miércoles, junio 25, 2008

Éramos tan progres

El otro día me puse a pensar qué les pasó a Tenembaum, a Sietecase, a Zlotogwiazda, a Montenegro, a Lanata mismo. Si hasta el gordo Rozin parece Noam Chomsky al lado de ellos (ver el videíto de la entrevista a Carrió que anda dando vueltas)... Sietecase, que había escrito poemarios en Rosario (creo que uno se llamaba "Cierta curiosidad por las tetas", gran título, por cierto), Tenembaum y Zloto que arremetían contra el menemismo en la época más delirante de Página/12. ¿Qué les pasó muchachos? Se quedan babeando con De Angeli, dejan pasar como si nada las bestialidades de Lilita, entrevistan a Biolcatti como si fuera Camilo bajando de la Sierra Maestra.
Sí, ok, el tiempo pasa nos vamos poniendo... Éramos tan progres. Igual da, en lo personal, un poco de pena. No debería, pero es así. Realmente no me produce nada leerlo a Morales Solá, o a Van der Kooy, pero tengo que admitir que un poco de incomodidad y tristeza siento cuando veo a estos tipos haciendo el papel que están haciendo.

Tal vez, puede ser, seamos buenos, no se trate de la aplicación del viejo teorema "progre a los veintipico, conservador a los cuarenta", sino que se explique por una fractura de la "progresía" argentina. Fractura catalizada por el kirchnerismo como elemento que aporta un malestar al ideal progresista. Pero ¿cómo llevar a la práctica la prédica progre(sista) - equidad social y república- en el barro del conflicto, de la paritarias, de las tensiones corporativas, de la puja por la torta, de la historia, de la sociedad, del mundanal ruido? ¿cómo hacer real, realmente existente, el antimenemismo, ese arsenal simbólico largamente acumulado y luchado durante los 90s? ¿qué pasa cuando el sueño que soñamos en los 90s se convierte en posibilidad?
Las preguntas - y en este exacto momento este post se va al carajo, aviso - rebalsan las actitudes de los íconos mediáticos progres mencionados más arriba. La pregunta es qué es el kirchnerismo y cómo se enlaza con esa "estructura del sentimiento" progresista que nos (me) forjó en los 90s.
Hipotésis bestial: "la pata peronista" que Chacho soñaba para complementar el proyecto iluminista Villa Freud-céntrico, se terminó quedando con todo. El periférico grupo Calafate, un casi exotismo de fines de la década dorada, termina ganando las presidenciales del 2003. El Chacho, de jefe de la centroizquierda a embajador in partibus del kirchnerismo. Cosas que pasan. La pata se comió a la mesa.
La incomodidad, la sensación de extrañeza que genera el kirchnerismo en buena parte de los votantes progres (muchos de mis amigos, de mis compañeros de trabajo, mis hermanas, nada lejano) por ahí radica en eso. Lo que esperábamos, aquello que nos movilizó a la interna entre "Es Ella" y De La Rua, a la Carpa Blanca, a la Marcha Federal, a votar el referendum del Frenapo, fue tomado como bandera por otros. Y sí, están los otros: la CGT, el PJ, los intendentes del conurbano. El otro exacto del universo simbólico del votante progre medio. Ese malestar, esa línea tensa entre los queríamos y lo que es tal vez ayude a comprender la bifurcación progresista.
No sé, pero más allá de todo, qué buen título era Cierta curiosidad por las tetas ¿no?

Una sana envidia

Qué envidia me dan estos pibes. Pongo esos dos pero hay más, como el Criador o Elemaco, y seguramente otros que se me escapan y desconozco. Basicamente porque destrozan el lugar común - tan común que está instalado, incluso en la misma universidad - de que las ciencias sociales corren en inferioridad de condiciones epistemológicas con respecto a las "ciencias duras" (¿duras de qué o por qué?) tan característico del positivismo berreta que sigue vivo a pesar de Auguste Comte sea hoy un olvidado fósil prehistórico. Pero también, porque desmienten el prejuicio inverso, ese que proclama orgullosamente el ensayismo y el impresionismo como única manera de acercamiento a lo social y mira con desdén cualquier gráfico, cualquier aproximación cuantitativa. Barañao vs. Horacio González, si queremos ser brutales e injustos.
A lo que voy es que en momentos en que es casi imposible ver televisión o leer diarios por la cantidad de inexactitudes/manipulaciones/chatura que tienen, leer blogs como esos levanta el nivel. Y lo mismo, corre para cuando uno se harta de leer papers con esa prosa prefabricada, repetitiva y árida del "publish or perish" académico.
Y, para terminar, me descuelgo con una falacia de autoridad. Durkheim decía, bellamente, en Las reglas de método sociológico: "la estadística revela cierto estado del alma colectiva". Eso: poesía y quantum, poesía y quantum.

lunes, junio 23, 2008

Yo te avisé

Los amigos de artepolitica.com siguen creciendo. No se lo pierdan.

sábado, junio 21, 2008

El pobre John Reed se revuelve en la tumba...

"100 días que cambiaron a la Argentina". Más allá del chiste-guiño al famoso libro de Jack Reed sobre la Revolución Bolchevique, hay algo que es cierto: por primera vez en muchos años el aumento de la temperatura política no se debió a internas de chiquitaje o a asuntos de palacio, lo que se puso y se pone en juego son cuestiones que hacen a la distribución del poder y los recursos económicos entre diversos sectores sociales. Digámoslo en términos brutalmente funcionalista-sistémicos: hasta ahora eran las derivas propias de la lógica del sistema político las que dominaban en las zozobras argentinas. Las luchas menem-duhaldistas, menem-cavallistas, delarúa-chachistas, las ofensivas kirchneristas conta la corte suprema, los militares, el fmi, etc, se reducían al círculo de la política. La complejidad de esas situaciones quedaba, aproximadamente, reducida al mundo del gobierno, y en el mejor de los casos del Estado.
Maticemos. Durante los noventas, eso se explicaba por la hegemonía del modelo neoliberal cuyos fundamentos reales no se podía (decían) afectar. Las crisis polítcas, eran en consecuencia, meras internas para resolver quien gerenciaba mejor ese modelo. En los primeros años de Kirchner, se trató, más bien, de reconstruir la autoridad de un Estado cooptado por esos intereses. Era un paso necesario, un paso que anunciaba la puesta en marcha de las condiciones que abrieran la puerta a este nuevo escenario de conflicto social y económico.
Acá estamos, entonces. El conflicto con el "campo", estos 100 días que tanto agitaron, representan la primera vez en la historia de la recuperación democrática que la puja entre Estado y sectores económicos se da a la luz del día. No debe sorprender, entonces, la dilatación del conflicto, ni la virulencia creciente, ni la multitud de recursos simbólicos y materiales que se pusieron en juego. La explicación radica en que por primera vez esa puja no fue saldada en un despacho, que por primera vez el Estado nacional se negó a convalidar sin chistar las demandas de un actor económico. Y esta es la lección que se debe aprender, esta es la lección que le debe quedar clara a cualquiera que pretenda llevar a la práctica medidas que vayan en contra de los intereses de grupos históricamente beneficiados: No te la van a regalar, querido. No te la van a hacer nada fácil, aunque hayas ganado las elecciones hace 6 meses con 8 millones de votos. Eso no les importa nada.
Castoriadis decía que la democracia es un régimen trágico. Lo es porque es el único régimen donde las posiblidades están abiertas siempre, porque nunca garantiza la victoria de la mejor solución, porque, incluso, admite que sus enemigos triunfen. Pero también es el único régimen donde el destino de los ciudadanos depende de los ciudadanos mismos.

miércoles, junio 18, 2008

A la plaza

Me sumo a la convocatoria. Las razones, para mi, están bien expresadas en la declaración colectiva que anda circulando. Y de fondo, lo que hay que defender es la posibilidad de que el estado pueda ponerle límites a las demandas de sectores históricamente (y en el presente) beneficiados por las políticas económicas. Porque, como siempre, la profundización de la democracia no es cuestión de discurso sino de reasignación de recursos y poder. Y también, vale decirlo, voy para sacarme la bilis que tengo atragantada desde el sábado.

domingo, junio 15, 2008

"La bolsa de nylon es nuestra flor silvestre"


1- Durante todo el camino desde San Juan a Jáchal (170 km. al norte) me acordé de esa observación de Martín. Las bolsas de nylon brillando como flores en el desierto. Y hacía allí íbamos: un contingente heterogéneo, una armada brancaleone de las políticas sociales, dos bombones de trabajo social, un psicólogo y un triste sociólogo sacado de improviso de la ciudad. Hicimos lo que pudimos.

2- Esta vez no me llevé el Facundo. La casa de Sarmiento y Doña Paula ya la conozco, aunque me hubiera gustado parar a sacarme una foto donde el hijoputa escribió en francés esa cita falsa, que nuestras maestras nos enseñaron que dice: las ideas no se matan. Pero las chicas no quisieron, y eso que les conté lo que decía Piglia al respecto. Bueno, tal vez no quisieron precisamente por eso...

3- Mientras esperamos el chivito al vino en uno de los dos restoranes de Jáchal se comenta: la única política social es la política económica. También se comenta (¿ellos? ¿yo?): sería más eficiente cargar un Hércules con nuestros viáticos y arrojar la plata desde el cielo. Debería ir o debería quedarme.

4- Después de trabajar todo el día en ranchitos con piso de tierra, llenando fichas, explicando cosas que ni yo entiendo, escuchando que con mil mangos se resolvería la vida de una familia, que con un contrapiso de material los pibes no visitarían cada quince días la salita por problemas bronquiales, que en la cosecha de la cebolla o de la aceituna se paga 7 pesos por cajón, etc, etc, después decía, llegar al hotel y prender la tele después de la ducha caliente, mirando C5N o TN y ver a los mongos esos en la ruta por las retenciones... sí, yo también en esos momentos pedí que la gendarmería repartiera un par de palazos, sí, lo reconozco, lo reconozco.

5- Y ni idea sobre lo que va a pasar. Ni idea sobre como se va a desarrollar el corto plazo, esa tierra de periodistas. Lo que sí sé es que el enfoque de "la participación comunitaria" se queda corto ante un contexto social dominado por el trabajo en negro, por la informalidad laboral, por un horizonte signado por la desprotección y por salarios bajísimos. Se podrá sembrar de CICs el país, pero mientras el sueldo de los jefes de hogar no pase el umbral de la pobreza el círculo reproductor de las carencias seguirá intacto. Ok, soy un materialista irredento. Pero es así.

