Linda nota sobre el "deterioro" del glamoroso Puerto Madero, ese proyecto insignia de la gentrificación urbana del menemismo (que fue como política nacional, en resumen, una gentrificación a escala macro social). En fin, como decía el sociólogo ex sartreano ex contornista Sebreli, el infierno de unos es el paraíso de otros.
lunes, mayo 25, 2009
miércoles, mayo 20, 2009
lunes, mayo 18, 2009
En la calle codo a codo...
Reynaldo Sietecase logra la proeza de escribir dos veces una misma necrológica. Algo para el Guinness.
jueves, mayo 07, 2009
miércoles, mayo 06, 2009
Pobres negros
El día de mañana le contaremos a nuestros hijos: "fue en el otoño que pasamos mirando la campaña por Canal 26". Un signo sutil de los tiempos que corren, que enlaza la territorialización de la política con el lugar preponderante que ocupa el GBA en el discurso político. De todo esto da cátedra el maestro Manolo en su blog, que para los porteñitos blandengues como yo es un curso acelerado de inmersión en ese espacio geográfico, anímico, mental, cultural y político que es el conurbano. Se habla tanto del conurbano por estos tiempos. ¿Es el Desierto del siglo XXI? Ese que se pensó en el siglo XIX como despoblado cuando estaba pleno de intercambios, de significados; ese contra el cual se construyó la idea de nación moderna y que le dió a la literatura argentina tres de sus mejores obras. Algo de eso puede haber, aunque mejor no exagerar el símil.
Hoy Ricardito Alfonsín, el hombre que perfecciona todos los días frente al espejo del baño el vibrato de la voz paterna, decía que el segundo cordón del GBA es un espacio prepolítico. No lo gloso, lo cito textual. No leyó la entrevista a Merklen que posteamos el otro día, o si la leyó no le importó, da lo mismo. El discurso del clientelismo es fuerte. Es una de las piedras sobre la que se sostiene la autoestima de la clase media, que le permite mantener su visión de eterna incomprendida en este "país de mierda".
Más política Lilita Carrió, que estaba al lado de Alfonsin Jr., lo cruzó con un sermón sobre su inmenso amor a los pobres, sobre la sensibilidad, sobre que ella ganó en las mesas femeninas de José C. Paz. Lilita sabe: la clase media quiere el discurso de los "clientes" arreados como ganado, pero también quiere la esperanza de que ese inmenso espacio que imagina homogeneamente miserable - el GBA - puede ser reconquistado para la civilización. En cada votante de la CC hay un pedagogo que, luego de pasada la calentura con los "negros de mierda", reflexiona y dice: "esto se soluciona con educación, con cultura cívica".
Se me ocurre, no sé porqué, otro simil literario: la clase media oscila entre "Las puertas del Cielo" de Cortázar y la "Carta abierta a la patria". Entre la infinita frustración ante los pobres que no saben comportarse y la añoranza de un país que todavía "puede ser". Pero sin muchas esperanzas.
Hoy Ricardito Alfonsín, el hombre que perfecciona todos los días frente al espejo del baño el vibrato de la voz paterna, decía que el segundo cordón del GBA es un espacio prepolítico. No lo gloso, lo cito textual. No leyó la entrevista a Merklen que posteamos el otro día, o si la leyó no le importó, da lo mismo. El discurso del clientelismo es fuerte. Es una de las piedras sobre la que se sostiene la autoestima de la clase media, que le permite mantener su visión de eterna incomprendida en este "país de mierda".
Más política Lilita Carrió, que estaba al lado de Alfonsin Jr., lo cruzó con un sermón sobre su inmenso amor a los pobres, sobre la sensibilidad, sobre que ella ganó en las mesas femeninas de José C. Paz. Lilita sabe: la clase media quiere el discurso de los "clientes" arreados como ganado, pero también quiere la esperanza de que ese inmenso espacio que imagina homogeneamente miserable - el GBA - puede ser reconquistado para la civilización. En cada votante de la CC hay un pedagogo que, luego de pasada la calentura con los "negros de mierda", reflexiona y dice: "esto se soluciona con educación, con cultura cívica".
Se me ocurre, no sé porqué, otro simil literario: la clase media oscila entre "Las puertas del Cielo" de Cortázar y la "Carta abierta a la patria". Entre la infinita frustración ante los pobres que no saben comportarse y la añoranza de un país que todavía "puede ser". Pero sin muchas esperanzas.
lunes, mayo 04, 2009
Estado y sectores populares
Entrevista imprescindible a Denis Merklen que hace foco en una cuestión crucial y llena de equívocos: la relación entre sectores populares y Estado en la Argentina de los últimos 25 años. Desde hace mucho tiempo las palabras clientelismo y universalización de las políticas contra la pobreza monopolizan el debate en torno a la presencia del Estado en las zonas que han quedado al margen del crecimiento económico de los sucesivos modelos de país que hemos experimentado las últimas décadas.
La pobreza dura y extensa de los barrios populares se ha constiuido gradualmente en un campo contra el cual se proyectan las imágenes aterrorizadas o falsamente compasivas de ciertas capas sociales para las cuales esas masas de extramuros encarnan los espectros del fracaso social, o más aún, de una inviabilidad irresoluble: desiertos que rodean las zonas exitosas, espacios librados a la mano de dios por los cuales no transitar, no mirar, no pensar más que con las categorías prefabricadas del "clientelismo" que todo lo explican. Desde otra perspectiva, en cambio, se da el intento inverso de revalorizar acríticamente muchas prácticas políticas degradadas que tienen lugar en los territorios de la pobreza.
