedad privada y a la seguridad jurídica. La idea es impulsar la inversión privada en estas áreas. En ninguna circunstancia se considerarán políticas estatistas." (Jaime Morales, vicepresidente electo de Nicaragua)

De Sarmiento a Elisa Carrió

Caí en perfil.com donde la barba canosa y nada venerable del ex alumno de la E. D. P. José Eliashev te da la bienvenida. Casi, casi, como el dintel de la Divina Comedia. Comparte pantallita con Lanata, un personaje que armó un diario a los 26 años y ahora labura con Tinelli - en el programa de radio de Lanata hay dos boludas que hablan pavadas, y todos se hacen los graciosos, Sietecase la juega de rosarino galán y Lanata de paterfamiliae del periodismo jugado-. Son los censurados de la TV que tienen pantallita propia en perfil.com, a ver si le dan también un espacio a Liliana López Foresi (otra censurada, según esta lógica) o a Pedro Olgo Ochoa (que hace mucho que no aparece y presuponemos, ergo, que también está censurado).
Pero bien, leo una crónica de Elisa Carrió sobre la elecciones de hoy en EE. UU. La idea es interesante, admitámoslo, una cuenta más en el largo collar de los viajeros argentinos a América. Viñas tenía ese libro de excelente título De Sarmiento a Dios, releyendo las experiencias de deslumbramiento y horror registradas en el iniciático viaje a la gran potencia del Norte. Estados Unidos siempre ha provocado ese efecto: atracción y repulsión. Después de todo, desde el momento mismo de su fundación por los puritanos del Mayflower, EE. UU. se pensó a si mismo como un Nuevo Mundo, como un laboratorio social y político de ideas y movimientos que no podían cuajar en el Viejo Continente. Ese caracter aislado de los Estados Unidos, ese ser diferente, ha fascinado a ejércitos de intelectuales. Desde Tocqueville a Deleuze, desde Weber a Jean Genet, las ciudades norteamericanas fueron suelo fértil para disparar reflexiones sobre el futuro del mundo. Todo lo que pasa, pasa primero en América.
Carrió no es ajena a ese deslumbramiento viajero. En la ligazón fundacional yanqui de religión y política se siente cómoda, después de todo, Arendt escribió sus mejores páginas políticas siguiendo de cerca el sueño revolucionario jeffersoniano y en la crónica de Carrió se siente latir esa influencia. Palabras sobre la "nueva mayoría" interreligiosa e intercultural que se estaría tramando para desbancar a Bush. Palabras lincolnianas sobre la imposibilidad de mantener engañado a todo un pueblo todo el tiempo. Palabras para las almas bellas y castas sobre la influencia decisiva de la moral y la religión, sobre la virtud y el diálogo. En la visión de Carrió los hombres malos obtienen su merecido y el pueblo, finalmente, despierta de su letargo. Esa sí que es una mirada americana sobre el mundo, con su candor y su fe irredenta en la "good people".
Al lado de la nota de Carrió hay otra que me resulta más interesante. Es sobre una nueva práctica que se está dando en los vecindarios norteamericanos: asesinar homeless por placer.
Todo lo que pasa, pasa primero en América.

lunes, noviembre 06, 2006

Realpolitik

–Pero, acláreme algo, porque a usted se lo veía hasta hace poco en actos duhaldistas, y de pronto se convirtió en candidato de Kirchner.
(Se ríe.) –Fue una jugada política. Yo fui al Congreso de Lanús (duhaldista) para que me vieran en los medios, con el propósito que me llamen a negociar. Y así pasó: me empezó a llamar todo el mundo y también los muchachos del Frente para la Victoria, que me hicieron candidato y salí votado como concejal en Escobar.


Qué grande Larry, ¿no?... (cri, cri, cri) ... ¿no?

sábado, noviembre 04, 2006

Malvárez Tejar, un hombre en peligro

Hace semanas que busco la imagen aquella de Morales Solá vestido de duendecillo (¿o era de drácula? ¿o de príncipe valiente? ¿o de ayudante de Papá Noel?) en ese legendario institucional navideño de Canal 9 de la era Romay. Creo que el Tano Ranni hacía de Santa Claus y Guillermito Andino de un muy gay paje navideño. También estaba Magdalena. Si fuera asesor del gobierno utilizaría esa imagen para extorsionar al "agudo" columnista de La Nación. Bueno, quizá ya se les ocurrió.

Al estilo mundo del cinismo

Las viudas de los jueves de Claudia Piñeiro es la versión pedorra-argenta de Noches de cocaína de J. G. Ballard.

viernes, noviembre 03, 2006

La peste

Una de las secciones más divertidas de la revista Barcelona (no pongo el link porque el sitio de la revista no dice gran cosa) es el correo de lectores. Una vedadera delicia de pelotudos que escriben indignados ante las tropelías de la revista. Cosas como tengo una hermana mogólica y ustedes son unos hijos de puta que no respetan a nadie, mi hermanita es un ser luminoso y hermoso y les deseo que tengan muchos hijos mogólicos, cosas como esas que uno nunca termina de saber (bueno, ese es un poco el juego de la revista) si son ciertas o más bien un nuevo chiste de la redacción. En el último número hay varias cartas de lectores que giran en torno al tema de la represión y los desaparecidos. Lo que me llama la atención, en mi ingenuidad, es el tono brutal de muchas de esas cartas: fascistas de comedor diario que escriben cartas burlándose de la "sidosa de Arrostito" o de "la concha de Bonafini" o de "los putos montoneros". Quiero decir, debe ser el pensamiento de mucha gente, debe ser el chiste diario de muchas familias cristianas, y no solo de los habitués de Plaza San Martín o miembros de la "familia militar", sino de gente mediopelo que ve con horror el discurso de los derechos humanos ahora legitimado vía Presidencia de la Nación.
Siempre me alarmaron más esos fascistas "de a pie" que los fascistas obvios de las jerarquías militares, empresariales o eclesiásticas. Digo, si estás tomando un copetín en el Círculo Militar y escuchás que alguien se vanagloria de sus hazañas setentistas, bueno, ¿qué esperabas? va con la lógica del lugar. Lo mismo si una vieja del Opus Dei o de Tradición, Familia y Propiedad larga a viva voz su íntimo deseo de que "acá hace falta un Pinochet" para arreglar el país, es todo tan predecible. El escalofrío viene cuando alguien que considerás a priori como "normal" se despacha con su credo videlista. Un tipo común, insignificante, inofensivo en apariencia. Un oficinista, ponele. Y de pronto puede decir el clásico "hay que matarlos a todos" o "habría que ponerles una bomba así se dejan de joder" o "qué bien los militares que se violaban a esas zurdas de mierda". Esos momentos son un shock de realidad: el mundo es así, las personas son así, esos son los contenidos que guardan en sus cabezas. Lo politicamente correcto es hipocresía en la mayoría de los casos. Animales hobbesianos disfrazados de buenos ciudadanos rousseaunianos.