6- Estamos de vuelta. Buenos Aires no se ve susceptible desde el aire, se ve, más bien, como la alfombra de cemento cuadriculado e infinito donde trascurren nuestras vidas. Una al lado de la otra, pero sin conocerse. Vuelvo al barrio del anonimato y para los que somos tímidos eso se siente bastante bien.

domingo, junio 08, 2008

El estado de las cosas, las cosas del Estado

La verdad es que no me cierra la idea del Nuevo Sujeto Agrario. Compartir ciertos reclamos, ciertas condiciones materiales, cierta posición en el mercado o frente al Estado no lleva inmediatamente a la conformación de un colectivo político. O por lo menos no de algo que se mantenga en el tiempo, cuando la coyuntura cambie y la "mística de vestuario" (por usar la expresión que Artemio una vez acuñó en su blog) se haya disipado. En este sentido, no le veo mucho futuro a la idea de un partido de los farmers como quieren la Alarcón y el grupo Pampa Sur. La tradición política argentina es más proclive a los nucleamientos que interpelan al "pueblo" en su conjunto, pasando por alto las identificaciones sectoriales. El clasismo (explícito) nunca prendió demasiado por acá. Aún partidos claramente sustentados por una clase, como la Ucedé, apelaban a la vaguedad para que no quede demasiado al descubierto su pertenencia a una fracción minoritaria de la sociedad.
Por otra parte, parece claro que todo esto que está pasando ya trascendió al blumbergianismo histérico y espasmódico, para instalarse como un reclamo de sectores que, con el trascurso de los días, van apilando nuevas demandas que no se resolverán con golpes efectistas. Es cierto, a diferencia de las marchas de los encamisados del falso ingeniero, acá late un balbuceo, un vigor participativo. Aunque llena de mistificaciones y apelaciones a ideas retardatarias, la crisis con los sectores rurales, disparó debates sobre temas fundamentales. Esa potencia no debería ser desaprovechada. Para bien o para mal, ya no se puede volver al 10 de marzo.
Si lo que se discute verdaderamente es la legitimidad (y la necesidad) de la intervención del Estado en la economía y su capacidad para disciplinar al capital, no deberíamos quedarnos en la cuestión amarreta de las retenciones. Lo que está en juego es la posibilidad de avanzar hacia una mayor distribución del ingreso o quedarse en el páramo del "país que aprovecha las excelentes perspectivas internacionales, bla, bla, bla" mientras las mayorías vegetan en la pobreza. Y eso no va a cambiar con invocaciones a la solidaridad de los que más tienen, ni con actos y contraactos, ni con posicionamientos de prensa, ni con paciencia oriental, ni con mediadores de buena voluntad. Eso cambia con acciones desde el Estado. Algo que, desde hace tres meses, viene faltando.

Chinese Democracy


Guarda que se vienen los chinos... Esto está derrapando al terreno de la bizarreada mal.

martes, mayo 13, 2008

Transversalidad y hegemonía

Y bueno, qué esperaban. ¿Que el delfín de De la Sota y Cavallo fuera un ejemplo de lealtad en los tiempos difíciles? Visto ahora, con la perspectiva que otorga transitar ya dos meses de un conflicto donde todo parece salirle mal al gobierno, más de uno en el kirchnerismo - me refiero al kirchnerismo de palacio, no a los simpatizantes que lo ven, o lo vemos, de afuera - se estará preguntando si haber abandonado el proyecto inicial de la transversalidad no fue un gran, gran error. Porque, sí, la transversalidad "progre" a la 2003-2004 te hacía las cosas más difíciles con los muchachos del conurbano y su "zona gris" (Auyero dixit), tal vez no te garantizaba borrarlo a Duhalde de un plumazo en el 2005, tal vez metía ruido y debate y abría las puertas a un horizonte más plural en momentos en que eso no parecía buen negocio, porque, al fin y al cabo las cosas andaban bien y todo era como ir en un descapotable con el viento en la cara y una chica linda al lado. Es puro ejercicio contrafáctico, y por eso mismo aunque interesante es irrelevante. Pero, ¿que hubiera pasado si Kirchner se decidía a llevar a cabo esa reconversión del peronismo en un movimiento que incluyera todos esos sectores que en el ímpetu del 2003 -derechos humanos, descabezamiento de la Corte, discurso anticorporativo, retenciones, sí, retenciones - se mostraban deseosos de conformar una coalición de centroizquierda? Luisito Juez, se debe estar muriendo de risa con lo que pasó ayer en Córdoba.
Como digo, esto es contrafáctico. No pasó. No quisiera parecerme a JP Feinmann llorando porque Kirchner no quiso dar ese paso. No desprecio el poder de las viejas estructuras, más vale usarlas y no que las use otro. Pero la cuestión es, me parece, que si en esta coyuntura particular, cuando el conflicto es tan claro, cuando es tan evidente que del otro lado no hay más que una puja sectorial, egoísta, por continuar apropiándose de una renta extraordinaria, una actitud tan manifiesta de anteponer las ganacias a los intereses de la mayoría (y hablo del precio de los alimentos, de algo tan básico como eso) el gobierno no muestra la capacidad para tomar el centro del escenario y ganar nuevos apoyos, es que algo salió mal. La hegemonía, puede ser. Se discutió mucho acá y en otros blogs (la barbarie y artepolítica tienen excelentes posts sobre esto). La implantación de un sentido común a partir de diversos sectores que se unifican alrededor de ciertos consesos básicos. Viendolo desde ahora, la estrategia de la transversalidad tal vez hubiera ayudado a lograrlo.
Pero como sea, ahora el escenario es otro, y me parece que todavía se está a tiempo. Vamos, ¡es la Sociedad Rural la que está enfrente! No puede ser tan difícil.

domingo, mayo 04, 2008

Stardust Memories - Los años 90


No sé por qué me puse a pensar en el menemismo. Yo tenía 12 años cuando empezó el menemismo. Ese año terminaba la primaria. Iba con mis amigos a buscar calcomanías de Angeloz al comité de los Irrompibles, en Formosa 144 - cuyo cierre recientemente me produjo bastante tristeza, mierda, las cosas de tu vida empiezan a desaparecer- que pegábamos en los vidrios de las ventanas de nuestros cuartos infatiles, y no tanto, porque hasta hace poco se mantenía en pie una de Facundito Suárez Lastra... Y después jugábamos al rugby en el Parque Rivadavia, al lado de la escuela, con una botella de plástico de 2 litros.
Me pregunto que significó crecer con el menemismo. Todavía no lo tengo resuelto. Pero es algo que me gustaría tener más claro, ahora que me encuentro con pibes que tenían 12 años cuando fue el 2001, pibes para los que palabras como privatización o reforma del estado son casi intrauterinas, pibes y pibas que nacieron con un veintipico por ciento de desempleo. No sé, tiro algunas hipótesis. El menemismo fue nuestra entrada a una modernidad distorsionada: períferica pero conectada - Internet en el 95 de la mano de Javier Alvárez, thank you so much, en el gabinete de computación del CNBA - grasa pero al mango; liberal y represiva, nocturna y careta; una época donde los que nos asomábamos a la adolescencia teníamos una ciudad desconocida a nuestra disposición. Los años 90. Erámos chicos del Nacional con conciencia social y sabiámos que las cosas no iban a terminar bien, pero sin embargo participábamos plenamente de la época, con su embriaguez y su rapidez. Pero bué, estaban Nirvana, los Red Hot, Pearl Jam, Todos Tus Muertos, Palo, El Otro Yo. Qué tan malo podía ser lo que vendría. Me parece que soy de la quinta que vio el mundial 94.
En esa modernidad distorsionada, subdesarrollada, cocainómana, pasamos nuestros años felices. O no tanto, no romanticemos. Pero si la idea de generación tiene algún asidero -que tengo mis dudas-, haber crecido bajo esa configuración político-cultural va a tener una influencia que es aún dificil de medir. La generación que vio desmantelar el mito del ascenso social, la generación que creció bajo el cielo oscuro del desamparo, la generación que se formó en la tierra baldía de los indigentes y los viajes a Europa, la generación del pancho y la coca, del pancho y la merca, de los refugios fáciles, de la ley del valor de cambio.
Crecimos bajo el menemismo y todavía estamos intentando encontrar una salida. Al menos yo.

lunes, abril 28, 2008

Clase media y Weltanschauung

No sé si alguien ayer perdió el tiempo mirando el programa de Majul. Yo sí, perdí unos valiosos - o no tanto - minutos de vida mirando la entrevista a la eterna entrevistada Elisa "esto se parece a Rumania" Carrió. Lo mismo de siempre, nada nuevo: analogías con Hitler, con Isabelita, con el Rodrigazo... Hasta el propio Luisito en un rapto de rara perspicacia le preguntó si no era demasiado. Carrió dijo que comparaba caracteres, y que los caracteres de los líderes políticos eran fundamentales para explicar los fenómenos históricos. "El carácter de De Gaulle salvó a Francia, el carácter de Churchill nos hizo ganar la Segunda Guerra Mundial". Juro que estoy citando. Digamos que esa es un tipo de explicación histórica que ha quedado desacreditada desde hace por lo menos unos cien años, cuando las ciencias sociales comenzaron a basar la historiografía en la longue durée de los procesos sociales y económicos - estructurales, para usar una palabra pasada de moda - que corren por debajo de las decisiones individuales.
El reduccionismo psicologista que expresa Carrió al explicar la llamada "crispación" social por cierta tendencia de Néstor y Cristina Kirchner a "humillar" al campo y a los sectores medios, encubre - con mala fe - tensiones más complejas que involucran no sólo la puja distributiva sino imaginarios culturales, tradiciones políticas y procesos sociales que no se quieren o no se pueden explicitar.
Quiero decir, esto excede las boutades de Carrió. Ese tipo de explicación ad hominem de la realidad es una marca de fábrica de la Weltanschauung de la clase media. Durante el menemismo era la corrupción, las fiestas en el Ski Ranch, la corbatas amarillas, los trajes Versacce, la farandulización. Llenaba de indignación que Xuxa fuera a la Quinta de Olivos o que las odaliscas le bailaran con el ojete en la cara a Menem. Era lo grasa del menemismo. Lo estructural de ese modelo de acumulación, de ese rediseño conservador a gran escala de la sociedad, de esa transferencia de ingresos a los sectores concentrados de la economía, quedaba para los papers de la Flacso o de la CTA. Y con De la Rúa, algo similar. Las causas visibles en los medios y en las conversaciones de a pie eran la siesta, la debilidad, la indecisión. Defectos que, por supuesto, no se ponían de manifiesto a la hora de decidir sin dilación el deficit cero o el recorte del 13% a las jubiliaciones y salarios públicos. Sin embargo, esa visión que adjudica los males públicos a los defectos personales permanece vigente en el imaginario de la clase media argentina.
La política es un asunto personal, de acuerdo. Los líderes se enfrentan y en esa batalla las virtudes, llamémoslas, "carismáticas" tienen su peso. Al momento de una elección presidencial el carácter, el rostro, los gestos, la atracción que se genere sobre el público, ocupan un lugar importante. Pero, a largo plazo, cuando de lo que se trata es de maniobrar las fuerzas históricas, de diseñar políticas públicas que favorezcan a ciertos sectores y perjudiquen a otros, de aliarse con ciertos grupos sociales, de reformar o trasformar (en el sentido que sea) las instituciones, las características individuales, psicológicas, íntimas de las personas pasan a ser una variable secundaria.
Digo, todo esto es sabido y no es cuestión de rasgarse las vestiduras. Pero conviene tenerlo en claro a la hora de enfrentarse con ciertos discursos y de elaborar otros que intenten ser un poco más complejos.