Es, me parece, un juego peligroso que no ayuda en nada a pensar y entender cómo se da realmente la dinámica política en los barrios populares. No contribuye en nada oponer al discurso estigmatizador del "clientelismo" respuestas que festejan gozosamente la supervivencia de liderazgos que han probado su falta de eficacia para resolver la pobreza estructural. ¿Más claro? Oponerse y refutar la visión de que los pobres son seres manipulados que votan lo que les dice un puntero no significa echarse en los brazos de tipos con los que ninguno de nosotros compartiría ni un café. Hay una tensión ahí que es de difícil resolución y qué, como señala Merklen, sólo puede resolverse desde el Estado cambiando la lógica de distribución de los recursos.
El sueño de las clases medias de una política social que se cobre exclusivamente por la ventanilla de un banco, donde la relación ciudadano - Estado esté mediada por una tarjeta magnética, ese sueño de la transparencia, de la abolición de las mediaciones, es también una pesadilla antipolítica. No es extraña entonces, la persistencia del mantra "ingreso universal" esgrimido por Carrió y por otros representantes del liberalismo argentino. Junto al mercado que vincula a los individuos de manera invisible a través de su rol como consumidores y productores, el ingreso universal ascéptico ("que lo cobre desde el hijo de Macri al hijo del cartonero") viene a completar la configuración de una sociedad de individuos desligados de cualquier instancia colectiva.
En el otro extremo, la distribución de recursos en forma de microemprendimientos, de subsidios destinados a un fracaso casi seguro en la intemperie del mercado, de aportes que no hacen más que solidificar condiciones de miseria. La marcha del jueves tenía un simbolismo fuerte: la multitud de la CGT frente al ministerio de Desarrollo Social. Estaban ahí dos maneras de vinculación de los sectores populares con el Estado. Me parece crucial pensar esa relación en un contexto donde el trabajo formal sigue siendo importante pero ya no mayoritario, donde los sindicatos siguen cumpliendo un papel fundamental pero que no incluye a muchos de los pobres que han quedado fuera de esos encuadramientos y que se relacionan con el Estado a través de otras vías. ¿Cómo distribuir bienes y servicios, cómo tener una voz que pueda ser atendida por la dirigencia política en tiempos de fractura social? El kirchnerismo lo intentó apostando a la recuperación del trabajo formal, por un lado, y por otro atendiendo la pobreza extrema con políticas territoriales y focalizadas, de un impacto - como mínimo - modesto. A seis años del 2003, y en vísperas de las elecciones es crucial pensar que se hizo bien y que falló.
La pobreza dura y extensa de los barrios populares se ha constiuido gradualmente en un campo contra el cual se proyectan las imágenes aterrorizadas o falsamente compasivas de ciertas capas sociales para las cuales esas masas de extramuros encarnan los espectros del fracaso social, o más aún, de una inviabilidad irresoluble: desiertos que rodean las zonas exitosas, espacios librados a la mano de dios por los cuales no transitar, no mirar, no pensar más que con las categorías prefabricadas del "clientelismo" que todo lo explican. Desde otra perspectiva, en cambio, se da el intento inverso de revalorizar acríticamente muchas prácticas políticas degradadas que tienen lugar en los territorios de la pobreza.
Es, me parece, un juego peligroso que no ayuda en nada a pensar y entender cómo se da realmente la dinámica política en los barrios populares. No contribuye en nada oponer al discurso estigmatizador del "clientelismo" respuestas que festejan gozosamente la supervivencia de liderazgos que han probado su falta de eficacia para resolver la pobreza estructural. ¿Más claro? Oponerse y refutar la visión de que los pobres son seres manipulados que votan lo que les dice un puntero no significa echarse en los brazos de tipos con los que ninguno de nosotros compartiría ni un café. Hay una tensión ahí que es de difícil resolución y qué, como señala Merklen, sólo puede resolverse desde el Estado cambiando la lógica de distribución de los recursos.
El sueño de las clases medias de una política social que se cobre exclusivamente por la ventanilla de un banco, donde la relación ciudadano - Estado esté mediada por una tarjeta magnética, ese sueño de la transparencia, de la abolición de las mediaciones, es también una pesadilla antipolítica. No es extraña entonces, la persistencia del mantra "ingreso universal" esgrimido por Carrió y por otros representantes del liberalismo argentino. Junto al mercado que vincula a los individuos de manera invisible a través de su rol como consumidores y productores, el ingreso universal ascéptico ("que lo cobre desde el hijo de Macri al hijo del cartonero") viene a completar la configuración de una sociedad de individuos desligados de cualquier instancia colectiva.
En el otro extremo, la distribución de recursos en forma de microemprendimientos, de subsidios destinados a un fracaso casi seguro en la intemperie del mercado, de aportes que no hacen más que solidificar condiciones de miseria. La marcha del jueves tenía un simbolismo fuerte: la multitud de la CGT frente al ministerio de Desarrollo Social. Estaban ahí dos maneras de vinculación de los sectores populares con el Estado. Me parece crucial pensar esa relación en un contexto donde el trabajo formal sigue siendo importante pero ya no mayoritario, donde los sindicatos siguen cumpliendo un papel fundamental pero que no incluye a muchos de los pobres que han quedado fuera de esos encuadramientos y que se relacionan con el Estado a través de otras vías. ¿Cómo distribuir bienes y servicios, cómo tener una voz que pueda ser atendida por la dirigencia política en tiempos de fractura social? El kirchnerismo lo intentó apostando a la recuperación del trabajo formal, por un lado, y por otro atendiendo la pobreza extrema con políticas territoriales y focalizadas, de un impacto - como mínimo - modesto. A seis años del 2003, y en vísperas de las elecciones es crucial pensar que se hizo bien y que falló.
viernes, mayo 01, 2009
1 de mayo
Nadie me llamó del gobierno, nosotros estamos para socializar las perdidas, nunca los beneficios. Nosotros somos los que estuvimos siempre en la calle y lo vamos a estar porque venimos de la escuela que dice: Primero la Patria. Vamos a estar con Kirchner, a pesar de Kirchner y de Cristina. Vamos a estar porque como alguna vez yo le dije a Néstor Kirchner: “Yo soy mas kirchnerista que vos, en términos de proyecto nacional, popular y revolucionario. Porque creo firmemente en lo que estamos haciendo, y estamos en esto por convicción, no por pura táctica, lo nuestro es estratégico."
