martes, mayo 13, 2008

Transversalidad y hegemonía

Y bueno, qué esperaban. ¿Que el delfín de De la Sota y Cavallo fuera un ejemplo de lealtad en los tiempos difíciles? Visto ahora, con la perspectiva que otorga transitar ya dos meses de un conflicto donde todo parece salirle mal al gobierno, más de uno en el kirchnerismo - me refiero al kirchnerismo de palacio, no a los simpatizantes que lo ven, o lo vemos, de afuera - se estará preguntando si haber abandonado el proyecto inicial de la transversalidad no fue un gran, gran error. Porque, sí, la transversalidad "progre" a la 2003-2004 te hacía las cosas más difíciles con los muchachos del conurbano y su "zona gris" (Auyero dixit), tal vez no te garantizaba borrarlo a Duhalde de un plumazo en el 2005, tal vez metía ruido y debate y abría las puertas a un horizonte más plural en momentos en que eso no parecía buen negocio, porque, al fin y al cabo las cosas andaban bien y todo era como ir en un descapotable con el viento en la cara y una chica linda al lado. Es puro ejercicio contrafáctico, y por eso mismo aunque interesante es irrelevante. Pero, ¿que hubiera pasado si Kirchner se decidía a llevar a cabo esa reconversión del peronismo en un movimiento que incluyera todos esos sectores que en el ímpetu del 2003 -derechos humanos, descabezamiento de la Corte, discurso anticorporativo, retenciones, sí, retenciones - se mostraban deseosos de conformar una coalición de centroizquierda? Luisito Juez, se debe estar muriendo de risa con lo que pasó ayer en Córdoba.
Como digo, esto es contrafáctico. No pasó. No quisiera parecerme a JP Feinmann llorando porque Kirchner no quiso dar ese paso. No desprecio el poder de las viejas estructuras, más vale usarlas y no que las use otro. Pero la cuestión es, me parece, que si en esta coyuntura particular, cuando el conflicto es tan claro, cuando es tan evidente que del otro lado no hay más que una puja sectorial, egoísta, por continuar apropiándose de una renta extraordinaria, una actitud tan manifiesta de anteponer las ganacias a los intereses de la mayoría (y hablo del precio de los alimentos, de algo tan básico como eso) el gobierno no muestra la capacidad para tomar el centro del escenario y ganar nuevos apoyos, es que algo salió mal. La hegemonía, puede ser. Se discutió mucho acá y en otros blogs (la barbarie y artepolítica tienen excelentes posts sobre esto). La implantación de un sentido común a partir de diversos sectores que se unifican alrededor de ciertos consesos básicos. Viendolo desde ahora, la estrategia de la transversalidad tal vez hubiera ayudado a lograrlo.
Pero como sea, ahora el escenario es otro, y me parece que todavía se está a tiempo. Vamos, ¡es la Sociedad Rural la que está enfrente! No puede ser tan difícil.

domingo, mayo 04, 2008

Stardust Memories - Los años 90


No sé por qué me puse a pensar en el menemismo. Yo tenía 12 años cuando empezó el menemismo. Ese año terminaba la primaria. Iba con mis amigos a buscar calcomanías de Angeloz al comité de los Irrompibles, en Formosa 144 - cuyo cierre recientemente me produjo bastante tristeza, mierda, las cosas de tu vida empiezan a desaparecer- que pegábamos en los vidrios de las ventanas de nuestros cuartos infatiles, y no tanto, porque hasta hace poco se mantenía en pie una de Facundito Suárez Lastra... Y después jugábamos al rugby en el Parque Rivadavia, al lado de la escuela, con una botella de plástico de 2 litros.
Me pregunto que significó crecer con el menemismo. Todavía no lo tengo resuelto. Pero es algo que me gustaría tener más claro, ahora que me encuentro con pibes que tenían 12 años cuando fue el 2001, pibes para los que palabras como privatización o reforma del estado son casi intrauterinas, pibes y pibas que nacieron con un veintipico por ciento de desempleo. No sé, tiro algunas hipótesis. El menemismo fue nuestra entrada a una modernidad distorsionada: períferica pero conectada - Internet en el 95 de la mano de Javier Alvárez, thank you so much, en el gabinete de computación del CNBA - grasa pero al mango; liberal y represiva, nocturna y careta; una época donde los que nos asomábamos a la adolescencia teníamos una ciudad desconocida a nuestra disposición. Los años 90. Erámos chicos del Nacional con conciencia social y sabiámos que las cosas no iban a terminar bien, pero sin embargo participábamos plenamente de la época, con su embriaguez y su rapidez. Pero bué, estaban Nirvana, los Red Hot, Pearl Jam, Todos Tus Muertos, Palo, El Otro Yo. Qué tan malo podía ser lo que vendría. Me parece que soy de la quinta que vio el mundial 94.
En esa modernidad distorsionada, subdesarrollada, cocainómana, pasamos nuestros años felices. O no tanto, no romanticemos. Pero si la idea de generación tiene algún asidero -que tengo mis dudas-, haber crecido bajo esa configuración político-cultural va a tener una influencia que es aún dificil de medir. La generación que vio desmantelar el mito del ascenso social, la generación que creció bajo el cielo oscuro del desamparo, la generación que se formó en la tierra baldía de los indigentes y los viajes a Europa, la generación del pancho y la coca, del pancho y la merca, de los refugios fáciles, de la ley del valor de cambio.
Crecimos bajo el menemismo y todavía estamos intentando encontrar una salida. Al menos yo.