sábado, abril 26, 2008

Contracorriente

Entre Lost y La Isla de la Fantasía, me quedo con La Isla de la Fantasía.

viernes, abril 25, 2008

Up

Bueno, se fue el bombón keynesiano. Ayer a la noche estaba viendo Carretera perdida de David Lynch en canal 7 (un ultra diría que esos son los méritos del kirchnerismo que importan) y en un corte pasé a mi querido C5N. Ahí estaba Feinmann (¿cual de los dos?) anunciando que Lousteau había sido despedido. Otros canales decían más ajustadamente que había sido Lousteau quien había presentado su renuncia. En fin. Eso no importa nada.
El tema es la inflación. Una inflación fantasmal, intuitiva, gracias a la destrucción del INDEC. El tema es la reversión de la caída de la pobreza, el deterioro de los salarios, el aumento constante de los precios de la canasta básica. La "crisis del campo" debe pensarse dentro de una estrategia para combatir el alza de los precios en un contexto de aumento de los precios internacionales de los alimentos y de concentración de la producción agropecuaria. Pero esa "crisis del campo" es sólo un eslabón. Tal como dicen muchas voces que empiezan a escucharse, llegó el momento de implementar políticas que desmonopolicen los sectores formadores de precios y las cadenas de distribución de productos básicos. Lousteau se va sin haber implementado ninguna medida en este sentido, tal vez no quiso o no pudo, eso tampoco importa ahora. Queda Moreno, al que desde ciertos sectores de la clase media se le reprochan sus malos modales. Lo que hay que reprocharle a Moreno es su ineficacia para contener la inflación. Acuerdos de precios que duran dos semanas, subsidios cruzados que no llegan a los destinatarios, mercados hiperconcetrados a los que no se toca.
Durante esta semana de rumores se mencionó a Redrado y a Melconián. Sí, si te corre frío por la espalda estás en lo cierto. Como dice Homoeconomicus hoy, profundizar la actual estrategia antinflacionaria sólo conduce a un empeoramiento de la situación, y en el mediano plazo, a un posible retorno de los ortodoxos para "poner orden" si esto se dispara. Y entonces, me temo, ya no vamos a hablar de crecer al 5 en vez de al 8. ¿Queda claro?

jueves, abril 24, 2008

Almorzando desde Bucarest


"La líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, asistió al programa de la conductora Mirtha Legrand, donde arremetió contra Néstor y Cristina Kirchner, a los que comparó una vez más con el dictador rumano Nicolae Ceaucescu y su esposa Elena que, tras su caída del poder, fueron fusilados por ochenta soldados en 1989. “Esto se parece muchísimo a la Rumania de hace dos décadas”, destacó Carrió, a quien le tocó compartir la mesa con el titular de la Sociedad Rural Argentina, Luciano Miguens, y la vicejefa de Gobierno porteño, Gabriela Michetti." Dice una nota hoy en Página 12.
Maravilloso, genial. Mi sueño de toda la vida se hizo realidad y no estaba enterado! Vivimos en un país del bloque socialista. De paso, linda mesa, eh.

martes, abril 22, 2008

Requiem por un supermercadista chino

Tengo algo así como un fixture para hacer las compras. Un poco aprovechando la abundancia de supermercados chinos en el barrio voy rotando día por día de local. Algo irracional, algo parecido a una cábala. Igualmente lo maravilloso de los supermercados consiste en su uniformidad, en su carácter de lugares seriados. Los chinos: el mismo gatito dorado que mueve la patita, como saludando a los clientes; las guirnaldas rojas que cruzan las góndolas; la disposición espacial de los productos; los paraguayos en la verdulería o limpiando los pisos; el chino jefe adelante controlando los movimientos. Es dificil saber en que super chino estás, ni siquiera los nombres ayudan mucho: Buena Suerte, Bendiciones, Fortuna. Belleza y Felicidad. Bueno, ese no es un supermercado chino.
Con todo, es una uniformidad más amigable que la de las grandes cadenas. Acá no hay música funcional, ni pasillos extensísimos que te sacan el aliento, ni objetos suntuarios que le quitan el lugar a los objetos realmente necesarios - no, no quiero un plasma de 14000 pesos, quiero apenas un nuevo repasador, y no lo encuentro. En los chinos, además, la música parece confluir con mis estados de ánimo: ya van una media docena de veces que escucho a Pablo Dacal mientras busco un Valderrobles tinto. Eso es raro. Que pasen a Dacal. O a Calamaro, pero siempre las canciones más tristes y tontas o más tristemente tontas de Calamaro. También, varias veces escuché temas de Tom Petty. Cuando pasen uno de Nick Cave voy a empezar a creer que hay algo más, algo indescriptiblemente más extraño que se me escapa.

martes, abril 15, 2008

I'll be your mirror


Ryan McGinley, 2005.

lunes, abril 07, 2008

Punto de fuga

Se termina Punto de vista. La historia primitiva de esa revista es, de alguna manera, parte de esos relatos familiares legados vía segunda mano. En el 78, año del mundial, año de quietud polar, un grupo de intelectuales y cuadros políticos del maoísmo argentino decidieron la fundación de la revista. Detrás de Piglia, Altamirano y Sarlo, estaban los cráneos de Vanguardia Comunista: Elías Semán, Rubén Kriskausky y Roberto Cristina, el hermano de mi madre, mi tío. Y entonces están esas historias familiares: Piglia en el departamento de mis viejos en Palomar, las reuniones, los que deambulaban como sonámbulos en la noche, cambiando de departamento en departamento, el perpetuo nomadismo de los clandestinos. Digamos que en esa alianza entre la "cultura" y la "política" - si es que en aquella época eran términos distinguibles - la parte más dura, durísima, se la llevaron los políticos. Pasado el Mundial, el secretariado de VC, en su totalidad, había desaparecido.
Y si esos fundadores quedaron, debido a la tormenta de la Historia, congelados eternamente en los años setenta, los que se mantuvieron vivos siguieron el derrotero de la intelectualidad de izquierda argentina: la culpa feroz de los exiliados internos, el sueño gramsciano-socialdemócrata alfonsinista, el retiro -cada vez más decidido y autoindulgente- a los claustros universitarios, a las cátedras y las querellas entre especialistas, la conversión -ya en la madurez - en una capa intelectual satisfecha, de buen pasar, tal vez más preocupada por la neurosis que por la política, por la forma estética que por el sustrato del combate, gente respetable, inofensiva, seria, madura.
Tal vez tenga razón Sarlo cuando dice que es preferible terminar ahora a convertirse en un autohomenaje que vive de las rentas del prestigio conseguido en el pasado. Tal vez ese final también indique el final de una generación intelectual que ya no puede dar nada más de sí.

viernes, abril 04, 2008

El Campo y la Ciudad


Cómo me gusta robar títulos de libros. El de abajo está robado al gran Philip Roth (de la gran, gran novela Pastoral americana, de la cual alguna vez me gustaría escribir algo), éste a Raymond Williams. No importa. El robo, como la guerra y el amor, es uno de los motores de la Historia.
Leímos bastante sobre el tema del lock-out del “campo” en esto días. Nuevamente comprobamos que mucho de lo interesante que se escribe sobre política / sociedad hoy por hoy pasa por los blogs: Escriba, María Esperanza, Martín, Mendieta, Artemio, y siguen las firmas. En los medios “masivos” en cambio, prima la ramplonería del sentido común. Bastaba verlo a Ricardo Forster en A dos voces para comprobar cómo una sola voz se destaca entre la medianía de los lugares comunes, tanto oficialistas como opositores.
De todo eso, ahora cuando la marea parece en reflujo, algunos puntos.

1- El kirchnerismo debe convencerse de que ha perdido la batalla por la hegemonía de las clases medias. La victoria de Macri en Capital y los resultados de octubre ya lo habían mostrado: a pesar de Zaffaroni y Argibay en la Corte, a pesar de los juicios contra los militares, a pesar de los subsidios que mantienen artificialmente bajas las tarifas residenciales de los servicios públicos, a pesar de los restoranes llenos y los shoppings abiertos hasta las cuatro a.m. en navidad, la clase media irremediablemente ha virado a rumbos distintos al gobierno. Todos lo hemos escuchado en reuniones familiares o de amigos: se critica el estilo, se critica la “soberbia”, se critica el botox, se critican las formas. Crítica de la Argentina. Esta particular posición opositora de las clases medias – más estética que ética, más formal que política – es una constante sociológica de los últimos sesenta años. Ver, para más datos el muy buen libro del Yaya Sebreli – cuando era contornista y sartreano – Buenos Aires, vida cotidiana y alienación. En este sentido, la pregunta sobre los nuevos apoyos sociales que buscará el kirchnerismo está abierta. ¿Una radicalización que excite los clivajes sociales y conforme un nuevo mapeo amigo-enemigo? o ¿Un recostarse en el establishment del peronismo y el sindicalismo que mantenga las cosas más o menos como ahora? Ummmm, yo me tiro a la segunda opción, a pesar de mis deseos…
2- La utopía del campo. Desde los medios se construyó un nuevo sujeto: el farmer aquejado por las políticas confiscatorias del gobierno, el hombre que se levanta a las cuatro de la mañana a arar la tierra y es hostigado por los burócratas del gobierno central que sólo quieren recaudar a su costa. Sí, suena manual escolar norteamericano. Nada se dijo sobre las heterogeneidades de la producción rural, sobre la concentración bestial de las tierras, sobre la explotación de los peones rurales, sobre la demencial extensión de la frontera sojera. El campo, a diferencia de la ciudad, es siempre un terreno apacible, sin conflictos, lleno de gente amable que te ayuda cuando te quedás varado en la ruta, último refugio de la bondad y la gentileza. ¿Cómo era? Cultivar el suelo es servir a la patria. Sí, eso. Piquetero sos si cortás la ruta a la altura de Isidro Casanova, en Salsipuedes o en Armstrong sos otra cosa.
3- Estuvimos en el discurso de Cristina. Sí, laburamos a tres cuadras de ahí y no nos lo podíamos perder. En el corralito de Bolívar y Avenida de Mayo, nos juntamos los “sueltos”. Andaba por ahí Martín Caparrós – qué canchero que es Caparrós, dicho sea de paso -, el pintor Daniel Santoro y otros. Cristina tiene buena voz, seamos piadosos. Su registro vocal es digno de una emisión radiofónica de los años cuarenta. Parece que se quiebra, pero no. Parece que va a decir 5 por 1 no va a quedar ninguno, pero no. Parece que va decir “compañeros”, pero no. Lo que decíamos antes, es el permanente vaivén del kirchnerismo: llegamos hasta donde se preanuncia el clivaje, y nos quedamos ahí.
4- La Federación Agraria debería estar presente en un proyecto progresista/populista. Haberla convertido en adversario es un error estratégico del gobierno. Tal vez esa sea una de las mayores llamadas de atención que deja este conflicto. ¿Qué llevó a los pequeños productores agropecuarios a formar un bloque con la Sociedad Rural Argentina? Las medidas de compensaciones llegaron tarde, y aunque no soy un experto en el tema rural, haber cristalizado ese bloque opositor me parece que le resta fuerza a cualquier política de transformación agropecuaria que se quiera encarar desde el Estado.
5- Está claro que lo que buscan los sectores más concentrados del campo es un cambio de modelo económico. Miguens lo dijo claro, vamos por el librecambio. Cómo desaprovechar la formidable coyuntura externa, prohibiendo las exportaciones de carne y leche y encareciendo la venta de los granos. Van por eso. Quieren cobrarte el sachet en euros. En este sentido, y cuando la inflación de la canasta alimentaria es a mi juicio el issue number one de la agenda pública, las retenciones no sólo son justas, sino que son imprescindibles.