Manual de conducción, Néstor. Hay que, tenés que, leer esta "carta abierta" una y mil veces. Late ahì, un profundo llamado de atención y más de una verdad.
Feliz día de los trabajadores para todos.
Manual de conducción, Néstor. Hay que, tenés que, leer esta "carta abierta" una y mil veces. Late ahì, un profundo llamado de atención y más de una verdad.
Feliz día de los trabajadores para todos.
jueves, abril 30, 2009
Un asesor a la derecha, por favor
lunes, abril 20, 2009
El último crash
domingo, abril 19, 2009
El affaire Pron
La piedra inicial en el manso estanque, y sus réplicas posteriores pueden leerlas acá, acá y también acá.
Ah, sí, sí. Fue divertido. ¿Quién se resiste a asomar la cabeza por entre el gentío que rodea a un tipo estrolado en la vía pública, mientras las ambulancias se acercan con sus zumbidos y los policías desganados mandan mensajitos de texto y dicen "dejen espacio, dejen espacio para la ambulancia"? Nadie se resiste a echar una mirada en esas circunstacias que alteran, aunque sea módicamente, el orden de un mundo hasta entonces tranquilo, o que uno suponía tranquilo. El accidente que altera el fluir del tránsito, el herido en la vereda, el escandalete que irrumpe en el mundillo cultural, los feos retratos que dibuja.
En dos líneas, para los que todavía no lo saben, la cosa fue así: un grupo de escritores argentinos viaja a España para darle manija a la edición de una antología de cuentos llamada La joven guardia. Allá se suma otro escritor argentino residente en España desde hace tiempo. Van juntos a museos, a comer, a las citas con el periodismo, hablan del mercado literario, se sacan fotos en algún viejo salón ornamentado pesadamente, posando reflexivamente. Bien. Días después los argentinos residentes en Argentina se enteran que el argentino residente en España los defenestra en una nota escrita para una prestigiosa revista. Hasta aquí todo bien, como piensa el hombre mientras cae desde un rascacielos. La parte de la "infidelidad" o de la "traición" es la que menos nos importa. Tal vez cualquiera hubiera hecho lo mismo en circunstancias similares. Pron podría, justificadamente, citar a Capote cuando las señoras de la alta sociedad neoyorquina le volvieron la espalda por la publicación de Plegarias atendidas: "¿qué esperaban? estaban hablando con un escritor".
Lo que me interesa de la nota de Pron y de sus réplicas es la idea de literatura que dibujan. El discurso de Pron es el discurso de un hombre que defiende la santidad, la pureza del oficio literario frente a la barbarie de unos mercaderes sedientos de embolsar unos billetes más.
“Alguien habría tenido que decirles que la literatura consiste en leer y en escribir libros y que ésa es una actividad virtualmente antieconómica porque descansa sobre la búsqueda de un sentido esquivo a un mundo en perpetua confusión y nadie quiere eso en su casa a la hora del almuerzo”.
La literatura, para Pron, es como la política para los viejos atenienses: algo que se hace en un radiante ágora, disociado de cualquier sucia necesidad material. Una profesión costosa y a la que se le entrega la vida, una labor dignísima cuya recompensa no se mide en monedas sino en la satisfacción interior del literato al lograr captar "el sentido esquivo" del mundo. No me preguntes sobre porcentajes, sobre subsidios, sobre becas, sobre agentes de prensa. Hablemos de aquel pasaje de Musil, o de aquel otro cuento de Cheever. Alimento para el alma, sí.
"Hay que quitarle a la literatura su aire sacramental y liberarla de sus tabúes sociales aclarando el secreto de su poder", citaba a Escarpit David Viñas al comienzo de Literatura argentina y realidad política. Porque lo que hay que decir, y esto excede la calidad literaria de los defenestrados por Pron y de Pron mismo, es que la literatura es un hecho social, que no puede escapar de esa materialidad fea y rústica que rige cualquier intercambio, cualquier obra, cualquier acción en el mundo. Lo que a Pron le espanta es ver que entre obra y autor existen una serie de mediaciones que nada tienen que ver con el lugar fáustico del sabio encerrado en su estudio, en conexión directa con la "inspiración". Vamos, que la gente debe ir al supermercado, pagar el alquiler, el jardín de los chicos, enfrentarse con el jefe, comprar una garcha en el kiosco para tener monedas para el colectivo. Un horror, un horror.
No sé si Terranova et al. son más "peseteros" que cualquier mortal que debe sobrevivir en medio de algo llamado "capitalismo", lo que sí sé es que la literatura nunca, pero nunca, consisitió sólo en "leer y escribir libros". Qué esa sólo es la ficción que se cuentan a sí mismos algunos, cuando ya están tranquilos, para olvidar la génesis social de sus obras, para negar la rosca, las operaciones, las alianzas y las luchas que los llevaron a ser "escritores". Indignarse por esas cosas no revela más que una candidez dificilmente perdonable.