lunes, abril 28, 2008

Clase media y Weltanschauung

No sé si alguien ayer perdió el tiempo mirando el programa de Majul. Yo sí, perdí unos valiosos - o no tanto - minutos de vida mirando la entrevista a la eterna entrevistada Elisa "esto se parece a Rumania" Carrió. Lo mismo de siempre, nada nuevo: analogías con Hitler, con Isabelita, con el Rodrigazo... Hasta el propio Luisito en un rapto de rara perspicacia le preguntó si no era demasiado. Carrió dijo que comparaba caracteres, y que los caracteres de los líderes políticos eran fundamentales para explicar los fenómenos históricos. "El carácter de De Gaulle salvó a Francia, el carácter de Churchill nos hizo ganar la Segunda Guerra Mundial". Juro que estoy citando. Digamos que esa es un tipo de explicación histórica que ha quedado desacreditada desde hace por lo menos unos cien años, cuando las ciencias sociales comenzaron a basar la historiografía en la longue durée de los procesos sociales y económicos - estructurales, para usar una palabra pasada de moda - que corren por debajo de las decisiones individuales.
El reduccionismo psicologista que expresa Carrió al explicar la llamada "crispación" social por cierta tendencia de Néstor y Cristina Kirchner a "humillar" al campo y a los sectores medios, encubre - con mala fe - tensiones más complejas que involucran no sólo la puja distributiva sino imaginarios culturales, tradiciones políticas y procesos sociales que no se quieren o no se pueden explicitar.
Quiero decir, esto excede las boutades de Carrió. Ese tipo de explicación ad hominem de la realidad es una marca de fábrica de la Weltanschauung de la clase media. Durante el menemismo era la corrupción, las fiestas en el Ski Ranch, la corbatas amarillas, los trajes Versacce, la farandulización. Llenaba de indignación que Xuxa fuera a la Quinta de Olivos o que las odaliscas le bailaran con el ojete en la cara a Menem. Era lo grasa del menemismo. Lo estructural de ese modelo de acumulación, de ese rediseño conservador a gran escala de la sociedad, de esa transferencia de ingresos a los sectores concentrados de la economía, quedaba para los papers de la Flacso o de la CTA. Y con De la Rúa, algo similar. Las causas visibles en los medios y en las conversaciones de a pie eran la siesta, la debilidad, la indecisión. Defectos que, por supuesto, no se ponían de manifiesto a la hora de decidir sin dilación el deficit cero o el recorte del 13% a las jubiliaciones y salarios públicos. Sin embargo, esa visión que adjudica los males públicos a los defectos personales permanece vigente en el imaginario de la clase media argentina.
La política es un asunto personal, de acuerdo. Los líderes se enfrentan y en esa batalla las virtudes, llamémoslas, "carismáticas" tienen su peso. Al momento de una elección presidencial el carácter, el rostro, los gestos, la atracción que se genere sobre el público, ocupan un lugar importante. Pero, a largo plazo, cuando de lo que se trata es de maniobrar las fuerzas históricas, de diseñar políticas públicas que favorezcan a ciertos sectores y perjudiquen a otros, de aliarse con ciertos grupos sociales, de reformar o trasformar (en el sentido que sea) las instituciones, las características individuales, psicológicas, íntimas de las personas pasan a ser una variable secundaria.
Digo, todo esto es sabido y no es cuestión de rasgarse las vestiduras. Pero conviene tenerlo en claro a la hora de enfrentarse con ciertos discursos y de elaborar otros que intenten ser un poco más complejos.