Después la seguimos.

miércoles, marzo 26, 2008

Pastoral argentina

Bueno, son las 2 menos cuarto de la matina y estoy en un ciber de avenida Corrientes (y les digo, les confieso, es una experiencia fuerte estar en un ciber a esta hora, el lugar parece el set de una película de Johnny To, en cualquier momento llegan las tríadas chinas para hacer un ajuste de cuentas...), y estoy acá escribiendo esto después del... ¿cacerolazo? de hoy. Lo pregunto porque esta noche es la definitiva fecha de defunción de las teorías que consideraban a la clase media y sus cacerolas un sujeto progresivo de la historia. Es decir, después de hoy no solamente va a ser necesario analizar lo que pasó esta noche, sino meterse en la discusión por el lugar, por el espacio político que la clase media urbana ocupa y ocupó. Cierto novelista alemán de iniciales K. M. refugiado en la Inglaterra victoriana, una vez escribió que la anatomía del mono da la clave para conocer la anatomía del hombre. El cacerolazo de hoy tal vez sea la clave para entender de una vez por todas el cacerolazo del 2001. Mal que les pese a todos lo que hicieron de las capas medias en aquella oportunidad poco menos que un nuevo sujeto radical. Quemá esos papers, querido.



La cosa parecía bastante sencilla: una medida de política económica del gobierno afecta directamente el bolsillo de los productores rurales. Entraba dentro de lo esperable la reacción del campo. Los tipos quieren, como todo actor económico maximizar sus ganancias, y hoy esa maximización se realiza más facilmente exportando los productos agropecuarios. Eso, por supuesto tiene consecuencias en los precios internos de esos productos. Consecuencias al alza, obvio. En este sentido las retenciones son una herramienta para desalentar la exportación y contener los precios. Las capas consumidoras deberían apoyar esa medida, que no pasa de lo elemental. Pero evidentemente, las cosas no siguen ese curso lógico. Hay algo que se llama política.


Y volvemos a recurrir al amigo Laclau. El campo es un significante vacío, es lo que permitió que hoy esos "vecinos" pudieran juntarse por primera vez en una manifestación contra el gobierno. Ayer, apenas, era la "inseguridad" con Blumberg y el Rabino cambiándole la letra al himno. Significantes móviles, que se desplazan, pero que permiten juntar por un instante, hacer visible, esa oposición que en el Congreso es, casi, invisible.

Queda para otro post decir unas palabras sobre la cobertura de los medios. Pocas veces vi un manipuleo tan abierto de las palabras. Crónica TV, firme junto al pueblo, titulaba "Piqueteros atacan a vecinos pacíficos". La venerable Mónica Gutiérrez (¿o era Gigí Marziotta?) hablaba de "grupos de choque" acostumbrados a la violencia. Habría que decir que hoy los piquetes los practican campechanos muchachos con cuentaganado y Toyotas Hilux. Y habría que recordar, hablando de violencia, que hace 30 años la Sociedad Rural Argentina no sólo defendía al campo, también defendía otros "campos" mucho más siniestros, por cierto.

Vayan, eh, pinta bien


Y acá tienen todos los detalles.

jueves, marzo 20, 2008

Las cenizas de Gramsci

Ayer me quedé mirando a Macri en el nuevo programa de Zloto y Tenembaum en TN. En el páramo de un tiempo sin emociones, mirar a Macri me produce un extraño efecto: "vamos a tratar de deducir quien es este tipo". Por supuesto, soy de aquellos que creen que es justo ponerle el calificativo de "derechista" - derecha e izquierda me parecen categorías válidas, llenas de vigencia, tanto a nivel teórico como a nivel de la polémica diaria - pero me parece que esta vez se trata de algo más complejo, algo que - si me perdonan el exceso épico - la definitiva comprobación de que la "caída de los ídolos" es una realidad que llegó para quedarse en la política argentina. Por "la caída de los ídolos" me refiero a la llegada de un tiempo dominado por el cualunquismo, por la ramplonería del sentido común - que es el peor de los sentidos - por la renuncia social a toda aspiración política ideal y trascendente. Paz y adminstración es lo que nos depara este tiempo de la reconstrucción post decembrista? Los hombres y las mujeres del sentido común, de lo que quieren las mayorías silenciosas, que expresan lo que rumian entre dientes los "vecinos", parecen expresarse en Macri y su gente. Si la política es gobernar según los deseos de las buenas gentes, Macri va por buen camino y a quienes creen que la política es otra cosa les espera un duro peregrinar. Como sea, (o however, como diría una chica), Macri lanzó una frase en el programa de ayer: "es dificil gobernar después de diez años de saqueo del Estado". Podría tomarmela como una muestra exquisita de sarcasmo, podría tomarmela como un lapsus autoinculpatorio, pero la frase me da vueltas. ¿Por qué Macri dice eso? ¿No fue parte del proyecto ideológico que saqueó el Estado? ¿Por qué esa súbita comprobación de que la burocracia estatal y sus resortes son necesarios para la regulación de la comunidad? Por eso vuelvo a lo de más arriba, ¿tachamos a Macri como un liberal menemista deseoso de desmantelar todo aquello que no de ganancias, o hay algo más, algo que se nos escapa y que lamentaremos no haber interpretado bien dentro de, digamos, cuatro años?


Y este post se llama Las cenizas de Gramsci. ¿Por qué usar el nombre del mejor cantor de la "canción del marxismo occidental" en un post que refiere al apenas descendiente del cualunquismo italiano Mauricio Macri? Uno, porque es el título de un poema hermoso de Pasolini. Dos, porque estoy leyendo las cartas de Gramsci. Tres, porque Gramsci fue un militante de aquellas épocas donde la política significaba algo más que el seguidismo cobarde del sentido común. Si algo aprendimos de Gramsci es que la batalla decisiva está ahí, en ese terreno, en el de las identidades, en el de la hegemonía cultural. Que todo proyecto transformador debe esforzarse por conquistar la cabeza y el corazón de los ciudadanos, que la tarea principal de una política radical consiste en convertir en posible lo imposible, o mejor dicho, en convecer que lo imposible es posible.
Y pienso en Gramsci, en su celda de Bari, preguntándole a su mujer por el crecimiento de la "planta de limón", por cómo es su hijo al que nunca conoció, por si les gustó a los chicos el mecano que les regaló escribiéndole que sea fuerte porque un prisionero político "no tiene nada de que avergonzarse", reclamándole que le mande fotos, que le escriba, que sus cartas son lo único que lo mantienen vivo, que le escriba, que le escriba. Y pienso si mucho de nuestro malestar actual, nuestro malestar contemporáneo, no se debe a vivir en un tiempo en que lo personal se ha disociado de lo histórico, un tiempo donde lo intimo, el amor y la pérdida, se han quedado sin anclaje alguno. Como animales girando en su jaula siguiendo el rastro de su olor, no hay nada más afuera. En la época en que la política ocupaba la centralidad de las vidas la trama de la biografía, de los amores y los desencuentros, se entrelazaban con los hilos de la Historia. Gramsci mechaba sus cartas a Julia con alusiones al Komintern, con sus interpretaciones de la cuestión campesina, los asuntos domésticos y amorosos se entrelazaban en una sola hebra con Maquiavelo, el PCI, Benedetto Croce, y el proletariado. Es ese tapiz donde conviven la Historia y la intimidad lo que en nuestra época es imposible de reconstruir.
Vuelta a acà. Podemos leer las cartas de Gramsci, podemos sintonizar a Macri, podemos mirar la fotos viejas (blanco y negro) del siglo XX. Lo que no podemos, creo, es recuperar esa época en que la acción y la teoría, el amor íntimo y el amor colectivo, formaban una sola figura. Todo eso ya forma parte de la historia.

miércoles, febrero 27, 2008

Daniel Maldad

La sala de conferencias del cuarto piso de Olga Cossettini 1553 tiene un televisor que transmite todo el tiempo el canal de noticias C5N.

Agregado

Digo, por último, que no habría que confundir la heterogeneidad progresista con la cadena de diferencias nucleada en torno a un significante vacío como en Laclau, bla bla bla. Hay dos millones de libros escritos para desentrañar la identidad peronista y explicar como convivieron en él Osinde y Norma Arrostito, o Cooke y Vandor. No quiero meterme en eso, las explicaciones son varias (e insatisfactorias, porque la pregunta sigue en pie) pero el hecho es que sí se puede hablar de "identidad peronista" y que esa identidad se ha cristalizado en un movimiento político. El libro de Daniel James sobre la resistencia peronista, me parece de lo mejor que se escribió sobre el tema. En el caso del progresismo, tal como se expresa en la posición "soy progresista" (digamos a un nivel silvestre, tal como lo leemos en la prensa, o lo escuhamos en la vida cotidiana) apenas está una palabra en común, que muchas veces sirve para no pronunciar otra palabra (izquierda, centroizquierda), pero por debajo apenas hay algunas imágenes y símbolos débiles, que no alcanzan para conformar un sentido "fuerte". Probablemente se deba al fracaso del alfonsinismo y de la Alianza, que impidieron que se conformara una tradición en ese sentido, no sé.