Ah, sí, sí. Fue divertido. ¿Quién se resiste a asomar la cabeza por entre el gentío que rodea a un tipo estrolado en la vía pública, mientras las ambulancias se acercan con sus zumbidos y los policías desganados mandan mensajitos de texto y dicen "dejen espacio, dejen espacio para la ambulancia"? Nadie se resiste a echar una mirada en esas circunstacias que alteran, aunque sea módicamente, el orden de un mundo hasta entonces tranquilo, o que uno suponía tranquilo. El accidente que altera el fluir del tránsito, el herido en la vereda, el escandalete que irrumpe en el mundillo cultural, los feos retratos que dibuja.
En dos líneas, para los que todavía no lo saben, la cosa fue así: un grupo de escritores argentinos viaja a España para darle manija a la edición de una antología de cuentos llamada La joven guardia. Allá se suma otro escritor argentino residente en España desde hace tiempo. Van juntos a museos, a comer, a las citas con el periodismo, hablan del mercado literario, se sacan fotos en algún viejo salón ornamentado pesadamente, posando reflexivamente. Bien. Días después los argentinos residentes en Argentina se enteran que el argentino residente en España los defenestra en una nota escrita para una prestigiosa revista. Hasta aquí todo bien, como piensa el hombre mientras cae desde un rascacielos. La parte de la "infidelidad" o de la "traición" es la que menos nos importa. Tal vez cualquiera hubiera hecho lo mismo en circunstancias similares. Pron podría, justificadamente, citar a Capote cuando las señoras de la alta sociedad neoyorquina le volvieron la espalda por la publicación de Plegarias atendidas: "¿qué esperaban? estaban hablando con un escritor".
Lo que me interesa de la nota de Pron y de sus réplicas es la idea de literatura que dibujan. El discurso de Pron es el discurso de un hombre que defiende la santidad, la pureza del oficio literario frente a la barbarie de unos mercaderes sedientos de embolsar unos billetes más.
“Alguien habría tenido que decirles que la literatura consiste en leer y en escribir libros y que ésa es una actividad virtualmente antieconómica porque descansa sobre la búsqueda de un sentido esquivo a un mundo en perpetua confusión y nadie quiere eso en su casa a la hora del almuerzo”.
La literatura, para Pron, es como la política para los viejos atenienses: algo que se hace en un radiante ágora, disociado de cualquier sucia necesidad material. Una profesión costosa y a la que se le entrega la vida, una labor dignísima cuya recompensa no se mide en monedas sino en la satisfacción interior del literato al lograr captar "el sentido esquivo" del mundo. No me preguntes sobre porcentajes, sobre subsidios, sobre becas, sobre agentes de prensa. Hablemos de aquel pasaje de Musil, o de aquel otro cuento de Cheever. Alimento para el alma, sí.
"Hay que quitarle a la literatura su aire sacramental y liberarla de sus tabúes sociales aclarando el secreto de su poder", citaba a Escarpit David Viñas al comienzo de Literatura argentina y realidad política. Porque lo que hay que decir, y esto excede la calidad literaria de los defenestrados por Pron y de Pron mismo, es que la literatura es un hecho social, que no puede escapar de esa materialidad fea y rústica que rige cualquier intercambio, cualquier obra, cualquier acción en el mundo. Lo que a Pron le espanta es ver que entre obra y autor existen una serie de mediaciones que nada tienen que ver con el lugar fáustico del sabio encerrado en su estudio, en conexión directa con la "inspiración". Vamos, que la gente debe ir al supermercado, pagar el alquiler, el jardín de los chicos, enfrentarse con el jefe, comprar una garcha en el kiosco para tener monedas para el colectivo. Un horror, un horror.
No sé si Terranova et al. son más "peseteros" que cualquier mortal que debe sobrevivir en medio de algo llamado "capitalismo", lo que sí sé es que la literatura nunca, pero nunca, consisitió sólo en "leer y escribir libros". Qué esa sólo es la ficción que se cuentan a sí mismos algunos, cuando ya están tranquilos, para olvidar la génesis social de sus obras, para negar la rosca, las operaciones, las alianzas y las luchas que los llevaron a ser "escritores". Indignarse por esas cosas no revela más que una candidez dificilmente perdonable.
viernes, abril 17, 2009
"Reventadito culposo"
Luis D'Elía acaba de hacer mierda a Fernando Peña en el programa de Lanata. Desearía que algún blogger ducho en YouTube (¿Diego F?) pueda postear pronto el debate. Nada sorprendente, por otra parte, teniendo en cuenta las diferencias intelectuales entre ambos contendientes. Me hizo recordar ese genial y bizarrísimo debate entre el Turco Asís y Gerardo Romano en un programa de Grondona en los años 90s. El progresismo banal de Peña, hecho de transgresiones módicas (como le lanzaba Asís a Romano) y de gestos supuestamente subversivos que no espantan a nadie quedaba rídiculo frente a las intervenciones ideológicas de D'Elía. Eran dos universos contrapuestos, pero no los universos de "lo negro y lo blanco" - como se podría pensar superficialmente - eran los mundos alejados de la impostura lamentable del sentido común clasemediero (aunque se tatúe el cráneo, aunque confiese haberse cogido a medio episcopado) contra la posición de alguién que conoce el significado de la palabra "política".
Un diálogo que cito de memoria:
Peña - Me gustaría saber que hiciste vos en tu vida por los pobres.
D'Elía - Yo hace 35 años que trabajo con los pobres.
P - No te creo nada.
D - Vos no tenés idea de lo que es vivir con los pobres, ni los podrías reconocer.
P - Yo sé lo que es vivir con los pobres. Hice muchos informes en villas para mi programa (!!!).
No further questions, the defense rests.
Un diálogo que cito de memoria:
Peña - Me gustaría saber que hiciste vos en tu vida por los pobres.
D'Elía - Yo hace 35 años que trabajo con los pobres.
P - No te creo nada.