sábado, abril 26, 2008

Contracorriente

Entre Lost y La Isla de la Fantasía, me quedo con La Isla de la Fantasía.

viernes, abril 25, 2008

Up

Bueno, se fue el bombón keynesiano. Ayer a la noche estaba viendo Carretera perdida de David Lynch en canal 7 (un ultra diría que esos son los méritos del kirchnerismo que importan) y en un corte pasé a mi querido C5N. Ahí estaba Feinmann (¿cual de los dos?) anunciando que Lousteau había sido despedido. Otros canales decían más ajustadamente que había sido Lousteau quien había presentado su renuncia. En fin. Eso no importa nada.
El tema es la inflación. Una inflación fantasmal, intuitiva, gracias a la destrucción del INDEC. El tema es la reversión de la caída de la pobreza, el deterioro de los salarios, el aumento constante de los precios de la canasta básica. La "crisis del campo" debe pensarse dentro de una estrategia para combatir el alza de los precios en un contexto de aumento de los precios internacionales de los alimentos y de concentración de la producción agropecuaria. Pero esa "crisis del campo" es sólo un eslabón. Tal como dicen muchas voces que empiezan a escucharse, llegó el momento de implementar políticas que desmonopolicen los sectores formadores de precios y las cadenas de distribución de productos básicos. Lousteau se va sin haber implementado ninguna medida en este sentido, tal vez no quiso o no pudo, eso tampoco importa ahora. Queda Moreno, al que desde ciertos sectores de la clase media se le reprochan sus malos modales. Lo que hay que reprocharle a Moreno es su ineficacia para contener la inflación. Acuerdos de precios que duran dos semanas, subsidios cruzados que no llegan a los destinatarios, mercados hiperconcetrados a los que no se toca.
Durante esta semana de rumores se mencionó a Redrado y a Melconián. Sí, si te corre frío por la espalda estás en lo cierto. Como dice Homoeconomicus hoy, profundizar la actual estrategia antinflacionaria sólo conduce a un empeoramiento de la situación, y en el mediano plazo, a un posible retorno de los ortodoxos para "poner orden" si esto se dispara. Y entonces, me temo, ya no vamos a hablar de crecer al 5 en vez de al 8. ¿Queda claro?

jueves, abril 24, 2008

Almorzando desde Bucarest


"La líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, asistió al programa de la conductora Mirtha Legrand, donde arremetió contra Néstor y Cristina Kirchner, a los que comparó una vez más con el dictador rumano Nicolae Ceaucescu y su esposa Elena que, tras su caída del poder, fueron fusilados por ochenta soldados en 1989. “Esto se parece muchísimo a la Rumania de hace dos décadas”, destacó Carrió, a quien le tocó compartir la mesa con el titular de la Sociedad Rural Argentina, Luciano Miguens, y la vicejefa de Gobierno porteño, Gabriela Michetti." Dice una nota hoy en Página 12.
Maravilloso, genial. Mi sueño de toda la vida se hizo realidad y no estaba enterado! Vivimos en un país del bloque socialista. De paso, linda mesa, eh.

martes, abril 22, 2008

Requiem por un supermercadista chino

Tengo algo así como un fixture para hacer las compras. Un poco aprovechando la abundancia de supermercados chinos en el barrio voy rotando día por día de local. Algo irracional, algo parecido a una cábala. Igualmente lo maravilloso de los supermercados consiste en su uniformidad, en su carácter de lugares seriados. Los chinos: el mismo gatito dorado que mueve la patita, como saludando a los clientes; las guirnaldas rojas que cruzan las góndolas; la disposición espacial de los productos; los paraguayos en la verdulería o limpiando los pisos; el chino jefe adelante controlando los movimientos. Es dificil saber en que super chino estás, ni siquiera los nombres ayudan mucho: Buena Suerte, Bendiciones, Fortuna. Belleza y Felicidad. Bueno, ese no es un supermercado chino.
Con todo, es una uniformidad más amigable que la de las grandes cadenas. Acá no hay música funcional, ni pasillos extensísimos que te sacan el aliento, ni objetos suntuarios que le quitan el lugar a los objetos realmente necesarios - no, no quiero un plasma de 14000 pesos, quiero apenas un nuevo repasador, y no lo encuentro. En los chinos, además, la música parece confluir con mis estados de ánimo: ya van una media docena de veces que escucho a Pablo Dacal mientras busco un Valderrobles tinto. Eso es raro. Que pasen a Dacal. O a Calamaro, pero siempre las canciones más tristes y tontas o más tristemente tontas de Calamaro. También, varias veces escuché temas de Tom Petty. Cuando pasen uno de Nick Cave voy a empezar a creer que hay algo más, algo indescriptiblemente más extraño que se me escapa.