Todo el poder a ................. (complete lo que corresponda)

Son interesantes los planteos que hace un par de días se hicieron acá sobre el dificultades del progresismo con el poder, con su práctica y objetivos. Pero me gustaría ir a algo más básico: la palabra "progresista" misma. ¿Qué es? ¿A qué identidad responde? No hablo en términos universales, sino a cómo se usa en la Argentina, a qué hace referencia en la política del país.
Me da la sensación que muchas veces el término ocupa el lugar de comodín fácil, una definición que más o menos el interlocutor entiende pero sobre la que mejor no hacer muchas indagaciones. "Yo soy progresista" se dice con toda buena voluntad, y concedamos en mucha gente, convencimiento. Una serie de símbolos identitarios de estos últimos 25 años que congregan imaginativamente a cierta gente: el juicio y castigo a los militares de la dictadura, el anti-menemismo (estético y político, según los casos), cierta referencia a la socialdemocracia europea (más el PSOE que el Laborismo británico), ciertas simpatías internacionales e históricas (Fidel, Cuba romantizada, los sesentas, ¿los setentas?, ¿Chávez? mmmm). Más allá de eso, si la charla se profundiza y seguimos ahondando en los rasgos de la identidad progresista, encontramos diferentes cosas. Desde los ex PC, los ex MAS, los ex PI, los antiguos fascinados por el caudillo del Varela Varelita, desengañados alfonsinistas, tímidos kirchneristas-hasta-ahí, socialistas viejos y nuevos, etc, etc, etc. Por supuesto, también están los que usan el término "progresista" como un esmalte finito y transparente para cubrir la indecisión o cierta vaporosa identificación "con la sensibilidad social y la buena onda". Progresismo(s) blancos, aunque ahora estemos enamorados del negro Obama.
Por eso, creo, es díficil lograr una pragmática del poder cuando, no sólo hay que sobreponerse a los fracasos históricos (del IPA al procesamiento por coimas de De La Rúa, ¿cómo se levanta a ese muerto?) y a la ocupación del espacio que ejerce el peronismo, sino que hay que ir sincerando las identidades, lo que de hacerse, claro, dejará a gente afuera, del otro lado.
Además de las preguntas que lanzaba María Esperanza en La Barbarie (sobre el poder, sobre cómo se acumula y para qué) hay que plantear dos cuestiones más incómodas: ¿Qué es ser progresista? ¿Quiénes son los progresistas?

(El chiste de Rep de hoy en Página 12, resume bastante bien ese estado indeciso y frágil de la identidad progresista argentina de la que hablaba.)

lunes, febrero 25, 2008

Words are flying out like endless rain into a paper cup


El otro día coincidimos con Henry que si un psicópata te pone un revólver en la cabeza (alguien tipo Bardem en la última de los Coen, ponele) y te obliga a elegir una y sólo una canción de los Beatles, elegiríamos Across the Universe.

Con Vawe acordamos, también, que la versión de Fiona Apple estaba más que bien.


Jai guru deva om

Jai guru deva om

(In memoriam, por qué no, del chanta este que se fue hace poco al cielo de los Vedas, y que en su momento, dicen, supo comerse a la entonces apetecible Mia Farrow)

domingo, febrero 24, 2008

Siguiendo

Quiero decir, nada peor para elaborar algo medianamente crítico que la sana indignación que surge cuando uno lee las declaraciones de los macristas justificando el desalojo, o se entera del proyecto de un diputado del PRO (salió ayer en Perfil) que propone prohibir el ingreso de cartoneros a la capital. Sí, la palabra apartheid viene sola.
Ahora que releo lo que escribí abajo veo que me dejé llevar por esa indignación. Cuando pasa eso uno cae en obviedades que deberían darse por sabidas. Obvio que los vecinos de Belgrano no quieren ver pobres, por eso viven en Belgrano. Obvio que Macri y cía quieren una ciudad para los happy few, están cumpliendo a rajatabla sus promesas, están cumpliendo aquello por lo que fueron votados. Todo eso no debería sorprendernos, no debería ser más que una triste confirmación de lo que ya sabíamos. En vivo y en directo. A veces me da risa cuando escucho a gente negar la lucha de clases. Siempre está ahí, frente a nuestros ojos. Leamos Ámbito Financiero, leamos La Nación (desde el editorial al suplemento de polo, desde la sección Sociedad al foro de internet), hablemos con 7 de 10 porteños: lucha de clases. Más o menos solapada, más o menos explícita, me pongo hobbesiano y diría bellum omnium contra omnes. Lo de Barrancas es eso, no lo neguemos. El espacio es chico y no todos podemos ni queremos convivir en él.
Ahora, si queremos encubrir eso apelando a la salubridad, a la higiene, al "nido de chorros", al paco, a la santa seguridad, al amor al prójimo, a la conciencia social, al bienestar general, etc., es una decisión de cada uno. Todos tenemos (y de hecho lo hacemos) el derecho a contarnos a nosotros mismos las historias que nos hagan sentir buenos, todos tenemos el derecho a nuestras propias fábulas tranquilizadoras, a nuestras teodiceas como diría Weber, a hacer de la necesidad virtud como diría Bourdieu.
Me acuerdo que tipo año 2002, en una entrevista, la profesora Sarlo había llamado a los cartoneros cirujas. El otro día la sensible y bien intecionada Mónica Gutiérrez en su programa de cable a donde siempre invita mujeres golpeadas y feministas aguerridas, entrevistó a una cartonera de Barrancas y le preguntó hacía cuanto que "revolvía basura". La tipa le contestó que no "revolvía basura" que ella trabajaba. Para algunos será sólo una diferencia semántica, para otros - entre los que me cuento - es una diferencia moral. Y más: una diferencia política. Los que revuelven basura están solos, están liquidados. Los que trabajan - los que llaman a su hacer trabajo - al menos saben que cuentan con esa fuerza y que nadie va a hacer nada por ellos excepto ellos mismos. Animal Laborans / Homo Faber / Homo Politicus.

sábado, febrero 23, 2008

El derecho a la ciudad

A fin de cuentas, lo que está siempre en cuestión es el derecho a existir. No es algo dado, algo sobrentendido. Es, como en el resto de las interacciones sociales, una cuestión de poder en última instancia. Y es una obviedad decir que en un régimen capitalista ese poder que cada uno detenta se expresa principalmente en los recursos económicos que posea. No únicamente, pero sí principalmente.
El desalojo sin orden judicial (¿pero cambiaría algo la cuestión que hubiera sido con orden judicial?) de los cartoneros asentados en Barrancas de Belgrano revela quienes tienen derecho a usar la ciudad, quienes tienen derecho a hacer uso del espacio público. La doxa progresista de los burócratas y los vecinos bien pensantes concibe al espacio público como una zona donde las diferencias de clase quedarían suspendidas, mágicamente, en favor de una igualdad temporaria, una igualdad cuasi ateniense donde sólo la cualidad de "ciudadanos" abre la puerta del disfrute urbano a todos por igual.
Las cosas son bien diferentes a la bella doxa que elaboran en sus escritorios y ONGs los cráneos del pensamiento urbano. El espacio público es espacio social y en él juega la misma lógica que en el espacio privado: para vivir en un depto de Barrancas tenés que tener plata y pertenecer a cierto estrato socioeconómico, tenés que tener cierta posición. Lo mismo para usar el espacio público de Belgrano. Si no cumplís esas condiciones, afuera.
El caracter "igualitarista" de la Argentina del siglo XX - del que hablaba nostálgicamente Lucas Rubinich en una nota en P/12 esta semana - hace tiempo que se fue al tacho. Ahora, desde la derecha se erige el viejo discurso del orden (la limpieza, la salubridad, el cuidado de la estética de una ciudad cada vez más diseñada como paseo turístico, el fantasma de la delincuencia) y desde la progresía bondadosa se exhorta a la aplicación de soluciones asistenciales que les permitan a sus psicoanalizados vecinos conciliar el sueño.
Así como el aumento incensante de los alquileres está, silenciosamente, expulsando de la ciudad a miles de familias pobres, así como las normas de habilitación heredadas de la paranoia post Cromañón han logrado cerrar numerosos espacios culturales y comerciales, la embestida decidida del gobierno PRO y el apoyo de los vecinos que no quieren oler a un pobre en sus cuidados espacios verdes, están rediseñando una ciudad cada vez más homogénea socialmente. Una ciudad donde el derecho a usarla esta reservado para unos, felices y educados, pocos.

sábado, febrero 09, 2008

Para acabar de una vez con toda la cultura

1- Feinmann ("el bueno", José Pablo) cruza Paraguay a la altura de Azcuénaga, lo rodean dos minitas bastante buenorras que le hablan con esa miradita tan sumisa de la alumna que quiere trepar. Ay nena, ni que fuera Horkheimer el boludo ese. Ni que fuera, te diría, un Tomás Abraham que al menos tiene su onda (y una fábrica de medias en Ciudadela). Feinmann les dice a las minitas mientras esperan el verde del semáforo: sí, sí, claro, claro, eso, así, así. Las trepas se desviven por colar algún bocadillo minimamente interesante: sueñan con acomodarle los papeles a Feinmann en esos cursos pedorros que da en la escuela lacaniana (o psiconalítica, me confundo) esos cursillos de Nietzsche y el peronismo, de Heidegger y la Dictadura de Videla, de Foucault y Kirchner, esos cursos que recicla de los suples de Página, esos divagues que pergueña para convencer a una clientela cautiva de que la filosofía puede ser accesible o peronista.