D - Vos no tenés idea de lo que es vivir con los pobres, ni los podrías reconocer.
P - Yo sé lo que es vivir con los pobres. Hice muchos informes en villas para mi programa (!!!).
No further questions, the defense rests.
jueves, abril 16, 2009
El terror en los tiempos del dengue
¿Bancamos a la Hormiguita o bancamos a los Gordos? Una pregunta tonta que parece haberse instalado en el corazón de cierto kirchnerismo que no nos interesa. Bancamos a los dos. Tenemos muchas críticas para hacerle al progresismo frepasista (¿zapatitos blancos?) y conocemos la importancia vital y crucial del sindicalismo en una sociedad que quiera ser medianamente "civilizada". Sabemos que el trazo grueso de la batalla cultural pasa por defender aquellos espacios que los trabajadores tienen para hacerse escuchar, para no quedar invisibilizados en la brutalidad del mercado. Pero también sabemos que una articulación política que quiera prolongarse en el tiempo, hacerse fuerte, reconstruir lo destruido, tiene que contar con aquellos sectores que en su imaginario ven a figuras como Ocaña un referente de ciertos valores. No importa acá demasiado si esos valores son pura falsa conciencia, importa que tienen efectos prácticos. Ah, sí, me descubrieron: soy albertista. Tal vez ya sea tarde para reconstruir el kirchnerismo del 2003, 2004, lo sabemos. Eso no impide que volvamos la vista a ese momento, a la potencia de ese momento. Igual no pido que vuelva Ibarrita, dios me libre.
El significante "Dengue" está en todas las pantallas. Vemos patios suburbanos bajo el humo de la fumigación, paisajes de plazas públicas recorridas por hombres con barbijos y extraños implementos que largan insecticida, recomendaciones de los médicos electrónicos para cubrir las cunas de los niños con mosquiteros de tul, Julito Bazán con su mejor voz temblequeante firme desde Charata, Chaco, informando el día a día de las víctimas que caen en la línea de batalla. El enemigo silencioso, chupasangre de pobre, que se cría en los cacharros de los fondos, que revolotea por pueblos y ciudadades buscando su próxima víctima: ¡es una enfermedad de la pobreza! ¡nadie está a salvo! Las fronteras sanitarias, sabemos desde el Foucault de la biopolítica, son permeables, capilares, un dolor de cabeza permanente para las autoridades. Se recrea la imágen de un país tropical, vencido por el calor, donde la enfermedad es parte del "color local". ¿A cuánto los tours de post graduates canadienses o noruegos por las zonas afectadas? El destino sudamericano.
Porque tal vez lo que aterre tanto del dengue, lo que capture tanto la atención de los medios porteños sea ese caracter latinoamericano que el mosquito lleva en su abdomen. En los tiempos del dengue lo que predomina es el horror a saberse parte de una región castigada por infinitos males. Otro cachetazo al narcisismo porteño que descubre con pavor que la Atenas del Río de la Plata no es más que un cuento grabado a fuego en las aulas escolares. "La Argentina no tiene regreso. No va a volver a lo que fue. No hay ninguna restauración. El cambio ha sido tan brutal que no queda ningún fundamento sobre el cual restaurar." Lo dice la Profesora Sarlo, espantada luego de su recorrida por las barriadas populares para su último libro. No hay caso, che, la realidad siempre se impone: un puto mosquito te devuelve a tu lugar real en el mapa.
Sin embargo, el terrorismo que se ejerce cotidianamente con el dengue (y con la "inseguridad", y con tantos otros objetos de pavor que dibujan la cartografía de una ciudad sitiada) no nos debería hacer olvidar el uso político que esos temas encubren. La naturaleza nunca es inocente. Estamos al borde de que estalle el viejo discurso higienista de las poblaciones peligrosas. Discurso que siempre, volvamos al francés sadomasoquista, va de la mano de las opciones políticas que consagran los dicursos de la exclusión.
El significante "Dengue" está en todas las pantallas. Vemos patios suburbanos bajo el humo de la fumigación, paisajes de plazas públicas recorridas por hombres con barbijos y extraños implementos que largan insecticida, recomendaciones de los médicos electrónicos para cubrir las cunas de los niños con mosquiteros de tul, Julito Bazán con su mejor voz temblequeante firme desde Charata, Chaco, informando el día a día de las víctimas que caen en la línea de batalla. El enemigo silencioso, chupasangre de pobre, que se cría en los cacharros de los fondos, que revolotea por pueblos y ciudadades buscando su próxima víctima: ¡es una enfermedad de la pobreza! ¡nadie está a salvo! Las fronteras sanitarias, sabemos desde el Foucault de la biopolítica, son permeables, capilares, un dolor de cabeza permanente para las autoridades. Se recrea la imágen de un país tropical, vencido por el calor, donde la enfermedad es parte del "color local". ¿A cuánto los tours de post graduates canadienses o noruegos por las zonas afectadas? El destino sudamericano.
Porque tal vez lo que aterre tanto del dengue, lo que capture tanto la atención de los medios porteños sea ese caracter latinoamericano que el mosquito lleva en su abdomen. En los tiempos del dengue lo que predomina es el horror a saberse parte de una región castigada por infinitos males. Otro cachetazo al narcisismo porteño que descubre con pavor que la Atenas del Río de la Plata no es más que un cuento grabado a fuego en las aulas escolares. "La Argentina no tiene regreso. No va a volver a lo que fue. No hay ninguna restauración. El cambio ha sido tan brutal que no queda ningún fundamento sobre el cual restaurar." Lo dice la Profesora Sarlo, espantada luego de su recorrida por las barriadas populares para su último libro. No hay caso, che, la realidad siempre se impone: un puto mosquito te devuelve a tu lugar real en el mapa.