martes, abril 15, 2008

I'll be your mirror


Ryan McGinley, 2005.

lunes, abril 07, 2008

Punto de fuga

Se termina Punto de vista. La historia primitiva de esa revista es, de alguna manera, parte de esos relatos familiares legados vía segunda mano. En el 78, año del mundial, año de quietud polar, un grupo de intelectuales y cuadros políticos del maoísmo argentino decidieron la fundación de la revista. Detrás de Piglia, Altamirano y Sarlo, estaban los cráneos de Vanguardia Comunista: Elías Semán, Rubén Kriskausky y Roberto Cristina, el hermano de mi madre, mi tío. Y entonces están esas historias familiares: Piglia en el departamento de mis viejos en Palomar, las reuniones, los que deambulaban como sonámbulos en la noche, cambiando de departamento en departamento, el perpetuo nomadismo de los clandestinos. Digamos que en esa alianza entre la "cultura" y la "política" - si es que en aquella época eran términos distinguibles - la parte más dura, durísima, se la llevaron los políticos. Pasado el Mundial, el secretariado de VC, en su totalidad, había desaparecido.
Y si esos fundadores quedaron, debido a la tormenta de la Historia, congelados eternamente en los años setenta, los que se mantuvieron vivos siguieron el derrotero de la intelectualidad de izquierda argentina: la culpa feroz de los exiliados internos, el sueño gramsciano-socialdemócrata alfonsinista, el retiro -cada vez más decidido y autoindulgente- a los claustros universitarios, a las cátedras y las querellas entre especialistas, la conversión -ya en la madurez - en una capa intelectual satisfecha, de buen pasar, tal vez más preocupada por la neurosis que por la política, por la forma estética que por el sustrato del combate, gente respetable, inofensiva, seria, madura.
Tal vez tenga razón Sarlo cuando dice que es preferible terminar ahora a convertirse en un autohomenaje que vive de las rentas del prestigio conseguido en el pasado. Tal vez ese final también indique el final de una generación intelectual que ya no puede dar nada más de sí.

viernes, abril 04, 2008

El Campo y la Ciudad


Cómo me gusta robar títulos de libros. El de abajo está robado al gran Philip Roth (de la gran, gran novela Pastoral americana, de la cual alguna vez me gustaría escribir algo), éste a Raymond Williams. No importa. El robo, como la guerra y el amor, es uno de los motores de la Historia.
Leímos bastante sobre el tema del lock-out del “campo” en esto días. Nuevamente comprobamos que mucho de lo interesante que se escribe sobre política / sociedad hoy por hoy pasa por los blogs: Escriba, María Esperanza, Martín, Mendieta, Artemio, y siguen las firmas. En los medios “masivos” en cambio, prima la ramplonería del sentido común. Bastaba verlo a Ricardo Forster en A dos voces para comprobar cómo una sola voz se destaca entre la medianía de los lugares comunes, tanto oficialistas como opositores.
De todo eso, ahora cuando la marea parece en reflujo, algunos puntos.