2- O la minita solitaria que baja desesperada al chino a las 9:55 para comprar su bandejita de verduritas antes de que cierre. La ciudad es terrible para esas almas, tan cruel. La minita deja prendida la PC, deja prendido el msn, chatea con un escritor. Buenos Aires roza los cuarenta grados, un asco. El escritor está en Europa, allá son las 3 de la mañana y hace un frío de esos que baten récords de homeless congelados hasta la muerte. El nickname del tipo es Meursault, algo obvio, poco original pero que sirvió para establecer un punto en común al principio de la historia. La mina y el escritor chatean todas las noches sin falta, siempre a la misma hora. Digamos que el escritor es francés. Digamos que el escritor es un hijo de puta. Digamos que el escritor es Michel Houellebecq. Hablan sobre Buenos Aires y sobre París, sobre Alfred Jarry, sobre Marcel Mauss, sobre los rumores de que Cortázar (a quien Houellebecq desconocía) murió de sida. Siempre hay un punto, pasadas las cinco de la mañana hora argentina en que la conversación comienza a languidecer. El escritor se muestra parco, contesta con oui y con non, con frases cortas que hacen desesperar a la mina - lo voy a perder, lo voy a perder. El escritor conecta la web cam y aparece la parte superior de su cabeza, un fondo de pared blanca, una puerta abierta. Le dice friamente que se está masturbando, que ella haga lo mismo. Aunque la situación es ridícula (y ella no puede evitar pensar en ese rídiculo, en ese absurdo a diez mil kilómetros de distancia, pero el miedo es más fuerte) se mete la mano en la bombacha. Primero por encima de la tela, después haciéndo a un lado la prenda, convirtiendo el triangulito en una tensa tira de tela oprimida contra el muslo. Cierra los ojos para no ver la pantalla, el pelo ralo del escritor, la pared blanca. Cuando abre los ojos hay un mensaje de despedida: hasta mañana, que duermas bien. Usuario no conectado.

3- He visto a las más desoladoramente tristes mentes de mi generación imitar a Woody Allen en la puerta de la Lugones, del Cosmos, del Rojas: las chicas que los acompañaban siempre parecían tener ganas de irse con otro.

sábado, diciembre 08, 2007

Ahí nos vemos

Más que probablemente no pueda ver ni por televisión la asunción de Cristina, la salida de Kirchner. Una lástima, con lo que me gusta el show off político: la ritualización que marca los finales y los comienzos. Decimos: el de Kirchner fue el mejor gobierno de estos últimos 25 años. Decimos: apenas tenemos un recuerdo de Alfonsín (pero intenso); crecimos con Menem (ese fue nuestro verdadero Bildungsroman); De la Rua y Duhalde pasaron como una exhalación, como un hálito cargado de presagios negros (esa fue una maduración repentina, el descubrir los límites de la democracia realmente existente -que son lo límites de nosotros mismos-, ver como todo se puede hacer mierda en tan poco tiempo). Por lo tanto esa afirmación arriesgada del principio (el mejor gobierno de los últimos...) es tan fuerte y tan débil como la trama de historia personal y posicionamiento público - ese ida y vuelta entre la biografía y la Historia- lo puede permitir.
Sin duda, lo mejor del gobierno Kirchner estribó en darle unas buenas puñaladas a los dos relatos más nefastos que el poder sostuvo desde el 83 a la fecha: el relato del "cierre del pasado" referido a las violaciones de derechos humanos, y el relato de la "transformación del Estado" para adaptarlo a las exigencias del poder económico. Y ahí está el núcleo de las críticas que se le hicieron desde el progresismo blanco a Kirchner estos cuatro años: que es pura retórica, que coopta las banderas de los movimientos de derechos humanos, que negocia con las corporaciones sindicales y empresarias por debajo para luego exhibir un discurso centroizquierdista, bonapartismo dirían los amigos del PO, populismo, dice con un gesto de asco la beautiful people de Palermo y alrededores. No deja de ser un mérito haber cambiado el eje del discurso luego de tantos años de hegemonia neoliberal, no deja de ser un mérito haber reinstalado la política (el Estado) en el centro del conflicto social, no deja de ser un mérito haber cascoteado ese sentido común moralizante que sostenía que el gran mal argentino era la falta de "valores, de ética, de decencia".
Pero lo que queda, también, es la sensación de que todos esos cambios están sostenidos con alfileres, que el deficit principal de este gobierno (y del próximo, más que probablemente) es la incapacidad para construir una organización que sustente y empuje los cambios. Una conjunción de buenas voluntades, que bien podría desarmarse ante un cambio repentino de los tiempos. Todo se discute entre nos, las decisiones son herméticas y se custodian con recelo para ganarle la primicia a la prensa, cualquiera que intenté ir más allá lo hace ateniéndose a las consecuencias. Ahí está el gordo D'Elía rumiando la bronca. No es un rasgo exclusivo del gobierno, es el resultado del pasaje de partidos políticos de militantes a partidos espectrales que sólo aparecen dos meses antes de las elecciones, que se comunican con la sociedad vía publicidad. Sin duda, más que en un regreso a la prolijidad de las formas, el aumento de la calidad de la democracia reside en revitalizar el espacio público, en contar con sectores que presionen por sus demandas publicamente, que se constituyan en actores visibles del conflicto social.
Veremos cuanto de todo eso termina pesando más: si el impulso reparador que desde 2003 intentó recuperar derechos y condiciones de vida perdidos gracias al neoliberalismo, o la lógica pequeña y desconfiada que ubica en una persona (o en un par de personas) la capacidad de transformar el país. Ahí nos vemos.

viernes, diciembre 07, 2007

Cuadros de una exposición

Hay momentos en que esta ciudad podría parecerse a una versión chota de Florencia, Padua o Amberes en el siglo XVI. Todos, todos tienen una novela, una película, una obra de teatro, una muestra de fotografía, en preparación. Es lo que nos distingue de una sociedad industrial donde los hombres corroen sus vidas en torno a grasientas máquinas de producción material. Ahora, en cambio, lo que domina es el incesante crear simbólico: animalitos dispersos y asustados en la selva del lenguaje. Como las viejas religiones, el consumo cultural constituye un mundo de valores con la suficiente fuerza como para imponer formas de vida.
Y ahí estan: el autor de Todos los travestis son peronistas, novela pynchoniana ambientada en el tercer cordón del conurbano, con doscientos mil personajes, cada uno más retorcido, más hilarante, más delirante que el otro. Patrones de unidad básica, putitas del rancherío que leen Eliot, taxistas que conducen hasta los límites de universo, viejas que desgranan esa poesía tan a la moda que mezcla lo horrible con lo elevado, maricones que salmodian irreverentes sátiras sobre la pareja presidencial, tal vez haciendo hablar a su mismísimo ojo del culo. Divertido. Una palabra que se escucha bastante seguido. Estaban las chicas de Plurabelle una banda de chick-pop que también es una editorial, que también es una galería de arte, que también es una contraseña para conseguir drogas, que también es una marca de ropa, que también es un grupo de teatro, que tambíen es un grupo de VJs, que tambien es una secta que se reune los jueves en una pieza del barrio del Abasto para que sus integrantes puedan llorar y maldecir a sus novios. Todos con cosas en preparación. Estoy haciendo. Voy a. El presente es un tránsito perpetuo. Los dramaturgos: dos chicas hablando de sus vidas en una casa frente al mar, de pronto caen dos chicos y todo se complica. Todos lloran. Todos lloran. Otra obra en preparación: Dos amigos se aíslan para escribir una artículo sobre Wittgenstein. Una máquina de escribir, un sofá viejo, un tocadiscos. Se pasan el primer cuarto de hora hablando sobre series de los años 80s, sobre actores de telenovelas de Romay. Caen dos chicas y todo se complica. La idea es el amor. La idea es la idea que ellos tienen sobre el amor. La estructura esencial que subyacía a estas manifestaciones era, es, la misma. Una dialéctica deficiente entre lo íntimo y lo público, entre lo bajo y lo culto, entre lo mostrable y lo culpógeno. Flotaba lo mismo en los diálogos nocturnos y sostenidos un poco a las apuradas, con vasos de cerveza que irremediablemente se volcarán sobre camisas ajenas y propias.
- Esa novela del negro Céline...
- Una muestra de figuritas de Sarah Kay en la fábrica recuperada...
- Ja, vamo los pibes
- Siempre escuchaba esa canción cuando me despertaba en la casa de mi ex novio
- César Aira colecciona muñequitas de trapo, César Aira colecciona... ¿me escuchás, me escuchás?
Y así, de esa manera, transcurre la noche: vapores de proyectos e ideas a medias concebidos, distracciones para ocupar las horas antes de dormir, para cansar la mente. La cinta continua sobre la que se ejercitan los pies de las palabras.

martes, diciembre 04, 2007

Se extiende la tendencia porteña

Venezuela, Exclusivo: Se confirmaría la teoría de los "grandes centros urbanos" republicanos versus el atraso, el culto a la personalidad y la opresión que predomina en el campo y las pequeñas ciudades. La gente de Fedecámaras, AD y COPEI más la Embajada de Estados Unidos en Caracas también tendrían la intención de "liberar a los hermanos pobres de las garras del clientelismo".

lunes, diciembre 03, 2007

Del páramo personal sólo nos puede salvar la política. Aunque la política sea tan sólo quedarse zombie mirando a Chávez reconocer la derrota, ayer, pasada la medianoche. Después de veinte, veinticinco años (por lo menos) de políticos que hacen un culto de las formas gerenciales, blandas, administrativas de la política, Chávez concentra las viejas dotes del carisma, la fe en la palabra, en el discurso como instrumento de construcción de voluntades. Por eso Chávez reune tantas sospechas, tantos rechazos, en los sectores que asimilan "civilización" a ausencia de conflicto. Por eso, basta leer las coberturas de los diarios de hoy para darse cuenta de que para el mainstream de los medios el único punto en disputa era la reelección indefinida: nada de la jornada de seis horas, nada del poder popular, nada del régimen de propiedad. Interpretan a Chávez como si se tratara de Menem, o de Rovira como dice hoy la líder de la CC. En fin, seguimos arando en el mar, para parafrasear al revolucionario caribeño (no Chávez, el otro, el del siglo XIX).



domingo, noviembre 11, 2007

Los hombres duros también mueren

El tipo escribió una novela impresionante sobre la segunda guerra mundial - una novela seca, terrible, ambientada en una islita pedorra del Pacífico donde los reclutas se disparaban en las piernas o simulaban locura para lograr la baja -, escribió sobre Alí - Foreman en el Zaire; sobre la CIA, sobre Jesucristo; sobre Gary Gilmore, un lumpen ejecutado en Utah en los 70s. El tipo acuchilló a la mujer y se hizo odiar por los bienpensantes blandengues de Manhattan, escribió sobre el racismo, sobre los demócratas, sobre los republicanos, sobre la democracia imperial. Cultivaba ese mix de ficción y reportaje tan yanqui: una especie de Capote pero macho y malhablado. Esa raza de norteamericanos que redimían en sus páginas todo el horror de su país, como Brando, como Burroughs, como Vonnegut, como Hemingway. Mailer como encarnación de ese espíritu americano que amamos: hiperbólico, dramático, expansivo, radical, siempre hacia el oeste, hacia el oeste, hacia donde se pone el sol, corriendo con la noche en las espaldas.

martes, noviembre 06, 2007

Foucault Conducción

La conocen los que la perdieron
los que la vieron de cerca irse muy lejos
y los que la volvieron a encontrar
la conocen los presos,
La libertad
Calamaro, La Libertad