Sin embargo, el terrorismo que se ejerce cotidianamente con el dengue (y con la "inseguridad", y con tantos otros objetos de pavor que dibujan la cartografía de una ciudad sitiada) no nos debería hacer olvidar el uso político que esos temas encubren. La naturaleza nunca es inocente. Estamos al borde de que estalle el viejo discurso higienista de las poblaciones peligrosas. Discurso que siempre, volvamos al francés sadomasoquista, va de la mano de las opciones políticas que consagran los dicursos de la exclusión.
miércoles, abril 15, 2009
Dos
Dos apuntes sobre la campaña en ciernes:
1- Lo vi a Aníbal Fernández en el programa de Lanata. Aníbal es por lejos la espada más filosa del gobierno, un todo terreno que defiende con buenos argumentos - cifras, logros y también bajada ideológica - al Gobierno. Me da la sensación que por tipos como ese debería pasar la primera línea de defensa y ataque en la campaña. Tengo la impresión hace bastante que el gobierno se "retiró" de los pocos espacios políticos televisivos, ayudando a crear un clima monocolor informativo. Si el 28 de junio es tan trascendente no hay que regalar ni un segundo de aire, aún en los programas más opositores.
2- La verdad es que la interna del PRO-De Narváez-Solá me aburre muchísimo. Esa cosa de observar como tres tipos con plata se clavan puñales y simulan la construcción de un "proyecto" político es algo que me supera, la verdad. Lo que sí me llamo la atención es el tema Michetti: su sufrimiento, su sentido moral herido en el lodazal de la riña política, su stress para afrontar una campaña. Querida, todo bien, pero ¿estás segura que querés jugar a esto? Porque el político de vocación ama por sobre todas las cosas las batallas electorales, le vaya como le vaya. No sé, por ahí no es lo tuyo.
1- Lo vi a Aníbal Fernández en el programa de Lanata. Aníbal es por lejos la espada más filosa del gobierno, un todo terreno que defiende con buenos argumentos - cifras, logros y también bajada ideológica - al Gobierno. Me da la sensación que por tipos como ese debería pasar la primera línea de defensa y ataque en la campaña. Tengo la impresión hace bastante que el gobierno se "retiró" de los pocos espacios políticos televisivos, ayudando a crear un clima monocolor informativo. Si el 28 de junio es tan trascendente no hay que regalar ni un segundo de aire, aún en los programas más opositores.
2- La verdad es que la interna del PRO-De Narváez-Solá me aburre muchísimo. Esa cosa de observar como tres tipos con plata se clavan puñales y simulan la construcción de un "proyecto" político es algo que me supera, la verdad. Lo que sí me llamo la atención es el tema Michetti: su sufrimiento, su sentido moral herido en el lodazal de la riña política, su stress para afrontar una campaña. Querida, todo bien, pero ¿estás segura que querés jugar a esto? Porque el político de vocación ama por sobre todas las cosas las batallas electorales, le vaya como le vaya. No sé, por ahí no es lo tuyo.
lunes, abril 13, 2009
miércoles, abril 08, 2009
Golpeando a Alfonsín
"Un catálogo con las peores ofensas, matizados con recriminaciones por "los pollos de Mazorín" y por la "traición del Pacto de Olivos", aceleraron al máximo las pulsaciones del líder radical de 75 años: "Insolentes, déjense de infamar, son unos irrespetuosos", encaró Alfonsín en el asfalto, cara a cara, a unos tres o cuatro hombres "de unos 40 años" que estaban a la vanguardia del grupo manifestante.
Tanta tensión verbal explotó cuando uno de los que discutía con Alfonsín (llevaba una bandera argentina) lanzó un mandoble sin aviso que impactó en la nuca del ex presidente. Lejos de amilanarse con la refriega, el ex presidente devolvió el ataque con un repertorio de golpes de puño, de los que en verdad se desconoce si llegaron a la humanidad de sus agresores. Sí se sabe que la custodia de Alfonsín —cuatro personas en dos coches— no lograba sujetar al hombre que debe proteger."
Tanta tensión verbal explotó cuando uno de los que discutía con Alfonsín (llevaba una bandera argentina) lanzó un mandoble sin aviso que impactó en la nuca del ex presidente. Lejos de amilanarse con la refriega, el ex presidente devolvió el ataque con un repertorio de golpes de puño, de los que en verdad se desconoce si llegaron a la humanidad de sus agresores. Sí se sabe que la custodia de Alfonsín —cuatro personas en dos coches— no lograba sujetar al hombre que debe proteger."
La noticia es de febrero de 2002 y apareció en Clarín. Los protagonistas fueron "asambleístas" de la plaza Rodríguez Peña. Sucedió cuando RA todavía no era un prócer de las clases medias indignadas, sino, más bien, todo lo contrario. Y no, nada resiste al archivo.
(Gracias Luther por esta curiosidad)
(Gracias Luther por esta curiosidad)
"La lucha no ha terminado"
"La lucha no ha terminado". Suena a frase de veterano trotskista entusiasmado ante la crisis del capitalismo y las perspectivas de la clase obrera internacional. Pero no. Lo dice Fernando De la Rúa, que ayer fue sobreseído en la causa por 5 asesinatos ocurridos el 20 de diciembre de 2001, aquel final a toda orquesta de ese gobierno republicano, moderado, austero y dialoguista, que tanto contrasta con los violentos hegemónicos que vinieron después.
En Perú, para compensar el mal karma, Fujimori fue condenado 25 años por crímenes de lesa humanidad.