1- El kirchnerismo debe convencerse de que ha perdido la batalla por la hegemonía de las clases medias. La victoria de Macri en Capital y los resultados de octubre ya lo habían mostrado: a pesar de Zaffaroni y Argibay en la Corte, a pesar de los juicios contra los militares, a pesar de los subsidios que mantienen artificialmente bajas las tarifas residenciales de los servicios públicos, a pesar de los restoranes llenos y los shoppings abiertos hasta las cuatro a.m. en navidad, la clase media irremediablemente ha virado a rumbos distintos al gobierno. Todos lo hemos escuchado en reuniones familiares o de amigos: se critica el estilo, se critica la “soberbia”, se critica el botox, se critican las formas. Crítica de la Argentina. Esta particular posición opositora de las clases medias – más estética que ética, más formal que política – es una constante sociológica de los últimos sesenta años. Ver, para más datos el muy buen libro del Yaya Sebreli – cuando era contornista y sartreano – Buenos Aires, vida cotidiana y alienación. En este sentido, la pregunta sobre los nuevos apoyos sociales que buscará el kirchnerismo está abierta. ¿Una radicalización que excite los clivajes sociales y conforme un nuevo mapeo amigo-enemigo? o ¿Un recostarse en el establishment del peronismo y el sindicalismo que mantenga las cosas más o menos como ahora? Ummmm, yo me tiro a la segunda opción, a pesar de mis deseos…
2- La utopía del campo. Desde los medios se construyó un nuevo sujeto: el farmer aquejado por las políticas confiscatorias del gobierno, el hombre que se levanta a las cuatro de la mañana a arar la tierra y es hostigado por los burócratas del gobierno central que sólo quieren recaudar a su costa. Sí, suena manual escolar norteamericano. Nada se dijo sobre las heterogeneidades de la producción rural, sobre la concentración bestial de las tierras, sobre la explotación de los peones rurales, sobre la demencial extensión de la frontera sojera. El campo, a diferencia de la ciudad, es siempre un terreno apacible, sin conflictos, lleno de gente amable que te ayuda cuando te quedás varado en la ruta, último refugio de la bondad y la gentileza. ¿Cómo era? Cultivar el suelo es servir a la patria. Sí, eso. Piquetero sos si cortás la ruta a la altura de Isidro Casanova, en Salsipuedes o en Armstrong sos otra cosa.
3- Estuvimos en el discurso de Cristina. Sí, laburamos a tres cuadras de ahí y no nos lo podíamos perder. En el corralito de Bolívar y Avenida de Mayo, nos juntamos los “sueltos”. Andaba por ahí Martín Caparrós – qué canchero que es Caparrós, dicho sea de paso -, el pintor Daniel Santoro y otros. Cristina tiene buena voz, seamos piadosos. Su registro vocal es digno de una emisión radiofónica de los años cuarenta. Parece que se quiebra, pero no. Parece que va a decir 5 por 1 no va a quedar ninguno, pero no. Parece que va decir “compañeros”, pero no. Lo que decíamos antes, es el permanente vaivén del kirchnerismo: llegamos hasta donde se preanuncia el clivaje, y nos quedamos ahí.
4- La Federación Agraria debería estar presente en un proyecto progresista/populista. Haberla convertido en adversario es un error estratégico del gobierno. Tal vez esa sea una de las mayores llamadas de atención que deja este conflicto. ¿Qué llevó a los pequeños productores agropecuarios a formar un bloque con la Sociedad Rural Argentina? Las medidas de compensaciones llegaron tarde, y aunque no soy un experto en el tema rural, haber cristalizado ese bloque opositor me parece que le resta fuerza a cualquier política de transformación agropecuaria que se quiera encarar desde el Estado.
5- Está claro que lo que buscan los sectores más concentrados del campo es un cambio de modelo económico. Miguens lo dijo claro, vamos por el librecambio. Cómo desaprovechar la formidable coyuntura externa, prohibiendo las exportaciones de carne y leche y encareciendo la venta de los granos. Van por eso. Quieren cobrarte el sachet en euros. En este sentido, y cuando la inflación de la canasta alimentaria es a mi juicio el issue number one de la agenda pública, las retenciones no sólo son justas, sino que son imprescindibles.

Después la seguimos.

miércoles, marzo 26, 2008

Pastoral argentina

Bueno, son las 2 menos cuarto de la matina y estoy en un ciber de avenida Corrientes (y les digo, les confieso, es una experiencia fuerte estar en un ciber a esta hora, el lugar parece el set de una película de Johnny To, en cualquier momento llegan las tríadas chinas para hacer un ajuste de cuentas...), y estoy acá escribiendo esto después del... ¿cacerolazo? de hoy. Lo pregunto porque esta noche es la definitiva fecha de defunción de las teorías que consideraban a la clase media y sus cacerolas un sujeto progresivo de la historia. Es decir, después de hoy no solamente va a ser necesario analizar lo que pasó esta noche, sino meterse en la discusión por el lugar, por el espacio político que la clase media urbana ocupa y ocupó. Cierto novelista alemán de iniciales K. M. refugiado en la Inglaterra victoriana, una vez escribió que la anatomía del mono da la clave para conocer la anatomía del hombre. El cacerolazo de hoy tal vez sea la clave para entender de una vez por todas el cacerolazo del 2001. Mal que les pese a todos lo que hicieron de las capas medias en aquella oportunidad poco menos que un nuevo sujeto radical. Quemá esos papers, querido.



La cosa parecía bastante sencilla: una medida de política económica del gobierno afecta directamente el bolsillo de los productores rurales. Entraba dentro de lo esperable la reacción del campo. Los tipos quieren, como todo actor económico maximizar sus ganancias, y hoy esa maximización se realiza más facilmente exportando los productos agropecuarios. Eso, por supuesto tiene consecuencias en los precios internos de esos productos. Consecuencias al alza, obvio. En este sentido las retenciones son una herramienta para desalentar la exportación y contener los precios. Las capas consumidoras deberían apoyar esa medida, que no pasa de lo elemental. Pero evidentemente, las cosas no siguen ese curso lógico. Hay algo que se llama política.