Interesante la experiencia del domingo 28 donde pudieron votar por primera vez los presos sin condena. Además de ser un paso adelante en el sentido de dar un mínimo de igualdad en un mundo caracterizado por la violencia y la estigmatización (y no es necesario remitirse a acontecimientos como el del domingo en Santiago del Estero), es interesante mirar los resultados: Cristina 53%, Carrió 14,5%, Rodríguez Saá 10,5%, Pitrola (!¡) 8%. ¿Serán estos los "hermanos pobres presos del clientelismo" a los que se refiere la líder del Partido Republicano? Pobres y presos sin duda, ¿pero también en este caso clientelizados? Y, mejor aún, ¿querrán las clases medias y altas que conforman el ilustre electorado de la Doctora, liberar a estos hermanos olvidados? ¿Ustedes qué creen?

lunes, octubre 29, 2007

La resaca de los días

Está bien, 45 a 23. Una diferencia aplastante, que parece no serlo tanto para ciertos medios que hablan de la "gran elección de Carrió". Digamos: perdió por 22 puntos, apenas aumentó su caudal de la elección pasada (2003), ganó sólo en un distrito (como Lavagna, y sin embargo éste figura entre los "perdedores" en los balances mediáticos) y en varias de provincias rozó la inexistencia. Entiendo que Lilita sea un personaje pintoresco pero de ahí a inflarla y colocarla como una de las vencedoras de la jornada hay una larga distancia.
El caballito de batalla es la derrota del oficialismo en los grandes centros urbanos. En realidad es un analisis bastante sesgado y, por lo tanto bastante trucho. Santa Fe capital, Mendoza, San Miguel de Tucumán, Neuquén tambien son centros urbanos con predominio de clase media y en ellos ganó el FPV. Sin mencionar, por supuesto, el aglomerado urbano por excelencia: el Conurbano bonaerense. Se trata de una lectura facilonga y escasamente rigurosa que pretende construir un clivaje que no es tal. Por debajo de ese intento está lo que tal vez sea el mensaje más atemorizante que dejan estas elecciones: cierto resucitar del discurso antiperonista más rancio (ver el post de abajo) que se encarna no sólo en ciudadanos comunes sino también en algunos dirigentes. Hoy mismo la ex candidata Carrió hablaba de su felicidad por contar con los votos de "las personas libres"... Me alegro sinceramente de no contarme entre ellos.

El Matadero de Esteban Echeverría, versión 2.0

"Todo el día de ayer fue un bochorno, una cachetada, una basura, una mentira, una porquería, estuve de fiscal y recorrí todo Malvinas Argentinas y no había escuelas donde no hubiera colectivos estacionados a dos cuadras, para el voto cadena, grupo de matones copando las escuelas en donde los gendarmes, apenas dos por escuela y muy niños, de apenas escasos 19 años, no podían contener a los mafiosos gordos del conurbano. Daba miedo, había escuelas donde cuando todavía eran las seis de la tarde y miles de personas esperando para votar, ya adentro cantaban “viva perón, viva perón”, tuve que hacerlos callar y los más de los 50 matones gordos típicos del conurbano se me vinieron encima y cuando le imploré al gendarme que pusiera orden este me amenazó, a lo cual yo a mi vez le dije que lo iba a denunciar, 60 matones bien gordos de tanto asado y vino, con sus panzas como ametralladoras relucientes y amenazantes se me venían encima a mi, una mina de escasos 55 kilos. Esa es la democracia argentina, la panza salida de los matones peronistas.”
Comentario de una lectora de La Nación, citado en La Barbarie.

martes, octubre 23, 2007

estados alterados

Caminás por la calle, mirás la cara de Federico Pinedo en los afiches del pro y de repente te encontrás pensando en lo copado que estaría una revolución bolchevique. Es raro, hasta le pasa a gente perfectamente moderada.

Sin sonido ni furia

- Hay bastante consenso en lo aburrido de esta campaña electoral. No porque falten temas para debatir, cuestiones en pugna, intereses enfrentados, etc. Más bien porque es inevitable mirar el espejo del 2001/2002, este tiempo es esa resaca, este momento es aquel en que podemos (recién ahora) mirar hacia atrás, hacia las continuidades y las rupturas del verano caliente toninegrista.
Los cuatros años de Kirchner son lo que la historia efectivamente desplegó sobre las bases de esos acontecimientos. Puede gustar o no, lo demás es paja.

- Y la campaña resulta en apariencia aburrida, un trance lleno de inercia, porque ni la misma oposición se anima a pensarse como alternativa. Ni en sus sueños más lujuriosos, más desbocados, más gratificantes, puede pensarse a sí misma como una posibilidad real de gobierno (de gobierno..., no de poder). Entonces, aparecen discursos ajados: el republicanismo, la queja, la indignación. La indignación es siempre un indicador de impotencia.

- Habría que hacer una "historia de la indignación". Me juego a que hay una correlación muy fuerte entre ese discurso y la pertenencia a una clase media con aspiraciones, una clase que por su lugar intermedio en la estructura social (ni propietaria de los medios de prod. ni trabajadora de los medios de prod.) tiende a traducir las luchas políticas en términos morales. Y aunque duela decirlo, ese discurso clasemediero de hoy es taaaan parecido al del 95 contra Menem.

- Yendo a Kirchner: una masa de continuidades y rupturas con los 90's. Difícil discernir cual de los dos factores pesa más, se trata, creo, de una cuestión de acentos, de donde uno ponga el énfasis en ese binomio continuidad - cambio.

- Igual las elecciones nos gustan. Nos quedamos hasta tarde en el cable, mirando candidatos a intendentes del segundo cordón, miramos C5N, Mauro Viale, Grondona, Majul (los territorios desolados a donde ha ido a parar el género periodismo político), chequeamos los diarios, nos bañamos en el "liberalismo-realmente-existente" que destilan los comments de La Nación, miramos encuestas y las comparamos con las de elecciones pasadas... Somos profundamente ingenuos: usaremos nuestras mejores ropas el día de la elección.

It's Alright Ma, (I'm Only Bleeding)

miércoles, septiembre 26, 2007

Los protestantes se suicidan más que los católicos (50 años de sociología)

Está la escena esa de Las Invasiones Bárbaras donde el grupo de amigos intelectuales del profesor moribundo, mientras toman vino en el porche de la casa, van pasando revista a su devenir personal político e intelectual: fuimos existencialistas, maoístas, estructuralistas, post estructuralistas, posmodernos, escépticos... Este año se cumplen 50 años de la carrera de sociología y ese recorrido de posiciones teóricas e ideológicas resulta muy acorde con las modas y compromisos que se fueron sucediendo desde su creación. Casi un lugar común atribuirle a las ciencias sociales y a sus intelectuales el poco apego a un pensamiento a lo largo de los años, casi una proposición de sentido común achacarle a quienes trabajan sobre la sociedad ese dilentantismo, esa carencia de fidelidad, ese vagabundeo teórico. A mi no me interesa nada ese tipo de lealtad. Prefiero mil veces ese nomadismo a la tristeza de quienes permanecen fieles a los libros que leyeron cuando tenían 18 años. Un Bunge que a los 80 años sigue repitiendo los sacrosantos dogmas del positivismo lógico, o esos entrañables veteranos marxistas que todavía se enervan con el "traidor Kautsky" como si estuvieran discutiendo en un café de Zurich circa 1914, me dan cierta pena.
Esto a modo de balance: a 50 años de su creación la sociología no se ha instalado como ciencia de la sociedad ni ha logrado despejar de las representaciones colectivas ninguna de las supersticiones que se proponía eliminar. Un fracaso sin duda desde el punto de vista de la tarea que se impuso Germani a finales de los 50s. Pero en cambio, quedan de ese medio siglo transcurrido una masa de trabajos y de mentes que desde distintos lugares teóricos han aportado a la modernización (y ese es un concepto ultra discutible, ya lo sé) del debate intelectual argentino.
Brillantes y sofisticados algunos, otros en la oscuridad de la academia, otros desde el campo de batalla (la praxis, la praxis, la praxis) con las armas de la crítica y con la crítica de las armas, también. Sometidos a ese no lugar que es el estudiantado, inmersos en la maquinaria siniestra y corrosiva del marketing o la publicidad, en reuniones políticas de cuatro personas, cargando en colectivos atestados la edición tan bella de Las formas elementales de la vida religiosa, leyendo apuntes caros y mal fotocopiados de Mannheim, de Gramsci, de Cardoso y Faleto, de Sennett, de Simmel, estudiando la prueba de Chi cuadrado o el diagrama de Lazarfeld... volver a cruzar la plaza Houssay a las 11:30 de la noche y esperar el 132 sin un cobre en el bolsillo: una dura experiencia epistemológica. ¿Esto servirá para algo? te asaltaba en esos momentos el más cruel y antisociológico de los egoísmos.
No, esos cincuenta años no dejan un status científico sólido. Apenas te dejan inscripta cierta mirada y cierta bibliografía que uno debe traicionar de la manera más brutal posible. Esa mirada sigue siendo valiosa para mi. Casi casi que todavía me emociona leer el primer capítulo de Las reglas del método sociológico. O esas conclusiones de El Suicidio, donde uno se enteraba que los protestantes se sucidaban más que los católicos y los solteros más que los casados, esos cuadros ramplonamente positivistas extraídos de los registros de defunciones franceses... Ahí había, hay, algo rescatable: un ataque al psicologismo, al sentido común, el descubrimiento del hombre como producto, un golpe feroz al narcisismo. Una ciencia que incomoda, como decía Bourdieu, porque pone de manifiesto que no somos tan libres, tan dueños de nosotros mismos, como querríamos creer. Una ciencia que expresa que hasta los más excentricos de nuestros gustos, de nuestras elecciones, de nuestras opiniones están en directa relación con las posiciones que ocupamos, con las relaciones que nos han producido. La técnica del marketing y la investigación de consumo (a la que tanto han contribuido de buena o mala gana los sociólogos) lo dice con la claridad luminosa del discurso mercantil: un tipo de producto para los hombres gays de 25 a 39 años de nivel educativo terciario o superior, otro para las mujeres de 18 a 24 solteras con ingreso superiores a X, otro para matrimonios con hijos mayores y padres ancianos de nivel socioeconómico medio-alto, etc, etc, etc.
A diferencia de las ciencias duras, acá siempre se puede volver a empezar por lo elemental, reconstruir una y otra vez lo que otros habían construido. Esa falta de progreso, de evolución, no es una carencia, es una virtud, o un riesgo, que vienen a ser lo mismo.