En Perú, para compensar el mal karma, Fujimori fue condenado 25 años por crímenes de lesa humanidad.
lunes, abril 06, 2009
Los días negros
Esto es un caos, queridos, así que recurro al "método Fresán" aprendido en la adolescencia noventista, cuando leíamos "Historia argentina" y el Radar by Juan Forn. Dios me perdone.
1- Leyendo los diarios, pienso en Cobos. Me obsesiona. Es Gardener. En el momento justo en el lugar apropiado. La muerte de Alfonsín inaugura la plenitud de los Chance Gardener de la política argentina: gente que no hila dos frases sintácticamente correctas, pero que "cae bien". Sigo pensando en esos discursos improvisados de Alfonso ante un millón de personas, largamente incubados durante décadas de gimnasia de comité bonaerense, esa oratoria florida de guitarrero viejo, que conmueve hasta las piedras. Ahora es el tiempo de los ingenieros, de los hombres prácticos habituados a las mesas de directorio donde el balbuceo y las buenas corbatas pagan más.
2- Cobos tiene, disculpen mi francés, un culo enorme. A Cristina, en cambio, las grandes ocasiones parecen destinadas a pasarle malas jugadas. Nota mental: releer a Maquiavelo sobre la fortuna y la 'virtú', etc, etc.
3- Hablando de los Gardener: el domingo en Página 12, Verbitsky relata una escena: "Quienes lo conocieron en las oficinas de Casa Tía en la avenida Santa Fe recuerdan sus extravagancias: para desconcertar a sus visitantes solía recibirlos disfrazado, con un gorro de pieles de Davy Crockett, con música de rock a todo volumen y representando una pelea con una secretaria bella y altísima, también cubierta por un gorro de pieles, a la que fingía maltratar para incomodidad de sus interlocutores."
Quiero una foto ya, pensé mientras leía esa bizarreada. No me digan que no es una escena de los Hermanos Coen. De Narváez y una secretaria (la imaginamos rescatada de algún parador de Punta del Este) trenzados con gorros de piel. A proposito, ¿alguien sabe qué significa el tatuaje de De Narváez? En la era Cobos esa es la política argentina. Sepan disculpar la frivolidad.
4- Más por la tarde nos reivindicamos con una nota de Molle sobre la biografía de Malcolm Lowry en Perfil Cultura del domingo (no conseguimos el link). Malcolm, qué decir... te queremos cada día más. En los días más oscuros fantaseamos con hacer la tuya en Cuernavaca. Somos un poco como el Cónsul, rodamos por la pendiente ante el cartel de "¿Quiere usted la salvación de México?" No, claro. No.
5- El sábado estuvimos en la última fila del encuentro blogger K. Es raro el ritual de las presentaciones con los noms de guerre.
- Hola, soy elbuensalvaje.
- Que tal, soy last-exit.blogspot.com
- Ah, y yo soy arcoirisdegravedad.wordpress.com
(blogs ficticios, hasta donde sé, ponele)
Uno no puede sacarse la sensación de película ambientada en la Berlín dividida, con esos espías de identidades múltiples que se encuentran en algún cabaret decadente de una strasse empedrada y neblinosa. Mi nombre en clave es...
Por otro lado, un grande Manolo, uno de esos tipos que tiene la extraña facultad para captar en breves trazos la esencia de un movimiento político que viene rompiéndole la cabeza a los académicos de todo el mundo desde hace décadas. A cuánto se cotizarían sus clases si los reclutadores universitarios tuvieran mejor puntería.
6- ¿Qué es ser kirchnerista? Un lugar raro, incómodo, a contracorriente en esta ciudad. ¿Seremos en unos años como el Julian Sorel de Rojo y Negro que atesoraba un relicario con el retrato de Napoleón en plena Restauración?
7 - Con respecto a la nota de Clarín tan citada, canallesca sí. Pero que ofrece la ventaja de observar en plenitud el sentido común sobre la pobreza que impera en vastas capas de la sociedad. La pobreza es la otredad absoluta. Me refiero a esa pobreza que no es la pobreza del estudiante, o del joven profesional que come tallarines para ahorrar y comprarse la notebook. En ese sentido, creo que más vale tender una piadoso manto cuando leemos cosas como esa nota. La pobreza "estructural", la pobreza secular, es un territorio casi inexplorado. ¿Hacen los pobres cálculos costo-beneficio? ¿Son los pobres homo economicus maximizadores de sus ventajas? Les voy a contar algo que los va a horrorizar más: estoy trabajando con entrevistas a referentes de ONGs del interior del país para un programa social del Ministerio de Desarrollo Social. En muchas de esas entrevistas se repiten los tópicos que Calvo relata para Clarín. Pueblos de 2000, 3000 habitantes de las provincias más pobres. Esas visiones sobre los pobres y la pobreza (y su relación con el Estado) están mucho más extendidas de lo que pensamos. No son monopolio de la usina de Ernestina Herrera de Noble. La ideología de que toda seguridad social es en realidad cooptación y clientelismo forma parte del horizonte cultural de la clase media, no sólo de la clase media porteña, de cualquier clase media que se vive a sí misma como "independizada del Estado". Ese es el sustrato peligroso sobre el que andamos. Ese es el paisaje horrible al que todavía no nos enfrentamos. Kulturkampf.
8- A última hora, leemos esta nota de, otra vez, Perfil, sobre el Bafici. Qué país generoso, pensando en el "escritor" que la firma. Las plumas de los diarios porteños. Gente con suerte. En fin... Intrascendente, pero lo quería decir.
9- Lo dejamos acá. Quedaron cosas afuera, tal vez las más importantes. Después la seguimos, si tenemos ganas.