Y volvemos a recurrir al amigo Laclau. El campo es un significante vacío, es lo que permitió que hoy esos "vecinos" pudieran juntarse por primera vez en una manifestación contra el gobierno. Ayer, apenas, era la "inseguridad" con Blumberg y el Rabino cambiándole la letra al himno. Significantes móviles, que se desplazan, pero que permiten juntar por un instante, hacer visible, esa oposición que en el Congreso es, casi, invisible.

Queda para otro post decir unas palabras sobre la cobertura de los medios. Pocas veces vi un manipuleo tan abierto de las palabras. Crónica TV, firme junto al pueblo, titulaba "Piqueteros atacan a vecinos pacíficos". La venerable Mónica Gutiérrez (¿o era Gigí Marziotta?) hablaba de "grupos de choque" acostumbrados a la violencia. Habría que decir que hoy los piquetes los practican campechanos muchachos con cuentaganado y Toyotas Hilux. Y habría que recordar, hablando de violencia, que hace 30 años la Sociedad Rural Argentina no sólo defendía al campo, también defendía otros "campos" mucho más siniestros, por cierto.

Vayan, eh, pinta bien


Y acá tienen todos los detalles.

jueves, marzo 20, 2008

Las cenizas de Gramsci

Ayer me quedé mirando a Macri en el nuevo programa de Zloto y Tenembaum en TN. En el páramo de un tiempo sin emociones, mirar a Macri me produce un extraño efecto: "vamos a tratar de deducir quien es este tipo". Por supuesto, soy de aquellos que creen que es justo ponerle el calificativo de "derechista" - derecha e izquierda me parecen categorías válidas, llenas de vigencia, tanto a nivel teórico como a nivel de la polémica diaria - pero me parece que esta vez se trata de algo más complejo, algo que - si me perdonan el exceso épico - la definitiva comprobación de que la "caída de los ídolos" es una realidad que llegó para quedarse en la política argentina. Por "la caída de los ídolos" me refiero a la llegada de un tiempo dominado por el cualunquismo, por la ramplonería del sentido común - que es el peor de los sentidos - por la renuncia social a toda aspiración política ideal y trascendente. Paz y adminstración es lo que nos depara este tiempo de la reconstrucción post decembrista? Los hombres y las mujeres del sentido común, de lo que quieren las mayorías silenciosas, que expresan lo que rumian entre dientes los "vecinos", parecen expresarse en Macri y su gente. Si la política es gobernar según los deseos de las buenas gentes, Macri va por buen camino y a quienes creen que la política es otra cosa les espera un duro peregrinar. Como sea, (o however, como diría una chica), Macri lanzó una frase en el programa de ayer: "es dificil gobernar después de diez años de saqueo del Estado". Podría tomarmela como una muestra exquisita de sarcasmo, podría tomarmela como un lapsus autoinculpatorio, pero la frase me da vueltas. ¿Por qué Macri dice eso? ¿No fue parte del proyecto ideológico que saqueó el Estado? ¿Por qué esa súbita comprobación de que la burocracia estatal y sus resortes son necesarios para la regulación de la comunidad? Por eso vuelvo a lo de más arriba, ¿tachamos a Macri como un liberal menemista deseoso de desmantelar todo aquello que no de ganancias, o hay algo más, algo que se nos escapa y que lamentaremos no haber interpretado bien dentro de, digamos, cuatro años?