jueves, septiembre 06, 2007

Sobre el camino


Ayer, o anteayer, no sé, el escritor noventista Rodrigo Fresán rendía su barcelonés tributo a la novela de Kerouac. No teníamos presente la efeméride. Y eso que llevamos una foto de Kerouac en la billetera (una estampita, San Jean-Louis Lebris de Kerouac, patrono de los perdidos). 50 años de la publicación. Mucho tiempo, pero ese libro sigue tan incandescente como siempre, como cuando salió a la luz en la América paranoica de los cincuentas, y prendió la mecha de un movimiento que arrastró a miles de freaks a las rutas de un continente ya demasiado viejo, ya demasiado castigado, pero a través del cual todavía se podía huir. Kerouac: línea de fuga, armado de un mapa donde el movimiento perpetuo es la única garantía para no volverse loco. Una multitud de hijos queridos o bastardos: de Dylan al Che, de Morrison a Deleuze.
En el camino como un tratado sobre el camino. Los tiempos muertos en las estaciones de micros, las habitaciones de hotel, las incomodidades, los cambios abruptos de itineario, las ciudades que te reciben dormidas, el campo con su brutalidad, las conversaciones delirantes en autos que hierven de calor, los amigos perdidos, el sueño entrecortado, la ilusión de que al final hay algo distinto, de que hay un final. Viajar no tiene que ver con desplazarse, sino con ejercer una violencia sobre uno mismo para convertirse en alguien distinto. Estar en el camino es estar metido, soportando, mutando gracias a esa violencia. No siempre se logra. La mayor parte de las veces se trata sólo de darse una vuelta con la seguridad de tener el pasaje de regreso a casa en el bolsillo.
50 años. Una eternidad como la noche de los campos bajo la cual siguen corriendo destartalados chevys, no direction home. Y abrimos el libro, el único registro de esos viajes que llegó hasta nosotros:
"... y la estrella de la tarde dedicará sus mejores destellos a la pradera justo antes de que sea totalmente de noche, esa noche que es una bendición para la tierra, que oscurece los ríos, se traga las cumbres y envuelve la orilla del final, y nadie, nadie sabe lo que le va a pasar a nadie excepto que todos seguirán desamparados y haciéndose viejos..."

martes, agosto 28, 2007

Santa Elisa que estás en los Cielos

Me gustaría escribir algo más sobre el tema Carrió, algo más aparte de las ironías amargas o de los chistecitos fáciles (tan fáciles) sobre su bizarro lugar actual.
Lo que impresiona es el efecto deletéreo que el campo político ejerce sobre las fuerzas minoritarias. Las va limando poco a poco. En el caso del Frepaso bastó que el significante aglutinador desapareciera (el menemismo) para que se desintegrara. En el caso del ARI, la aparición del kirchnerismo y la asunción por parte de este de algunas de las banderas de centroizquierda; y la bajísima institucionalización como partido obraron el milagro. ¿Cómo se puede surgir demandando ingreso social universal y terminar defendiendo a la Sociedad Rural e intentando alianzas desesperadas con referentes de la derecha liberal? Ese viraje ideológico otros partidos lo han experimentado en un lapso de 50 años, el ARI en tan sólo cuatro.
Aquel ARI nacido de la disolución de la Alianza pretendía recuperar un discurso marcadamente ideológico que desandara el fracaso de la experiencia aliancista: un partido programático que llenara el espacio vacío dejado por los males del pragmatismo. Era, ciertamente, un espacio que le hablaba a "los progresistas blancos" pero que recogía demandas sociales de tipo inclusivo que iban más allá de las preocupaciones habituales de los sectores medios. El mencionado ingreso universal por hijo es un ejemplo, así como su acercamiento con sectores de la CTA.
La derechización de ese espacio - o de Carrió como vocera omnipresente del mismo - obedece, me parece, no tanto a que el gobierno haya ocupado la izquierda del espacio político (lo que creo es evidente que no ocurre) sino a las incapacidades para construir un partido político instucionalizado minimamente que limite la libertad de acción de su líder. En ese sentido, la tendencia de Carrió a anteponer a las alianzas de tipo programático "alianzas de conductas" la lleva irresisteblemente a girar hacia la derecha del espectro político. Porque, si el único requisito para conformar un frente es la honorabilidad de los dirigentes, necesariamente el aspecto ideológico tiende a esfumarse, a lavarse, a caer en la vaguedad de las buenas intenciones.
Una política fundada en las virtudes privadas es la muerte de la política. Vacía de contenido cualquier lucha, convierte a lo público en una extensión de la moral privada. Se niega el conflicto, los antagonismos sociales, los intereses en pugna, para reducir lo político al pobre escenario donde los virtuosos disputan con los villanos. Una visión profundamente ideológica del drama político, claro. Tan empapada de ideología que se vuelve incapaz de reconocer esa condición.

La antepenúltima esperanza blanca

Y, ¿se arma o no se arma la Coalición Cívica de los Decentes? Ya la absolvieron a Lilita, ya shoró y pudo pronunciar un vibrante alegato al estilo "La historia me absolverá". Vamos, que cierra la inscripción de listas y no queremos quedarnos sin la oportunidad de votar un frente que reinstaure la austeridad republicana, la moral cívica y la decencia en los actos de gobierno. Queremos votar un gobierno de hombres (y mujeres) probos, de verdaderos patriotas entregados hasta el final a la causa del Pueblo, que con honda virtud republicana redima la Nación de las máculas inflingidas por los inescrupulosos caudillos providenciales (o provinciales, que suena parecido). Queremos, deseamos, exigimos esa lista que nos saque de la postración. Una lista con Lilita, el Bulldog, Mauricio, Gabriela, el Cardenal, el Rabino, Patricia, Kovadlof, Sebreli, Olivera, Mariano, Joaquín, y tantos otros que ahora se me escapan.

The Buenos Aires Affair

Ya conté una vez que una de mis lecturas preferidas, uno de mis rituales más sagrados, es sumergirme en el maravilloso mundo de los comentarios que dejan los lectores de La Nación en las noticias más hot del día. Digresión 1: ¿qué diría el "Vencedor de la Guerra del Paraguay" si viera su tribuna de doctrina convertida en vulgar blog, - oh, ilustre traductor de la Divina Comedia? Digresión 2: La sección Cartas de Lectores ya fue. Si quieren tomarle el pulso al derechaje nacional, vayan directo a los comments. No habrá viejas momificadas de doble apellido ni ex jerarcas de gobiernos dicatoriales pero por allí pasa el verdadero geist de la mayoría silenciosa (Reagan dixit).
El tema del súbito aumento del ABL ha puesto en situación dificil a estos lectores. De repente, los prohombres liberales que venían a disminuír el Estado y abolir los demoníacos impuestos apoyan el revalúo de las propiedades (privadas) y, además, usando el poco republicano e institucional camino del decreto ejecutivo. Esto no fue lo que votamos, Mauricio. Esto no era lo que esperábamos, Gaby. ¿Acaso no había otras prioridades? Digo, echar a patadas a los paraguayos que ocupan las camas de los hospitales que pagamos entre todos (entre nos); echar a los paraguayitos que ocupan los bancos de las escuelas que todos ayudamos a mantener con nuestro esfuerzo. Cosas así. Por lo menos, ya echamos a los usurpadores del Bauen, restituyendo la propiedad a sus legítimos dueños. Por algo se empieza...
Cada uno obtiene lo que se merece.

lunes, agosto 27, 2007

Flores robadas en los jardines de Sobisch

Realmente me cuesta entender los afiches de la fórmula Sobisch-Asís: "Cristina 41%, Sobisch 100%". ¿Por qué 41% y no 42% o 41,5%? ¿Ese número hace referencia a sondeos propios del gobernador neuquino, sondeos que cerrarían en la misteriosa cifra de 141%? Esta bien que no tengan recursos para contratar a marketineros de precio internacional, pero por lo menos podrían reclutar a alguien que sepa redactar una publicidad coherente. El amigo mavrakis gustosamente los podría asesorar...

lunes, agosto 06, 2007

Taller de Guión / Este pibe es grosssso

TALLER: INTRODUCCIÓN A LA ESCRITURA DEL GUIÓN

Dictado por: Hernán Mas
Duración: 4 meses, 1 vez por semana, la idea es coordinar con las personas interesadas un horario de 19 a 21:30 algún día en la semana o de 16 a 18:30 los sábados
Comienzo: Mitad de Agosto.
Lugar: Av. Córdoba y Talcahuano.

En primer lugar trataremos de ver ciertas bases teóricas para poder entender e incorporar las herramientas de trabajo básicas necesarias para empezar a escribir.
Una vez comprendida básicamente la dinámica de escritura de un guión, la idea es escribir a partir de consignas que se brindaran en clase. Se propondrán varios ejercicios de escritura para facilitar, en primer lugar, el aprendizaje de las herramientas dadas y finalmente para lograr escribir con fluidez. Y fundamentalmente poder llegar a expresar, en el formato de guión, nuestras ideas y nuestras historias.
Se trabajara también analizando varios films, tratando de desmenuzar las estructuras de sus guiones.
Es importante aprender pero también poder disfrutar del proceso de escribir. Para mayor información: escribir a oliverblue@hotmail.com, o comunicarse con el 4374-5498 // 15 5 527-2669

jueves, agosto 02, 2007

Poetas de la zurda

Dormir y leer a los clásicos. Una utopía de esas que bien valdrían el desarrollo de una guerra civil para instaurarla. Sobre todo estos días el significante flotante de la zurda me acompaña. Marx, Marx, Marx. Una vez una chica me preguntó: ¿Marx, Lenin o Trotsky? La respuesta es fácil, transparente: Marx. Y si hubiera repreguntado ¿Lenin o Trotsky? la respuesta era también simple, clara: Gramsci.
Ahí, en el Manifesto, esa prosa de oro, esos versos apenas camuflados, escritos a cuatro manos entre picnics londinenses donde se representaban escenas de Shakespeare: "All that is solid melts into air, all that is holy is profaned, and man is at last compelled to face with sober senses his real condition of life and his relations with his kind." Versos yámbicos para la destrucción de lo existente. O Gramsci en la cárcel leyendo -devorando- novelitas baratas escritas por damas aburridas de la buena sociedad, escribiendo es los márgenes las palabras hegemonía y guerra de posiciones.
Fabianos, socialdemócratas, blanquistas, anarquistas, comunistas, socialistas, reformistas, desviacionistas, internacionalistas, nacionalistas, populistas, maoístas, trostkistas, foquistas, neoizquierdistas, marxistas occidentales, marxistas oxfordianos, sesentayochistas, guevaristas, castristas, sandinistas, peronistas de izquierda, reventados, chupados, empobrecidos, cooptados, psicóticos, vanguardistas, iluminados, destruidos.

El corazón late a la izquierda.