1- Leyendo los diarios, pienso en Cobos. Me obsesiona. Es Gardener. En el momento justo en el lugar apropiado. La muerte de Alfonsín inaugura la plenitud de los Chance Gardener de la política argentina: gente que no hila dos frases sintácticamente correctas, pero que "cae bien". Sigo pensando en esos discursos improvisados de Alfonso ante un millón de personas, largamente incubados durante décadas de gimnasia de comité bonaerense, esa oratoria florida de guitarrero viejo, que conmueve hasta las piedras. Ahora es el tiempo de los ingenieros, de los hombres prácticos habituados a las mesas de directorio donde el balbuceo y las buenas corbatas pagan más.
2- Cobos tiene, disculpen mi francés, un culo enorme. A Cristina, en cambio, las grandes ocasiones parecen destinadas a pasarle malas jugadas. Nota mental: releer a Maquiavelo sobre la fortuna y la 'virtú', etc, etc.
3- Hablando de los Gardener: el domingo en Página 12, Verbitsky relata una escena: "Quienes lo conocieron en las oficinas de Casa Tía en la avenida Santa Fe recuerdan sus extravagancias: para desconcertar a sus visitantes solía recibirlos disfrazado, con un gorro de pieles de Davy Crockett, con música de rock a todo volumen y representando una pelea con una secretaria bella y altísima, también cubierta por un gorro de pieles, a la que fingía maltratar para incomodidad de sus interlocutores."
Quiero una foto ya, pensé mientras leía esa bizarreada. No me digan que no es una escena de los Hermanos Coen. De Narváez y una secretaria (la imaginamos rescatada de algún parador de Punta del Este) trenzados con gorros de piel. A proposito, ¿alguien sabe qué significa el tatuaje de De Narváez? En la era Cobos esa es la política argentina. Sepan disculpar la frivolidad.
4- Más por la tarde nos reivindicamos con una nota de Molle sobre la biografía de Malcolm Lowry en Perfil Cultura del domingo (no conseguimos el link). Malcolm, qué decir... te queremos cada día más. En los días más oscuros fantaseamos con hacer la tuya en Cuernavaca. Somos un poco como el Cónsul, rodamos por la pendiente ante el cartel de "¿Quiere usted la salvación de México?" No, claro. No.
5- El sábado estuvimos en la última fila del encuentro blogger K. Es raro el ritual de las presentaciones con los noms de guerre.
- Hola, soy elbuensalvaje.
- Que tal, soy last-exit.blogspot.com
- Ah, y yo soy arcoirisdegravedad.wordpress.com
(blogs ficticios, hasta donde sé, ponele)
Uno no puede sacarse la sensación de película ambientada en la Berlín dividida, con esos espías de identidades múltiples que se encuentran en algún cabaret decadente de una strasse empedrada y neblinosa. Mi nombre en clave es...
Por otro lado, un grande Manolo, uno de esos tipos que tiene la extraña facultad para captar en breves trazos la esencia de un movimiento político que viene rompiéndole la cabeza a los académicos de todo el mundo desde hace décadas. A cuánto se cotizarían sus clases si los reclutadores universitarios tuvieran mejor puntería.
6- ¿Qué es ser kirchnerista? Un lugar raro, incómodo, a contracorriente en esta ciudad. ¿Seremos en unos años como el Julian Sorel de Rojo y Negro que atesoraba un relicario con el retrato de Napoleón en plena Restauración?
7 - Con respecto a la nota de Clarín tan citada, canallesca sí. Pero que ofrece la ventaja de observar en plenitud el sentido común sobre la pobreza que impera en vastas capas de la sociedad. La pobreza es la otredad absoluta. Me refiero a esa pobreza que no es la pobreza del estudiante, o del joven profesional que come tallarines para ahorrar y comprarse la notebook. En ese sentido, creo que más vale tender una piadoso manto cuando leemos cosas como esa nota. La pobreza "estructural", la pobreza secular, es un territorio casi inexplorado. ¿Hacen los pobres cálculos costo-beneficio? ¿Son los pobres homo economicus maximizadores de sus ventajas? Les voy a contar algo que los va a horrorizar más: estoy trabajando con entrevistas a referentes de ONGs del interior del país para un programa social del Ministerio de Desarrollo Social. En muchas de esas entrevistas se repiten los tópicos que Calvo relata para Clarín. Pueblos de 2000, 3000 habitantes de las provincias más pobres. Esas visiones sobre los pobres y la pobreza (y su relación con el Estado) están mucho más extendidas de lo que pensamos. No son monopolio de la usina de Ernestina Herrera de Noble. La ideología de que toda seguridad social es en realidad cooptación y clientelismo forma parte del horizonte cultural de la clase media, no sólo de la clase media porteña, de cualquier clase media que se vive a sí misma como "independizada del Estado". Ese es el sustrato peligroso sobre el que andamos. Ese es el paisaje horrible al que todavía no nos enfrentamos. Kulturkampf.
8- A última hora, leemos esta nota de, otra vez, Perfil, sobre el Bafici. Qué país generoso, pensando en el "escritor" que la firma. Las plumas de los diarios porteños. Gente con suerte. En fin... Intrascendente, pero lo quería decir.
9- Lo dejamos acá. Quedaron cosas afuera, tal vez las más importantes. Después la seguimos, si tenemos ganas.
viernes, abril 03, 2009
jueves, abril 02, 2009
Quemado
No tengo muchos recuerdos de su época. Sí te puedo decir que lo invitamos a zapar un par de veces y no quiso, que creo el Austral y las "Felices Pascuas". Nada más. No me gusta la política ni me meto en ella.
Simplemente genial. Si los ochentas perduran en algún lugar, es en el adorable cerebro quemado de Pipo Cipolatti. Una declaración generacional.
Simplemente genial. Si los ochentas perduran en algún lugar, es en el adorable cerebro quemado de Pipo Cipolatti. Una declaración generacional.
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