Y este post se llama Las cenizas de Gramsci. ¿Por qué usar el nombre del mejor cantor de la "canción del marxismo occidental" en un post que refiere al apenas descendiente del cualunquismo italiano Mauricio Macri? Uno, porque es el título de un poema hermoso de Pasolini. Dos, porque estoy leyendo las cartas de Gramsci. Tres, porque Gramsci fue un militante de aquellas épocas donde la política significaba algo más que el seguidismo cobarde del sentido común. Si algo aprendimos de Gramsci es que la batalla decisiva está ahí, en ese terreno, en el de las identidades, en el de la hegemonía cultural. Que todo proyecto transformador debe esforzarse por conquistar la cabeza y el corazón de los ciudadanos, que la tarea principal de una política radical consiste en convertir en posible lo imposible, o mejor dicho, en convecer que lo imposible es posible.
Y pienso en Gramsci, en su celda de Bari, preguntándole a su mujer por el crecimiento de la "planta de limón", por cómo es su hijo al que nunca conoció, por si les gustó a los chicos el mecano que les regaló escribiéndole que sea fuerte porque un prisionero político "no tiene nada de que avergonzarse", reclamándole que le mande fotos, que le escriba, que sus cartas son lo único que lo mantienen vivo, que le escriba, que le escriba. Y pienso si mucho de nuestro malestar actual, nuestro malestar contemporáneo, no se debe a vivir en un tiempo en que lo personal se ha disociado de lo histórico, un tiempo donde lo intimo, el amor y la pérdida, se han quedado sin anclaje alguno. Como animales girando en su jaula siguiendo el rastro de su olor, no hay nada más afuera. En la época en que la política ocupaba la centralidad de las vidas la trama de la biografía, de los amores y los desencuentros, se entrelazaban con los hilos de la Historia. Gramsci mechaba sus cartas a Julia con alusiones al Komintern, con sus interpretaciones de la cuestión campesina, los asuntos domésticos y amorosos se entrelazaban en una sola hebra con Maquiavelo, el PCI, Benedetto Croce, y el proletariado. Es ese tapiz donde conviven la Historia y la intimidad lo que en nuestra época es imposible de reconstruir.
Vuelta a acà. Podemos leer las cartas de Gramsci, podemos sintonizar a Macri, podemos mirar la fotos viejas (blanco y negro) del siglo XX. Lo que no podemos, creo, es recuperar esa época en que la acción y la teoría, el amor íntimo y el amor colectivo, formaban una sola figura. Todo eso ya forma parte de la historia.

miércoles, febrero 27, 2008

Daniel Maldad

La sala de conferencias del cuarto piso de Olga Cossettini 1553 tiene un televisor que transmite todo el tiempo el canal de noticias C5N.

Agregado

Digo, por último, que no habría que confundir la heterogeneidad progresista con la cadena de diferencias nucleada en torno a un significante vacío como en Laclau, bla bla bla. Hay dos millones de libros escritos para desentrañar la identidad peronista y explicar como convivieron en él Osinde y Norma Arrostito, o Cooke y Vandor. No quiero meterme en eso, las explicaciones son varias (e insatisfactorias, porque la pregunta sigue en pie) pero el hecho es que sí se puede hablar de "identidad peronista" y que esa identidad se ha cristalizado en un movimiento político. El libro de Daniel James sobre la resistencia peronista, me parece de lo mejor que se escribió sobre el tema. En el caso del progresismo, tal como se expresa en la posición "soy progresista" (digamos a un nivel silvestre, tal como lo leemos en la prensa, o lo escuhamos en la vida cotidiana) apenas está una palabra en común, que muchas veces sirve para no pronunciar otra palabra (izquierda, centroizquierda), pero por debajo apenas hay algunas imágenes y símbolos débiles, que no alcanzan para conformar un sentido "fuerte". Probablemente se deba al fracaso del alfonsinismo y de la Alianza, que impidieron que se conformara una tradición en ese sentido, no sé.

Todo el poder a ................. (complete lo que corresponda)

Son interesantes los planteos que hace un par de días se hicieron acá sobre el dificultades del progresismo con el poder, con su práctica y objetivos. Pero me gustaría ir a algo más básico: la palabra "progresista" misma. ¿Qué es? ¿A qué identidad responde? No hablo en términos universales, sino a cómo se usa en la Argentina, a qué hace referencia en la política del país.
Me da la sensación que muchas veces el término ocupa el lugar de comodín fácil, una definición que más o menos el interlocutor entiende pero sobre la que mejor no hacer muchas indagaciones. "Yo soy progresista" se dice con toda buena voluntad, y concedamos en mucha gente, convencimiento. Una serie de símbolos identitarios de estos últimos 25 años que congregan imaginativamente a cierta gente: el juicio y castigo a los militares de la dictadura, el anti-menemismo (estético y político, según los casos), cierta referencia a la socialdemocracia europea (más el PSOE que el Laborismo británico), ciertas simpatías internacionales e históricas (Fidel, Cuba romantizada, los sesentas, ¿los setentas?, ¿Chávez? mmmm). Más allá de eso, si la charla se profundiza y seguimos ahondando en los rasgos de la identidad progresista, encontramos diferentes cosas. Desde los ex PC, los ex MAS, los ex PI, los antiguos fascinados por el caudillo del Varela Varelita, desengañados alfonsinistas, tímidos kirchneristas-hasta-ahí, socialistas viejos y nuevos, etc, etc, etc. Por supuesto, también están los que usan el término "progresista" como un esmalte finito y transparente para cubrir la indecisión o cierta vaporosa identificación "con la sensibilidad social y la buena onda". Progresismo(s) blancos, aunque ahora estemos enamorados del negro Obama.
Por eso, creo, es díficil lograr una pragmática del poder cuando, no sólo hay que sobreponerse a los fracasos históricos (del IPA al procesamiento por coimas de De La Rúa, ¿cómo se levanta a ese muerto?) y a la ocupación del espacio que ejerce el peronismo, sino que hay que ir sincerando las identidades, lo que de hacerse, claro, dejará a gente afuera, del otro lado.
Además de las preguntas que lanzaba María Esperanza en La Barbarie (sobre el poder, sobre cómo se acumula y para qué) hay que plantear dos cuestiones más incómodas: ¿Qué es ser progresista? ¿Quiénes son los progresistas?

(El chiste de Rep de hoy en Página 12, resume bastante bien ese estado indeciso y frágil de la identidad progresista argentina de la que hablaba.)

lunes, febrero 25, 2008

Words are flying out like endless rain into a paper cup


El otro día coincidimos con Henry que si un psicópata te pone un revólver en la cabeza (alguien tipo Bardem en la última de los Coen, ponele) y te obliga a elegir una y sólo una canción de los Beatles, elegiríamos Across the Universe.

Con Vawe acordamos, también, que la versión de Fiona Apple estaba más que bien.


Jai guru deva om

Jai guru deva om

(In memoriam, por qué no, del chanta este que se fue hace poco al cielo de los Vedas, y que en su momento, dicen, supo comerse a la entonces apetecible Mia Farrow)

domingo, febrero 24, 2008

Siguiendo

Quiero decir, nada peor para elaborar algo medianamente crítico que la sana indignación que surge cuando uno lee las declaraciones de los macristas justificando el desalojo, o se entera del proyecto de un diputado del PRO (salió ayer en Perfil) que propone prohibir el ingreso de cartoneros a la capital. Sí, la palabra apartheid viene sola.
Ahora que releo lo que escribí abajo veo que me dejé llevar por esa indignación. Cuando pasa eso uno cae en obviedades que deberían darse por sabidas. Obvio que los vecinos de Belgrano no quieren ver pobres, por eso viven en Belgrano. Obvio que Macri y cía quieren una ciudad para los happy few, están cumpliendo a rajatabla sus promesas, están cumpliendo aquello por lo que fueron votados. Todo eso no debería sorprendernos, no debería ser más que una triste confirmación de lo que ya sabíamos. En vivo y en directo. A veces me da risa cuando escucho a gente negar la lucha de clases. Siempre está ahí, frente a nuestros ojos. Leamos Ámbito Financiero, leamos La Nación (desde el editorial al suplemento de polo, desde la sección Sociedad al foro de internet), hablemos con 7 de 10 porteños: lucha de clases. Más o menos solapada, más o menos explícita, me pongo hobbesiano y diría bellum omnium contra omnes. Lo de Barrancas es eso, no lo neguemos. El espacio es chico y no todos podemos ni queremos convivir en él.
Ahora, si queremos encubrir eso apelando a la salubridad, a la higiene, al "nido de chorros", al paco, a la santa seguridad, al amor al prójimo, a la conciencia social, al bienestar general, etc., es una decisión de cada uno. Todos tenemos (y de hecho lo hacemos) el derecho a contarnos a nosotros mismos las historias que nos hagan sentir buenos, todos tenemos el derecho a nuestras propias fábulas tranquilizadoras, a nuestras teodiceas como diría Weber, a hacer de la necesidad virtud como diría Bourdieu.
Me acuerdo que tipo año 2002, en una entrevista, la profesora Sarlo había llamado a los cartoneros cirujas. El otro día la sensible y bien intecionada Mónica Gutiérrez en su programa de cable a donde siempre invita mujeres golpeadas y feministas aguerridas, entrevistó a una cartonera de Barrancas y le preguntó hacía cuanto que "revolvía basura". La tipa le contestó que no "revolvía basura" que ella trabajaba. Para algunos será sólo una diferencia semántica, para otros - entre los que me cuento - es una diferencia moral. Y más: una diferencia política. Los que revuelven basura están solos, están liquidados. Los que trabajan - los que llaman a su hacer trabajo - al menos saben que cuentan con esa fuerza y que nadie va a hacer nada por ellos excepto ellos mismos. Animal Laborans / Homo Faber / Homo Politicus.